“Durante la niñez escuchaba un simple de vinilo. Cuando no había moros en la costa lo ponía en el Winco que estaba en el comedor, cuidando de que la púa no lo rayara, como repetía mi mamá. Una voz dulce cantaba: Amapoooola, lindísima amapoooola. Será siempre mi aaaaalma tuuuuya sola… Escuchando la canción se me ocurrió ir al fondo de casa y armar un ramo de amapolas para la maestra. Corté tres porque dos eran muy pocas. Si sacaba más de tres se iban a dar cuenta de que alguien había estado cortando flores y la abuela, a veces, las tenía contadas. Cuando subí al micro escolar, Ester, la cuidadora, dijo: ¡Qué lindas flores! ¿Para quién es el ramo de culo de vieja?”
27.5.26
ESO ERA ESTAR CONTENTA / COCA TRILLINI
“Durante la niñez escuchaba un simple de vinilo. Cuando no había moros en la costa lo ponía en el Winco que estaba en el comedor, cuidando de que la púa no lo rayara, como repetía mi mamá. Una voz dulce cantaba: Amapoooola, lindísima amapoooola. Será siempre mi aaaaalma tuuuuya sola… Escuchando la canción se me ocurrió ir al fondo de casa y armar un ramo de amapolas para la maestra. Corté tres porque dos eran muy pocas. Si sacaba más de tres se iban a dar cuenta de que alguien había estado cortando flores y la abuela, a veces, las tenía contadas. Cuando subí al micro escolar, Ester, la cuidadora, dijo: ¡Qué lindas flores! ¿Para quién es el ramo de culo de vieja?”
26.5.26
25.5.26
"SALVAR EL MUNDO" (FRAGMENTO) / SONIA BUDASSI
“Amo a mis perros Bello y Mortal y a mis gatas Bela y Atenea; aún así, cuando llegaban adhesiones de quienes decían llevarse mejor con sus mascotas que con los seres humanos (a veces decían, también: “Los animales no hacen la guerra”) pensaba: no es el mismo grado de complejidad, la relación es asimétrica, el animal no te discute, no se conflictúa, no tiene demandas extrañas. Explicarlo me pareció banal; luego, un argumento teñido de nazismo. ¿Acaso me estaba volviendo una defensora de la raza superior? ¿Cuál es el límite de la igualdad?"
22.5.26
SÉPTIMO ENCUENTRO EN LA CLÍNICA ASIÁTICA DEL GALPÓN / CURSO 2026
Pablo trajo la propuesta: hacer la ensalada de papaya que
sale en el cuento “Randy Travis” de la laosiano-canadiense Souvankham Thammavongsa.
Amoroso su libro “Cómo pronunciar cuchillo”. Le ofrecí resolver el arroz
glutinoso y agregarle bocados de pollo teriyaki. Entonces él fue al
barrio chino a conseguir sus ingredientes especiales: habas sakanashi, salsa de
pescado thai, repollo encurtido. Lo mío fue más fácil, porque en la
heladera tenía salsa de soja espesa, mirin y vinagre de arroz; utilizo esos
líquidos habitualmente en mis woks. Sembré mi acompañamiento con semillas de sésamo
tostadas y adorné con hojas de menta.
La ensalada de Souvan se llama padaeck. Se la prepara el padre a la autora en ese cuento. Es increíblemente fresca, y lleva un potente picante que el frescor atenúa. Me pareció extraordinaria: va mi agradecimiento con esta foto, Pablet:
La otra foto, la que inaugura el posteo, es del altarcito oriental que Lili y Coca armaron para la ocasión. Terminamos la jornada degustando chocolates Choi y Vong con forma de ferreros y rafaelos, traídos por Fabián, y galletitas Jay especialmente horneadas por un Jonatan de ojos rasgados. Hubo además unas monedas de chocolate Dang, riquísimas tostadas Keth y vinos de Nong Khai que fueron bendecidos en el altar. Gracias Fabiana, Alberto y Mariano. ¡Dulcetuco!
Hubo hasta una rifa: Coca regaló un ejemplar de su libro nuevo para disfrute cliniquero. Al parecer era un hábito de Hebe Uhart cada vez que publicaba algo. Va el flyer porque se presenta hoy en el Centro de la Cooperación. Seguramente estaremos acompañando el evento. El diseño del libro es exquisito.
Aplicamos el nuevo sistema de corrección para el cuento de Jonatan y
salió muy bien. Este tipo de ejercicio solamente se podrá realizar cuando los
cuentos vengan bastante logrados; es el caso de “La persona que te enseñó a
andar en bici”. Aprovecho la ocasión para repetirles que la Clínica de cuentos
del Galpón Estudio, como su nombre lo indica, es una clínica y no un taller. En
un taller suelen hacerse ejercicios, no quiero ir por ahí. Prefiero enseñar a
corregir, y para eso deben traer cuentos. Digo, nomás.
También leímos el que les debía de Sonia Budassi, escritora que tendremos de visita en la próxima jornada. “Perfecta”. Lili cree que es el título de una canción de Miranda que Sonia comenta, sin nombrar, en el texto. Sonia es una gran rematadora: sus finales son extraordinarios. A la vieja escuela y sin ambages. El miércoles que viene habrá empanadas de carne, expectativas varias y ganas de conocerte, querida Budassi. Beso.
21.5.26
SONIA BUDASSI / "SALVAR EL MUNDO" (FRAGMENTO)
“A los doce, You y yo, después de prepararnos durante dos
años, rendimos —junto a otros mil aspirantes— el examen de ingreso para una
secundaria. Antes de buscar los resultados, compartimos un algodón de azúcar
celeste para calmar los nervios de la incertidumbre, haciendo fila en la puerta
del colegio.
Sobre los monitores del salón, la lista dividía el fracaso
del triunfo; nos dimos la mano en silencio. No se incomodó por la transpiración
de la mía.
Encontré mi nombre: puesto trece de ciento cincuenta. Di un
salto de alegría, “estoy, mirá, entré”, dije y se me escapó una risita que
debió verse simple, radiante, plena espontaneidad; así se descalabran los
estudiados gestos de buena educación que mi madre se empeñó en enseñarme: con
un estallido descontrolado de euforia. You sonrió, “¡entraste!”, dijo y me
abrazó un instante. Y otra vez se enfocó en la lista.
Sentí el vértigo del vacío, temor a que se cortara el cable
sostén del ascensor de mi vida justo cuando subía a ritmo armónico.
Llegamos al final: nada. Quise abrazarla; me apartó. Culpa,
pero en aquel entonces no sabía cómo llamar a ese tipo de angustia. Le dije: “repasemos,
quizás no vimos bien”. Ella dijo: “Dejá, ya está, déjame, te dije”.
La seguí después de encontrar su nombre: puesto sesenta y
dos.
Agitado mi corazón de palmera ante un huracán, corrí dos o
tres cuadras para contarle: ¡entramos juntas! No la vi. Le mandé una foto.
Tardó en responder y vino hacia un abrazo; al encuentro maravilla con la
realidad física de dos corazones apretados: laten juntos. Lo físico puede ser
cursi.
Expulsada hacía pocos meses del pelotero, le propuse
festejar en el café de los peluches, mi casita de los recuerdos; las dos ahí, por
primera vez sin la compañía de un adulto. La ilusión recién estrenada de
sentirnos independientes.
Al tiempo, empecé a percibir una desconfianza esfumada de su
parte, la sutileza de quien sabe evadir las muestras de afecto, ciertas miradas
e invitaciones denegadas con los modos de una doncella oriental ante mis
acciones de avidez latina como denominaba mi madre, de forma peyorativa, a mis
expresiones emocionales. La calidez de You nunca volvió. Yo insistía. Hasta
aquella vez: en el patio de la escuela se tomaba fotos con varias chicas, de a
una. Me acerqué y le pedí la mía. Frente al resto de sus amigas, respondió: “Disculpá,
justo quería volver al aula”. Y se alejó. La desolación me quitó el habla.
Nunca supe qué pasó. Quizá, también, la amistad se diluyó en la distancia exasperante de los celos, siempre inútiles, por las amistades nuevas. Aunque los celos de todo tipo son siempre así, inútiles, ¿a alguien le dio algún resultado satisfactorio?”








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