“Quedaba en un paraje de mosquitos, de maderas podridas, de río. Las circunstancias me habían obligado a vivir en esa casa extraña.”
Así empieza ¡Ay, Enrique!, el cuento de Elvira Orphée
que nos recomendó la amiga Eleonora González Capria, en el curso que dicta para
la BNMM sobre literatura fantástica argentina. También leímos “Las viejas
fantasiosas”, cuento que a mi juicio le hubiera encantado a Hebe Uhart, con
casas raras y gente incómoda. Me parecieron tan originales los dos que salí a
buscar más Elvira a las librerías, y los del FCE me vendieron las novelas que
se ven en la foto y me prometieron los cuentos completos que están al salir, y
que compraremos en masa para degustar por acá. ¡Ah, Ele, qué gran dato
esta Elvirita! La amamos instantáneamente: amor a primera palabra. Es una inventora
de todas las cosas. En ¡Ay, Enrique! vuelve a nombrar el dolor de otra
forma, la separación, la soledad, la muerte. Hay un gran esfuerzo poético
metido ahí; cuando lo leí en voz alta lo sentí como un nuevo modo de respirar.
Creo que esa innovación paulatina y constante sirve más en la forma corta que en
la novela, donde puede cansar. Estoy investigando esta teoría en La última
conquista de El Ángel; cuando la termine les digo lo que me pasó.
Lili trajo la segunda parte de Obra en construcción, un
cuento bello y sencillo que escribió alguna vez para nuestra Clínica, con unos
vecinos encantadores, una gata curiosa y un guion de tv. ¿Segundas partes nunca
fueron buenas? ¡Ay, Lili! La conclusión a la que llegamos en grupo es
que si querés continuarlo tenés que hacer una novela con ese material.
Agregarle eventos, hacer participar a tus personajes secundarios con acciones
reales, rescatar los elementos sencillos de la primera parte y darle un lugar
propio y singular a los momentos del análisis psicológico, para que no se
transformen en explicaciones.
Yo ubicaría las sesiones en los capítulos pares, como indicó Mariano, y lo haría mediante diálogos sin textuales. Y en los impares, las casas, diría Elvira. Lo que pasa en
el primer departamento de él, en la vivienda de París, en el ph de la familia y
finalmente en el piso de ella. La sesión de análisis de cuando está en París se conversaría por Zoom o Skype (más de ese tiempo), y la tecnología se podría describir
desde los problemas de conexión. No pusiste la cámara, ahora sacaste el
micrófono; así está bien. No toques más nada, por favor. Te veo. Con
indicaciones de ese tipo evitaríamos los textuales de locación. Si partís de
una estructura bien armadita, la novela te va a salir sola. Y no digas más nouvelle,
Lili, decí novela, nomás. Animate. Después, si te queda breve, la renombrás a lo francés.
Lo que comimos va en la foto. Qué linda manito es Fabiana. El vino, Zuccardi. También hubo chocos de postre. Gracias y besos.


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