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8.8.19

CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN ESTUDIO / SÉPTIMA TEMPORADA, CLASE 1


- Ahora que sos doctora y estás más ocupada, si querés dejamos lo de la torta para cuando puedas.
- ¿Estás loco? ¿Y la cábala?

Cortito fue el diálogo que tuvimos con Moira para mi nuevo comienzo de la Clínica. No sé cómo hizo con sus ocupaciones verdaderas, pero el miércoles a mediodía, su fabulosa torta de ciruelas Presidente estaba empaquetada, lista para espolvorearle azúcar impalpable y meterle diente. Por lo que empezamos el curso sin alteraciones: todo bajo control. Se ve en la foto.

Este año hubo diez anotados, sin necesidad de publicidad en el feis. La noticia se pasó de boca en boca. Algo estaremos haciendo bien, pienso. Lo mismo nos pasó con Moira en nuestro viaje a Galápagos. Si a los veinte años me decían que estudiar arquitectura me iba a servir nada más que para dar un workshop durante quince días en la isla de las tortugas cuando tuviera cincuenta y seis, casi seguro que seguía estudiando solamente para eso. La educación me está devolviendo sus frutos jugosos. A la arquitecta Sanjurjo le pasa igual. Tenemos tortas garantizadas para todos los comienzos de mes. Se volvieron a alegrar mis miércoles a la noche, esta vez por dieciséis. Felicidad total.

Cené con mi amigo Jorge Accame unos días antes, y prometió dar una masterclass a fines de la Clínica. Entre los libros que me dejó de regalo me llamó la atención una obra de teatro con el título de uno de sus mejores cuentos: “Quería taparla con algo”. Y sí, el consagrado autor de Venecia convirtió a la escena la historia del Pescado y el Tucán. Por lo que se me ocurrió que podíamos leer, primero el cuento, luego la obra. Como era el primer día, dejamos la obra para la semana que viene. El experimento se completará.

Pablo me trajo de regalo el libro “Por el camino de Puan”, de ediciones FILO. Es una antología coordinada por Gabriela Franco de trabajos del Seminario de escritura creativa de la UBA, que incluye uno de los textos escritos en mi taller. La consigna fue “porno para ser publicado en revista de domingo”. El cuento de Pablo Redivo se titula “Sin sal”. Bien ahí. Este año la consigna va a ser “cuento de brujas”. No hay tanta bibliografía como con los de fantasmas o de sexo; justamente por eso creemos que va a funcionar. Lo planteamos ayer y ya tengo ganas de escribir el mío.

María Inés, Laura y Leo aportaron sus lecturas. Tres historias naturalistas, una orillando el costumbrismo, a las que les falta apenas un poco de calibración. Para orientar (o desorientar, en literatura es casi igual de válido) leí “Los cuentos de los amigos de Cecilia”, de Hebe Uhart, de su libro “El budín esponjoso”. Y para orientarlos-desorientarlos en las descripciones, fragmentos de una maravilla que releí el último verano: “La balada del café triste”, de Carson McCullers. La chica Carson es capaz de decir que la maldad de Marvin Macy era “secreta, algo que se desprendía como un olor”; que Amelia andaba de un lado a otro con aire ausente “como si hubiera caído en uno de sus trances gripales”; de un extraño hombre parado en medio de la calle que era de “mirar lento”; de una mujer racional que era “silenciosa por sistema”. Capaz de describir de este modo las peculiaridades de una bebida:

“No se pueden pasar por alto las dos botellas grandes de whisky que bebieron aquella noche; solo así puede uno explicarse lo que ocurrió después. Sin aquel whisky quizás no hubiera llegado a abrirse el café. Porque el licor de miss Amelia tiene una cualidad peculiar: sabe limpio y seco en la lengua, pero una vez dentro empieza a arder y ese fuego dura mucho tiempo. Y eso no es todo. Ya es cosa sabida que si se escribe un mensaje con jugo de limón en una hoja de papel no queda rastro de la escritura; pero si se expone el papel al fuego, las letras se vuelven de un color castaño y lo escrito se puede leer. Imaginen que el whisky es el fuego y que el mensaje está oculto en el alma de un hombre; entonces se comprenderá el valor del licor de miss Amelia. Muchas cosas que han pasado sin que se supiera, pensamientos relegados a las profundidades del alma, salen de pronto a la luz y se hacen patentes. Un hilandero que no ha estado pensando toda la semana más que en los telares, la comida, la cama, y otra vez los telares, al llegar el domingo bebe de aquel whisky y tropieza con un lirio silvestre. Y toma el lirio en su mano, se queda contemplando la delicada corola de oro, y de pronto se siente invadido por una ternura tan viva como un dolor. Y un tejedor levanta de pronto la mirada y por primera vez descubre el cielo radiante de una medianoche de enero, y se siente sobrecogido de temor al pensar en su propia pequeñez. Esas son las cosas que ocurren cuando un hombre ha bebido el licor de miss Amelia. Podrá sufrir, podrá consumirse de gozo; pero la verdad ha salido a la luz: ha calentado su alma y ha podido ver el mensaje que estaba oculto en ella.”

4.12.18

CUENTOS DE LA SEXTA TEMPORADA / CLÍNICA LITERARIA DEL GALPÓN ESTUDIO

"Otra gente", Haroldo Conti
"Manual para mujeres de la limpieza", Lucia Berlin
"Punto de vista", Lucia Berlin
"Fragmentos de una conversación", Alejandra Kamiya
"Recorre los campos azules", Claire Keegan
"La noche boca arriba", Julio Cortázar
"Continuidad de los parques", Julio Cortázar
"La casa de Asterión", Jorge Luis Borges
"Rosario/Nueva York", Belén Wedeltoft
"A solas sin él", Belén Wedeltoft
"El budín esponjoso", Hebe Uhart
"Camilo asciende", Hebe Uhart
"Pájaros de la cabeza", Mariano Quirós
"Los vendedores de pollos pequeños", Mariano Quirós
"El círculo de los ojos de Fabiana", Gustavo Nielsen
"Lo que toda niña debe ver", Guillermo Martínez
"El sumidero de Dios", Guillermo Martínez
"El milagro invertido", Guillermo Martínez
"Salsa Carina", Claudia Piñeiro
"Claro y contundente", Claudia Piñeiro
"Lo mejor de vos", Claudia Piñeiro
"La felicidad", María Teresa Andruetto
"La parisina", María Teresa Andruetto

11.9.18

CLÍNICA DE CUENTOS / QUINTO MÓDULO



“Los asesinos”, Hemigway
“Emma Zunz”, Borges
“Tutucas”, Nielsen
“La muñeca”, Silvina Ocampo
“El caballo de porcelana”, Pablo de Santis
“Chicos que faltan”, Mariana Enriquez
“El pan dulce del cesante”, Roberto Arlt
“El gesto de la muerte”, Jean Cocteau
“Bienvenido, Bob”, Onetti
“Esta no es mi noche”, Patricia Suárez
“Las viejas fantasiosas”, Elvira Orphée
“Cuento chino”, Uhart
“Sufragio”, Nielsen
“La hermandad de la noche”, Steven Millhauser
“El día que te lleve el viento”, Pablo Ramos
“El mundo es un lugar maravilloso”, Pía Bouzas
“El ser querido”, Daniel Guebel
“Un viejo conocido” y “El aforismo centesimal”, Ariel Magnus
“Dochera”, Edmundo Paz Soldán
“Hoy temprano”, Pedro Mairal
“La distancia a la luna”, Italo Calvino
“Maldito kayac” y “Una sola cosa con sus manos”, Florencia Abatte
“Ausencia”, Daniel Alarcón
“Matar a un perro”, Samantha Schweblin
“Mariachi”, Juan Villoro



10.9.18

CLÍNICA DE CUENTOS / CUARTO MÓDULO



“Un pedazo de carne”, Jack London
“El mejor regalo del mundo”, Pablo Colacrai
“El miedo de las vacas”, Pía Bouzas
“El lenguaje de los peces”, Cristina Fernández Barragán
“Los dos montones de tierra”, Rodolfo Walsh
“El hombre lagarto”, David Poissant
”Fabricación casera”, Ian Mc Ewan
“Te recuerdo como eras en el último otoño”. Bernardo Jobson
“Las doce figuras del mundo”, Borges y Bioy Casares
“Calidoscopio”, Ray Bradbury
“219”, Ana María Shua
“El problema final” y “La aventura de la casa vacìa”, Arthur Conan Doyle
“Survivor”, Vera Giaconi
“Señora planta”, Cecilia Ferreyroa
“El viaje circular”, Rodolfo Walsh
“El siguiente en la fila”, Ray Bradbury
“De eso no se habla”, Llinás
“La pelota”, Felisberto Hernández
Cuento de la mariposa de Chiang Tzu, del libro Historia de la Literatura Fantástica de Borges y Bioy Casares
“Siukville”. Mario Levrero
“La vida en el aire”, Mariano Quiròs
“No oyes ladrar los perros”, Juan Rulfo

6.12.17

LOS CUENTOS DE LA CUARTA TEMPORADA

"Un pedazo de carne", Jack London.
"El mejor regalo del mundo", Pablo Colacrai.
"El miedo de las vacas", Pía Bouzas.
"El lenguaje de los peces", Cristina Fernández Barragán.
"Los dos montones de tierra" y "El viaje circular", Rodolfo Walsh.
"El hombre lagarto", David Poissant.
"Los asesinos" Hemingway.
"Te recuerdo como eras en el último otoño", Bernardo Jobson.
"Fabricación casera", Ian McEwan.
"Las doce figuras del mundo", Borges y Bioy Casares.
"Caleidoscopio" y "El siguiente en la fila", Ray Bradbury.
"219 - La Sueñera", Ana María Shua.
"El problema final" y "La aventura de la casa vacía", Arthur Conan Doyle.
"Survivor", Vera Guaconi.
"Señora planta", Cecilia Ferreiroa.
"De eso no se habla", Llinás.
"La pelota", Felisberto Hernández.
Microcuentos de Jean Cocteau y Chiang Tzu, del libro "Literatura Fantástica Argentina", de Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo.
"Siukville", Mario Levrero.
"La vida en el aire", Mariano Quirós.
"No oyes ladrar los perros", Juan Rulfo leído por el autor.

14.8.17

LOS CUENTOS QUE YA LEÍMOS EN LA CLÍNICA LITERARIA DEL GALPÓN

LISTA DE CUENTOS DEL PRIMER MÓDULO
Un hombre sin suerte, Schweblin
Nos han dado la tierra, Rulfo
Muebles “El canario”, Felisberto Hernández
El asalto a las instituciones, Fresán
Infierno grande, Martínez
Hanako, Mori Ogai
Los días de pesca, Shua
La buena gente del campo, O´Connor
Doble Antonia, Maturana
Cambio de luces, Cortázar
La salvación, Blaisten
No es una línea recta, Gandolfo
Esjbert en la costa, Onetti
El autoestopista, Dahl
Los asesinos, Hemingway
Basdala, Casciari
El emisario, Bradbury
El prestidigitador, Bonifacio Lastra
Mi hijo nunca será una estrella, Hornby
La muerte en la calle, Fuenmayor
Las hormigas, Boris Vian
El nadador, Cheever
Felicidad, Laurencich
Catedral, Carver
La invitación, Asís
Arreglo en blanco y negro, Parker
Todos los arqueros muertos, Gómez
Flores, Accame
El cuento más hermoso del mundo. Kipling

LISTA DE CUENTOS DEL SEGUNDO MÓDULO
La fornicación es un pájaro lúgubre, Castillo
Eugenia convertida en obra de arte, Chernov
Gordo, Carver
Apenas unos milímetros, Mesa
Hilo amarillo, Gandolfo
En la peluquería, Uhart
Contagio lento, Gandolfo
Alibech o la nueva conversa, Boccacio
El evangelio según San Marcos, Borges
El contador de cuentos, Saki
El niño proletario, Lamborghini
Hombre de la esquina rosada, Borges
Miedo a la oscuridad, González Amer
El primer pasajero, Manauta
La muchedumbre, Bradbury
Interpretación del combate, Sergio Gómez
La oscuridad bajo la mesa, Gandolfo
Linda boquita y verdes mis ojos, Salinger
El matrimonio de los peces rojos, Nettel
Las vestimentas peligrosas, Ocampo
Letino, Caruso
La madre de Ernesto, Castillo
Ícaro, Buzzati
El examen, Kafka
Dos relatos pánicos, Arrabal
La fiesta ajena, Hecker
Las ruinas circulares, Borges
Charles Atlas también muere, Sergio Ramírez
Mi gato, Uhart
Marilyn, Tomás Schelliaquer
Buenas Gambarotta, Bizzio
El espectáculo comienza cuando usted llega, Roland Topor
Conducta en los velorios, Cortázar
Los pasajeros del tren de la noche, Fogwill
El hijo, Quiroga

LISTA DE CUENTOS DEL TERCER MÓDULO
El hombre que ríe, Salinger
A la deriva, Quiroga
Primera línea, Gardini
Una madre genial, Moore
La máquina del bien y del mal, Walsh
Ligeia, Poe
La quinta, Fasce
Un hombre bueno es difícil de encontrar, O´Connor
El cárabo, Mesa
La composición del relato, Chernov
Putas asesinas, Bolaño
Nada de todo esto, Schweblin
La dama del perrito, Chejov
Hombrecitos, Costamagna
Carpe diem. Castillo
El retorno de Imray, Kipling
Catástrofes naturales, Kazumi Stahl
El otro duelo, Borges
¿Dónde vas, dónde estuviste? Oates
Matar a un niño, Stig Dagerman
Bala en el cerebro, Wolf
Mi sudanés, Osmont
Probables lluvias por la noche, Iparraguirre
La promesa, Lafcadio Hearn

18.8.16

SUCEDE / ENSAYO SOBRE EL PROCESO CREADOR / PATRICIA SUÁREZ

1.
Uno es culposo. Uno quiere pasarse el tiempo escribiendo. Uno quiere que todos sus escritos sean hijos magníficos. Uno cuando escribe es el alter ego de Amadeus Mozart y no de Salieri. Esta felicidad se da cuando uno escribe y la escritura sucede, se escribe sola, la conexión con el inconsciente es óptima, está a flor de piel, en la yema de los dedos. Pero cuando uno se sienta a la página y la página se rebela y se porta como una mula, uno ni siquiera es el alter ego de Salieri, no. En esos casos uno se merece trabajar de sol a sol en una fábrica metalúrgica, en el segundo subsuelo del Banco Provincial, en el puesto más hórreo de las minas de carbón; uno, resumiendo, se merece la muerte.

2.
Seamos honestos: la escritura sucede en un porcentaje de 2 sobre 100. El resto, ya lo sabemos. Es un ejercicio de paciencia para con uno mismo. De autoconocimiento, de consolación. Beethoven dijo: “El genio se compone del dos por ciento de talento y del noventa y ocho por ciento de perseverante aplicación”. Y Georg Christoph Lichtenberg: “Por lo menos una vez al año todo el mundo es un genio”. Reconozcámoslo: uno no es un genio o es un genio una vez por año.

3.
No hay trucos, hay deseo. Hay deseo de contar una historia que uno ya tiene en la cabeza y no sabe cómo hacerlo, o bien hay deseo de que una historia se manifieste para ser escrita. En general, ambas cosas se resuelven a través del tiempo, del transcurso de los días. Hay que dejar el cerebro en paz: obsesionarse no sirve, estanca. Dios hizo el mundo en siete días y uno estuvo nueve meses para nacer: hay que darle tiempo al tiempo para que obre. Pero uno no puede estar pasivo. Esa mala yegua de la musa inspiradora no baja porque uno la necesite. Es mujer: hay que citarla, llamarla quince veces por teléfono, para que se niegue unas trece, tomar cinco cafés, dos cervezas, dos cenas, para obtener un beso, y quién sabe cuánto esfuerzo demande el placer final y definitivo.
Uno tiene una imagen. Una escena, un personaje, un objeto, una frase, un olor, un sabor, un recuerdo, una ilusión.[1]A veces, esta imagen se acopla con otra y hacen una idea[2]. A veces no hacen nada: pocas veces con unas imágenes se logra el plan de la obra. Hay que seguir buscando. Un auxiliar irreemplazable es la libretita de notas. Anotar todo. Cosas nimias, nombres posibles del personaje, descripción física[3], colores, voces. Cómo hablan los personajes. Uno se convierte en una especie de artista de Hollywood, esos que actúan según el Método Strasberg (dicen), como Robert De Niro, y para componer un personaje se la pasan estudiando en qué ambiente vive, cómo es, qué sueña, qué habla[4]. En general, este proceso de búsqueda llega a sus primeros resultados al cabo de una semana de iniciado. Aquí comienza todo. Uno se sienta, se enfrenta a la página, anota las impresiones, ideas, cosas sueltas[5]. Escribe un par de diálogos, un par nada más, sin presión. Luego uno se levanta, se marcha y sigue con la vida de todos los días. A menos que los personajes clamen por ser escritos, cosa que rara vez sucede cuando uno se enfrenta al material por primera vez, lo ideal es cortar el trabajo. Irse, dar una vuelta por ahí, dejar fluir la otra parte del cerebro. Todos sabemos que un hemisferio del cerebro sirve para una cosa y el otro para otra, pero uno ni siquiera sabe cómo funciona uno mismo a la hora de escribir. De hecho, uno no es una máquinas, no funciona: uno existe.

4.
Luego de este recreo, que puede durar un rato o días enteros, las imágenes cobran carnalidad. Si bien esta nota adolece de un lenguaje quizás en exceso sencillo y escrito en el mejor estilo doña Petrona de Gandulfo, las metáforas culinarias son muy apropiadas para la temática. Hasta ahora tenemos harina, sal, agua. Hay que dejarlo levar. Leva, leva, y entonces aparece la masa. De pronto uno sabe el nombre del/los personajes[6]. Isidoro Blaisten contó en una entrevista que una vez estaba en un cafetín y escuchó a una señora llamar a sus hijas: “Pamela, Tamara, vamos”; y él pensó “el cuento ya está escrito”. El conocimiento de esa corazonada se cultiva con el oficio, como todo lo que uno conoce a través de su cuerpo: hay que estar atento, muy atento: es el momento de la iluminación. Uno lo puede percibir afinando la atención: estar atentos no estar pasivo, todo lo contrario. “Hazme atento a la roca”, pedía Rilke en un verso. Así, uno comienza a escuchar frases, la manera de preguntar, las inflexiones, los acentos, lo que ese personaje calla.[7] Ya tenemos algo entre manos, no sabemos bien qué es. De esta manera, uno vuelve a sentarse y escribe otras líneas. Recomendaba Juan Rulfo: “Considero que hay tres pasos; así como en la sintaxis hay tres puntos de apoyo: sujeto, verbo y complemento, así también en la imaginación hay tres pasos: el primero de ellos es crear el personaje, el segundo crear el ambiente donde ese personaje se va a mover y el tercero es cómo va a hablar ese personaje, cómo se va a expresar, es decir, darle forma. Estos tres puntos de apoyo son todo lo que se requiere para contar una historia.” Entonces nos enfrentamos al problema del personaje y el otro, el protagonista y el otro: ¿qué quiere? “Los personajes –dice Pirandello- no deben aparecer como fantasmas sino como realidades creadas, construcciones inmutables de la fantasía: más reales y más consistentes, en definitiva, que la voluble naturalidad de los actores”. Un personaje tiene vida propia. Escribe el Neil Simon: "Nunca visualizo cómo se verá una obra en la escena, sino que visualizo cómo se ve en la vida. Visualizo esa habitación donde la madre está consolando al padre. Uno ve a tantos escritores con la mirada perdida en el espacio. No es que estén viendo nada, sino que están visualizando lo que piensan." Cuando uno desea escribir sobre la historia o sobre algún personaje histórico, debe investigar. Dicho así esto parece una perogrullada, pero la verdad es que siempre algún trasnochado puede pensar que los personajes se manifiestan con toda su realidad histórica y contextual, como si el autor fuera un médium. No: hay que ir a los libros. En muchos casos, sobre todo si uno es obsesivo, debe fijarse un límite de tiempo en la investigación: hacerlo durante una quincena, un mes, dos meses. De lo contrario se corre el riesgo de naufragar en la investigación y perder el deseo de escribir. Este deseo es un hormigueo en los dedos de la mano, en la pupila, hace latir el corazón, produce insomnio, alegría y sufrimiento: a lo único que se parece es al enamoramiento. No puede uno desprenderse de ese deseo. Pero claro, si uno va a distraerlo, enfriarlo, dispersarlo, entonces el deseo muere, como moriría cualquier deseo. Uno es la vestal que está obligada a mantener la llama viva, bajo pena de muerte.

5.
Una vez que uno ve a los personajes, viven en uno (uno, por ejemplo, sabe qué hacen cuando se enojan, cuando están tristes, qué les pasó en la adolescencia, hasta qué cosas comprarían en el supermercado), el problema se traslada a la interrelación: ¿qué les pasa? ¿cuál es el conflicto entre ellos? ¿qué es un conflicto? ¿tiene que haberlo necesariamente? Uno echa al aire, una, dos, doce hipótesis. Prueba, boceta. La escritora Hebe Uhart considera a la escritura del cuento –también la dramática entendida de esta forma- es una artesanía: uno construye poco a poco, muy atento a los detalles, sin prisa y sin pausa. Decía Isak Dinesen que ella escribía un poco todos los días, sin esperanza y sin desesperación. El mejor método. El conflicto es un enfrentamiento por deseos contrapuestos, encontrados, diferentes[8]. Pero una obra puede carecer de conflicto, puede simplemente exponer dos puntos de vista, una situación, etcétera. Y no se convierte por esto en una mala obra. Cada uno debe seguir su propio pulso: tampoco los conflictos suelen tener toda la espectacularidad de Shakespeare o de Scorsese: la mayoría de las veces tienen el tono muscular que uno tiene. ¿Cómo se descubre cuál es el propio estilo? A través del tiempo. No hay mejor maestro en la escritura que la práctica a través del tiempo. Auto-conocimiento. Si está bien escrito, siempre será un buen texto, soporte la prueba del escenario o no. Sanchís Sinisterra opina que hay textos teatrales que únicamente sirven para ser leídos mientras que son irreprensentables, y otros textros, en cambio, son representables.

6.
Los distintos géneros literarios exigen aproximaciones diferentes. En el caso de la narrativa, uno puede seguir a pie juntillas el Decálogo del Cuentista de Horacio Quiroga y realizar cuentos con éxito. Es un consejo precioso la exigencia de saber adónde uno va cuando comienza a escribir: conocer el final del cuento desde antes. Algunos cuentistas podrán aprovecharlos y otros cuentistas no. Pero, casi seguro que este consejo no es útil para un dramaturgo. Porque aunque uno pueda tener una idea aproximativa del final, o bien escribir de acuerdo a una estructura dinámica, al apagón final lo deciden los personajes. Si uno es lo suficientemente sensible, los personajes fluirán y llevarán a la obra a buen puerto: la obra sucederá. Más allá de que a veces haya que mandarlos a reportarse, por ejemplo, cuando adquiere protagonismo uno que no lo es, en general, ellos son más sabios que el autor. Si están vivos no soportan artificios, de la misma manera que uno no soporta que le mientan o lo engañen. Escribe Ray Bradbury: “Lo que tengo claro cuando escribo, es que quiero que los personajes vivan al límite de sus pasiones y de sus emociones. Quiero que amen, o que odien, que hagan lo que tengan que hacer, pero que lo hagan apasionadamente. Es eso, esa pasión, lo que la gente recuerda para siempre en un personaje. Pero no tengo un plan preconcebido: quiero vivir las historias mientras las escribo”.

7.
Siempre hay algo mágico e incognoscible en el acto de escribir, siempre uno escribe sobre uno a sabiendas o sin saberlo, y por más que este modesto recetario quiera dar aliento a otros escritores, el momento en que la escritura se manifiesta como una mujer deseable y muy escotada es único y cada uno debe conocer, a las dos o tres líneas o páginas, si debe levantarse y pasar a otra cosa, o seguir intentando la escritura en ese momento. A veces uno elige temas para los que no está maduro. A veces los temas hacen cortocircuito con algo interior de uno y obstaculizan la escritura. Hay que saber decir adiós y emprender otro tema, otra obra, y regresar a ella más adelante. No se trata de dejarla caer en el vacío, sino de darle el tiempo necesario para que madure en lo oscuro, se añeje, como los quesos o los vinos.

8.
La corrección es una tarea ingrata pero imprescindible. Es una segunda escritura. El dramaturgo tiene una ventaja sobre el narrador: en el proceso de corrección y ajuste de una obra intervienen muchas personas. El director –que no siempre lo odia a uno-, los actores –que no siempre son unos perversos narcisistas-, y todos aquellos que trabajan en el escenario. Cada uno aporta su idea para que la obra pierda opacidad y gane en vida. Todos los consejos se merecen ser escuchados; uno debe tener el espíritu y los oídos abiertos.

9.
Nada garantiza que uno llegue a escribir obras buenas, inolvidables. Ni siquiera portar amuletos o ser bendecido por el Sai Baba: nada. Escribía Antón Chéjov en una carta: “Para escribir una buena obra de teatro uno debe contar con un talento especial; se puede ser un excelente hombre de letras y al mismo tiempo escribir obras chapuceras; escribir una obra pobre y después transformarla en una buena obra –elegir un nuevo foco, tachar, agregar, insertar monólogos, resucitar a los muertos, enterrar a los vivos-; para esto se requiere un talento mucho mayor. Es tan difícil como comprar un par de pantalones viejos de soldado y tratar de sacar de ellos, a toda costa, un frac.” Uno está solo cuando escribe, pero por suerte después están los demás, que dan sus opiniones, a veces buenas, constructivas, estimulantes, y a veces no tanto. Al final, quedan los amigos para escuchar la lucha de uno con la obra que escribe, y al final del final, cuando uno ya tiene agotado a todo el mundo, por lo menos permanece abierto el bar de la esquina. Porque la regla de oro sin duda es la siguiente: un escritor siempre tiene que vivir en una calle donde haya un bar en la esquina.



[1] Pongamos por caso, una mujer con un vestido rojo parada en lo oscuro.
[2] Una mujer tiene puesto un Perramus, debajo de él asoma un vestido rojo, está parada en lo oscuro y espera. 
[3] Tiene un aire a Lauren Bacall.
[4] Esta mujer viene de una fiesta, espera al hombre que le dio una cita clandestina ahí, él es casado o ama a otra.
[5] Ella silba.
El llega, tiene sombrero y bufanda blanca y un aire irremediable a Humphrey Bogart.
Ella: Estaba segura de que no ibas a venir.
[6] Adela.
[7] Adela nunca insultaría. Adela no pide las cosas con una fórmula de cortesía, sino que dice, por ejemplo: “La sal”, y extiende el brazo.
[8] Adela quiere que irse de la ciudad con el hombre. El hombre, Humphrey, quiere que se queden.