Me encanta esta tapa. Me parece maravillosa. Creo que juntos llegamos a un gran resultado:
Pueden variar colores y estridencias, pero la tapa debería ser de este estilo. Está muy claro para mí.
Me encanta esta tapa. Me parece maravillosa. Creo que juntos llegamos a un gran resultado:
Pueden variar colores y estridencias, pero la tapa debería ser de este estilo. Está muy claro para mí.
1- parece una tapa de literatura infantil;
2- hay un personaje, una presencia, donde debería haber ausencia de personas;
3- el disfraz del personaje parece un preservativo;
4- es una tapa hegemónica, machista, en la que no se van a identificar las mujeres;
5- podría también ser una tapa de un libro de comics;
6- hay un celular, cuando mis cuentos no dependen de celulares;
7- la mirás desde dos metros de distancia y no se lee correctamente: no sirve para destacarse en una vidriera.
En los posteos siguientes voy a publicar el hermoso trabajo que hicimos -mail viene, mail va- con Albini, en las condiciones de siempre: bosquejos, pruebas de color y etcéteras hasta arribar a un resultado profesional. Lo que hay que hacer, bah.
Tengo un hermano asmático. Por eso, y no solo por ser médica, sé que el asma es más que una enfermedad. La posibilidad de que, de un momento para otro, nos pueda faltar el aire condiciona totalmente la experiencia vital. La caracterización del asma como enfermedad diferenciada de otros padecimientos respiratorios data de fines del siglo XIX. Armand Trousseau (1801-1867) realizó una descripción magistral del asma, cuyos síntomas atribuía a una contracción espasmódica de los bronquios, comparándola con una especie de «epilepsia pulmonar».
Basándose en su experiencia clínica y siendo él mismo asmático, Trousseau había descrito los síntomas típicos de un ataque paroxístico en un individuo que, gozando de buena salud, se despertó bruscamente pocas horas después de quedarse dormido por una dolorosa opresión en el pecho y una sensación de asfixia. La dificultad para respirar se acompañaba de una respiración laringotraqueal sibilante durante la inspiración: el individuo, instintivamente inducido a sentarse, dado el grave estado de ansiedad, se inclinaba hacia adelante. La sudoración aumentaba y la grave reducción del aporte de oxígeno provocaba que la piel se tornara azulada (cianosis). Una vez cesado el ataque, que podía durar varias horas, el paciente abría la ventana para respirar mejor, y la frecuencia y cantidad de orina disminuían, tornándose rojiza y rica en sedimentos. El ataque podía repetirse con mayor o menor frecuencia, sin un desencadenante ni una lesión orgánica demostrable. Además de esta forma esencial, Trousseau añadió una forma generada por causas desencadenantes.
Mi amigo Gustavo Nielsen -que es asmático- publicó hace dos años un encantador libro de cuentos de fantasmas. Su título es más que sugerente: fff. Si bien Gustavo lo atribuye a una sigla (frágil fantasma fabuloso), yo lo intuí como una onomatopeya del soplo de la respiración. Y recordé que, si bien la etimología de fantasma se entronca con la de fantasía, espíritu viene del latín spiritus, que significa respiración, soplo animador y, por extensión, alma. Cuando uno lee los cuentos se encuentra con seres que se inflan y desinflan, y por los que corre ese soplo que el asmático no puede dar por descontado.
Tampoco Proust podía estar seguro del fluir sin obstáculos del aire en sus pulmones, porque era un asmático grave. Sus crisis comenzaron a los 9 años y lo atormentaron toda su vida, llevándolo a la enfermedad obstructiva crónica y una muerte por infección de sus deteriorados pulmones. Paradójicamente, podríamos decir que su gran novela En busca del tiempo perdido es una obra de largo aliento. Y su sintaxis -oraciones larguísimas compuestas por muchas subordinadas- requiere un esfuerzo respiratorio para leerla en voz alta. Se cuenta que, para continuar intercalando ideas en la misma oración, en tiempos de manuscritos, usaba un método que se ha descripto como “papillote”, que consistía en escribir la nueva subordinada en un pedacito de papel que pegaba en el lugar donde el texto debía abrirse en cuña para incorporarla.
Las enfermedades de Proust influyeron tanto en su obra que algunos estudiosos han sugerido una estrecha correlación entre su genio creativo y las dolencias que padecía, en particular el insomnio y el asma.
Proust sufrió asma durante toda su vida, pero la lista de sus otros síntomas es extensa: neurastenia, ansiedad, palpitaciones, dolores de cabeza, malestar estomacal, fiebre del heno, insomnio, dificultad para hablar, mareos, desregulación térmica y artritis. El uso de fumigaciones con polvos antiasmáticos y cigarrillos antiasmáticos agravó aún más su ya irregular régimen médico, causándole al menos dos graves episodios de intoxicación accidental.
En octubre de 1922, Marcel Proust contrajo gripe, probablemente agravada por vivir en una habitación sin calefacción, usando solo bolsas de agua caliente y ropa de lana, donde permanecía inmóvil escribiendo durante horas y horas. Continuó trabajando, a pesar de los consejos de familiares y amigos. Cabe destacar que su médico, el Dr. Bize, decretó que, si trabajaba menos, la gripe desaparecería en una semana.
Pero los impresores estaban esperando y había pruebas que corregir.
La gripe se complicó en neumonía y le causó la muerte, que lo encontró escribiendo. Podríamos decir que Proust exhaló su último aliento sobre las cuartillas de papel del manuscrito.
También podemos afirmar que, en el curso del siglo que transcurrió desde su
muerte, la terapéutica respiratoria avanzó lo suficiente como para que el asma
se convirtiera en una en una enfermedad crónica mucho menos severa e
invalidante.
fff
Gustavo
Nielsen
1ª edición
Aurelia Rivera, 2023, 194 páginas.
ISBN
978-978-1294-97-8
"23 relatos escribió Gustavo Nielsen bajo el misterioso y casi impronunciable título “fff” (frágil fantasma fabuloso) que suena como un susurro y se lee con avidez. En la lectura de esta colección de relatos podemos verificar que no siempre los cuentos de fantasmas son necesariamente de terror, algunos son tiernos y risueños, costumbristas, arquitectónicos, desorientados, sutiles, breves, fantásticos, diurnos, pero inquietantes.
Los fantasmas diversos que pueblan “fff” nos hacen recorrer
múltiples historias en situaciones y escenarios urbanos y rurales; nos traen
ecos del pasado, reescriben afectuosos recuerdos familiares; nos vinculan a
joyas edilicias devenidas ruinas- el fantasmal Parador Ariston- a esquinas de
encuentros cotidianos, a improbables laboratorios o patios de casa chorizo.
Mientras leemos, nos transportan. Reímos, sospechamos, tememos, jugamos en ese
borde abismal entre el más allá y el más acá, de lo imposible, de las escalas
que cambian como en Alicia, de las tecnologías que vencen lógicas y duelos.
La tapa negra con el vestidito me hizo recordar al diseño
del Monumento Nacional a la Memoria de las Víctimas del Holocausto que Nielsen
arquitecto realizó en Plaza de la Shoá de la Ciudad de Buenos Aires, como
ganador del primer premio del concurso internacional. Una obra impresionante y
conmovedora, en la cual, en cada cubo de hormigón que lo conforma, aparece
estampada la silueta de algún objeto como un vestido de niña. Huellas impresas
de objetos cotidianos donados, para
enfatizar la ausencia del ser humano, huellas o rastros como fósiles.
“fff” trae de yapa unos hermosos dibujos de Gustavo Nielsen, arquitecto y escritor, nacido en Buenos Aires en 1962, que ha recibido importantes premios en sus dos profesiones."
"fff" (2023) es un libro de cuentos del argentino
Gustavo Nielsen. Reúne 24 relatos de fantasmas que no dan miedo o, mejor, asume
el género del terror desde una nueva perspectiva, ya no la de lo espeluznante
que busca impresionar al lector sino desde una cotidianidad donde se acepta con
naturalidad aquello fantasmagórico incluso con ternura o a partir de soledades
capaces de conmover o divertir.
Así como "fff" puede ser el sonido de cuando se sopla al fuego de una vela para que deje de iluminar un cuarto oscuro, es el nombre de dos partes del libro: fantástico y fabuloso, siendo la segunda f, de fantasma, aquella que, invisible, habita todas estas historias. Las que más me gustaron son 'Franco y Susto', en el que dos amigos acostumbran tomar cerveza en una esquina en medio de un obstinado silencio cómplice hasta que llega un pendejo, un changuito (en paceño), que sabe más cosas de Susto que Franco. Todo termina, ¿o continúa o empieza?, en un final sorprendente, uno de los dos está muerto y el otro tiene la facultad de ver fantasmas.
También me gustó el brevísimo 'La soledad de la inexistencia': "¿Hay alguien ahí?–dijo el fantasma" y 'Las primeras cincuenta mascotas de la Tierra', en el que mascotas son los hombres que trabajan las tierras de un patrón, obreros rudos con códigos de convivencia precisos que decían que nadie podía llevar armas hasta que un recién llegado, Estriche, prefiere desobedecer y llevar un revólver en la cintura, además de hacer peticiones de privilegios que no le corresponden, hasta que Belisán resuelve el problema.
O 'Podcast', en el que el narrador, Nielsen, cuenta que
estaba muy contento de haber sido invitado al programa radial de Iñaki Usuzu,
que equivalía a la venta de mil libros, pero que, por mala fortuna, murió antes
de realizarla. Sus anteriores entrevistas (a Fogwill, o a Aira) estaban
colgadas en su blog sin que se pudiera ver al entrevistador. Allí aparece el
video de su amiga Patricia Suárez, a quien debía entrevistar antes que a él,
pero como si lo hubiera hecho más allá de la tumba o alguien se hubiera hecho
pasar por Iñaki. Entonces, el que aparece en el podcast de ultratumba es Nielsen
y, más que un susto, recibirá una nada cordial crítica."
Llegó justo para mi tarde con lluvia. Placer de leer🥰
“Hay un cuento de fantasmas inglés, anónimo, que nos habla de una mujer que todas las noches tiene el mismo sueño. Es muy simple: camina por un bosque hasta encontrar, en un claro, una casa. Se acerca a la puerta, golpea, y cuando están a punto de abrirle, se despierta. Un día, mientras recorre en auto una zona agreste, ve de pronto entre los árboles la casa de sus sueños. Baja del auto y golpea a la puerta. Le abre un hombre de barba blanca, muy amable. Ella no dice nada de su sueño, simula que está interesada en comprar la propiedad. “Ah, pero no le recomiendo que la compre, señorita, esta casa recibe la visita de un fantasma”, dice el hombre. “¿Y quién es el fantasma?”, pregunta ella. “Usted”.
“Ahora comentaré el caso de la mano onírica de lady Grey de Fallodon. Cuando estaba por ir a Australia, esta señora me escribió con mucha amabilidad contándome los hechos y me envió una copia de la fotografía, que analicé en una pantalla. Lady Glenconner había soñado que, si la fotografiaban en Crewe, vería la mano de su hijo muerto apoyada sobre su hombro izquierdo. No le dijo nada a Hope, pero dejó constancia de su sueño por escrito. Efectivamente, en la fotografía hay una pequeña nube de ectoplasma y de ella emerge una mano, que se apoya en su hombro de la misma manera que en el sueño. ¿Cómo se explica el fraude en un caso como este? Seguramente quienes hicieron circular aquel panfleto difamatorio contra Hope basándose en un solo caso deberían sentirse avergonzados si analizaran una fotografía como esta, cuya imagen resultante no puede explicarse por la mera manipulación. La precaución ante los fenómenos psíquicos es una cualidad admirable, pero la incredulidad extrema es aún más aciaga que la credulidad extrema. El investigador psíquico debe ser un filtro, no un obstáculo.”
"Sigilo despuntó con las novedades de la franco-senegalesa Seynabou Sonko (que se presentó este domingo en la FED junto con Mónica Zwaig) y de Agustina Espasandín; la editorial Aurelia Rivera vendió bien la nueva novela de Ernesto Semán, Acá falta alguien, ambientada en la fugaz “primavera democrática” de la posdictadura, y fff, cuentos de terror de Gustavo Nielsen."
"fff" es mi colección incompleta de cuentos de fantasmas.
Hace un año salíamos a la calle con Aurelia Rivera. La tirada fue pequeñísima, más de lo que puedan suponer, y está a punto de agotarse. Quedan unos treinta ejemplares: serán rematados en la próxima Fed el viernes 9 de agosto, de 14 a 21h. Después de vender el último número de esta hermosa edición, el libro se volatilizará en el aire. No habrá una segunda, se los aseguro: es el antojo malsano que tengo preparado para ustedes.
Tal vez lo recordaremos en el futuro como a una joya, o también puede que caiga en el olvido. Por las dudas, los que lo tengan, no lo larguen. Valdrá su peso en oro, sólo porque va a ser inconseguible. Eso es lo que pienso. Después no anden llorando por ahí. No digan que no les avisé.
"T.: ¿Cómo surgieron los cuentos de fantasmas que integran el libro?
G.N.: La mayoría surgieron en pandemia. Estábamos aislados. Me comunicaba con mis amigos pero no los podía ver. Tampoco a mi novia que vivía en provincia. De algún modo éramos todos fantasmas. Y convivía diariamente en mi casa con un panel que hice para la Bienal de Arquitectura de Buenos Aires, que tenía un molde en silicona de un vestido. Lo usamos para hacer el Monumento a las Víctimas del Holocausto en base a un vestido que me cedió una diseñadora amiga. Lo había hecho su madre. El caso es que la silicona absorbe la luz, así que era ingresar a una habitación de noche y encontrarse con ese vestido encendido. Una imagen fantasmagórica."
1. ¿Te sucedió alguna vez de sufrir el síndrome de la hoja en blanco o de pasar varios años sin poder escribir? En ese caso, ¿podrías contar cómo lo viviste?
Creo que es un mito. ¿Para qué forzarte a escribir cuando no tenés nada para decir? Escribir como ejercicio sirve solamente como eso, una ejercitación para no dormirse. No suele haber nada digno de publicación, ahí. Ese era un tema recurrente en nuestras charlas con Fogwill, que a veces se sentía presionado porque pasaba largos períodos sin producir textos nuevos. Cuando sacó “Los Pichy-ciegos” estaba re contento. Amargado por la guerra de mierda, pero entusiasmado por la aparición de su libro. Algunos años después me puso una dedicatoria preciosa en la edición de Interzona. Publico la foto, que me enorgullece, aunque diga una barbaridad que debiera avergonzarme. Si entienden el concepto, esa dedicatoria pasa a ser una belleza.
3. Si te sucedió no poder escribir, ¿cuál es la mejor manera de lidiar con la angustia que provoca? ¿Cómo lo resolvés/resolviste? /// Si no te sucedió, ¿qué harías en caso que un día sientas que no podés escribir porque no llega la inspiración?
Mi consejo es bajarse la aplicación de cualquier grabador al teléfono y salir a la calle. Ese es el lugar de las ideas. La gente que camina va dejando sus “restos diurnos” de conversaciones, volatilizados por el aire. Lo único que tenemos que hacer es tomar nota. La inspiración no existe. La vez anterior que me pidieron que hablara de una hoja en blanco fue para La Balandra, a pesar de que les dije: chicas, no les voy a servir, soy una especie de vampiro de los decires de los demás, vivo parando la oreja donde voy. Y grabo. Y después paso las grabaciones a mis cuadernos Rivadavia de hojas blancas. Cada nota de mis colecciones es el germen de algo para contar, para pegar en alguna parte, para usar de herramienta literaria. En la próxima respuesta -que ya estoy espiando de reojo-, voy a copiar literalmente el textito que recuerdo haber redactado para aquella revista; me parece que sé dónde está guardado.
4. ¿Qué consejos le darías a alguien que siente un bloqueo en su escritura creativa?
Copio para ustedes (lo encontré en este link: https://milanesaconpapas.blogspot.com/2018/11/la-balandra-el-bloqueo-literario-no.html)
Repito: la inspiración no existe, es pura
concentración.
Hay que escribir todo lo que uno quiera, pero
publicar solamente lo que a uno le gustaría leer. La lectura es mucho más
importante que la escritura. Los escritores deberíamos tener más respeto por el
lector común, evitando las urgencias de los agentes, editoriales, prensa, y los
propios prejuicios sobre qué pasará si no publico más. Te la respondo fácil: si
no publicás, nadie se va a dar cuenta. El medio está sobrevaluado.
"¿Cómo atravesar el terreno –a veces pantanoso e incierto, otras gratificante– de la escritura? ¿Y de qué manera manejar la ansiedad que genera no poder escribir? Inés Fernández Moreno, Guillermo Martínez y Gustavo Nielsen comentan sus experiencias a Infobae Cultura, mientras evocan consejos de Ernest Hemingway y Abelardo Castillo y una dedicatoria de Rodolfo Fogwill."