28.5.26

JUGANDO AL HUEVO PODRIDO / COCA TRILLINI

 

“Fui misionera para África durante toda la primaria. Juntaba monedas, que no tenían que ser robadas de ningún monedero, debían ser de algún regalo que te habían hecho, por ejemplo, para tu cumpleaños o para tu santo y en última instancia podías pedir en tu casa. Pero no era lo más recomendable, pedir no incluía tu sacrificio para comprar un paganito. Paganito se llamaba a un recién nacido que no había sido bautizado, porque los padres se oponían, salvo que fuera “comprado”. El cura que vivía allá salvando almas, recibía mis monedas, se las daba a los padres de un niño o niña muy negro para que le permitieran bautizarlo y así, si se moría, su alma no iba al limbo. Cada compra me convertía en madrina de un paganito, podía ponerle el nombre que me gustara y me entregaban un diploma que certificaba la transacción.”

No hay comentarios.:

Publicar un comentario