"Cuando salió al escenario aquel famoso lanzador de cuchillos y pidió al público una ayudante, todas las muchachas levantaron la mano. La elegida se paró contra la placa de madera con los brazos en cruz y el lanzador preparó cinco cuchillos que lanzó con inaudita velocidad. Los dos primeros clavaron a la madera las manos de la muchacha; otros dos le cortaron las orejas con la precisión de un cirujano, y el quinto le atravesó limpiamente el corazón. El público aplaudió a rabiar, pero cuando el siguiente lanzador requirió también una asistente, las muchachas se hundieron en sus butacas procurando desaparecer. Sabían que era un principiante."
6.10.26
LA PARTICIPACIÓN DEL PÚBLICO / RAÚL BRASCA
"Cuando salió al escenario aquel famoso lanzador de cuchillos y pidió al público una ayudante, todas las muchachas levantaron la mano. La elegida se paró contra la placa de madera con los brazos en cruz y el lanzador preparó cinco cuchillos que lanzó con inaudita velocidad. Los dos primeros clavaron a la madera las manos de la muchacha; otros dos le cortaron las orejas con la precisión de un cirujano, y el quinto le atravesó limpiamente el corazón. El público aplaudió a rabiar, pero cuando el siguiente lanzador requirió también una asistente, las muchachas se hundieron en sus butacas procurando desaparecer. Sabían que era un principiante."
5.10.26
EL POZO / RAÚL BRASCA
"Hacía tres minutos que cavaba en la arena cuando el pozo le tragó la palita. Desconcertado, el chico miró a la madre. La mujer lo vio hundirse, corrió, alcanzó a tomarle las manos aterrada, y se hundió con él. Los otros bañistas aún no habían reaccionado y el pozo ya devoraba una sombrilla. Se miraron con estupor, vieron que ellos mismos convergían hacia allí, y por un instinto soterrado desde siempre que se acababa de revelar, intuyeron que no podían salvarse. Era tan natural como el ocaso: el mundo se revertía. Muchos trataron de huir, despacio, con la misma aprensión sin esperanza de los animales que buscan esconderse de la tormenta. Pero la arena se deslizaba más rápido y todos terminaron cayendo mansamente. A su turno, se derrumbaron en el pozo casas, ciudades, montañas. Del mismo modo que la mano invisible da vuelta la manga de una camisa, una fuerza poderosa arrastraba hacia dentro la piel del mundo poniéndolo del revés. Y cuando los últimos retazos desflecados de mares y tierras fueron engullidos, el pozo se consumió a sí mismo. No dejó siquiera un hueco fugaz en el espacio, tan sólo quedó el vacío, homogéneo y silencioso, la inapelable evidencia de que el mundo había sido el revés de la nada."
2.10.26
VIGÉSIMA JORNADA DE LA CLÍNICA / ¡MISIÓN FOCACCIA!
La mano que llena la copa. El fiambre que completa la focaccia. Las pastitas que empapan la miga. Había practicado, lo juro, para tener la mejor focaccia de Buenos Aires en Roseti y Dorrego. Pero las dos veces anteriores había hidratado al cincuenta por ciento, lo que significa medio litro de agua para medio kilo de harina de fuerza (y es casi amasable). Entonces salió perfectuá. Y esta vez me dieron ganas de hacerlo al cien por ciento. Miré varios tutoriales y lo vi muy difícil, una especie de acrobacia de espátulas para intentar manejar una masa inmanejable. Opté por agregarle unos chorros adicionales al medio litro, con lo que perdí la noción de los pesajes exactos y me fui al pasto en el aireado. Volantazos a último momento no deberías hacer, Nil (siempre lo mismo). Pero la dejé levando en la heladera unas 28 horas y cuando la metí al horno llena de burbujas quedó crocante por afuera, mullida por adentro. Tengo suerte para la improvisación. Tuvimos suerte todos, graciadió. Hubo alioli, muhammara, hummus, pasta de aceitunas, guacamole y crema de verdeo. Pastrón, jamón cocido, salame de Milán, leverwurst y Tybo en fetas. Luiyi Bosca en la copa que llenó la mano. Continuará…
Leímos el cuento de Spencer Holst que les debía, uno que
podría lo más bien integrar aquella antología de terror que Elvio Gandolfo y
Samuel Wolpin reunieron para De la Flor en 1974: “45 cuentos siniestros”. “El
copista de música” podría fácilmente ser el número 46. Tiene algo de “Los
gemelos”, de Luis Couperus, o de “El espectáculo comienza cuando usted llega”
de Roland Topor. Todos los demás cuentos del libro de Holst se van un poco por
las ramas y Holst es el que más lo disfruta. Soy partidario de la búsqueda y
del azar, pero también soy un fundamentalista de la corrección. Me gusta este
textito de Mauricio Kartun para descifrar el momento alegre del escribir:
“La escritura es una búsqueda. El escritor nunca sabe con
exactitud lo que quiere, lo encuentra escribiendo. Esa es la paradoja. Si yo
tuviera la certeza absoluta de qué es lo que quiero, lo escribiría tal cual, y
el resultado, sin sorpresas, sería puro trámite, burocracia. No sería escribir,
sería escriturar. No puedo saber qué quiero porque la gran virtud de una
escritura, al menos como yo la concibo, está en su originalidad, en su
condición de descubrimiento. Por lo tanto, no sé qué es lo que voy a escribir,
pero sí sé lo que no.”
La cita aparece porque estuvimos picoteando teoría del libro “Crear”,
recientemente editado por Ediciones Godot. Aquí hice una reseña para La Agenda
Revista, pasen y lean.
Tuvimos algunas microficciones de Fabiana, casi todas
exactas y cerraditas. Hubo solamente discusión con tres, a la que a mi gusto le
sobraban palabras. Pero las que son buenas, son buenísimas. Va un botón de
muestra:
Era la primera vez que estaba en esa casa. No conocía a nadie. Festejaban alguna cosa. Él tenía cuatro años. Había ido con su papá, que ya estaba borracho y hablaba a los gritos como tantas otras veces. Se acercó y empezó a tironearle del buzo, una vez y otra vez. Su papá reía a carcajadas sin notar su urgencia. De pronto, el silencio: todos miraban el charquito bajo sus pies.
Para terminar leyó Alberto, en tono de comedia de Mark Twain: “Y el viento los amontona”. Lili y Pablo desplegaron la mesa de dulces y nos lanzamos a la gula.
1.10.26
PERPLEJIDAD / RAÚL BRASCA
"La cierva pasta con sus crías. El león se arroja sobre la cierva, que logra huir. El cazador sorprende al león y a la cierva en su carrera y prepara el fusil. Piensa: si mato al león tendré un buen trofeo, pero si mato a la cierva tendré trofeo y podré comerme su exquisita pata a la cazadora.
De golpe, algo ha sobrecogido
a la cierva. Piensa: si el león no me alcanza ¿volverá y se comerá a mis
hijos?. Precisamente el león está pensando: ¿para qué me canso con la madre
cuando, sin ningún esfuerzo, podría comerme a las crías?.
Cierva, león y cazador se han
detenido simultáneamente. Desconcertados, se miran. No saben que, por una
coincidencia sumamente improbable, participan de un instante de perplejidad
universal. Peces suspendidos a media agua, aves quietas como colgadas del
cielo, todo ser animado que habita sobre
Es el único, brevísimo hueco
que se ha producido en la historia del mundo. Con el disparo del cazador se
reanuda la vida."



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