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31.7.26

DECIMOSEXTA REUNIÓN DE LA CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN ESTUDIO / TERCER CURSO


 Esta última de las reuniones antes del receso de agosto vino mal aspectada desde el miércoles 22. Lili pidió cambio de día por el partido del MM (Maldito Mundial): es fubolera la chica y no iba a poder venir si Argentina ganaba (por la felicidad), ni si perdía (por la depresión). Entonces le cambiamos el día al miércoles 29 y… ¡faltó! Anteanoche intentamos cocinarnos una cena casera como la gente y los tres cocineros… ¡fallamos! A Pablo le explotaron los bocaditos de batata, a Alberto lo abandonó el brócoli y el pollo ni lo saludó y yo hice las recetas impresas en la bolsa de tapas de tartas comerciales y una no funciona, la de cherrys levanta demasiada humedad. Ni poniéndola contra los ladrillos rojos rojitos del fondo de mi horno industrial logra quedar crocante. Pero bué, el intento salió en la foto y comimos igual: hubo bocaditos de acelga chinos, quesos de Fabiana, dulces y vinos de Pablo, Jonatan, Fabián y Mariano. Quedaron tres vinazos, una caja de galletitas saladas y algunos chocolates sin abrir para septiembre. Sirva este escrito de recordatorio.

 

Utilizamos todo el tiempo disponible para la corrección, con excelentes resultados. Alberto y Pablo leyeron dos buenos cuentos: uno con un infierno, otro con enanos endemoniados. En el tema anduvieron parejos.

Mientras estoy escribiendo esto me manda un audio Raúl Brasca afirmando seguir siendo dueño de ese wasap al que le escribí y aceptando ser el primer invitado de la segunda parte del tercer tiempo. Así que, a pedido del público, vendrá el Rey del Microrrelato (Shuíta es la Princesa Leia del Microrrelato, y ya estuvo; o la reina, o como le digan en España, lugar adonde aman a las monarquías). Es un placer tenerlo a Brasca, porque con él y Cristina Fernández Barragán hicimos, en 1990, la revista Maniático Textual. De paso, cuando venga a la Clínica tal vez podamos resucitar el proyecto para entregarle la colección completa de Maniático a Ahira y lograr el escaneado y distribución gratuita profesional. La memoria de la dulcísima Cristi lo merece (siempre me acuerdo de vos, hermosa).

Además tenemos otros invitados en carpeta: Alejandro Agresti dijo que sí, si está, porque casi todo el tiempo está en Mar de Ajó o viajando por ahí. Ah, la fama verdadera… No te deja tiempo para los amigos. Tampoco sabemos si vamos a invitar al cineasta o al escritor, pero lo vamos a dejar en sus manos. Otra de cine: Liliana Paolinelli aceptó proyectar en el Galpón el work in progres de la película de Heker, pero la aceptación la hizo en la cola para ver “La niña sobre un altar” de Oscar Barney Finn en el TGSM, por lo que convendría reforzar el pedido volviéndolo más formal. No sos serio, Nil. Sigo buscando el celular de Anna Kazumi Stahl, autora del excepcional libro de cuentos “Catástrofes naturales”: la conocí en la época de La mujer de mi vida, pero le perdí el rastro. Veremos si le proponemos a Jeanmaire, al que tengo ganas de volver a abrazar, aunque no tenga cuentos. Como ven, hay proyectos de sobra; cuando volvamos, dijo Perón, seremos millones.

Coca completó la mitad del tercer curso y se bajó, porque está con complicaciones familiares. Por lo que queda un espacio vacante para septiembre, octubre y  noviembre. Tres meses de literatura, morfis y sano cholulismo intelectual. Si tenés ganas escribime a gesnil@gmail.com. No te lo pierdas, tenemos un grupazo. 

24.7.26

REUNIÓN QUINCE, LA NIÑA BONITA DEL GALPÓN ESTUDIO / CLÍNICA 2026


 “Quedaba en un paraje de mosquitos, de maderas podridas, de río. Las circunstancias me habían obligado a vivir en esa casa extraña.”

Así empieza ¡Ay, Enrique!, el cuento de Elvira Orphée que nos recomendó la amiga Eleonora González Capria, en el curso que dicta para la BNMM sobre literatura fantástica argentina. También leímos “Las viejas fantasiosas”, cuento que a mi juicio le hubiera encantado a Hebe Uhart, con casas raras y gente incómoda. Me parecieron tan originales los dos que salí a buscar más Elvira a las librerías, y los del FCE me vendieron las novelas que se ven en la foto y me prometieron los cuentos completos que están al salir, y que compraremos en masa para degustar por acá. ¡Ah, Ele, qué gran dato esta Elvirita! La amamos instantáneamente: amor a primera palabra. Es una inventora de todas las cosas. En ¡Ay, Enrique! vuelve a nombrar el dolor de otra forma, la separación, la soledad, la muerte. Hay un gran esfuerzo poético metido ahí; cuando lo leí en voz alta lo sentí como un nuevo modo de respirar. Creo que esa innovación paulatina y constante sirve más en la forma corta que en la novela, donde puede cansar. Estoy investigando esta teoría en La última conquista de El Ángel; cuando la termine les digo lo que me pasó.

Lili trajo la segunda parte de Obra en construcción, un cuento bello y sencillo que escribió alguna vez para nuestra Clínica, con unos vecinos encantadores, una gata curiosa y un guion de tv. ¿Segundas partes nunca fueron buenas? ¡Ay, Lili! La conclusión a la que llegamos en grupo es que si querés continuarlo tenés que hacer una novela con ese material. Agregarle eventos, hacer participar a tus personajes secundarios con acciones reales, rescatar los elementos sencillos de la primera parte y darle un lugar propio y singular a los momentos del análisis psicológico, para que no se transformen en explicaciones.

Yo ubicaría las sesiones en los capítulos pares, como indicó Mariano, y lo haría mediante diálogos sin textuales. Y en los impares, las casas, diría Elvira. Lo que pasa en el primer departamento de él, en la vivienda de París, en el ph de la familia y finalmente en el piso de ella. La sesión de análisis de cuando está en París se conversaría por Zoom o Skype (más de ese tiempo), y la tecnología se podría describir desde los problemas de conexión. No pusiste la cámara, ahora sacaste el micrófono; así está bien. No toques más nada, por favor. Te veo. Con indicaciones de ese tipo evitaríamos los textuales de locación. Si partís de una estructura bien armadita, la novela te va a salir sola. Y no digas más nouvelle, Lili, decí novela, nomás. Animate. Después, si te queda breve, la renombrás a lo francés.

Lo que comimos va en la foto. Qué linda manito es Fabiana. El vino, Zuccardi. También hubo chocos de postre. Gracias y besos.

10.7.26

CLASE DÉCIMO CUARTA DE LA CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN ESTUDIO / VINO OSVALDO MAZAL

 Ni una foto saqué. Podría decir que fue porque en Posadas la luz natural es mucho mejor que la artificial del Galpón, y ya tenía buenas fotos de Osvaldo dando sus charlas y recibiendo premios en la Feria del Libro de su ciudad. Sin ir más lejos, hace dos posteos posábamos junto al cacique Andresito Guacurarí con el Paraná de fondo, armados y felices con las lanzas de la tribu del patriota misionero. ¡Lo que pesan esas lanzas, amigo! Acero inoxidable del mejor. Y las izamos sin chistar (el documento lo explicita convenientemente).






 La verdad es que me olvidé de sacar fotos, actividad que no se lleva bien con la reunión. A veces Pablo me avisa ¡sacá, sacá!, antes de atacar los platillos humeantes, y tengo que regresar el contenido del tenedor al plato. Esta vez me parece que nos dormimos en grupo: de todas maneras las empanadas son parecidas a las de otras reuniones, y los chocolates también. Los vinos fueron mejores. Nos vamos perfeccionando gracias a las ofertas mundialistas, dijo Fabiana. Que no son para cualquiera.

Mazal y Carolina viajaron a Buenos Aires a ver a sus hijos; entonces se me ocurrió improvisar el evento. Escaneé y pedeefiqué (acabo de inventar el verbo, nótese la i elegante) los mejores cinco capítulos de “Darwin poeta”, editado por Aurelia Rivera. ¿Cómo me acordaba cuáles eran los que me habían gustado más? Lo tenía escrito en los márgenes. Seguidamente les paso título y, entre paréntesis, mi comentario:

PRIMERA PARTE, CAPÍTULO 8. De la naturaleza de las elipses (maravilloso)

SEGUNDA PARTE, CAPÍTULO 3. Ringo y el piano bien temperado (muy bueno)

CAPÍTULO 4. ¿Y Ofelia… dónde anda? (encuentro Darwin/Ofelia, interesante texto erótico)

CAPÍTULO 7. La felicidad de los caballitos (otra maravilla)

CAPÍTULO 9. Tinianov: extrañas teorías, amores nuevos (genial/universal)

Mientras el grupo picaba estas delicias adelanté su segundo volumen literario, “Andrés vuelve o la risa bárbara”. Las novelas de Mazal son extrañísimas, porque los argumentos son mínimos y lo que termina contando se va por las ramas de una manera enloquecedora, a lo Macedonio Fernández. En un momento lo apunté al pecho con un marcador y le pedí que nos dibujara en el pizarrón lo que creía era el esqueleto de “Darwin poeta”. "El mapa conceptual", insistí. Hizo el siguiente croquis:


A partir de su explicación, Lili afirma que se trata de un escritor brújula sin medias tintas. Para mí que a Mazal le brotó el ingeniero.

Las flechitas son los capítulos y cómo le iban saliendo; los puntos verticales son las conexiones entre hechos aparentemente inconexos que van dando indicaciones de lectura; los puntos rojos son los grupos de confabulación o sociedades que van opinando acerca de los sucesos que atañen al argumento. 

En “Andrés vuelve” hay una asociación A.C.M.E (Artistas Conceptuales Misioneros Enfervorizados) que todo el mundo nombra como Marca ACME por el Correcaminos; otra que se llama A.M.O.R (Artistas Misioneros Orientados al Ridículo), un FLH (Frente de Liberación Homeopático) y hasta una ONG anarquista rebelde de un solo miembro (Horacio Quiroga). Este modo de encarar un texto por decenas de discursos externos me hace acordar a los poetas real visceralistas de “Los detectives salvajes”, con sus panfletos revolucionarios intrigantes. En Mazal predomina la contienda partidaria infantilizada hasta las piñas y la barricada traída desde todos los confines de la historia (la Rusia comunista, la dictadura de Stroessner o la siesta misionera), y desde múltiples paisajes (Paraguay, Siberia o la selva hiperbólica). Sus personajes son una especie de tiernas caricaturas perdidas en escenarios populares inmensos, coloquios internacionales, velorios multitudinarios, viajes infinitos. Mazal es un maximalista capaz de meterle cinco epílogos al mismo libro. En “Darwin poeta” elegí el que más me gusta como final, el número 4: Del destino de los objetos. Ahí termina mi lectura, aunque Mazal me lleve a una conclusión ulterior. Copio:

“Lo de los objetos que se vuelven libros, a veces me inquieta. Casi tanto como lo de las personas que lo hacen. Viktor y Elsa, por ejemplo, eran unos monstruos, cada uno a su manera se devoraba a las personas como si fueran libros, o viceversa. Y como ambos sentían de diferentes maneras que la vida no estaba fuera de los libros sino todo lo contrario, al final había en ellos una mezcla tan confusa de vida y literatura que vivían mirando el mundo a través de los libros. Y, sin ir más lejos, aquí tenemos el caso del libro colgado junto a la ventana del estudio de Charles, igual que en el escritorio de mi viejo. En el museo aseguran que ya estaba ahí en vida de Darwin, y que cuando se abre la ventana, la brisa agita sus páginas y las va pasando una a una. “Para que los visitantes puedan aprender, cada vez que miran hacia fuera, algunas cositas más de la vida”, dice un cartel junto a la ventana. Yo tengo otra teoría: es Darwin el que pasa las páginas. Y no es para que nadie aprenda nada. Se está divirtiendo, nomás.”

6.7.26

CARITO / ANDRÉS BUCHBINDER

 

"Carito era mi amiga de la infancia. Tenía el cuello tan largo que a veces le decía jirafa. Tenía pecas también. Jugábamos a casarnos, y a derretir pitufos en el balcón de mi casa de la calle Reconquista. Hacía frio cuando me dijo que estaba enferma, que por eso tenía que pegarle curitas por todo el cuerpo. Yo la veía bien. Pensó mucho dónde debía pegarle la última curita. En la planta del pie, dijo al fin con una sonrisa invernal mientras se sacaba la media.

A su madre le decían Tuti. Trabajaba en una fábrica de heladeras. Cuando pasaba a buscar a Carito se quedaba hablando con mi papá en la puerta del edificio. Carito y yo sostenidos de las manos de nuestros padres.

Un día Tuti lloró. Carito se había muerto. No pasó de los nueve años. Yo me mudé, me recibí, me fui del país, me casé, me separé, me volví a casar, tuve dos hijos. Y ahora que volví a vivir a Buenos Aires después de tanto tiempo, al departamento del microcentro donde pasé la infancia, el fantasma de Carito me viene a visitar. Aparece cuando estoy solo. No se queda más de unos minutos. A veces dice algo, pero no la entiendo, como si hablara para adentro. La mayoría de las veces solo mira. No le digo nada porque todavía no me acostumbro a la idea de hablar con el fantasma de una nena que murió hace más de cuarenta años. Qué le puedo decir. 

Ayer me visitó por última vez. Yo había vuelto a casa después de trabajar hasta tarde. Mi mujer dormía. Carito apareció en la cocina, mientras calentaba mi cena. Se sentó arriba de la mesada; movía las piernas, se balanceaban como hamacas. Me miró un rato sin decir nada. Parecía molesta. Antes de esfumarse me dijo bien claro: cómo puede ser que sigas vivo."

3.7.26

DECIMOTERCERA REUNIÓN EN LA CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN / THE BUSECA EXPERIENCE

 ¿Qué les puedo contar? Moría por comerme un buen guiso de mondongo. El compañero Julio, que me seguía en el gusto, está ausente, y a ninguna de las personas que conozco le interesa. Mi hermana Fer pasa todas las veces, a Moira le cae pésimo. Belén ya no come panza; el otro día vino a almorzar mi alumno Diego Barreda y me dijo que es lo único que no puede ni ver, porque era el plato que le daban los milicos en el Pozo de Banfield durante su secuestro. Sin salsa, sin aderezos, sin nada de nada, pero le agarró fobia igual y se entiende. Por eso impuse el experimento buseca obligada en el Galpón Estudio, y coseché elogios. Solo quedaron tres garbanzos. Va foto de una cazuela calentita, para anoche que hizo tanto frío. Yo la suelo comer más picante, pero bueh, puedo hacer concesiones. En el cierre también hubo ronda de chocolates varios, cubanitos y trufas. Un placer.

Leí un pequeñísimo relato que se pasa un poco del microrrelato pero hasta ahí nomás, del libro debut de Andrés Buchbinder que obtuvo la mención honorífica del Fondo Nacional de las Artes en 2021. El libro lleva por título “Más lejos que nunca”. El cuento, “Carito”. Lo voy a publicar este lunes que viene en la Milanga, para que lo lean los que faltaron. Cuando el frío engripa aparecen los fantasmas…

Por primera vez en el nuevo sistema de corrección pudimos leer dos cuentos completos. El de Jonatan creó discusiones intensas en torno a la trama, y a lo que se entendía o no. “En el castillo” llega a un gran final, pero como Jonatan supuso que ciertas cosas no estaban claras, al cuento le sobran explicaciones. Las explicaciones son lo peor de la ficción. El otro error que notamos es el de la simplificación extrema de la primera persona, ajustándola solamente a las acciones del protagonista. Cuando un cuento se llena de yo y de me, pasa a volverse cansador. La primera persona es una trampa: parece fácil, porque todos contamos así nuestras cuitas, pero en la página es dificilísima. Recordamos a Heker cuando nos retaba lindo en el capítulo “Yo, ¿narrador o personaje?” de La trastienda de la escritura:

“El paso del yo-mismo al yo-ficcional es un salto cualitativo; aun cuando el movimiento primordial hacia la escritura pueda venir del deseo de expresarse a sí mismo, la escritura de ficción no es una consecuencia natural de ese deseo. Implica una discontinuidad: la elección, asumida o no, de decir a través de. El yo-ficcional nunca es yo-mismo, aunque en algunos casos, porque el texto lo pide, se le parezca. Construirlo supone al menos tantas instancias de dificultad como narrar en tercera persona.

Es que, se lo haya pensado o no, narrar en primera persona implica la resolución de unas cuantas cuestiones. A saber: ¿Cómo es la voz del que narra? ¿Se trata de un chico, de un ama de casa, de un policía, de un avatar del autor? ¿Es loco, perverso, inocente, intelectual, ignorante? ¿Cuál es su visión de los hechos? ¿De qué modo lo afectó -o todavía lo está afectando- eso que cuenta? ¿Qué sabe, qué ignora, qué niega de lo que sabe? ¿Qué entendió mal o entendió demasiado bien? ¿Qué tergiversa y por qué? ¿Qué motivo tiene para contar lo que cuenta? ¿Tiene realmente un motivo, o la historia se le cuela a pesar de sí? ¿Cómo lo cuenta: lo escribe, lo confiesa, lo piensa? Y por último, cómo me las voy a arreglar yo, autor, para que, detrás de tantos ocultamientos y distorsiones del narrador, el lector termine entendiendo lo que en verdad pasó.”


Para ilustrar la elegancia necesaria de un texto en primera persona (porque además de entenderse tiene que ser hermoso) elegí el comienzo de dos cuentos de Gabriel Payares, autor caraqueño. “El extranjero (casi una road movie)” y “Lugares comunes”.

“Me gusta mirar a través de la cámara, incluso si no hay nada que fotografiar. Las cosas no siempre son tan interesantes como una quisiera. Ese es mi escondite, el sitio a donde a todos los miro y nadie me ve; un lugar común, lo admito, esto de la fotografía voyeur. Solía pensar que vine a este mundo a servir de testigo y no a un papel principal, no sé si ahora opine lo mismo.”

Ambos textos figuran en el libro de la foto, de la editorial Corregidor.

Con los postres editamos un cuento de Fabiana titulado “Felicidad total”, acerca de una chica que acepta lo que venga en una relación, sin advertir si es bueno o es malo. Vista desde afuera no parece tan feliz, aunque ella diga que su sentimiento es total. Hasta que la macana que se manda el tipo es demasiado grande. Es un cuento que aprovecha la primera persona para lograr la incomodidad del que lee, y nos toma de testigos y rehenes de la circunstancia. Acá está bien clara la maniobra que pide Heker, y el detallito del final, una pelusa en el pulóver del hombre, resuelve lo que pasará en el futuro.

Muy bien Fabi. Creo que al cierre de esta jornada a la protagonista se le abrieron los ojos y la autora limpió cada impureza en su trabajo, para dejar el cuento publicable. Ese sería el objetivo del nuevo modo que adoptamos de ir cuestionando palabra por palabra; se tarda más pero, toda vez que el cuento se deje, se llega a mejor puerto. Tal vez sería bueno convocar a una editora profesional, ¿no? Idea para el futuro. Y que nos cuente de su trabajo y nos guíe un poco en la aventura que acabamos de adquirir.

El reloj cazuela, con sus agujas salvias, marca la hora exacta en que nos fuimos del Galpón. Tic tac.

26.6.26

DECIMOSEGUNDA JORNADA DEL TERCER CURSO DE LA CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN ESTUDIO / VINO EL GRAN BERNATEK



Carlos Bernatek habla de Santa Fe como si fuera su pueblo natal, pero es de Avellaneda. Cuenta que en Santa Fe casi todo sigue una doble lectura de falso verdadero, porque la ciudad original desapareció bajo el río y hubo que refundarla a unos kilómetros, que siempre sonaron a poco. Tardaron 20 años en esa tarea silenciosa, como si la estuvieran mudando en secreto. “Si se iban 30 más lejos resucitaban en Coronda, lo que hubiera facilitado el crecimiento y el buen clima. Tal vez tendríamos dos Rosarios”, dice, compungido.

- Pero Santa Fe es la ciudad de la historia y Rosario la del progreso.

“Sin la Santa Fe húmeda y calurosa como pueblo de Busqued no tendríamos lisos ni novelas de Bernatek”, pienso. Así que paso a adorarla mientras lo sigo leyendo. Hicimos una compra colectiva de “´Ta loco aquel que quiera tu corazón” y le dedicamos una lectura minuciosa. La novela vuela, como todas las de Carlitos. La prosa es vertiginosa. Cuando hay suspenso, porque hay suspenso. Cuando no lo hay, porque la cabeza de sus personajes se va imaginando algo peor de lo que va a pasar, y lo anticipa desde sus bordes borders broders. Y eso solito reemplaza al suspenso.

Le cambié mano a mano un “Auschwitz” por “La noche litoral” y cuando me fui a dormir después de la velada literaria, siendo las 00:30 del jueves, se me ocurrió relojear la primera frase y me quedé leyendo hasta las 4. Droga barata y de calidad:


Resignación, me dije, y fue decirlo y estar ya casi resignado. Las cosas siempre pasan, todo tiende a reacomodarse, a buscar un nuevo equilibrio, y así el mundo sigue andando. Hay que esperar la oportunidad, aprender a hacer tiempo; eso fue algo que me impuse, porque me parecía que en esa actitud había algún tipo de principio, de sabiduría, como la tolerancia que nos obliga a imaginar chinos, gente de un país milenario y mesurado como esos monjes mudos de la serie Kung Fu, templados en el sufrimiento, a los que ni siquiera uno se atrevería a elevarles una consulta, porque aunque pudiesen hablar, no les entendería un carajo, con sus miles de dialectos y su Confucio de mierda. Pero cuando el presente se enturbia, cuando todo se oscurece y se borran las perspectivas, aparece el reflejo instintivo, la tentación de volver la vista atrás. Bien, si yo miraba hacia atrás, solo podía evocar situaciones ominosas, dignas de olvido, como perder a Hilda.”

Cenamos, como siempre que hay visitas, empanadas de carne con tintos finos. Carlitos le hincó el diente a mis criollas, haciendo el honor. Aunque esta vez más que nunca se lucieron los postres: chocolates rellenos de La Pinocha y trufas Lacasa, al cacao puro. Gracias Lili y Fabián. Y gracias a los demás por las bebidas.

Berna también nos leyó un cuento inédito, “Un cuarto lleno de gente”, que nos dejó temblando. Recordamos a Luis Chitarroni y a Hebe Uhart. Al final me dijo que la pasó bárbaro: le gustaron lectores y lecturas. “Qué bueno, en estos tiempos, construir un refugio atómico como este que vos tenés”, agregó, refiriéndose a nuestra Clínica del Galpón. No pude menos que darle la razón. Refugio atómico. Eso. Sí. Clarísimo.

Gracias por visitarnos en nuestra buena cueva.



19.6.26

REUNIÓN DÉCIMO PRIMERA EN LA VIGILIA DE BICHO URDANETA / CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN ESTUDIO

Preparándonos para la visita de Bernatek del miércoles que viene saboreamos y discutimos Turdera, Invasores, La señora Filstein, La carne, Larga noche con enanos, Animales sueltos en Roma, La banquina, El terraplén, Una mirada profana, Cielo de fin de año, El fin de la noche, Aves de paraíso, Fondo oscuro de río y Manuscrito de Eliseo Fulgin. Es un autor de doble corriente: Arlt y Borges al mismo tiempo. Más porteño no se puede, jajá. Por suerte en sus novelas se inclina siempre por el decano de las Aguafuertes, entendemos que Boedo le va mejor que Florida cuando yo recomiendo ´Ta loco aquel que quiera tu corazón, o Alberto agrega La noche litoral de la Trilogía de Santa Fe. Dos joyas; vamos a releer y/o leer por primera vez la que salió publicada por el FCE y lo sentirás positivamente en tus regalías, oh Gran Carlitos.

Santa Fe 10

Coronda 63

Rosario 162

Seguimos con Alberto, que no solo aportó una tarta integral de brócoli y queso exquisita, sino que además vino con un cuentazo y medio se ofendió cuando le dijimos que era teatral. Enseguida claudicó. Díganme si en estos diálogos no se parece a Puig (Manuel, no Arturo):

 

— Decime, Tita, ¿vos fuiste a mi velorio?

— No pude ir, estaba resfriada. Deme esas fotos, que las está rompiendo

— Dejame esta, la de la Nélida. Y está otra, de mi papá.

— ¿Ese era su papá? Qué buen mozo.

— ¿Mi papá ya se murió, Nélida?

— No soy Nélida, soy Tita. Tome ese té, que se le enfría.

— ¿A qué hora lo entierran? No quiero ir al velorio, quiero quedarme acá, comiendo bombones.

 

— (…) no le pegue a los perros cuando pasan, vamos. Deje quieto ese bastón.

— Vos me zarandeás la silla de ruedas a propósito. Querés que me caiga, así me internan y después, a mi edad, ya voy derechito a la tumba.

— No se haga la loca, que ya estamos llegando a la plaza.

—No me gusta esta plaza, está llena de fantasmas. Son todos negros y ordinarios, como vos.

— Déjeme acomodarle la bufanda y descanse un rato. Tiene que tomar sol.

— Hace mucho frío. Quiero volver a mi cajón. Mañana viene mi novio de visita. Tengo que prepararme.

— ¿Qué novio? ¿Desde cuándo tiene novio?

— El que cuida el cementerio. Noventa y siete tiene. Pero todavía come solo.

 

— Qué gente fea que hay en este lugar, Tita. Mirá esa gorda mal vestida.

— No hable así. Si no le gusta lo que ve, cierre los ojos.

— ¿Por qué hay gente tan fea en este mundo, me querés decir? Con lo poco que cuesta ponerse linda, es tener un poco de voluntad nomás. La gente fea es así porque es dejada. Si una se deja estar, termina hecha un espantapájaros.

— No señale con el dedo, queda feo.

— Si la señalo a la gorda, nada más. Para que veas qué horrible es la ropa que tiene puesta. Y está maquillada como un payaso. Igual que mi hermana.

 

El cuento se llama La prepotencia de las cosas vivas, y casi no tiene errores. Técnicamente entraría en la categoría Cuento Salchichón, de esos que pueden tener un largo infinito, y nos vemos obligados a cortarlos en cualquier rodaja. Sucede en el Diálogo de Choli con Mita, 1941, de La traición de Rita Hayworth, Puig (no Arturo, Manuel). La categoría habrá que agregarla a la lista de patrones que me publicó Pablo Por el camino de Puán. Puede leerse aquí.



Amo el descontrol, pero es cierto lo que opina Lili sobre que se desperdicie comida. El de anoche fue un picnic manejable: pudimos con los triángulos de Coca y los triangulitos de Fabiana, mis tortillas de papa, la tarta ya nominada al Oscar, las pepas de Jonatan, los ferreros de Fabián, los vinos de Pablo y los medallones mundialistas de Lili. 

Atracón, lobizón.

16.6.26

OSVALDO MAZAL / DARWIN, BÉSAME MUCHO

 


“Víktor dijo: Mirá, mirá, quiero que escuches algo, se levantó de un salto, eligió varios discos y comenzó a hacerlos girar. Lo primero que sonó fue Bésame mucho en la versión original de Emilio Tuero, que Elsa no conocía. Viktor, que en su juventud era reacio a aprender otros idiomas, se había convertido con los años en un empedernido lector de El Quijote en castellano, así que tradujo la letra del bolero. Después vino Nat King Cole cantando el mismo tema en castellano, con ese acento que hacía pensar en un yanqui en bermudas floreadas tomándose un Martini bien seco mientras dice la letra como al descuido. Tené un poquito de paciencia, dijo Víktor, y puso la versión de Oscar Alemán, que era una verdadera parodia, con un ritmito acelerado a lo Django Reinhardt, y coros burlones y comentarios al margen, y ruidos de besos y repeticiones del mucho mucho mucho por ese coro carnavalesco, y el guitarrista cantando muy agudo como si fuera un peluquero enamorado, y por supuesto un scat. Ahora empieza la cuestión, mirá, dijo Viktor con una sonrisa mientras cambiaba el disco y anunciaba: Schumman, Concierto para piano en la menor, Opus 54. Se escucharon los primeros diez segundos y enseguida apareció el tema, primero anunciado por los vientos y luego confirmado por el piano: era bésame mucho. Ocho notas: re – re – re / re – mi – fa – la – sol, una frase musical que se repetía, que todo el tiempo repetía sin decirlo bésame, bésame mucho. Era el tema central del concierto de Schumman, alrededor del cual empezaban a sonar las variaciones.”

15.6.26

OSVALDO MAZAL / DARWIN POETA

 

“Lo cierto es que las musas son mujeres que cantan lindo, pero uno nunca sabe bien de qué lado están, si del de Apolo el armónico o del de Dionisios el excesivo. Son más hábiles y peligrosas que las sirenas, a las que según el mito han derrotado y arrancado las alas. Lo que estas problemáticas mujeres brindan a los usuarios con sus susurros al oído no es precisamente la claridad de la luz, sino la complejidad y las contradicciones de la vida; en sus palabras incomprensibles puede atisbar, el que sea capaz de llegar hasta las últimas consecuencias, la ambigua semioscuridad del mundo en la que cada uno escarba como puede para arrancar algún centelleo, una epifanía, eso que podríamos llamar arte. O sea que a lo que incitan estas mujeres solamente es a continuar, a insistir a pesar de que uno lo haga a ciegas porque, además, no hay otra forma de hacerlo.”

12.6.26

DÉCIMA SESIÓN DEL PARTIDO EN EL AUDITORIO DE LA ACADEMIA LENIN DE CUENTOS DE LA U.R.S.S., ESQUINA CHACARITA


Queso ruso. Olga Sudorova, vodka de Chernobil
.

El Míster tuvo su altarcito en el Galpón, porque lo queremos, lo quisimos y lo vamos a seguir escuchando. Todo sucedió de regreso a Oktubre. El samovar, las chicas soviéticas del semen-up. Sin un estandarte de nuestra parte, pero con café frío y auténticos redonditos de ricota para cenar. Y torta Suevia también de ricota que trajo el Indio Pablo, para postre. ¡Pobre la Olga, crepó!



Continuamos con Sklovski en selva oscura I: el infierno, del tovarich posadeño Osvaldo Mazal. Es un extraño capítulo moscovita de su buen libro Darwin poeta, con el que ganó dos veces: mientras estaba inédito, el premio de novela 2014 del Fondo Nacional de las Artes; ya publicado por Aurelia Rivera en 2016, el primer premio municipal Ricardo Rojas de hace menos años. Un Vladimir Vladimiróvich Mayakovski de camisa amarilla nos animó la revolución de la mano de Víktor y de Yuri. ¡Si Engels viviera, probablemente vestiría una camisa amarilla! Le creemos a Mazal cuando jura que Darwin, influenciado por Marx, escribió en uno de sus cuadernos de notas una interpretación sesuda sobre el proceso de autocopulación entre orquídeas que carecen de néctar, por lo que atraen a los insectos machirulos desde sus formas redondeadas como culos pulposos. Los más turbados andan revoloteando por ahí entre margaritas y crisantemos, entonces descubren el culo y la ponen. Le creemos porque lo jura por Stalin. Así le hace decir a Don Charles:

Yo sembré el mundo de burgueses ingleses con forma de orquídea, y de proletarios disfrazados de insectos, e inventé con ellos vistosos dispositivos que permitían visualizar su interacción; yo hice ver en cada acontecimiento de la historia natural una forma de lucha, y en cada muerte una forma de selección como la que la sociedad humana opera a cada instante separando a los favorecidos de los otros, a engañadores de engañados; yo pude dejar entrever en mi obra el engaño constitutivo de todos los sistemas, ya sean animales o humanos, que hacen trabajar y esforzarse a la mayoría de la sociedad, la que como un inocente insecto cree que está haciendo el amor con su pareja, y resulta que en realidad no se coge a nadie sino que se lo están cogiendo a él porque esa hembra no es una hembra sino una flor con forma de hembra, y él es un pobre idiota cuyo rol se reduce a colaborar en la circulación del polen, esa mercancía que permite la reproducción infinita del sistema…

Dínamo versus Spartak, en el Estadio Central de la barriada de Luzhniki, 1948. De esa dualidad académica surge el cuento que escribió Fabián, con rojos bolcheviques de la ciencia por un lado y visitantes enfriados por el otro. Dos mundos, dos biologías. Se fue al carajo, se fue al carajo, grita el público. Caramba: la política sigue igual de mierdosa, y hoy en la derecha se cometen los mismo horrores del Politburó que dicen odiar. O más.

No podía cantarse de mejor manera que la entonada por el camarada Solari:

Esto es efímero, ahora efímero. ¡Cómo corre el tiempo!

Ñanfifrufifalifrú (un adjetivo de toda la vida).

9.6.26

FERIA DEL LIBRO DE POSADAS 2026 / MISIONES


"Entre las propuestas más esperadas se encuentra la participación del reconocido escritor Gustavo Nielsen, una de las voces destacadas de la narrativa argentina contemporánea. El autor protagonizará dos actividades centrales dentro de la programación del espacio “Rincón del Conocimiento”.

La primera será el jueves 4 de junio, a las 15:10hs, con una lectura de cuentos de su más reciente libro, FFF, una colección de relatos de fantasmas destinada a acercar la literatura a nuevos lectores. De cara a este encuentro, Nielsen expresó su expectativa por compartir la experiencia con jóvenes estudiantes y público en general.

“Espero encontrarme con muchos estudiantes secundarios. La idea es leerles algunos cuentos de mi último libro publicado, que es un libro de cuentos de fantasmas”, señaló el escritor.

La visita tendrá además un significado especial para el autor, quien regresará a Misiones después de muchos años. Nielsen recordó sus recorridos de infancia por las ruinas de San Ignacio, la casa de Horacio Quiroga y otros puntos emblemáticos de la provincia, y manifestó su interés por conocer las transformaciones urbanas que experimentó Posadas en las últimas décadas.

“Tengo muchísimas expectativas de volver a Misiones y reencontrarme con ese panorama amable que siempre tuvo la provincia conmigo”, expresó.

Arquitecto además de escritor, Nielsen adelantó que aprovechará su estadía para recorrer la ciudad, observar la Costanera y realizar croquis urbanos, una actividad artística que desarrolla desde hace años y que próximamente se plasmará en su primer libro de dibujos.

El sábado 6 de junio, a las 17:40hs, el autor volverá al escenario principal para presentar junto al escritor Osvaldo Mazal la novela Los mundos anteriores, publicada por el Fondo de Cultura Económica. La obra combina romance, viajes en el tiempo y ciencia ficción, explorando escenarios atravesados por epidemias y acontecimientos históricos que marcaron a la humanidad.

“Es una novela de amor con viajes en el tiempo que termina siendo una novela de ciencia ficción”, explicó Nielsen sobre la obra que protagonizará uno de los paneles más destacados de la feria."

POSANDO EN POSADAS 

8.6.26

LA CASTIDAD TERRIBLE / ÚRSULA K. LE GUIN

“En Steering the craft incluí ejercicios de escritura al final de cada capítulo. Castidad fue uno que inventé cuando tenía catorce años. Me di cuenta de que mis primeros esbozos de escritura no es que fuesen floridos, pero sí tenían demasiadas palabras, demasiados adjetivos y adverbios. Así que intenté escribir una página entera de prosa sin adjetivos ni adverbios. Es complicado, porque hasta palabras tan básicas como solo o entonces son adverbiales, así que a veces no es posible eliminar todas. Pero seguro que puedes quitar todos los adverbios terminados en mente y los adjetivos pomposos. Al final el resultado es un texto en prosa muy casto y muy llano. Y como has puesto todas tus energías en los verbos y los sustantivos, es más fuerte y más rico. Castidad es un ejercicio que he usado en casi todos los talleres que impartí. ¡Y la gente lo odia! Pero no tanto como al último ejercicio, Una tarea terrible, en el que te toca reducir a la mitad un texto tuyo; decir lo mismo pero con la mitad de las palabras.”

5.6.26

NOVENO BANQUETAZO EN LA CLÍNICA / COLLAGE ENTRE LA RAZÓN Y LA IMAGINACIÓN, CON ÚRSULA K. LE GUIN Y ANI


“Los niños saben perfectamente que los unicornios no son reales. Pero también saben que los libros sobre unicornios, si son buenos, son reales.

Hace mucho escribí el ensayo Why are American Afraid of Dragons? (¿Por qué los americanos temen a los dragones?), debido a la tendencia a los estadounidenses a rechazar todo tipo de fantasía o de ficción muy imaginativa, a tacharlas de obras para niños o pensar que son poco importantes porque no tratan de lo que pasa hoy en el mercado bursátil. Esa actitud de beneficio inmediato. Dickens lo aborda en su novela Tiempos difíciles, en la que se burla de un empresario completamente realista que no es capaz de pensar en otra cosa que no sea el uso y beneficio inmediato de las cosas y, por tanto, pierde la noción de futuro. Ese mareo mental que nos impone la educación que recibimos (Dickens ahí lo deja muy claro) coarta el desarrollo de los niños, porque nuestra mente, en gran parte, funciona con el mecanismo de la imaginación. Privarse de ella, atrofiarla o tratarla con desdén es terrible, sobre todo en una mente en desarrollo que tiene que ser capaz de poder pensar en cualquier cosa, es decir, imaginar lo que sea y aprender la diferencia entre lo real y lo imaginario. Creo que a los niños se les da mucho mejor hacer esa diferenciación de lo que pensamos los adultos. Saben distinguir cuando algo es un cuento de hadas. Y muchas veces saben que algo es mentira. Aun así, tanto la razón como la imaginación se tienen que entrenar, igual que se ejercita el cuerpo. Entrenamos algunas de nuestras facultades racionales, pero en el sistema educativo estadounidense cada vez se da menos espacio a la imaginación. De hecho, la gente que niega la existencia de los dragones suele acabar devorada por uno. Desde dentro.”


“Mucha gente considera que el arte es una cuestión de control. Yo lo veo más bien como una cuestión de autocontrol. Es algo así: llevo dentro una historia que quiere ser contada. Es mi fin. Yo soy sus medios. Si puedo controlarme, a mi ego, mis deseos y opiniones, mi basura mental y encuentro el enfoque de la historia y la sigo, se contará a sí misma. Me parece una manera de abordar la narración muy diferente a la de la voluntad de plasmar algo sobre el papel.”





29.5.26

OCTAVA CLASE DE LA CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN 2026 / VINO SONIA BUDASSI

 

"Nadie está seguro cuando escribe”, dijo nuestra invitada del último miércoles, resumiendo en una sola frase el libro en el que Heker revisita toda su obra y vida: “Intimidad de un oficio”. Sintética, nuestra chica bahiense. De la misma manera adhiere a la segunda conclusión que a Liliana le toma ochenta páginas e igual cantidad de años: escribir es lo que más la hace feliz. A Sonia Budassi se le nota en la sonrisa y en sus ojos color lago Lácar.

Nos concentramos en la colección de cuentos “Animales de compañía”, el libro con el que obtuvo el primer premio del Fondo Nacional de las Artes en 2021. Fui uno de los jurados de ese certamen, junto a Agustina Bazterrica y Mariana Travacio. En ningún momento tuvimos que discutir nada: un premio merecido en un año repleto de excelentes opciones. Reconozco que siempre había querido conversar con Sonia después de ese momento y nunca pude, salvo algunas palabras cortitas intercambiadas en ágapes ruidosos de esos que de vez en vez nos regala la escritura local. Siempre con gusto a poco.

Bueno, el miércoles la convocamos a la Clínica y pudimos conversar a fondo, con gusto a empanadas de carne, vinos ricos, chocolates y hasta un turrón turco (cuando yo era chico se llamaba nugatón) que preparó Alberto. Hablamos tres horas seguidas de monjas y beguinajes, periodismo, crónica y ficción y nos terminamos concentrando en dos de sus historias: “Salvar el mundo” y “La gran muralla”. La literatura de Sonia está llena de datos emocionales, simbólicos, modernos y técnicos que se van sucediendo mientras flotan entre vocablos extranjeros o compiten contra edificios notables, entornos rebuscados o parcos estacionamientos. Sus escenarios son mega lugares o no lugares; las casas siempre quedan chicas e incomodan a sus habitantes, a quienes no les alcanza el campo, les seducen los viajes, se instalan en la duda del amor. Pablo Katchadjian los describe así desde la contratapa:

Las voces que narran los distintos cuentos de este libro no son simpáticas. ¿Desde dónde hablan los personajes? ¿Por qué ven el mundo así? En el primer cuento, por ejemplo, la narradora dice: “Envidio que todo sea colorido, rico y fértil, no como cerca de mi ciudad: marrón seco e improductivo”. En el último parece haber una redención: “Algo pasa, esta mañana, por primera vez, una chispa de bienestar”. Pero esa chispa enseguida se apaga. Y, sin embargo, las voces no son antipáticas, porque también hablan de sí mismas igual que del resto de las cosas y porque esa forma de hablar les permite decir algo -sobre sí mismas, sobre lo que las rodea- que de otro modo se escaparía.

Sonia leyó un inédito que vino a completar la trilogía de los dos cuentos anteriores. Se titula “Morirse más que yo”, y aunque aún está en trabajo, se mete de nuevo con la construcción de un paraíso sin advertir que los paraísos no existen. La protagonista comienza siendo ingenua, en este caso la voz es infantil, el paraíso que quiere construir es un paisaje de juguete porque parece que nunca va a concretarse su deseo de delfines y exotismo dentro de su familia problemática. La narradora no advierte que el paraíso es inhallable hasta cuando se define como tal mediante un cartel, o tal vez por eso mismo. Ni cuando los que lo etiquetan son gente que uno cree amar, ni cuando es uno el que se pone manos a la obra para levantarlo. Finalmente será el lugar al cual, ni bien se llega, deja de ser paradisíaco. Y te hace ver.

Eso es lo que ocurrió este miércoles. A partir de hablar y hablar con Sonia, vimos un poco más.



28.5.26

JUGANDO AL HUEVO PODRIDO / COCA TRILLINI

 

“Fui misionera para África durante toda la primaria. Juntaba monedas, que no tenían que ser robadas de ningún monedero, debían ser de algún regalo que te habían hecho, por ejemplo, para tu cumpleaños o para tu santo y en última instancia podías pedir en tu casa. Pero no era lo más recomendable, pedir no incluía tu sacrificio para comprar un paganito. Paganito se llamaba a un recién nacido que no había sido bautizado, porque los padres se oponían, salvo que fuera “comprado”. El cura que vivía allá salvando almas, recibía mis monedas, se las daba a los padres de un niño o niña muy negro para que le permitieran bautizarlo y así, si se moría, su alma no iba al limbo. Cada compra me convertía en madrina de un paganito, podía ponerle el nombre que me gustara y me entregaban un diploma que certificaba la transacción.”

27.5.26

ESO ERA ESTAR CONTENTA / COCA TRILLINI


 “Durante la niñez escuchaba un simple de vinilo. Cuando no había moros en la costa lo ponía en el Winco que estaba en el comedor, cuidando de que la púa no lo rayara, como repetía mi mamá. Una voz dulce cantaba: Amapoooola, lindísima amapoooola. Será siempre mi aaaaalma tuuuuya sola… Escuchando la canción se me ocurrió ir al fondo de casa y armar un ramo de amapolas para la maestra. Corté tres porque dos eran muy pocas. Si sacaba más de tres se iban a dar cuenta de que alguien había estado cortando flores y la abuela, a veces, las tenía contadas. Cuando subí al micro escolar, Ester, la cuidadora, dijo: ¡Qué lindas flores! ¿Para quién es el ramo de culo de vieja?”

25.5.26

"SALVAR EL MUNDO" (FRAGMENTO) / SONIA BUDASSI

 

“Amo a mis perros Bello y Mortal y a mis gatas Bela y Atenea; aún así, cuando llegaban adhesiones de quienes decían llevarse mejor con sus mascotas que con los seres humanos (a veces decían, también: “Los animales no hacen la guerra”) pensaba: no es el mismo grado de complejidad, la relación es asimétrica, el animal no te discute, no se conflictúa, no tiene demandas extrañas. Explicarlo me pareció banal; luego, un argumento teñido de nazismo. ¿Acaso me estaba volviendo una defensora de la raza superior? ¿Cuál es el límite de la igualdad?"