17.10.26

VIGESIMOSEGUNDA REUNIÓN DE LA CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN ESTUDIO / SU RUTA

 Me estoy yendo al Festival Mulita, en Chaco, por invitación de mi amigo Mariano Quirós, que alguna vez ha pasado por nuestra Clínica de cuentos. Así que el informe será publicado en sábado, un día después de lo habitual en la Milanga. O sea, lo haré desde el hotel (aunque lo escribo en casa, a minutos de salir para la marcha federal de la Universidad por el tema del presupuesto bloqueado por los hijos de puta que en este momento manejan el Estado). Va flyer necesario. Ojalá caiga pronto toda esta mierda libertaria de Milei y compañía, que lo único que hacen es socavar los cimientos de nuestro hermoso país. Toda la info del Mulita la podrán ver en el posteo de ayer.


Cenamos una exquisita tarta de pollo y brócoli de Alberto y una tarta Olga mía, y creo que no miento cuando digo que nos salieron más sabrosas que nunca. El vino fue Luiyi Bosca, un Salentin y un Malbec de Escorihuela. La mesa dulce estuvo radiante: volvió Fabián de su viaje por Lisboa y nos llenó de anécdotas felices y Rafaelos. Todos chochos.

Leí un cuentazo del noruego Kjell Askildsen titulado El rostro de mi hermana, de tinte incestuosa. Ese es el descubrimiento que hice en su libro. Hay varios cuentos así; la clase que viene tal vez leamos otro todavía más intrigante sobre el mismo tema: Los invisibles. Son cuentos maravillosos; el chico Kjell es un gran aporte que no dejo de agradecerle a Fogwill y a Facu, librero de los de antes en el local del Fondo de Cultura Económica. La traducción de Nórdika libros es de Kirsti Baggethun y Asunción Lorenzo.

Después Pablo leyó El carnicero, que está muy bueno pero se puede mejorar. Todos le tiramos ideítas, va a quedar cuentazo. Casi casi que esta vez no llega nada para corregir; el cuento de Pablo entró en los últimos quince minutos de mi espera, y con la lengua afuera. A pesar de que hay un plan B para cuando la catástrofe de la Clínica nos invada (que no llegue ningún cuento para corregir, digo), preferiría mil veces seguir con el plan original: en una Clínica se corrigen y arreglan cuentos. Un taller literario puede ser más para crear. Pero el primero que no cree en esos ejercicios lúdicos de los talleres literarios soy yo. Es la verdad. Me parecen muy de operador facilongo: se consume el tiempo de la cursada con ejercicios mudos. Y lo que nosotros hacemos en la Clínica es aprovechar todo el tiempo posible para la crítica y la reflexión acerca del texto literario. Es lo más difícil; me sirve a mí, con eso les digo todo. Nos entrena. Por eso sigo insistiendo: manden cuentos para leer y llenar las noches de los miércoles con justo adiestramiento. La edición como gimnasia mental.


Para ilustrar cómo un cuento se puede escapar por las ramas del videojuego (lo que le pasa un poco a Pablo) improvisé leer Ruta, de Eduardo Carletti, que obtuvo un premio Más Allá del Círculo Argentino de Ciencia Ficción y Fantasía. Hace poquito Ani Shua presentó la antología editada por Mompracem. Reúne los relatos completos de Carletti, que son desparejos pero cuando mete un gol lo hace con calidad. Escribe Shua en el prólogo:

“Ruta comienza con una escena reconocible -un hombre manejando de noche por la costa atlántica- y lentamente va deformando la realidad hasta convertir el viaje en una pesadilla metafísica. La transformación es gradual, hipnótica. Lo extraordinario irrumpe sin estridencias, como si hubiese estado siempre allí, esperando apenas una grieta perceptiva para revelarse. Ese procedimiento, que recuerda por momentos a los grandes maestros del horror cósmico y de la literatura fantástica rioplatense, aparece una y otra vez en el libro: el lector entra en relatos aparentemente racionales y descubre, demasiado tarde, que ha cruzado una frontera invisible.”

Toda una vida imaginando otros mundos, dice el editor acerca de Carletti. Pavada de destino. Gracias Eduardo.

14.10.26

EN EL FESTIVAL MULITA / ¡CHACO!

 "¿De qué mundo viniste, Nielsen? ¿Un mundo nuevo, un mundo anterior? Gustavo Nielsen lo cubre todo. Mancha el fantástico con los bordes del realismo, sobrevuelan fantasmas entre sus historias de amor y el amor se hace fantasmal, eterno. Lector refinado, autor riguroso, Gustavo Nielsen también es arquitecto, socio fundador de Galpón Estudio, con una amplia obra construida en territorio nacional y premios locales y en el extranjero. Publicó los libros “Playa quemada”, “La flor azteca”, “La fe ciega”, “El amor enfermo”, “Auschwitz”, “El corazón de Doli”, “El contagio social”, “fff”, entre otros. Con “Marvin” obtuvo el Premio Municipal de Literatura en cuento y con “La otra playa” el Premio Clarín de Novela. Está traducido a nueve idiomas.

Su último libro es “Los mundos anteriores”. Y en este mundo participará de nuestro Festival Mulita."

9.10.26

VIGÉSIMO PRIMERA JORNADA CANÍBAL / CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN ESTUDIO

El miércoles a la noche estábamos en la vigilia del Nobel de literatura y, como Pablo también festeja Jalouin, aprovechó la volada y se vino con un par de manos de escritor cocinadas al horno con finas papas negras. La macumba intentó llevar las aguas hacia nuestra estrella distante César Aira, que ahora le salieron unas chicas argentinas a competir. Aunque él siempre será nuestro favorito, así como alguna vez lo fue Borges. De hecho, a una de las manos, la izquierda, la bautizamos Jorge. A la otra le pusimos Luis. Va foto del ritual y una segunda de la cortada.


 

Igual no sirvió porque lo ganó Anne Carson, una poeta que me suena haber leído en Clínicas pasadas. Que Lili me desmienta si miento. Regamos la jornada de horror y sano canibalismo con Luiyis Boscas malbecs y Salentines. La amputación borgeana resultó riquísima; ¡te pasaste, Pabluchi! Literalmente, para chupar(se) los dedos.

Presenté en escena a mi amigo Diego Barreda, escritor platense con dos novelas publicadas por Colihue: En el pantano y La Tesis Once. Leí un cuento de un libro todavía inédito que, si todo sale bien, aparecerá próximamente en la editorial Hugo Benjamín con prólogo mío y contratapa de Sandra Russo bajo el título optativo (pero sabroso) Licor de chocolate con almendras. El cuento en cuestión se titula Tramontina, es un policial costumbrista en el que un asesinato se resuelve sin resolverse. Barreda inventa un patrón nuevo a incluir en mi lista de patrones armadores de relatos, publicada originalmente en la revista de FILO Por el camino de Puán. Tendré que agregarlo. Cuando el libro de Diego vea la luz en la colección de Benjamín, voy a colgar Tramontina en este blog porque es digno de estudio. Una suerte de Fuenteovejuna nacional y popular. Dice Sandra: 

“Leyendo los cuentos, la carta y el poema de Diego Barreda advertí que ha vuelto lo que nos sonaba a viejo antes de que llegara esta distopía global en la que estamos. La potencia de lucha de otra época, los 60 y los 70, se remodela para recordarnos que hubo generaciones que se jugaron la vida por una causa.

Diego Barreda trae un registro de esas décadas. Es tremendamente político, pero está ubicado ahí donde la política no se deja ver. En los sentimientos más íntimos, que son, por otra parte, el cimiento donde recostarse cuando algo sólido es imprescindible para la felicidad, la de cualquiera y la de todos.”

Coronamos la noche con el último cuento del libro que está armando Mariano. En Piedra Negra, el pueblo donde ocurren sus historias satánicas, te descuidás y los niños te morfan las manos. Ojo cuando choquen los cinco.