5.10.26

EL POZO / RAÚL BRASCA

 


"Hacía tres minutos que cavaba en la arena cuando el pozo le tragó la palita. Desconcertado, el chico miró a la madre. La mujer lo vio hundirse, corrió, alcanzó a tomarle las manos aterrada, y se hundió con él. Los otros bañistas aún no habían reaccionado y el pozo ya devoraba una sombrilla. Se miraron con estupor, vieron que ellos mismos convergían hacia allí, y por un instinto soterrado desde siempre que se acababa de revelar, intuyeron que no podían salvarse. Era tan natural como el ocaso: el mundo se revertía. Muchos trataron de huir, despacio, con la misma aprensión sin esperanza de los animales que buscan esconderse de la tormenta. Pero la arena se deslizaba más rápido y todos terminaron cayendo mansamente. A su turno, se derrumbaron en el pozo casas, ciudades, montañas. Del mismo modo que la mano invisible da vuelta la manga de una camisa, una fuerza poderosa arrastraba hacia dentro la piel del mundo poniéndolo del revés. Y cuando los últimos retazos desflecados de mares y tierras fueron engullidos, el pozo se consumió a sí mismo. No dejó siquiera un hueco fugaz en el espacio, tan sólo quedó el vacío, homogéneo y silencioso, la inapelable evidencia de que el mundo había sido el revés de la nada."

2.10.26

VIGÉSIMA JORNADA DE LA CLÍNICA / ¡MISIÓN FOCACCIA!


La mano que llena la copa. El fiambre que completa la focaccia. Las pastitas que empapan la miga. Había practicado, lo juro, para tener la mejor focaccia de Buenos Aires en Roseti y Dorrego. Pero las dos veces anteriores había hidratado al cincuenta por ciento, lo que significa medio litro de agua para medio kilo de harina de fuerza (y es casi amasable). Entonces salió perfectuá. Y esta vez me dieron ganas de hacerlo al cien por ciento. Miré varios tutoriales y lo vi muy difícil, una especie de acrobacia de espátulas para intentar manejar una masa inmanejable. Opté por agregarle unos chorros adicionales al medio litro, con lo que perdí la noción de los pesajes exactos y me fui al pasto en el aireado. Volantazos a último momento no deberías hacer, Nil (siempre lo mismo). Pero la dejé levando en la heladera unas 28 horas y cuando la metí al horno llena de burbujas quedó crocante por afuera, mullida por adentro. Tengo suerte para la improvisación. Tuvimos suerte todos, graciadió. Hubo alioli, muhammara, hummus, pasta de aceitunas, guacamole y crema de verdeo. Pastrón, jamón cocido, salame de Milán, leverwurst y Tybo en fetas. Luiyi Bosca en la copa que llenó la mano. Continuará…

Leímos el cuento de Spencer Holst que les debía, uno que podría lo más bien integrar aquella antología de terror que Elvio Gandolfo y Samuel Wolpin reunieron para De la Flor en 1974: “45 cuentos siniestros”. “El copista de música” podría fácilmente ser el número 46. Tiene algo de “Los gemelos”, de Luis Couperus, o de “El espectáculo comienza cuando usted llega” de Roland Topor. Todos los demás cuentos del libro de Holst se van un poco por las ramas y Holst es el que más lo disfruta. Soy partidario de la búsqueda y del azar, pero también soy un fundamentalista de la corrección. Me gusta este textito de Mauricio Kartun para descifrar el momento alegre del escribir:

“La escritura es una búsqueda. El escritor nunca sabe con exactitud lo que quiere, lo encuentra escribiendo. Esa es la paradoja. Si yo tuviera la certeza absoluta de qué es lo que quiero, lo escribiría tal cual, y el resultado, sin sorpresas, sería puro trámite, burocracia. No sería escribir, sería escriturar. No puedo saber qué quiero porque la gran virtud de una escritura, al menos como yo la concibo, está en su originalidad, en su condición de descubrimiento. Por lo tanto, no sé qué es lo que voy a escribir, pero sí sé lo que no.”

La cita aparece porque estuvimos picoteando teoría del libro “Crear”, recientemente editado por Ediciones Godot. Aquí hice una reseña para La Agenda Revista, pasen y lean.

Tuvimos algunas microficciones de Fabiana, casi todas exactas y cerraditas. Hubo solamente discusión con tres, a la que a mi gusto le sobraban palabras. Pero las que son buenas, son buenísimas. Va un botón de muestra:

 Humillación

 Era la primera vez que estaba en esa casa. No conocía a nadie. Festejaban alguna cosa. Él tenía cuatro años. Había ido con su papá, que ya estaba borracho y hablaba a los gritos como tantas otras veces. Se acercó y empezó a tironearle del buzo, una vez y otra vez. Su papá reía a carcajadas sin notar su urgencia. De pronto, el silencio: todos miraban el charquito bajo sus pies.

Para terminar leyó Alberto, en tono de comedia de Mark Twain: “Y el viento los amontona”. Lili y Pablo desplegaron la mesa de dulces y nos lanzamos a la gula.





1.10.26

PERPLEJIDAD / RAÚL BRASCA


"La cierva pasta con sus crías. El león se arroja sobre la cierva, que logra huir. El cazador sorprende al león y a la cierva en su carrera y prepara el fusil. Piensa: si mato al león tendré un buen trofeo, pero si mato a la cierva tendré trofeo y podré comerme su exquisita pata a la cazadora.

      De golpe, algo ha sobrecogido a la cierva. Piensa: si el león no me alcanza ¿volverá y se comerá a mis hijos?. Precisamente el león está pensando: ¿para qué me canso con la madre cuando, sin ningún esfuerzo, podría comerme a las crías?.

      Cierva, león y cazador se han detenido simultáneamente. Desconcertados, se miran. No saben que, por una coincidencia sumamente improbable, participan de un instante de perplejidad universal. Peces suspendidos a media agua, aves quietas como colgadas del cielo, todo ser animado que habita sobre la Tierra duda sin atinar a hacer un movimiento.

      Es el único, brevísimo hueco que se ha producido en la historia del mundo. Con el disparo del cazador se reanuda la vida."

25.9.26

GRAN VISITA EN LA CLÍNICA DEL GALPÓN ESTUDIO / DECIMONOVENA JORNADA


 

Entre un simposio sobre microrrelatos en Chile y el próximo congreso mundial de microficción en Grecia, donde cierra el evento con un discurso hecho a medida, mi amigo Raúl Brasca se hizo un tiempito para venir a la Clínica de cuentos del Galpón, y brilló. A Brasca lo conozco desde que hacíamos “Maniático Textual” junto a la escritora Cristina Fernández Barragán. Y aquí paro un minuto la crónica para dar una noticia maravillosa: esta semana presenté la colección completa de “Maniático” a Ahira, y me la aceptaron para su escaneo y publicación. Fue una gran revista, que se vendió durante la misma época de “V de Vian” (la de Sergio Olguín, que ya puede leerse en los archivos).  No vamos a salir de pobres, pero sí de la cueva. Brasca tendrá que hacer el epígrafe de la colección de diez números, del cero al nueve. La publicación dejó de existir porque Cristina falleció, no porque nos fuera mal ni porque nos hubiéramos quedado sin ideas. Ella manejaba los avisos, ponía la guita que faltaba, contrataba todos los servicios y la redacción era su departamento en Recoleta. Snif, quise mucho a esa señora hermosa. Cuando los de Ahira hayan terminado su trabajo publicaré el link en la Milanga y seguramente haremos algún acto con champán-choripán junto a Raúl y las ahiras.

Brasca se ha dedicado a las microficciones. Si Ani Shua es la reina, según los españoles, después de lo que vimos este miércoles declaramos a Brasca nuestro rey indiscutido en el tema. Sus cuentos son divertidos, ingeniosos y, sobre todo, didácticos. Y a los cuentos hay que sumarle la teoría: todas las charlas que posteé estas últimas dos semanas más dos libros: “Cuando el silencio toma la palabra”, de la editorial peruana Micrópolis y “Leamos el silencio”, que trae cien ficciones analizadas con el microscopio extraordinario que Brasca tiene. Como el primero no se consigue, tuvo la amabilidad de dejarlo de regalo. El otro es de editorial Luvina, está ahora en librerías. Recomiendo su compra, lo hojeamos anoche y es buenísimo. Van las tapas:




Así que esta vez, además de invitar a un capo, pude volver a hablar con un amigo -y a reírme, fue todo muy amable y relajado- mientras tomábamos ricos vinos y comíamos mis empanadas primero, turrón turco de Alberto después. Y algunas otras delicias con dulce de leche y cobertura de chocolate que administró Lili.

Alto gol el que pegamos este miércoles. Brasca estuvo genial.

Gracias, querido, y que tengas un memorable viaje a Atenas.