27.7.26
24.7.26
REUNIÓN QUINCE, LA NIÑA BONITA DEL GALPÓN ESTUDIO / CLÍNICA 2026
“Quedaba en un paraje de mosquitos, de maderas podridas, de río. Las circunstancias me habían obligado a vivir en esa casa extraña.”
Así empieza ¡Ay, Enrique!, el cuento de Elvira Orphée
que nos recomendó la amiga Eleonora González Capria, en el curso que dicta para
la BNMM sobre literatura fantástica argentina. También leímos “Las viejas
fantasiosas”, cuento que a mi juicio le hubiera encantado a Hebe Uhart, con
casas raras y gente incómoda. Me parecieron tan originales los dos que salí a
buscar más Elvira a las librerías, y los del FCE me vendieron las novelas que
se ven en la foto y me prometieron los cuentos completos que están al salir, y
que compraremos en masa para degustar por acá. ¡Ah, Ele, qué gran dato
esta Elvirita! La amamos instantáneamente: amor a primera palabra. Es una inventora
de todas las cosas. En ¡Ay, Enrique! vuelve a nombrar el dolor de otra
forma, la separación, la soledad, la muerte. Hay un gran esfuerzo poético
metido ahí; cuando lo leí en voz alta lo sentí como un nuevo modo de respirar.
Creo que esa innovación paulatina y constante sirve más en la forma corta que en
la novela, donde puede cansar. Estoy investigando esta teoría en La última
conquista de El Ángel; cuando la termine les digo lo que me pasó.
Lili trajo la segunda parte de Obra en construcción, un
cuento bello y sencillo que escribió alguna vez para nuestra Clínica, con unos
vecinos encantadores, una gata curiosa y un guion de tv. ¿Segundas partes nunca
fueron buenas? ¡Ay, Lili! La conclusión a la que llegamos en grupo es
que si querés continuarlo tenés que hacer una novela con ese material.
Agregarle eventos, hacer participar a tus personajes secundarios con acciones
reales, rescatar los elementos sencillos de la primera parte y darle un lugar
propio y singular a los momentos del análisis psicológico, para que no se
transformen en explicaciones.
Yo ubicaría las sesiones en los capítulos pares, como indicó Mariano, y lo haría mediante diálogos sin textuales. Y en los impares, las casas, diría Elvira. Lo que pasa en
el primer departamento de él, en la vivienda de París, en el ph de la familia y
finalmente en el piso de ella. La sesión de análisis de cuando está en París se conversaría por Zoom o Skype (más de ese tiempo), y la tecnología se podría describir
desde los problemas de conexión. No pusiste la cámara, ahora sacaste el
micrófono; así está bien. No toques más nada, por favor. Te veo. Con
indicaciones de ese tipo evitaríamos los textuales de locación. Si partís de
una estructura bien armadita, la novela te va a salir sola. Y no digas más nouvelle,
Lili, decí novela, nomás. Animate. Después, si te queda breve, la renombrás a lo francés.
Lo que comimos va en la foto. Qué linda manito es Fabiana. El vino, Zuccardi. También hubo chocos de postre. Gracias y besos.
23.7.26
22.7.26
LOS MONSTRUOS DE LA IMAGINACIÓN / MARTÍN LOJO EN ADN
"Siempre es difícil hablar de realismo a secas cuando se trata de Gustavo Nielsen, pero si en sus novelas el desborde hiperbólico de la violencia define el tono, en sus relatos breves la rareza, su marca principal, se alcanza con notas más sutiles. Un caso es el brillante relato "El café de los micros", de su libro La fe ciega (La Compañía de los Libros, 2011). Un padre viaja con su hijo pequeño en un Valiant por rutas secundarias rumbo a Necochea. La dureza del padre con el infante crece a lo largo del relato como la tensión en la escritura, hasta que una confrontación en el camino lleva al hijo a enfrentarse solo a un grupo de agresores violentos y, a la vez, a vivir un momento esencial de maduración. De cerca nadie es normal, parece decir Nielsen con su estilo de hiperrealismo grotesco."
21.7.26
OPINIONES / JUAN GELMAN
Un hombre deseaba violentamente a una mujer
a unas cuantas personas no le parecía bien,
un hombre deseaba locamente volar,
a unas cuantas personas les parecía mal,
un hombre deseaba ardientemente la Revolución
y contra la opinión de la gendarmería
trepó sobre los muros secos de lo debido,
abrió el pecho y sacándose
los alrededores de su corazón,
agitaba violentamente a una mujer,
volaba locamente por el techo del mundo
y los pueblos ardían, las banderas.
20.7.26
UNA MUJER Y UN HOMBRE / JUAN GELMAN
Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres en la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
17.7.26
EN LA PÁGINA / CARTÓN EN AXXÓN
Mi cuento más lerdo. Lo escribí a los 14 años y lo terminé de corregir a los 59. Más de ochenta versiones y unas tres resmas de papel impreso. Un premio en el medio, del Cacyf, que no me dejó conforme. Finalmente salió lo más campante en Sensacional!, en fff, en Mandarina y ahora en la revista que venía en diskette. Otra historia que nadie pidió, para el Museo Nil. Besos.






