28.4.26

LA MANO / DIEGO TATIÁN


 “Caminó durante un tiempo largo por la playa hasta llegar a un lugar solitario, en ese momento el más solitario del orbe; allí nada tenía nombre, ni ella se llamaba Laura. Se desnudó, se sentó donde las olas apenas lamen la arena y comenzó a pensar en lo que el mar lleva y en lo que el mar trae. Cerró los ojos, sintió el agua inmemorial arrimarse cansada a la piel por un momento breve, como si quisiera revelar un secreto. El mundo eran esos pájaros, esa bruma lejos y sonidos muy pequeños de incierto origen animal o mineral, una música mínima que sube desde todas partes cuando no hay brisa. Sintió la intensidad del sol en los hombros, abrió las piernas y esperó el agua, que llegaba y se iba dejando una espuma fugaz. Comenzó a tocarse el vientre con suavidad, después se penetró, y después probó el sabor que había en sus dedos; era dulce, sin mar. Tuvo una experiencia de inmensidad y no se sobresaltó al sentir que una mano le tocaba la espalda.”

24.4.26

TERCERA REUNIÓN DE LA CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN ESTUDIO / CURSO 2026



Descripción de un banquete perfecto: Coca trajo espuma de morrón con Philadelphia, tostaditas de arroz y mermelada de tomate para untar junto al queso roquefort que trajo Fabiana, que además aportó un rico jamón crudo y tostadas de varios tipos. Liliana se despachó con unos triples de miga exquisitos. Alberto trajo hummus, guacamole y Peronachos. Pablo se la jugó con dátiles rellenos con crema de maní, bañados en chocolate, galletitas de limón tipo Havanna y trufas Red Velvet. Había tanta comida que decidimos guardar para la próxima las Danish Cookies que trajo Jonatan y el potpurrí de Ferrero Rochers al que Fabián nos tiene acostumbrados. Los tintos fueron Tito, de Succardi y Séptima Obra cabernet Sauvignon. Casi que podíamos no haber leído nada y tener, igualmente, una fiesta. Las ventajas de la Clínica en el Galpón. Volvimos con tutti.

Pero, de todas maneras, leímos (nunca hay que perder una buena costumbre, sobre todo si es el objetivo). Largué con one hit wonder de los 60, como lo llama el teórico Matías H. Raia: “Cabecita negra”, de Germán Rozenmacher. Tanto Raia como Horacio González coinciden en que este cuento se lee como la contracara de “Casa tomada” de Julio Cortázar, afirmando que quien analice uno sin estudiar el otro estaría infringiendo una suerte de regla general de la historia de la violencia y la representación política en la literatura argentina. Lili se permitió discrepar y Mariano la siguió en el razonamiento. Cuando llegué a casa volví a leer los textos introductorios de la preciosa edición de las Obras completas del autor publicadas por la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, y el pensamiento de González no le anda muy lejos. Horacio dice que en ese tiempo, el tiempo de Rozenmacher, se leía “Cabecita negra” como el fotograma invertido de “Casa tomada”. Pero agrega:

“Hoy no me parece así. En Cortázar se pone el énfasis en lo hermético de la situación, lo indescifrable de una amenaza. En Rozenmacher, la amenaza está situada, casi diríamos historizada. Pero si bien la conciencia del narrador cortazariano es inescrutable en su aceptación distante del miedo, del horror casi natural de las cosas, en el caso del señor Lanari solo después se presenta ese sentimiento, que primero es una cobardía social y luego se transforma en una de las tantas cosas impenetrables que definen una vida para siempre. De algún modo, en un juego que podría explicarse mejor, no como mera intuición de paso, “Cabecita negra” está a la vez dentro y fuera de “Casa tomada.”

Para contribuir a quitarle el aura one hit wonder voy a colaborar recomendando otros cuentos del mismo autor: “Tristezas de la pieza de hotel” y “Los ojos del tigre”. Pequeños diamantes literarios.

Leímos también dos cuentos del taller: “Un bombón”, de Fabián, y “La cola del gato”, de Alberto. Ambos, por suerte, con mucho humor del bueno. Por lo que hay que considerar esta reunión como un fotograma invertido de la anterior, pudiéndose leer a contracara de la del miércoles pasado. Aprendemos rápido.

23.4.26

PADRES E HIJOS / DIEGO TATIÁN


“Un hombre de negocios compró la propiedad contigua a la mía. Demolió la casa y taló los árboles, algunos centenarios. Después niveló el terreno, lo roturó y enterró cosas a igual distancia unas de otras, como si las estuviera sembrando. Un juguete, un cuadro, una pluma estilográfica, una copa, un libro, un par de zapatos, una lámpara, un sombrero, un reloj, una carpeta con dibujos, un martillo, una antigua máquina de escribir y así hasta ocupar todo el espacio con objetos semejantes. Después se fue y ya nadie lo vería jamás volver a su propiedad.

Al cabo de muchos años llegaron tres hombres aún jóvenes, y comenzaron a cavar. Su padre los había reunido antes de morir para decirles que allí encontrarían un tesoro. Pero el trabajo fue en vano. Nada hallaron a no ser inservibles objetos estropeados por el tiempo, que fueron acumulando en un rincón.”

22.4.26

III BAJO LA METRALLA / CRISTINA PIÑA

                   

"caen bombas sobre la ciudad, la metralla enemiga ha convertido las plazas en agujeros de noche, los pájaros del balcón, en siluetas oscuras que atraviesan el aire como signos del desastre.

 

caen bombas sobre la ciudad y el rumor de pies en desbandada carcome los costados del silencio, ni siquiera un instante se ha escuchado una débil voz humana en el fragor de la batalla.

 

caen bombas sobre la ciudad y desde las alcantarillas -que hasta ayer transportaban el pesado cargamento de los sueños- granadas ocultas, minas traicioneras han hecho saltar en pedazos el mundo familiar.

 

caen bombas sobre la ciudad y ella, en medio del derrumbe, ha tomado su maleta, la jaula del gato y un par de plantas para unirse a la caravana que parte en desorden de la tierra devastada.


Pero al llegar a la glorieta donde nació el amor, a los árboles gemelos que las balas enemigas perdonaron, ha levantado -con la maleta y el gato y las dos plantas- una tienda de campaña donde lo espera, invencible, con una rosa entre los labios y la canción que cantaba y cantará en sus brazos."

21.4.26

POEMA DE HUMBERTO COSTANTINI / INFORME PARA SANTO DOMINGO (APLICA PARA LA GUERRA DE TRUMP CONTRA IRÁN, A PESAR DE HABER SIDO ESCRITO HACE MÁS DE SESENTA AÑOS)

 "Yanquis hijos de puta.


En realidad
solo quería decir
eso.
En realidad, la vida
es,
pongamos por ejemplo,
una manzana.
Entonces,
uno la mira, la toca,
le hace fiestas,
la besa, le habla,
tal vez
hasta dibuja manzanitas
imitándola.
La quiere así, manzana,
rica, pulposa, viva,
indescifrable,
sabia.
Si la quieren romper,
si viene
un bicho, por ejemplo,
un yanqui hijo de puta,
para ser más precisos,
a matarla,
ya no se puede hablar
así nomás de la manzana.
Hay que matar al bicho,
es necesario
odiarlo,
destruirlo.
Es casi obligatorio
decirle hijo de puta,
decirle yanqui hijo de puta
todos los días, religiosamente
y encontrar la manera
de acabarlo.
Por amor a la vida,
simplemente.
En realidad
tal vez
no me he explicado bien.
Si uno tiene,
pongamos por ejemplo,
un amor, una cosa
que le anda por la piel
por todas partes.
Digamos
Buenos Aires.
Digamos
un octubre, un poema, una muchacha.
O digamos la esquina
de Nazca y Tequendama
los domingos, a las seis de la tarde.
(Estoy casi seguro
que había una esquina así en Santo Domingo
que había un viejo,
una silla,
un cielo inverosímil,
muchachos que volvían del fútbol,
señoras apuradas,
bocinas, qué sé yo
y tal vez
hasta un tipo solitario
como yo
me miraba)
Si uno tiene un amor entonces,
eso que le camina por la piel,
decíamos,
y pasa algo,
ocurre
que viene el mal, la peste, una desgracia,
o para no ir más lejos
vienen
los marines
idiotas,
los cretinos mascadores de chicle,
odiadores de todo lo que crece,
y desembarcan.
Entonces
ya no se puede hablar así nomás,
hay que matar la muerte de algún modo,
hay que pelear con rabia,
destruirlos,
salirles al encuentro como sea
y además
decir, decir hijos de puta,
decir marine yanqui hijo de puta,
decirlo y masticarlo
y enseñarlo a los chicos
como a un rezo.
Por amor a la vida,
simplemente,
me parece."