4.6.26
FANTASMAS POSADOS EN POSADAS
3.6.26
2.6.26
THE ARISTON IS HERE
Designed by Marcel Breuer on Argentina's Atlantic coast, The Ariston was once a symbol of architectural optimism and innovation.
THE
Today, this modernist landmark faces an uncertain future.
This compelling documentary follows the people working to preserve one of Argentina's most significant architectural treasures and asks what happens when cultural heritage is allowed to disappear.
https://watch.shelter.stream/the-ariston
1.6.26
29.5.26
OCTAVA CLASE DE LA CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN 2026 / VINO SONIA BUDASSI
"Nadie está seguro cuando escribe”, dijo nuestra invitada del último miércoles, resumiendo en una sola frase el libro en
el que Heker revisita toda su obra y vida: “Intimidad de un oficio”. Sintética,
nuestra chica bahiense. De la misma manera adhiere a la segunda conclusión que a Liliana le toma ochenta páginas e igual cantidad de años:
escribir es lo que más la hace feliz. A Sonia Budassi se le nota en la sonrisa y en
sus ojos color lago Lácar.
Nos concentramos en la colección de cuentos “Animales de
compañía”, el libro con el que obtuvo el primer premio del Fondo Nacional de
las Artes en 2021. Fui uno de los jurados de ese certamen, junto a Agustina
Bazterrica y Mariana Travacio. En ningún momento tuvimos que discutir nada: un
premio merecido en un año repleto de excelentes opciones. Reconozco que siempre
había querido conversar con Sonia después de ese momento y nunca pude, salvo
algunas palabras cortitas intercambiadas en ágapes ruidosos de esos que de vez
en vez nos regala la escritura local. Siempre con gusto a poco.
Bueno, el miércoles la convocamos a la Clínica y pudimos
conversar a fondo, con gusto a empanadas de carne, vinos ricos, chocolates y
hasta un turrón turco (cuando yo era chico se llamaba nugatón) que
preparó Alberto. Hablamos tres horas seguidas de monjas y beguinajes, periodismo,
crónica y ficción y nos terminamos concentrando en dos de sus historias:
“Salvar el mundo” y “La gran muralla”. La literatura de Sonia está llena de
datos emocionales, simbólicos, modernos y técnicos que se van sucediendo
mientras flotan entre vocablos extranjeros o compiten contra edificios notables, entornos
rebuscados o parcos estacionamientos. Sus escenarios son mega lugares o no lugares;
las casas siempre quedan chicas e incomodan a sus habitantes, a quienes no les
alcanza el campo, les seducen los viajes, se instalan en la duda del amor.
Pablo Katchadjian los describe así desde la contratapa:
Las voces que narran los distintos cuentos de este libro
no son simpáticas. ¿Desde dónde hablan los personajes? ¿Por qué ven el mundo
así? En el primer cuento, por ejemplo, la narradora dice: “Envidio que todo sea
colorido, rico y fértil, no como cerca de mi ciudad: marrón seco e
improductivo”. En el último parece haber una redención: “Algo pasa, esta
mañana, por primera vez, una chispa de bienestar”. Pero esa chispa enseguida se
apaga. Y, sin embargo, las voces no son antipáticas, porque también hablan de
sí mismas igual que del resto de las cosas y porque esa forma de hablar les
permite decir algo -sobre sí mismas, sobre lo que las rodea- que de otro modo
se escaparía.
Sonia leyó un inédito que vino a completar la trilogía de los dos cuentos anteriores. Se titula “Morirse más que yo”, y
aunque aún está en trabajo, se mete de nuevo con la construcción de un paraíso
sin advertir que los paraísos no existen. La protagonista comienza siendo
ingenua, en este caso la voz es infantil, el paraíso que quiere construir es un
paisaje de juguete porque parece que nunca va a concretarse su deseo de
delfines y exotismo dentro de su familia problemática. La narradora no
advierte que el paraíso es inhallable hasta cuando se define como tal mediante un
cartel, o tal vez por eso mismo. Ni cuando los que lo etiquetan son gente que uno
cree amar, ni cuando es uno el que se pone manos a la obra para levantarlo. Finalmente
será el lugar al cual, ni bien se llega, deja de ser paradisíaco. Y te hace ver.
Eso es lo que ocurrió este miércoles. A partir de hablar y hablar con Sonia, vimos un poco más.
28.5.26
JUGANDO AL HUEVO PODRIDO / COCA TRILLINI
“Fui misionera para África durante toda la primaria. Juntaba monedas, que no tenían que ser robadas de ningún monedero, debían ser de algún regalo que te habían hecho, por ejemplo, para tu cumpleaños o para tu santo y en última instancia podías pedir en tu casa. Pero no era lo más recomendable, pedir no incluía tu sacrificio para comprar un paganito. Paganito se llamaba a un recién nacido que no había sido bautizado, porque los padres se oponían, salvo que fuera “comprado”. El cura que vivía allá salvando almas, recibía mis monedas, se las daba a los padres de un niño o niña muy negro para que le permitieran bautizarlo y así, si se moría, su alma no iba al limbo. Cada compra me convertía en madrina de un paganito, podía ponerle el nombre que me gustara y me entregaban un diploma que certificaba la transacción.”
27.5.26
ESO ERA ESTAR CONTENTA / COCA TRILLINI
“Durante la niñez escuchaba un simple de vinilo. Cuando no había moros en la costa lo ponía en el Winco que estaba en el comedor, cuidando de que la púa no lo rayara, como repetía mi mamá. Una voz dulce cantaba: Amapoooola, lindísima amapoooola. Será siempre mi aaaaalma tuuuuya sola… Escuchando la canción se me ocurrió ir al fondo de casa y armar un ramo de amapolas para la maestra. Corté tres porque dos eran muy pocas. Si sacaba más de tres se iban a dar cuenta de que alguien había estado cortando flores y la abuela, a veces, las tenía contadas. Cuando subí al micro escolar, Ester, la cuidadora, dijo: ¡Qué lindas flores! ¿Para quién es el ramo de culo de vieja?”








