23.11.09
ADIÓS A LA VOZ DEL INTERIOR
No me gusta irme de las ciudades, despedirme de mis amigos, de los muertos, de mis mujeres. Y no es que no pueda terminar las relaciones que tengo, soy de los que cree que todo debe acabar en algún momento. Ni la sangre explica nada, no existe eso de que un padre esté siempre unido a su hijo. Todo depende del trato que haya tenido. Conozco uno que es un hijo de puta y por eso se ha quedado definitivamente sin su hijo mayor. Sé de hermanos que desaparecen y la relación se desvanece. De sociedades que se extinguen en el aire. No hay sangre, no hay muerte, no hay nada que valga demasiado. Y sin embargo, decir adiós me cuesta cada día más.
Lo que más me cuesta de las despedidas son a veces cosas mínimas. Uno ama a una mujer durante años, la vida juntos parece volverse imposible y deciden, de común acuerdo, acabar. Y puedo decirle adiós a las peleas, a los malos ratos, a las fobias, pero a veces me acuerdo de algo y me dan ganas de llamarla. De un hornero que tiene en el jardín, de una perrita que es la misma alegría. De unos fideos caseros, de una siesta después de una borrachera, de sus pies. Del amor. Y me encantaría no haber dicho nada.
Los adioses, casi todas las veces, son para llorar.
La semana pasada me mandó un mail Jorge Londero diciéndome que el suplemento Temas de La Voz del Interior, termina en la forma que lo conocemos, y él pasa a otra sección (¡una vez que me llevo bien con un editor!). Es decir: el suplemento cambia, se convierte en algo nuevo. Y si es un adiós para hacer algo mejor está bueno, aunque a mí se me termine la columna. La nueva directora me dice que el suplemento va a tomar visos de actualidad, y va a necesitar de un rigor más periodístico. A ver cómo puedo encajar en esos términos. La actualidad no me interesa en lo más mínimo y no soy periodista, le digo. Soy escritor. Mi columna ha llegado a su fin.
Fue bueno mientras duró, como dicen los adolescentes. Publiqué lo que quise todas las veces que quise, y me respetaron hasta los puntos y las comas. Escribí sobre comportamientos humanos, algunas cosas de mi profesión de arquitecto, otras de mi oficio de novelista, toqué temas que yo suponía urticantes para La Voz del Interior como el aborto o el ateísmo y temas bobísimos como cambios de tecnologías en Internet o mis angustias cotidianas, di recetas de cocina, recomendé libros que me gustaron mucho, hasta me di el lujo de publicar un cuento de terror. “Tren”. Ese fue el único momento en que me dijeron te lo publicamos porque está bueno, pero es una columna de un diario, man. Fue una advertencia que entendí. No tengo ni media queja.
La verdad es que me encantó publicar mi columna en TEMAS. Y ahora estoy vacante por si otro diario quiere darme otra columna. Sabrán por esta última nota de hoy que soy un explorador de límites, pero con cordura. Y necesito libertad para manejarme a mi antojo.
Gracias a todos los que me siguieron y muchos besos y abrazos de despedida, con chinchines de final feliz y brindis pachanguero.Y que sea hasta la próxima en lugar de adiós.
5.11.09
EL ABORTO NO HACE FELIZ A NINGUNA MUJER / LVI
Entre los discursos más estúpidos de la humanidad, a mi criterio, está ese que dice que hay que tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Debería decir: criar un hijo, cuidar un árbol y publicar un libro. Seamos sinceros: un hijo lo tiene cualquiera, hasta por error. Criarlo es un trabajo concienzudo, de años de dedicación. Con el árbol pasa lo mismo: tiempo, riego, abonos, podas. Para publicar un libro en una editorial como mínimo tendría que estar bien escrito, después debería poder contar algo interesante, dar una novedad, tener prensa, público, lecturas…
“Cada año se producen entre 460 mil y 600 mil interrupciones voluntarias del embarazo en la Argentina. (…) A lo largo de su vida fértil, en promedio, cada mujer argentina tendría dos abortos inducidos”. Los datos los estoy copiando de un libro de la periodista Mariana Carbajal titulado “El aborto en debate”, que acaba de salir por la editorial Paidós.
Basándose en el concepto de que la clandestinidad no detiene las realizaciones de un aborto, sino que aumenta sus riesgos, en el Hospital Argerich armaron un servicio de consejería “pre y post aborto”, dedicado a las adolescentes del conurbano. Es un modelo copiado del Uruguay, país de avanzada en relación al nuestro en lo que concierne a leyes innovadoras: fue también el primero de Sudamérica en tener el divorcio y el casamiento civil entre personas de un mismo sexo. Allá, incluso, la conserjería está avalada por el Estado. El Ministerio de Salud, la Facultad de Medicina, el Sindicato Médico y la Sociedad de Ginecología.
El servicio es esencialmente para cuidar a la mujer que tiene que pasar ese mal rato. Sandra Vásquez, la doctora a cargo del proyecto dice: “Se escuchan siempre diferentes opiniones sobre si el aborto debe ser o no ser legal, si es ético o no, si es un derecho de la mujer, entre otros, pero la realidad es que el aborto existe por fuera de estas discusiones y hay un punto en que debería haber una sola opinión: ninguna mujer tendría que poner en riesgo su vida a causa de la interrupción de un embarazo”.
Probablemente los que lideran grupos no abortistas son los que acceden a una mejor educación y a métodos anticonceptivos. Y seamos realistas, en el caso de estar obligados a hacérselo podrían ir a las mejores clínicas, donde la aberración se confunda con operación. El problema es definitivamente social: lo que se discute no es la vida o no de un niño, sino que algunas mujeres pueden acceder a un aborto aséptico por su estatus (y a lo sumo tendrán solamente un conflicto moral), mientras que las otras se morirán desangradas en su propia cama por la perforación de útero con una aguja de tejer. Ricas o pobres, todas las que lo deben hacer, lo hacen. Las pobres, mueren.
Vázquez agrega: “No se puede abandonar a estas pacientes a su suerte; nosotros, como profesionales, tenemos el saber médico necesario para diminuir los riesgos y daños de un aborto y es nuestra responsabilidad asesorar y acompañar en este trance”. Bien por el Argerich.
El aborto es algo a lo que ninguna mujer quiere llegar. En la Argentina los mismos que denostan el aborto, denostan la educación sexual. Parece una incoherencia, pero no: es dominación de clases. Si yo tuviera que odiar el aborto, simplemente haría que ninguna mujer quedara embarazada sin desearlo. No solo para que no se mueran las madres, también para salvar a los embriones y para que no nazcan hijos no queridos, que probablemente serán mal criados o abandonados. El aborto es la última de las opciones para el no deseo.
No se puede entender que a una mujer a quien no se le ha dado la conveniente educación sexual, la sociedad la juzgue como asesina a la hora de abortar. El mismo sector social que le prohibió la educación será el que después la juzgue. Se parecen a esos que se te acercan en las plazas con un cartel que dice “SÍ A LA VIDA”, pero era nada más que para venderte un prendedor.
Con algunos retoques, en el diario cordobés.
13.10.09
LAS GEOMETRÍAS INOCENTES / LVI
Ateos y creyentes son como los hinchas de River o de Boca: antagonistas que se han odiado a muerte durante toda la historia. Aún hoy se odian. Pero hubo un momento en el que hicieron de tripas corazón y lo disimularon un poco, vestidos de utopistas.
Los primeros utopistas que pensaron que la organización social y política de la Revolución Industrial había llegado al fin datan de 1815, y hay dos que se destacan por lo obsesivos. Uno se llama Owen y es ateo. El otro se llama Fourier y cree en Dios. Ambos son dramáticamente inteligentes, desquiciadamente optimistas y durísimos de pelar, como el arquitecto de Bernhard. Owen es rico; Fourier, pobre. Ambos se suben a altísimos y difíciles toboganes que se deslizan hacia un mismo punto: el fracaso. Quieren lo mismo, que la sociedad cambie. Y creen que las sociedades cambiarán después de haber cambiado la geometría de las ciudades. Cumplen parcialmente este objetivo realizando nuevos diseños. Owen cree en los cuadrados. Fourier, en los rectángulos.
Sigue en La Voz.
7.9.09
MI DIETA DE ARROZ / LVI
!El arroz, ah, el arroz! Por algo sentía yo que me hacía bien. Es lo único que se puede comer después de un 31 de diciembre, por ejemplo, o de una mesa de póker de esas que duran una noche y media mañana. Blanco, con azafrán, con salsa de tomate, con manteca.
La verdad es que yo lo preparo con una receta chilena memorable, que me enseñó la poeta del país trasandino Isabel Larraín. Es así:
Se doran dos cebollas grandes y un morrón cortado en pedacitos, y en ese mar dorado y rojo se fríe también una taza de arroz crudo. Cuando el arroz está medio transparente, se le agrega dos veces y media el volumen que pusimos de arroz (o sea: dos tazas y media) de caldo hirviendo. Bien salado; da lo mismo que sea de pescado, pollo o verdura. Se lo deja consumir a fuego fuerte hasta que el líquido llegue al ras de la superficie del arroz. La superficie se deberá ver como un territorio lleno de cráteres burbujeantes. Ahí se baja el fuego y se tapa la olla con una hoja de papel de diario. Arriba de la hoja se pone la tapa de la olla. Y se la deja un rato que depende de lo grandes que sean las tazas que usamos para medir volúmenes.
Para que no se pase ni se pegue, levantamos la tapa de vez en cuando y espiamos cómo va humedeciéndose el papel, que a esta altura estará adherido a los bordes de la cacerola. El círculo de humedad que comienza en los bordes se irá cerrando hacia el centro de la olla. Cuando se cierra del todo, apagamos el fuego y ya está. Cremoso, jugoso, lleno de sabor.
Sigue en La Voz.
7.8.09
27.7.09
UN PORTEÑO LEYENDO A CORDOBESES / LA VOZ DEL INTERIOR
Esta es una verdad de pescador.
Tiré mi mediomundo en el río cordobés y pesqué dos nuevos libros que ahora voy a cocinar para ustedes. A la vasca, a la romana. A la porteña, bah.
Uno es de carne joven, las mojarras de la literatura. El otro reúne un cardumen de jovatos como yo –tacuaremberos-, pero que viven en La Docta.
La antología de los jóvenes cordobeses se titula “Es lo que hay”, de editorial Babel. La otra es “Cuarto Oscuro”, de editorial Raíz de dos.
La selección y el prólogo de “Es lo que hay” fue hecha por la escritora Lilia Lardone. Los cuentos son variados, las temáticas interesantes y la juntada es impecable: son pibes entre veinte y treinta años que YA son escritores. Hay algunos más originales y otros más ortodoxos, pero TODOS son escritores.
Entre los más jugados están Taborda Varela, con un cuento de tinte sociológico –“Arroces como balas”- y Javier Martínez Ramacciotti, que se mete en “Zombie” con una relación amorosa y le agrega un plus literario interesante. Entre los tradicionalistas está Luciano Lamberti, que cursa una especie de existencialismo beat en “El asesino de chanchos”; lo sigue Pablo Natale con “Disfruta de la felicidad eterna”, un cuento melancólico y peligroso (o peligroso por lo melancólico); Emanuel Rodríguez y la suave ternura de sus “Margaritas”; Federico Falco y la psicología mal entendida en “Un camino amarillo”; David Voloj y un intento acertado de pornografía tabú en “La culpa es de los padres”. Los puntos más altos, a mi juicio: el cuentazo de Pablo Giordano sobre culpas y cosas no dichas en la infancia, “Dos siluetas en Simulcop”; el parco y carveriano “San Rafael”, de Javier Quintá y el maravilloso “Ocio”, de Hugo Rabbia (una especie de pichón de Cortázar asesinando a su maestro de música; impecable). Cabe agregar que solamente conocía de antes a tres de los escritores, por estas cosas de los blogs: a Giordano, a Diego Bermani (que viene con el cuento de un cerdo con gustos exquisitos) y a Falco. Ya sabía que ellos eran buenos. Los demás fueron una gratísima sorpresa. La tapa y contratapa del libro fue ilustrada por Crist.
El otro libro está prologado por el Gran Carlos Gazzera, que nos invita a leer a sus amigos en clave lúdica: todos hablando sobre un mismo tema, las elecciones. Todos los que aquí escriben pasan los cuarenta años; la prosa es más equilibrada y con menos excesos. Estos escritores son los maestros de taller, los empleadores en los periódicos, los jueces en concursos de los del otro libro. Y aquí vuelvo a opinar, porque leí: la antología tiene un nivel homogéneo, pero me gustaron más cuatro de los once cuentos que allí salen. El que abre el libro, “Gusanos”, de Jorge Londero e “Indigestión”, de José Playo, por la locura que le agregaron al tema comicios; son muy graciosos. “Los ojos del ciego”, de Jorge Cuadrado (un autor del que me gustaría leer más cosas) y “Padrón”, de Carlos Presman, la fuerza de un gran final. Cuatro joyitas en una pila de piedras preciosas.
Son dos libros que atrapan como una red de pesca. Hacen un corte zonal y temporal: aquí y ahora. Dos generaciones actuando y escribiendo en Córdoba, Argentina. Dos libros para comprar, leer, guardar. Los votos que hice y hago son simplemente porque uno vota siempre, porque me gustaron más unos cuentos que otros, o simplemente porque sí. Perque me piache, como decía el Papa en el chiste de las tetas. O porque fui llamado a votar por la seducción intrínseca de sus letras, y no como exige el Doctor Juan Ramón Garrido Pérez en la página 83 de “Cuarto Oscuro”, arengando a su tropa de restorán:
- ¡Vótenme a mí, soy el único que mastica y traga la fruta del clericó!
13.7.09
EL TRABAJO FUERA DE LA CASA
Históricamente, estas cosas nos vienen de la Edad Media, en la que la gente trabajaba en el lugar que comía y dormía, y salía únicamente a vender sus productos en las ferias. Con la era industrial apareció la necesidad de los grandes espacios para contener a montones de trabajadores, y finalmente el Movimiento Moderno adornó esa necesidad con teoría: la ciudad estaría severamente dividida en lugares para trabajar, para dormir, para divertirse. ¡Y guay de que se mezclaran los espacios! El único ejemplo acabado de este modelo es Brasilia, y subsiste porque a sus habitantes no les preocupó superponer actividades posmodernas y sacar el jugo a lugares muertos. Tal vez lo único bueno de la posmodernidad en arquitectura y urbanismo haya sido esa renegociación de los espacios con horas muertas de la era industrial y el Moderno: armar talleres nocturnos en las escuelas, aprovechar oficinas con dobles turnos, volver a trabajar desde tu casa: un "no" rotundo a las ciudades dormitorio, o a los centros urbanos que quedan absolutamente vacíos después del éxodo de las 6 de la tarde.
Dice Edward Hall en La dimensión oculta, un libro que era muy común en los años 70 y ahora se perdió en la nebulosa de los olvidos literarios: "El hecho de que pocos hombres de negocios tengan su despacho en su casa no puede explicarse sólo sobre la base de lo convencional y de la inquietud de la dirección suprema cuando los jefes no están visibles. He observado que muchas personas tienen dos o más personalidades, una para los negocios y otra para el hogar, por ejemplo. La separación entre despacho y hogar en esos casos contribuye a impedir que esas dos personalidades, a menudo incompatibles, choquen en forma violenta y hasta puede servir para estabilizar una versión idealizada de cada una, conforme con la imagen proyectada por la arquitectura y por el ambiente". ¿Entonces Le Corbusier tenía razón? La idea de un Dr. Jekyll & Mr. Hyde parece de fábula, pero al mismo tiempo si lo pensamos un poco, los interiores del trabajar siempre han sido distintos a los del habitar. Como si el trabajo fuera una manera menos comprometida de la vida.
(Continúa en LVI, traducido al cordobés.)
13.5.09
CASAS Y VERSOS
La arquitectura es una forma de lenguaje que se entiende estudiándola como se estudia literatura. Según el momento histórico se ajusta más o menos a reglas de composición, intenta articular un discurso y está armada de palabras posibles de decodificar. A veces el discurso es tan estricto, tiene reglas tan firmes, que se parece a un cuento. La mayoría de las veces se rige por la poética.
Si tuviera que comparar casas con poemas, la Ville Saboye de Le Corbusier en Poissy, París, sería un poema de Borges (de los últimos que escribió), y la célebre “casa de la cascada” (Fallingwater) de Frank Lloyd Wright, comparativamente sería un poema de Pablo Neruda. “El desierto”, del libro “La cifra” y el “Poema 20”, de los “Veinte poemas de amor y una canción desesperada”, para más datos. Ambos son muy fáciles de hallar en la web.
El material de la Ville Saboye es hormigón armado, una mezcla hecha exclusivamente por la mano del hombre. El color es el blanco. El brillo es satinado. La terminación está más cerca del casco de una embarcación que de un revoque. La casa apenas si toca el paisaje en los puntitos de sus pilotis. La escala de los espacios es propia: no pertenece a otro mundo que el de la matemática y la divina proporción. Para entenderla debemos recurrir al razonamiento; para quererla, al cálculo. Por eso elijo el Borges de “El desierto”. “Antes de entrar en el desierto / los soldados bebieron largamente el agua de la cisterna. / Hierocles derramó en la tierra el agua de su cántaro, y dijo: / Si voy a entrar en el desierto, / ya estoy en el desierto. / Si la sed va a abrasarme, / que ya me abrase (…)”.
El ritmo imperceptible, el meticuloso juego de abstracciones, la repetición de la parábola, los lictores de Dios y la nada visual de los soldados detenidos a las puertas de un desierto inabarcable hacen que nos metamos en un mundo que no es real, un reino de conceptos que salen bien parados, que se entienden, pero a la que hay que prestarle una atención intelectual. Racional. Racionalista.
Los materiales de la casa de Wright son naturales, el arquitecto los extrajo del mismo paisaje adonde la construyó. Piedras, ladrillos, maderas. La calidad de los espacios externos e internos es natural: la casa parece haber estado allí por siempre, absolutamente mimetizada con el paisaje del arroyo. Con sus mismos colores y brillos. Para entenderla hay que rozarla; para quererla, sentirla cerca. La canción desesperada también está hecha de naturaleza. “Puedo escribir los versos más tristes esta noche (…)” Las palabras mismas del poema apelan a la naturaleza: estrellas, astros, pasto, viento, cielo… El ritmo es suavecito como el fluir del arroyo…
Al poema de Neruda nos entregamos con el corazón, al de Borges con el cerebro. Y sin embargo, ambos hablan de amor, como ambas casas hablan del habitar.
Las palabras del poema de Borges son artificiales, pero pueden mojar más que el río de Wright o que el rocío de la amarga noche de Neruda, cuando para comprenderlo no nos es suficiente con el gusto, sino que, además, necesitamos pensar. Pasa lo mismo que con las sinfonías: Mozart nos va directo al alma, les gusta a los niños y hasta a los bebés. La sinfonía número 40 nos entra por la piel, no por la cabeza. ¿Pero qué pasa con la complejidad de Paganini, con los cambios de humor no controlables de Brahms? Ni qué hablar del Dodecafonismo. ¿Qué nos pasa cuando, para apreciar algo, tenemos que saberlo? Hay cursos en todo el mundo para leer el Ulises de Joyce. Superar la prueba es casi recibirse de catador.
Intuyo que un catador disfruta más del vino que un bebedor común.
25.3.09
LOS COLECTIVOS SON MÁS BUENOS QUE LOS TAXIS / LA VOZ DEL INTERIOR
No tengo auto, ni sé manejar. Por lo tanto dependo siempre de la caminata o del transporte público. Trenes, subtes, colectivos y taxis. De los cuatro, el que más uso es el colectivo. Es barato y normalmente presta servicios diurnos y nocturnos. El subte, que aún brinda un mejor servicio diurno, últimamente está jodido por los paros. Los trenes son para ir a las afueras, a Castelar, al Tigre.
Desde que los colectiveros no cobran personalmente el pasaje, los noto de mejor humor. Las máquinas expendedoras les han ahorrado ese trámite descabellado. Ahora sólo tienen que lidiar con el tráfico. Y lo hacen con más corrección, porque están menos estresados. Aunque desde hace un año a esta parte los he vuelto a notar preocupados. Los taxis les han ganado una batalla injusta.
No sé si lo mismo habrá pasado en Córdoba. Acá, en Buenos Aires, los usuarios nos enteramos por los carteles. Taxis y colectivos, a principios del año pasado, comenzaron a hablarnos mediante pancartas impresas en enormes paneles adhesivos, pegadas a sus carrocerías. La primera que leí la llevaba un 60: "Menor tiempo de espera y de llegada. Carriles exclusivos para los colectivos". Los taxis se sintieron tocados: "Sí a los carriles exclusivos, no a la exclusión". Desde la ventanilla, en ese mismo viaje, pude ver que un 64 le contestaba: "Carriles para taxis sin pasajeros: compromiso político e incoherencia técnica".
Lo cierto es que todos los colectivos y los taxis de Buenos Aires se pusieron a dialogar en mayúsculas, como se discute en los cómics cuando hay grito pelado. Y si bien pelearse en la calle es algo que hicieron siempre (los taxistas odian a los colectiveros y viceversa), ahora la cosa se profesionalizó: hasta está subtitulada.
(Continúa en cordobés.)
17.2.09
NO HAY DIOS / LA VOZ DEL INTERIOR

Es un proyecto cómodo. Me ahorraría unos cuantos sueldos de policía cuando algunos de los habitantes de mi sociedad se autorrepriman de delinquir por miedo al Ser. La zanahoria en este caso también me saldría gratis: el premio viene únicamente si te morís. No es en dinero ni regalos, es un premio espiritual. Aunque para mantener la idea de Dios tendrás que pagarme un diezmo durante toda tu vida.
No tengo ninguna duda: si tuviera que diseñar una sociedad nueva, volvería a tratar de que creyeran el Él.
Cualquier publicista me diría que vender la idea de Dios desde cero es como barrer una escalera para arriba. Los adivinos y las brujas que inundan los clasificados de los diarios me dirían que no tanto. La gente con problemas tiene predisposición para creer en algo salvador y… ¡quién no tiene problemas! Las loterías y las tiradas de cartas son una especie de dios menor que a lo mejor nos cambia la vida. Hay otra vida posible y está detrás de eso mágico. No podemos llamarle más que magia al número que sale en el Quini 6: la idea de sacar seis plenos seguidos a la ruleta es inadmisible desde el lado de las probabilidades. Tengo el presentimiento que no ha salido más de dos o tres veces en toda la historia del juego. Y los demás ganadores fueron una parodia para alimentar el sistema. Sigue en el diario.
27.1.09
AMORES DE ARQUITECTO / LA VOZ DEL INTERIOR
De adolescente quería ser médico, y el ímpetu se me acabó con la primera donación de sangre a mi abuela. Me dolió tanto, lo vi todo tan trágico, que casi me desmayo. Sí, Big Nielsen casi se desmaya por unos pinchazos mal dados en la búsqueda calamitosa de una vena. Mi idea era ser ginecólogo, para estar muy alegre entre las piernas de las mujeres. Por eso digo que fui promiscuo, de la ciencia me interesaba poco más que la idea de ver y escarbar en esos molusquitos sagrados. Ni pensaba que me podía cansar un poco –a esa edad– de comer marisco y mariscadas –a ésta–. Al final elegí ladrillos y autocades, para no desmayarme. Supuse bien: la cosa medicamentosa sería, sin duda, más preocupante. Y a fin de cuentas, lo que verdaderamente quería era una casa a nuevo. Comprobado según el tiempo que pasó. Una casa a nuevo es una casa en la que todas las cosas están hechas a la medida de uno, como un saco hecho por una modista. Sigue en el diario.
8.12.08
ELLOS / LA VOZ DEL INTERIOR
–¿Tienes una cámara digital?
–Tengo –le digo.
–¿Sabes sacar fotos?
–Sé –le digo, y le paso la dirección de Milanesa con papas, mi blog, para que vea.
Me recomienda que me despierte a las 7 de la mañana y salga a fotografiar mi ciudad hasta el mediodía. A un amigo de él, en Puerto Vallarta, le han pagado 3.600 dólares por un amanecer. Hago el cálculo: es el equivalente en plata a unas 65 columnas de éstas. Inmediatamente agarro la cámara y salgo a fotografiar Barracas. Mientras enfoco puentes oxidados y tanques viejos pienso en dos cosas: igual voy a seguir escribiendo esta columna, aunque sea como un hobby, y también pienso que Barracas no se parece en nada a Puerto Vallarta. Cuando regreso a casa, después de que un policía casi me confisca la cámara por no tener carné de fotógrafo y de que unos chorros me la quieran robar, le escribo al mejicano diciendo que ya está, que las tengo. "A dónde las mando". Entonces me envía un mail que dice que por la dirección me tiene que cobrar. Que no vale 3.600 dólares. Pero vale 59,99.
(El resto de la nota en el diario cordobés.)
6.11.08
LOS CENTROS CULTURALES DE NUESTRA MEMORIA / LA VOZ DEL INTERIOR
En el blog “El fantasma” el debate se abrió con una frase perfecta: “Nadie sabe qué hacer con el monstruo inactivo”, para referirse a lo poco propicio que es hacer un centro cultural en un lugar así. La lúcida Inx –una comentarista con blog propio- apoya la moción de no hacer nada ahí. Pregunta: “¿Hay un cine en Auschwitz, un supermercado con venta de souvenires?”. Y agrega, lapidante: “No le tapizaría los cajones al armario de Barbazul, ni guardaría ahí mi ropa”. La mayoría de los que comentan reafirman la necesidad de la ausencia de actividades en un lugar donde existió la muerte en manos del Estado. “Nada, eso es lo que debería verse en la ESMA, como la desolación que se amasó durante esos años: un impresionante agujero de Nada que se chupaba a los vivos”.
La nota continua acá.
25.8.08
CANCIONES / LA VOZ DEL INTERIOR
Cuando yo tenía 15 años eso era un sacrilegio. Sólo el que no sabía nada de música era capaz de grabar en la misma cinta a Rafaela Carrá y a Led Zeppelin. Mezclar idiomas, estilos, grupos era una verdadera blasfemia. Es más: a nadie que escuchara Led Zeppelin le quedaba ni media oreja para dedicarla a la italiana. O eras rockero, o eras un concheto del pop. A la vejez, viruela. Como dice Zambayonni en su canción: "Vos sos la playa / yo soy un gordo que perdió la malla". El MP3 publica el matrimonio entre La novicia rebelde y Angus Young mejor aun de lo que lo hacían las cintas. Él, en pantaloncitos cortos, como siempre; ella, con su pollera... (sigue allá)
15.7.08
CHICHIS Y CAMAS / MI DEBUT EN LA VOZ DEL INTERIOR
Desde los 12 años, el hombre sueña con encamarse. La adolescencia es la marca de la desesperación más absoluta. Para eso nos tienen que crecer la barba y el tamaño de la cosa, la voz se nos tiene que poner gruesa y deberemos cambiar los slips con muñequitos por boxers con muñequitos. El objetivo será cumplido un poco más tarde, a los 14 ó 15, según el adolescente sea más o menos nerd. La cama que va a utilizar es la de su cuarto, con toda la familia en la planta baja, preguntándose por qué tanto silencio. Desde los posters de las paredes lo mirarán hacer todos los cracks de fútbol y algunas chicas de almanaque. Eso es lo normal. A mi también me miró Cortázar, por lo que se imaginarán que empecé bastante más tarde. Mis padres se habían ido a Necochea: teníamos la noche libre.Después de esa primera vez torpe y rápida, la mira del hombre universal alza la apuesta en la cantidad. Ahora querremos estar con dos, como en el rock, y no pararemos hasta conseguir el objetivo. Si fuera posible, una rubia y una morocha, y sin pagar. Pagándoles no tiene gracia. La fiesta tardará en llegar o no llegará nunca; el objetivo es difícil y las chichis parecen no comprenderlo.
No por nada el ángel de Barbarella salva una rubia y una morocha del fin del mundo, y se las lleva colgando a una de cada brazo. No sé si el diálogo que tienen es el que yo recuerdo, pero me parece que la morocha le increpa que haya salvado a la otra, y le dice “ahora me darás la espalda”. A lo que el tipo contesta: “los ángeles no tenemos espalda”. Pasar por intelectual citando la película de Roger Vadim tampoco ayuda a convencer al mal llamado sexo débil... (seguir leyendo en el cuerpo del diario)