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30.5.18

MURALLA INVISIBLE / TEXTO PARA ESTEBAN


“El monitor que me enseñó a manejar auto me dijo que si un día me estrellaba, lo único que podía salvarme de los complejos era saltar lo antes posible a otro auto y seguir manejando como si no hubiera pasado nada. Caigan pues las cuerdas que atan a San Sebastián, quédese la columna solitaria y hablemos de los takes que, como todo el mundo sabe muy bien y yo un poco, son las sucesivas grabaciones de un mismo tema en el curso de una sesión fonográfica. El disco definitivo incluye el mejor take de cada uno de los trozos, y los otros se archivan o a veces se destruyen (…)
Lo mejor de la literatura es siempre take, riesgo implícito en la ejecución, margen de peligro que hace el placer del volante, del amor, con lo que entraña de pérdida sensible pero a la vez con ese compromiso total que en otro plano da al teatro su inconquistable imperfección frente al perfecto cine.
Yo no quisiera escribir más que takes.”
Julio Cortázar, “Último round”.
Swinnen también dice que le cambiaría una palabra a la frase final: pondría “pintar”, por “escribir”. Pide permiso.
“Yo no quisiera pintar más que takes”.
Cortázar asiente desde su sillón de terciopelo verde.

29.5.18

MURALLA INVISIBLE / TEXTO PARA JUAN


Leí, días pasados, que el hombre que ordenó la edificación de la casi infinita muralla china fue aquel primer Emperador, Shih Huang Ti, que asimismo dispuso que se quemaran todos los libros anteriores a él. Que las dos vastas operaciones –las quinientas a seiscientas leguas de piedra opuestas a los bárbaros, la rigurosa abolición de la historia, es decir del pasado- procedieran de una persona y fueran de algún modo sus atributos, inexplicablemente me satisfizo y, a la vez, me inquietó. Indagar las razones de esa emoción es el fin de esta nota”.
Jorge Luis Borges, “La muralla y los libros”.
Para la ocasión Juan dice que le cambiaría la última palabra -“nota”-, por “muestra”.
Borges, contento igual.

28.5.18

MURALLA INVISIBLE / TEXTO PARA MUESTRA DEL MISMO NOMBRE DE FONTANA SWINNEN


Una muralla incompleta, discontinua, es incapaz de frenar un ataque.
Kafka recrea la construcción de la muralla china como una sumatoria de pedacitos que nunca cercaron al imperio, y solamente dieron una visión posible de un cercado. En esos pedazos que le faltan radica el riesgo de la indefensión.
Juan Fontana completa las ausencias de a pinceladas amarillas, con el objeto de instalar la apariencia de lo indestructible en los sectores de falencia. Es un trabajo que decidió tomarse después del esfuerzo de caminarla de a trechos, y de bajar y subir en cada interrupción. No lo hizo por la guerra, que ya no había. Lo hizo para el bien de la continuidad.
Borges, por su parte, nos informa que el Emperador que ordenó dicha edificación mandó a quemar todos los libros existentes anteriores a su mandato. “Quemar libros y erigir fortificaciones es tarea común de los príncipes”. Al parecer, su fuego alcanzó más tesoros.
En su paseo otoñal por Oriente, Esteban Swinnen fue encontrando los discos  no tocados por las llamas. Los juntó en una pila y se detuvo al borde del precipicio de Qingming. Desde allí alcanzaba a ver otro pedazo de la muralla trunca. Tomó el primer disco, lo sacó de la funda y plegó su brazo para lanzarlo como a un plato volante. Su objetivo: unir con un vuelo, como si tendiera un hilo invisible, el sector de muralla sin construir. Pensó: “si llego, soy un príncipe”.
Juan y Esteban vuelven desde Pekín, ciudad prohibida, hasta la ciudad santa de Luján. Traen mensajes. Comen juntos wantán frito y zarandean las cerdas de los shifus.
Una causa justa: la muralla, desde ahora, sirve. Defiende, en la paz, la memoria de una guerra acabada. Y es del todo visible, para siempre.

Gus Nielsen