“En mi casa, cuando era pequeño, leíamos la Biblia; más tarde volví a leerla, y te diré que el Dios de la Biblia no me gusta. ¿Por qué crea el mundo si después no se preocupa por él y lo deja a su suerte? ¿Porque está aburrido y piensa que los seres humanos van a entretenerlo? Si quiere liberar a la humanidad del peso de sus pecados, una idea bonita, ¿por qué no lo hace más sencillo, por qué para ello se necesita que Jesús muera y resucite? ¿Qué aporta la promesa de un juicio cuando llegue el fin del mundo si lo que necesitamos es justicia ahora, cuando el mundo aún existe, no cuando se acabe? No te quiero decepcionar hablándote así del Dios de la Biblia, pero no me gusta y tampoco he conocido a otro que me guste. (…)
Y no me vengas con el amor que siente Dios por la humanidad.
A los que uno quiere no se los trata como Dios nos trata a nosotros.”











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