Esa piedra, vos me decís, vino con la corriente
era la roca inaugural resto de monte suelto
cosa de siempre de tu infancia.
Estás mintiendo. Esa palabra, cuando vivía,
salió de conejeras, de una noche
sin luz artificial, yo me acuerdo.
Quedaba blanco allá adelante
una mancha entre dos árboles
y cambié de camino.
A oscuras, te expliqué, no me persigue mi cara.
Después hubo viento y después
hablamos. Eso era antes, un cuerpo de sonidos.
Vos insistís: oíme si siempre fue una piedra,
la guardo para dispararles
a los camiones por la ruta si me aburro
o algún día levantar una casa.













