4.11.26
3.11.26
HASHI / ANNA KAZUMI STAHL
“En casa veo a mi hija con tres amigos que han venido a tomar la merienda después del colegio. Ella les ensena cómo usar hashi (los palitos) para comer. Como prueba, les pone un algodón bien mullido, luego una goma de borrar, finalmente un caramelo Sugus – solo ella lo puede levantar, y todos se ríen y se suman al desafío y lo intentan de nuevo. También me da risa, porque yo hacía lo mismo de chica, pero no eran Sugus – eran Botan Ame, y en esa época venía un juguetito en la caja, no solo una calcomanía. Natsukashii.”
2.11.26
CASTILLO NIJŌ / ANNA KAZUMI STAHL
"Visitamos Kioto con mi primo y nuestras familias. Comenta que le da alegría que sus hijas y la mía puedan conocer juntas por primera vez un lugar tan importante en la historia de Japón. Es un momento clave de aprendizaje con respecto a sus orígenes, su herencia, su identidad. Él las mira a las tres: las dos suyas quietas con sus parasoles, la mía con gorra de beisbol boquiabierta ante el portón gigantesco decorado con oro brilloso y esmaltes, pájaros y flores en blanco, verde-azul y rojo. Tan diferentes entre sí, pero vinculadas por el lazo de sangre que nos une como parientes. Observo el rostro de mi primo y sé que lo dice con sinceridad. Me acerco a las dos hijas suyas. “¿Conocen este lugar?”. Niegan con la cabeza. La menor habla primero, como es habitual, y dice: “Lo hemos estudiado en el colegio. El castillo del Shogun. Pero nunca vinimos…” Los guías nos hacen pasar; ha llegado la hora de nuestro grupo de visitantes. Las tres niñas van adelante, absorbiendo los estímulos de diferentes maneras –las hijas de mi primo en relación a lo que han leído en manuales escolares sobre el período feudal de su nación, mientras mi hija ignora todo eso. Acaso solo piensa en las viejas fotos de Japón en la caja de madera que le encanta explorar cuando visitamos a mis padres –fotos de templos, de castillos y jardines, de aleros, vigas, paneles corredizos, paneles pintados, con láminas de oro, con escenas pastorales, aberturas hacia estanques, un detalle de fibras trenzadas, un nudo decorativo, una estera con borde de tela, el piso de madera de siglos de pisadas y acaso de batallas– tal vez piense en esas imágenes acumuladas y transportadas y recuerde la pasión de mi padre como también los silencios de mi madre, los pájaros en la galería de su casa y el murmullo de los vientos que cruzan continentes y océanos.
Mi padre reiteró aquellas pautas estéticas en la casa que construyó, un homenaje para la convivencia con mi madre que nunca soltó el Japón que dejó (y que no existe más, en rigor). Pero esa convivencia lo convirtió en algo que perdura, lo convirtió en un lenguaje de identidad, uno lo suficientemente claro para que hasta mi hija nacida en Argentina lo comprenda.
Sé que puede ser problemático proponer que la identidad pueda ser tan plástica, tan transportable, transmisible, desmontable, reensamblable. Pero si no es así, ¿cómo se explica la claridad con la que algo de lo japonés se expresa en mi hija, o en mí?"
1.11.26
TEO HIRSIG / fff
30.10.26
VIGESIMOCUARTA JORNADA NUESTRA NUESTRA: SE VIENE UN NOVIEMBRE MOVIDITO / EL ÚLTIMO MES DEL TERCER CURSO
Ya. La semana que viene. El miércoles a las 20:30 vamos a tener en la Clínica de cuentos del Galpón Estudio una visita ejemplar, alguien a quien siempre quise escuchar porque tiene uno de los primeros libros de cuentos más atractivos y mejor escritos de la literatura. Iba a poner argentina, pero la verdad es que la siento mundial. Con algo de la laosiana Souvankham Thammavongsa y mucho de la mejor narrativa norteamericana (pienso en Flannery O´Connor o en Salinger). Y es un secreto muy bien guardado, parece, porque no se ha reeditado a lo largo de estos años (¡tomen nota, editores!). La escritora en cuestión se llama Anna Kazumi Stahl y el libro, que figura entre los preferidos de mi estante especial, se titula Catástrofes naturales. El relato homónimo es precioso. Y vertiginoso. Y violento. Y de una ternura inusual. Todo eso junto. También rescato Exótica, que leímos en clase. Alberto es fan de Hola, ¿este es el funeral de mi hermano? Fabiana, de Hiroko.
Anna nos mandó un cuento inédito, De hombres, ciervos y cangrejos y una crónica publicada en la antología Más allá del haiku, compilada en 2024 por Koichi Hagimoto e Ignacio López Calvo para la Asociación peruano japonesa. Glosario madre-hija de la identidad nikkei. Va un fragmento de Palabras japonesas. Otras perlas del mismo texto serán subidas durante la semana que viene:
“Shikata ga nai, pero a la vez gambare, y no dejes de lado las
cosas giri,
no seas ni pachapacha ni
urusai,
acordate que deru kugi wa utarero, si no podés estar quieta sentate sobre las manos, shōganai
ne, esforzate, lo
debés a quienes vinieron antes y te dejaron el camino preparado.
Una delicada (¿frágil?) cuna se mete y va abriendo una
puerta nueva entre los contramuros de mi identidad: ser nikkei no es ser japonés (pero sí lo
es, en parte y en combinación con otras cosas). La diáspora lleva, transporta,
conserva –pero en la travesía las cosas, expuestas a elementos foráneos, se
transforman.
“‘Shikata ga nai’, no me jodas” dice mi amigo Raul Gerardo Nakamura, nacido
y criado en San Miguel, provincia de Buenos Aires, diseñador gráfico talentoso
e independiente, hijo de tintoreros issei. “Siempre hay algo que se puede hacer.”
Te seguimos leyendo, Anna. Y el miércoles que viene
estaremos tomando un té verde juntos, con tu amiga Mori Ponsowy que prometió
venir a saludarte y los participantes del taller. Va a ser una gran jornada.
Completamos la noche atacando un picnic de lujo con un kalinti bajo estricta receta de Nat Kiako, chorizos de campo y sanguchitos de miga. Para los dulces hubo una caja grande de chocolates Mamushka que trajo Fabiana y quedó postulada a la pole position… ¿desplazando, tal vez, a Ferreros y Rafaelos? ¡Qué gran final se está gestando para los postres de la Clínica! Lili maneja las apuestas. ¿Tendremos otra vez en pista a Moira Sanjurjo y su torta de ciruelas Presidente? Veremos.
Fabián acelera después de la curva: mandó un cuento policial que sucede en el sector de limpieza de Coto. Blem, Harpic, Poett y Ballerina son sus personajes. Trama matemática y engañosa, al estilo El móvil, de Julio Cortázar. Tuvimos que releerlo para acordarnos y nos quedamos hablando del Taxi Driver de Paul Schroeder, de los móviles que cambian al paso o directamente no existen.
Cosas que suceden en los laberintos o en nuestra casa cuando tomamos vino.









