28.11.25

CLASE 24 DEL SEGUNDO MÓDULO DE LA CLÍNICA DE CUENTOS / BANQUETE MARATÓN FINAL EN EL GALPÓN ESTUDIO

Terminó. Última noche legal en la Clínica. Queda otra, pero va de yapa. Y queda un evento más, como mínimo, el lunes que viene. Pero la Clínica propiamente dicha, en su segunda edición, se apagó anoche a las 23:30.

Cuando llegamos todavía estaba mi dibujo de Corbi en el pizarrón. Con el uso diario que se le da a ese panel para marcadores, es un milagro que haya durado una semana. Pero ahí estaba ella, la que ayudé a parir (asistí a la madre perra el día en que nació, como si supiera veterinaria). La perrita que vi crecer desde el día uno hasta unos años antes de que se fuera. Corbatita, la que tenía una columna radial y comentaba libros y películas a ladridos. La que había abierto una cuenta en el feis, estimamos que manejada por su madre humana. Esa. La que desde ahora será la patrona de las próximas Clínicas de cuentos que demos en el futuro. El milagro de la continuidad del dibujo lo amerita.

Bacanal, anoche. Pablo trajo picadas fiambreras, Pati sánguches de pastrón, Fabiana triángulos árabes, Vicky brie y hummus egipcio, Alberto una tortilla española, Mariano un vino. Lili, Fabián y Jonatan los dulces más sofistiquetis. Yo llevé la legítima Olga, que a esta altura me sale de memoria. 

Hubo muy buenos cuentos leídos por sus autores; los de las chicas estaban más desordenados esta vez, pero con un gran potencial literario. Traté de enfocar las correcciones en el tema formato cuando hizo falta, y en el tema lenguaje cuando los formatos estaban bien. Juntos le inventamos un final terrestre a la historia de Pablo. Como dijo Fabián al irse: qué grandes cuentos hubo este año. Yo agregaría: con la comida pasó lo mismo. Y con los vinos hemos mejorado en calidad, además de la cantidad que tomamos en cada reunión. El cuento profesional que leí fue “Las fotografías”, de la genial Silvina Ocampo. Se nombraron también a Rolad Topor, a Raymond Carver, a Patricia Higsmith, a Samanta Schweblin y a Úrsula K. Le Guin. Queda la publicación de las listas de textos de ficción o teoría que supimos citar, mi mulánima, algunas fotos, algunos párrafos de Borges que nos interesaron y miscelánea diversa, aquí y en Mandarina.

¿Habrá tercera temporada de la Clínica? Es temprano para pensar en eso, por el momento le empezamos a apuntar a las vacaciones. Tal vez recomencemos en marzo o abril. El grupo que armamos, este al que llegamos con el amor y la amistad de años de trabajo, es bien hermoso. No solo lo digo yo; lo dice cada invitado que vino a compartir sus saberes con nosotros, en el Galpón. Todos se han sentido cómodos y bien recibidos.

¿De qué va la Yapa? Patricia y Lili me pidieron en algún momento si podía hacer de invitado y hablar sobre mis propios cuentos, que no suelo poner de ejemplo en las correcciones, un poco por pudor y otro poco porque casi siempre encuentro a alguien que solucionó un conflicto narrativo mejor que yo. Son esos que fui copiando en mi vida, mis maestros. Muchos y buenos. Qué más puedo agregar. No sé si es correcto ponerme en el lugar del estudiado, pero ya estamos en el juego. Prepararé café colombiano, invitaré con un champán mendocino “María”, del Club Codorniú, y me dispondré a leer cuatro inéditos del libro que estoy preparando para enviar al Fondo de Cultura Económica. A la lectura van a asistir Moira Sanjurjo (prometió la torta de ciruelas Presidente; suspenso, suspenso) y la vikinga Belu Wedeltoft (que prometió sacar las fotos). Y todavía podemos hacerle lugar a algún invitado más, se escuchan sugerencias entre los concurrentes. La hora de entrada es a las 20, como siempre, la hora de salida la conversamos según vaya aconteciendo la velada.

Salió muy linda esta Segunda Temporada. Qué capos somos. Aplausos para nos.

25.11.25

ACERCA DE DON SEGUNDO SOMBRA / JORGE LUIS BORGES

 


"Yo creo que ese personaje se llama don Segundo -esa pequeña circunstancia de que el personaje se llamaba Segundo Ramírez Sombra- porque viene a ser el segundo, la sombra de todos los gauchos anteriores, de la historia y de la literatura. Es como si don Segundo Sombra hubiera sido, en otras vidas o en un pasado borroso -no se sabe nada del pasado de don Segundo-, Paulino Lucero, el sargento Recífero, Santos Vega, Martín Fierro, Cruz, Hormiga Negra, Moreira, Calandria; como si hubiera sido todos esos. Más que un individuo, es un arquetipo del gaucho. Creo que eso da una fuerza especial al libro.

Cuando leí Don Segundo Sombra he tenido la impresión -no sé si el autor quiso que yo la tuviera o no- de que todo está sucediendo por última vez: el arreo es el último arreo; los troperos son los últimos troperos; el duelo a cuchillo es el último; el baile es el último. Al final, el personaje se pierde, y queda solo el héroe, y dice: “Me fui, como quien se desangra”. Ese final, si lo comparamos con la realidad, es falso, porque el gaucho no se hubiera ido, los gauchos eran sedentarios. Pero es necesario que se fuera, porque tenía que irse del libro, tenía que irse de la historia argentina.”

 

Curso de literatura argentina, Universidad de Michigan, 1976. Sudamericana, edición y prólogo de Nicolás Helft. Clase de Ricardo Güiraldes. 

24.11.25

EL MODERNISMO Y LEOPOLDO LUGONES / JORGE LUIS BORGES


 “Cada una de las veces que lo he visto, Lugones desviaba la conversación de su cauce natural; me decía, con su tonada cordobesa: “Mi amigo y maestro Rubén Darío”. Lo hacía deliberadamente y, tratándose de un hombre tan orgulloso, el hecho de que admitiera que había tenido un maestro es significativo. Lo decía también con nostalgia: Darío había muerto.

Darío era una persona querida por todos. Yo he conversado con mucha gente en Buenos Aires -el padre de Bioy Casares, por ejemplo- que vieron a Darío una vez o dos y conservan un recuerdo muy grato. Lugones sentiría que él era una persona respetada, admirada, pero no querida. Desde luego es mucho más importante ser querido que ser respetado, porque ser respetado es algo frío y ser admirado es algo glacial, en cambio ser querido es algo humano, que todo el mundo desea. Sin duda sentía esa incapacidad de ser querido y sentía que Rubén Darío era querido por todos, aun por aquellos que no estaban de acuerdo con sus teorías estéticas.

Tenemos pues a un grupo de jóvenes en Buenos Aires, un grupo en México, un grupo en Chile, en todas partes de nuestra América, todos ellos leyendo a Rubén Darío y asombrados al descubrir que el español era capaz de una música nueva, de una entonación nueva. Creo que lo más importante que puede hacer un poeta es hacer que su idioma suene de un modo distinto. Por ejemplo, cuando Stevenson escribe:

          Under the wide and starry sky,

          Dig the grave and let me lie.

          Glad did I live and gladly die,

          And I laid me down with a will

está haciendo algo que no había sido hecho por el inglés. O cuando Swinburne escribe, también está trayendo una música al inglés. Chaucer trajo una música que no existía antes. Y Rubén Darío hizo eso, en versos que pueden no gustarnos:


          Boga y boga en el lago sonoro

          Donde el sueño a los tristes espera,

          Donde aguarda una góndola de oro

          A la novia de Luis de Baviera.

Podemos decir que no nos interesan las góndolas, que no nos interesan los cisnes, que no nos interesa la novia de Luis de Baviera, si es que existió, pero esos versos tienen una entonación que no se había dado antes en lengua española. Eso tiene que haber deslumbrado a los contemporáneos, ya que todavía seguimos sintiéndolo como distinto de lo anterior. No quiere decir que haya algo erróneo en la música de los romances, es su música, pero no es la música de Darío. Y eso lo sintió profundamente Lugones.”

Curso de literatura argentina, Universidad de Michigan, 1976. Sudamericana, edición y prólogo de Nicolás Helft. Clase 7.

21.11.25

EPISODIO 23 DE LA CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN ESTUDIO, SEGUNDA CURSADA / + PONSOWY


Mori Ponsowy no escribe cuentos. Escribe solamente poemas o novelas. La convocamos para que hablara sobre su libro de crónicas de Japón, “Okásan”. Y terminó acercándonos una obra de teatro. Una chica todo terreno; ahí en la foto, sonriendo junto al fantasma de la querida Corbi. Dos amores.

Lo único que Mori Ponsowy no escribe son cuentos, pero igual vino a la Clínica de cuentos del Galpón Estudio. ¿No era que no se podía? Aprendimos de Borges una expresión inglesa muy curiosa, “For ever and a day” (para siempre y un día), lo cual hace que “para siempre” sea más. Como en “Las mil y una noches”, bajo la consigna de que el número par trae mala suerte. Entonces pregunto: ¿Deberíamos renombrar la Clínica, justo ahora que estamos por terminar el segundo curso? ¿Debería llamarse, desde ahora, la Clínica de cuentos del Galpón Estudio más Ponsowy? Bueno, podemos, por esta única vez. A la vejez, acné.

Tardamos en entrar en tema porque nos dedicamos a comer mis empanadas, que no serán tan buenas como las que hacía Monda, la mamá de Mori, pero superan a las que venden en todo Chacarita. Hubo vinos riquísimos con nombres raros –“Ojo de buen cubero”, “El enemigo”-, varios malbecs y un Luiyi Bosca cabernet Sauvignon. Hubo postres.

Repasando la obra de Mori entendí que tiene varios poemas que son el antecedente de “Okásan”; leímos dos: "Incapacitada para vivir", de “Enemigos afuera”, y “Mi madre habla en mí”, del libro “Cuanto tiempo un día”. Va un fragmento de este último:

 “Como una ostra que se nutre en mareas
de arrogancia, cultivé una perla
de silencio
para las dos. Alguna vez ella intentó acercarse,
estirar los brazos
y acariciarme.
Pero su piel revelaba signos de la vejez.
Yo me erizaba con su tacto: cerraba
mi propia nave y hacía crecer
la perla.”

Siempre intuí que ahí estaba el germen de “Okásan”, ese hermosísimo libro de Mori. Hablamos rato largo sobre su construcción y sobre los efectos que esa relación madre hijo causó en cada uno de nosotros. También trajo dos poemas sobre Corbata, dos ejemplares de regalo de “La nueva vida de Valdi Bonetti”, y las primeras escenas de una obra de teatro que está pergeñando y precisa un pronto director. Interpretamos esa obra que promete, como si fuera teatro montado: Pati hizo de la protagonista, Fabi de la voz de la IA y Pablo indicó las didascalias. Fue un momento muy divertido de la noche.



Mori nos pidió recomendaciones de monólogos que fueran interesantes, y entre Pati y Alberto -nuestros representantes en dramaturgia- le pasaron los siguientes: “Espiral de fuego”, de Enrique Molina y “Días felices”, de Beckett. Yo vi la segunda por Marilú Marini y me consta que era muy buena. Agregué a la lista “Potestad”, de Tato Pavlovsky (la vi actuada por un solo personaje, la inolvidable María Onetto en la dudosa puesta de Norman Briski, pero no sé si hacía todos los personajes como Pompeyo Audivert en “Habitación Macbeth” o si realmente el texto es para un solo actor). Y ya que estaba hablamos de la puesta de “Okásan”, de Paula Herrera, con Carola Reyna como protagonista.

Mori Ponsowy no escribe cuentos pero, a esta altura de los acontecimientos, debería. 

20.11.25

MOIRA SANJURJO CIERRA EL AÑO SPAM / FADU FELIZ CUMPLE


 

"EL ARISTON" CONQUISTA FESTIVALES / ARQ. HUGO KLICZKOWSKI JURITZ


Festivales, menciones, exhibiciones

Austria. 5 Internationales Filmfestival. SUBURBINALE. 4 – 9 noviembre 2025. STADTSAAL. Viena.

República Argentina. Proyección en el cine Gaumont de Bs Aires. 7 de noviembre de 2025 a las 20 hs.

República Argentina. Preestreno del documental en el CPAU (Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo). 25 de Mayo 482. CABA. Proyección el martes 21 de octubre de 2025 a las 18 hs.

Nicaragua. X Festival Internacional de Cine en Nicaragua. FICN 2025. del 20 al 23 de octubre de 2025. Proyección en la Sala Mayor Pilar Aguirre el martes 23 de octubre a las 16 hs.

República Checa. Praha. Kino (cine) Svétozor. Del 29 septiembre al 4 de octubre de 2025. Film Architecture Urbanism

México. Estado de Puebla. Cine Tekton. Cinemateca Luis Buñuel. 18 de sept. de 2025. Facultad de Arquitectura BUAP (La Monja) “Aula Magna”.

México. Cinema MUSA. 22 de sept. de 2025.

República Argentina. 39 festival de cine de Mar del Plata. del 21 de nov al 1 de dic del 2024. Mar del Plata. República Argentina. Obtiene Primera mención Especial “EL ARISTON” de Gerardo Panero.

En Onlybook. 

19.11.25

EL ARISTON: DE LA MODERNIDAD AL OLVIDO / JOSÉ LUIS VISCONTI

 


"El cuento se llama “El fin del paraíso”. Lo escribió Gustavo Nielsen –aunque es como si lo hubiera escrito Silvia Sánchez, arquitecta como él- y lo lee, una noche, en una clase de la FADU mientras se proyectan imágenes de Mar del Plata. El cuento construye ese paraíso que llegó a su fin en el Parador Ariston, en la ruta que va de la ciudad hacia el sur. Escuchamos la primera parte del cuento, un breve y apurado recorrido histórico que da cuenta de cómo y por quién se construyó ese lugar y qué fue de él. Una primera foto lo muestra en su esplendor, tal vez en la década del 40. Una segunda imagen devuelve la identidad actual de lo que fue el Parador.

“Los edificios hablan a través de su integridad y de sus pérdidas, de lo que conservan y lo que muestran” dice la Silvia del cuento. Una de las primeras preguntas que se hace la voz en off del documental es dónde está lo que falta de una obra. Y lo que falta es lo que se ve como ausencia, lo que se registra como lo incompleto, lo diezmado de un espacio. El Ariston ya no es solo El Ariston, sino una representación de ese entorno en el que surgió. La historia del parador, entonces, adquiere una dimensión que habilita un doble recorrido. Por un lado, la historia propia, la que se circunscribe al edificio, a su diseño, a su ubicación en Playa Serena, a la intención original que guió su construcción. Por el otro, las transformaciones que fue sufriendo la ciudad de Mar del Plata y de las que terminó formando parte.

En la primera, hay una necesidad de poner en valor y en perspectiva. Si Mar del Plata había sido fundada a partir del corrimiento de las líneas de avanzada sobre los pueblos originarios, el Ariston se constituye como si se tratara de un paralelo: una fortificación que hacía avanzar las fronteras de la ciudad hacia el sur. Un refugio en el desierto era. También un espacio de encuentro, de posibilidad de cerrar negocios inmobiliarios con la venta de esos terrenos que pertenecían a la familia Martínez de Hoz. Ese puesto de avanzada de la civilización –basta ver las fotos conservadas por la familia Talay para comprobar que en ese lugar no había más que ese edificio- era también una avanzada en otro sentido. El edificio, en sí mismo se convirtió en un objeto valioso no solo por su utilidad inicial –luego degradada en un continuo interminable hasta su vandalización definitiva-, sino porque su diseño se situaba en las coordenadas del Movimiento Modernista. Esa modernidad enclavada en el medio de la nada –una suerte de ovni salido del más allá-, con su diseño en forma de trébol de cuatro hojas y su propia mitología a cuestas –se asevera que Marcel Breuer dibujó el modelo original en una servilleta- cumplió su función atractiva y funcional (es notable la concepción que encierra de la perspectiva del día, que permitía mirar de adentro hacia afuera, hacia el mar, y de la noche que incitaba a observar desde afuera lo que pasaba adentro). El tiempo se encargó de que esa funcionalidad se esfumara: cuando el desierto dejó de serlo, la fortificación se volvió obsoleta. Se la convirtió en otra(s) cosa(s). Y eso incluyó la modificación de la construcción original, la alteración del diseño con el argumento de una supuesta practicidad que no era tal (en realidad era la idea de que el espacio se debía adecuar al proyecto personal y no al revés).

En el segundo recorrido, lo que se explora son los cambios que siguió la ciudad de Mar del Plata durante el siglo XX. La Mar del Plata de comienzos de siglo, construida a semejanza de las ciudades marítimas de Europa por la elite social que veraneaba en ella, desapareció definitivamente hacia la década del 40 cuando sus símbolos iniciales -la Rambla y el Hotel Bristol- fueron reducidos a la nada, desaparecidos, reducidos a escombros. Y es curioso lo que repone el documental: esa ciudad de veraneo de la aristocracia, de pronto vota como intendente a un socialista, y es a partir de allí, y con el desarrollo posterior del turismo social con el peronismo, que sobrevienen los cambios. La que se sostuvo en las casas de veraneo diseñadas por arquitectos europeos empezó a ralearse a partir de la sanción de la Ley de Propiedad Horizontal. La que subsistió a esos primeros embates, sigue siendo demolida en el presente. La historia (arquitectónica) de Mar del Plata es la de la aceleración del ciclo de construcción y destrucción que el documental recupera en la contraposición de imágenes de la ciudad en diferentes épocas.

“El dueño del predio, un latifundista, quería tirar el Ariston abajo y tenía miedo” dice la voz del cuento de Nielsen, reflejando en esa frase la tendencia seguida por la ciudad y ese momento en que la resistencia se corporiza en un movimiento que termina con la declaración de Patrimonio Histórico y la imposibilidad de modificar (más) su estructura original. Entonces lo que aparece es la mirada sobre el objeto arquitectónico -hay que recordar el proceso similar que siguió otro monumento marplatense, La Casa sobre el Arroyo, diseñada por Amancio Williams, y con puntos de contacto con el Parador- como representación de la historia y la deriva de una sociedad. En El Ariston  (Panero, 2025) aparece con claridad el proceso provocado por el progreso y los cambios que conlleva: el abandono, el desecho, la posibilidad de derribarlo. “Un diamante olvidado sigue siendo un diamante” insiste la voz del cuento como síntesis para definirlo. Si la eventual demolición implica perder la memoria es porque un edificio es justamente, la Memoria hecha edificio. Las voces son optimistas. La del cuento, al principio, cree en la posibilidad de “curar” a esa construcción enferma. Las del documental insisten en que “es una estructura recuperable que se puede recuperar conde está”. Los proyectos de los estudiantes de la FADU revelan las posibilidades de intervención en lo que se señala como “las cosas que la Argentina puede hacer”.

El Ariston es, por cierto, la recuperación de una historia olvidada, la puesta en pantalla de la creación de un edificio como obra de arte y su degradación por el abandono y la incomprensión de su significado. Pero es también una ampliación de ese campo de batalla de Playa Serena llevado al territorio de toda una ciudad. En el fondo, su valor principal radica en advertir la imposibilidad de la convivencia entre pasado y presente en un espacio a partir del progreso descontrolado. Lo que postula el documental es que esa convivencia solo puede producirse en una película. Si esa conclusión puede pensarse como pesimista, en verdad tiene un correlato hacia el futuro si sirve para generar conciencia y revertir lo que hasta un momento parecía inevitable."

El Ariston (Argentina, 2024).  Guion y dirección: Gerardo Panero. Fotografía: Daniel Hermo. Duración: 67 minutos.

En Hacerse la crítica.

18.11.25

LA TRADUCCIÓN EN LA EDAD MEDIA / JORGE LUIS BORGES

 


“Chaucer conoce el latín, traduce ese vasto poema alegórico francés Le roman de la Rose y una de sus primeras obras es la traducción de un himno a la Virgen. Ese himno se llama, en la literatura inglesa, “Un abecedario” de Chaucer, porque la primera estrofa empieza con una A, la segunda con una B, la tercera con una C, la cuarta con una D, etc. Se llega así a concluir con el alfabeto. Esa traducción es una traducción libre, pensamos en un ejercicio filológico, pensamos en que cada palabra de la traducción corresponda a una palabra del original. Eso hubiera parecido algo muy primitivo, algo bárbaro en la Edad Media. En la Edad Media traducir un poema era crear, en otro idioma, un poema de valor no inferior al primero. Este concepto dura mucho tiempo. Tenemos por ejemplo la traducción de la Farsalia, de Lucano, por Jáuregui, y no hay una equivalencia española para cada verso latino. Hay sí una equivalencia de cada estrofa, pero lo que el poeta ha querido mostrar es que el español podría producir un poema no inferior a la Farsalia. Es decir, se veía en el texto original no un texto que había que calcar, sino un texto con el cual tenía que poder hombrearse el traductor. Se trataba de hacer un poema que no fuese inferior; no se buscaba la perfección filológica. Yo creo que la idea de la traducción literal ha de ser de origen religioso. Yo creo que sin duda las primeras traducciones literarias habrán sido las de la Sagrada Escritura, porque Espíritu Santo. En cambio, si estaba traduciendo un texto humano, aunque ese texto fuera de Virgilio, ya podía modificarlo. Mientras que, con las palabras del Espíritu Santo, sin duda cada palabra había sido elegida y tenía miles de sentidos.

(…) Hay otro ejemplo: aquella sentencia de Hipócrates, que es muy conocida en su forma latina, que dice “Ars longa, vita brevis”. Hipócrates se refiere a la medicina: el arte largo, la vida breve. Y Chaucer tiene que traducir ese verso en inglés. Yo creo que bastaría la traducción que él hizo de ese verso para demostrar que Chaucer era un poeta, aunque no hubiera sobrevivido nada de él, aunque hubiera quedado solamente esta traducción. Chaucer traduce “The life so short, the craft so long to learn”, esto es “La vida tan breve, el arte tan largo para aprender”. Ustedes ven cómo en la sentencia original hay una brevedad casi telegráfica: “Ars longa, vita brevis”, y cómo Chaucer ha cargado ese verso, sin faltar a lo que dice el poeta, de una suerte de melancolía, por el “tan”: “La vida tan breve, el arte tan largo para aprender”. Y él creo que lo aplica a la poesía o al amor, no a la medicina. Él ha puesto allí toda la emoción que quizás estaba en la mente de Hipócrates, pero que no está en la frase “Ars longa, vita brevis”.

Curso de literatura inglesa y norteamericana, Universidad de Mar del Plata, 1966. Editorial Sudamericana, edición de Mariela Blanco, notas de Germán Álvarez. Bolilla III.

17.11.25

ACADEMIA DE POETAS / JORGE LUIS BORGES

 


“El oficio de poeta en Irlanda -porque era un oficio- exigía doce años de estudio. Al principio un poeta solo podía manejar un lenguaje sencillo y metros simples -el octosílabo, digamos- y al cabo de un tiempo tenía que presentarse a examen; entonces lo encerraban en una habitación oscura, le daban un tema -al principio creo que había cinco o seis temas, no más- le llevaban alimentos y allí él solo tenía que componer y aprender de memoria un poema, de tal metro, sobre tal tema. Después los jueces lo examinaban. Si lo reprobaban, tenía que repetir el año. Si lo aceptaban, entonces ya en lugar de cinco temas le daban diez, digamos, y le permitían emplear metros más complejos. Y así, hasta llegar al título de “High Poeto f Ireland” (Alto poeta de Irlanda). Y esos ya conocían todo lo que podía conocerse entonces. Tenían no cinco o diez, sino trescientos sesenta temas, lo cual hace pensar en la astronomía o en la astrología. Además, debían usar un lenguaje extraordinariamente complejo, metáforas hechas de metáforas, como las kenningar de los sajones y los escandinavos. Entonces ya tenían derecho a ser mantenidos por el estado. Además, habían aprendido jurisprudencia, medicina, magia. Se temía mucho a los poetas satíricos, porque estos podían levantar ronchas en las caras de sus enemigos y hasta matarlos también. El estado los mantenía y la orden fue muy respetada, hasta que, según la leyenda, un rey de Irlanda, “The High King of Ireland” (el alto rey de Irlanda), tuvo que oír su panegírico, pronunciado por dos altos poetas. Cada uno de ellos había tratado de superar al otro en el empleo de un lenguaje muy literario. Pensemos en Valéry, en Pound, en Joyce, en el empleo de metáforas muy complejas, metáforas hechas de metáforas. Y el rey declaró que no entendía una sola palabra de las alabanzas y disolvió el colegio de poetas.”

Curso de literatura inglesa y norteamericana, Universidad de Mar del Plata, 1966, Editorial Sudamericana. Edición de Mariela Blanco. Bolilla VII.

14.11.25

CLÍNICA 22 DE JORGE LUIS / BORGES PECÁN EN EL GALPÓN ESTUDIO


Como anticipé la última vez, tuvimos noche borgeana, basada un poco en estos dos cursos publicados por Sudamericana. Leí pequeñas perlas del de literatura argentina, que es el que más me gustó de los dos. Tal vez sea porque está dictado por un Borges con miedo, porque se ha enterado por Bioy Casares que aquello que le empiezan a decir sobre secuestros clandestinos en plena calle y a la luz del día, verdaderamente está sucediendo en su Buenos Aires versión 76. Adolfo vio uno realizado desde un Falcon verde y lo relata en “Borges”, más o menos para las fechas. En realidad está sucediendo en todo el país, pero a ellos solamente les interesa la porteñidad. Las páginas de estos dos libros están llenas del sarcasmo del escritor, pero en el de Michigan hay más precaución. Van dos ejemplos:

“(Yates comenta que el cuento “The legend of Sleepy Hollow”, de Washington Irving, el tipo culto, el maestro, es burlado por el tipo rural, el rústico. Y que eso es una afirmación de la originalidad y de la superioridad del campesino sobre el intelectual).

Siempre ha habido esa tendencia demagógica. A los intelectuales les gusta pensar que los campesinos saben más que ellos. Es parte de la idea de la democracia.”

“Recuerdo un amigo mío, el caudillo Nicolás Paredes, que había sido amigo del poeta Evaristo Carriego. Este le había dedicado un ejemplar de un libro, y mi amigo trataba de leerlo. Leía los endecasílabos o alejandrinos como si fueran versos de ocho, y naturalmente sobraban sílabas. Si ustedes leen un verso de catorce sílabas como si fuera de ocho, es evidente que sobran sílabas. Entonces este hombre excelente -era un asesino, además, pero eso no importa- dejaba el libro de lado y me decía con cierta melancolía: “Usted ve, el mozo no se esmeraba”. Pensaba que todos los alejandrinos o los versos de once eran versos de ocho mal medidos.”

Lili agrega, al respecto: "Borges nombra a Paredes en la Historia de Rosendo Juárez, pero ya había muerto. El finadito Paredes, lo llama. Y en su Autobiografía relata que Evaristo Carriego, vecino de Palermo, fue el primer poeta argentino en interesarse en los compadritos, mientras él y su familia hacían todo lo posible por ignorarlos, en el lapso que vivieron en el barrio. Fue mucho después que se empezó a interesar por estos personajes".

Una del otro curso:

“(…) parece que el libro se llamaba al principio “Las mil noches”, pero luego se pensó que los números pares traen desgracia, entonces se agregó “Mil y una”, lo cual lo hace más mágico y más preciso a la vez, ya que mil noches es lo mismo que muchas noches, en cambio mil y una noches nos da la idea de algo infinito y, al mismo tiempo, preciso.

Hay una expresión inglesa muy curiosa que dice: “For ever and a day” (para siempre y un día), lo cual hace que “para siempre” sea más. Hay una frase de Heine que dice “te amaré eternamente, y aún después”, que es un poco el mismo esquema de Las mil y una noches.”

El segundo volumen trae unas extraordinarias observaciones acerca de la historia de la traducción, y también es muy agudo el capítulo dedicado a Shakespeare. O será que al gran Will lo tengo muy leído, y a Caedmon no. Otro rescate de este libro es cuando se refiere a los “Cuentos de Canterbury”, de Chaucer, que son una maravilla. El curso de literatura argenta pasa por Sarmiento, Ascasubi, Almafuerte, Lugones, Güiraldes y el “Martín Fierro” como si hablara de sus amigos de la otra cuadra. Voy a ir subiendo fragmentos de estos cursos hasta fin de año, etiquetados para la Clínica. Son divertidísimos.

Leímos también dos cuentos de “El informe de Brodie”: “El otro duelo”, por este asunto que traíamos de la clase anterior referido a los cuchillos, y “El Evangelio según San Marcos” para ilustrar la crítica al cuento que leyó Mariano. Creo que leí el primero a los catorce años, bajo el título “Carrera de degollados”, pero no estoy muy seguro. Pati aportó este textito que ella jura que es de Borges, y por eso lo pongo por acá:

“EL PUÑAL

En un cajón hay un puñal. Fue forjado en Toledo, a fines del siglo pasado. Luis Melián Lafinur se lo dio a mi padre, que lo trajo del Uruguay; Evaristo Carriego lo tuvo alguna vez en la mano.

Quienes lo ven tienen que jugar un rato con él; se advierte que hace mucho que lo buscaban; la mano se apresura a apretar la empuñadura que la espera; la hoja obediente y poderosa juega con precisión en la vaina.

Otra cosa quiere el puñal. Es más que una estructura hecha de metales; los hombres lo pensaron y lo formaron para un fin muy preciso; es, de algún modo eterno, el puñal que anoche mató un hombre en Tacuarembó y los puñales que mataron a César. Quiere matar, quiere derramar brusca sangre.

En un cajón del escritorio, entre borradores y cartas, interminablemente sueña el puñal con su sencillo sueño de tigre, y la mano se anima cuando lo rige porque el metal se anima, el metal que presiente en cada contacto al homicida, para quien lo crearon los hombres.

A veces me da lástima. Tanta dureza, tanta fe, tan apacible o inocente soberbia. Y los años pasan, inútiles.”


Cenamos dos tartas de jamón y queso de mi cosecha, más unos exquisitos chipás de Alberto, las galletitas de avena y miel a que nos tiene acostumbrados Lili y unos poderosos snacks de nueces pecanas que trajo Fabián, comprados en la feria de Agronomía. Va foto, dulce y salado.



El cuento de Mariano es satánico, por lo que bebimos un vino con la siguiente etiqueta:

 Pasen de alto, por favor, el parecido físico del hombre del dibujo con el autor del texto, no queremos entrar en discusiones con el lado oscuro. Por el momento estamos bien así.

Y recuerden que para la próxima tendremos de invitada a la escritora Mori Ponsowy, que nos hablará de Okásan y de sus nuevos proyectos. Aligatore y empanadas de carne.

12.11.25

LOS MUNDOS ANTERIORES EN REVISTA KRANEAR / INSTAGRAM

En la columna de hoy, @francoalinovi reseña la novela Los mundos anteriores, de @nielseng, un texto en el cuenta la historia de una pareja que desea viajar a través de una máquina del tiempo para resolver un drama del presente. Pero aquel potencial oasis, al parecer, es tan o más descarnado que el mundo actual.

¡Gracias, Franco Alinovi! 

10.11.25

PARA UN RETORNO ALL INCLUSIVE / MERCEDES ESTRAMIL EN EL PAÍS DE URUGUAY


Dos sesentones en una Buenos Aires hipertecnológica.

Hasta donde se sabe, fue un hoy desconocido cónsul y dramaturgo español, Enrique Gaspar y Rimbau, quien por primera vez habló de una máquina de viajar en el tiempo en una novela de ciencia ficción. La escribió en 1881 y la publicó en 1887 con el raro título El anacronópete, con lo cual se adelantó unos años al perdurable debut de H.G. Wells (La máquina del tiempo, 1895). Nunca desdeñable, la magia y/o el marketing de los títulos. Desde ahí, la idea de viajar en el tiempo acompaña la narrativa de la ciencia ficción como uno de sus ingredientes más atractivos, junto a los extraterrestres y los apocalipsis. El argentino Gustavo Nielsen (n. 1962) aborda ese tópico con una vertiente aventurera en Los mundos anteriores. No le inyecta moraleja flagrante, ni dramatismo ni tragedia, y pone como centro de la trama un asunto amoroso. Es la historia de P (Pedro) y Nane, sesentones en 2053, en una Buenos Aires hipertecnológica, donde los Tesla viajan por tierra y aire; los electrodomésticos saludan y extrañan; y un pañuelo de tela oficia de pantalla, filmadora, grabador. Claro que sigue habiendo pobres, y un virus hanta que provoca cánceres incurables. La única solución, para ricos, la implementa una corporación que vende viajes en el tiempo, y como P y Nane tienen dinero, viajan. El destino es un pueblo ignoto de EEUU, en 1919. Nadie se muere de cáncer, y conviven en malos términos dos “prohombres” inventores: Thomas Alva Edison y Nikola Tesla. Con ese arranque, Nielsen arma una novela plena de cinismo, ingenio, humor, guiños a escritores (Bioy Casares a full), personajes atractivos, algún resbalón erótico, y disparos a la Argentina y al mundo actuales, con sus xenofobias, susceptibilidades y progresismos bobos. Hay una moraleja: la felicidad no se compra, pero la salud y la juventud cuestan plata.

Los mundos anteriores es un buen divertimento, una aventura a lo Stevenson, un juego con el cientifismo y sus teorías aún inaplicables, no pretende más. Pero, como es usual en la sci-fi, da más. Deja esas preguntas que vuelan la cabeza (por ej.: si el futuro es consecuencia del pasado o el pasado lo es del futuro) y hacen pensar el de dónde venimos y hacia dónde vamos con un ángulo de apertura mayor, como si cualquier cosa que pensemos, en algún lugar y en algún tiempo, fuera posible.

LOS MUNDOS ANTERIORES, de Gustavo Nielsen. FCE, 2025. Buenos Aires, 323 págs.

7.11.25

EL ARISTON EN EL GAUMONT


 

CLASE 21: RECTA FINAL PARA LA CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN ESTUDIO / SEGUNDO CURSO

 

 A raíz de una nota titulada “Transmitir un oficio”, que salió ayer acá en la Milanesa y en La Agenda Revista la semana pasada, regresó a la Clínica la modalidad invitación a cenar que había sido cambiada por el banquete. Uno o dos concurrentes proponen al grupo una cena determinada, y nos cocinan. Ayer a la noche, Pati y Alberto nos convidaron manjares preparados con sus propias manos: empanadas de salmón y puerro y tarta de brócoli y pollo respectivamente. Dos delicias que degustamos con ricos vinos y buena literatura. Pati también le trajo a Pablo, nuestro selenita, un extraño poema de Carlos Drummond de Andrade que se aparta de la temática social existencialista a la que nos tiene acostumbrados. Una joya que parece fake, aunque Pati jura es un regalo verdadero. Va:

CIENCIA FICCIÓN

El marciano se encontró conmigo en la calle

y tuvo miedo de mi imposibilidad humana.

¿Cómo puede existir, pensó para sí, un ser

que en el existir ponga tamaña anulación de la existencia?

 

Se alejó el marciano, y yo lo perseguí.

Tenía necesidad de él como testigo.

Pero, rehuyendo el coloquio, se desintegró en el aire constelado de problemas.

Y quedé solo en mí, de mí ausente.

Me hizo acordar a esas letras de Spinetta que de tanto extrañamiento no sé si me gustan o no. “La pelicana y el androide”, por ejemplo. Bué. Pasamos de página porque hoy tenemos un día confuso. Para embarrarlo más va la receta de la tarta de Alberto: la masa es de esas 9, 9, 9 -harina, agua, aceite- y semillas. La harina que utilizó es mayormente integral, con un par de cucharadas de 000. El relleno es pollo salteado con puerros y cebolla, posteriormente desmenuzado y mezclado con brócoli, algo de coliflor, huevos, crema, mucha nuez moscada, pizca de sal y de pimienta, daditos de port salut y roquefort. Manjar.

Como quien no quiere la cosa presenté también la agenda de las actividades que nos faltan, que incluye una invitación al Gaumont a una peli en la que actuamos con la doctore Sanjurjo, y un evento fantasma que solamente nosotros sabemos de qué va (shhhhh). Fechas, horarios y lugares:

1.- Proyección de “El Ariston”. Hoy viernes, 20 hs, en la Catedral del INCAA.

2.- El 19/10 tendremos de visita a Mori Ponsowy, que nos va a contar cómo fabricó esa maravilla llamada “Okásan”.

3.- El 1/12 evento secretísimo con nombre cursi; iremos todos. En bar y horario a confirmar.

4.- El 3/12 “Soy mi propio invitado”. A pedido de las chicas del grupo, un galán maduro que dice ser escritor leerá cuatro cuentos inéditos que aparecerán en su próximo libro. Esta injuria funciona como clase yapa, habrá una torta de Moi, mucho café y champán. Y con eso cerraremos esta segunda edición de la Clínica de Cuentos del Galpón Estudio sin habernos puestos ni un minuto viejos.

Ahora vamos con los cuentos. Centré la atención en ejemplos que ponderaran objetos, y los volvieran fetiches o singulares. “En la ficción, el poder de un objeto depende de su capacidad para distorsionar la realidad”, dice Piglia en el prólogo al libro de Ana Basualdo de la serie del recienvenido. De allí leímos “Oldsmobile 1962”, y le hicimos un análisis pormenorizado. Qué bueno que estén Fabiana y Pati en el grupo, sicología aplicada, la primera por lo que estudió y la segunda por lo que descargó en sesiones. Me hicieron llegar a esta conclusión: el Oldsmobile de Ana es igual al padre de Ana. Indiferente, pedante, inútil y mal avenido. Autoritario. Falso. Conozco gente así, capaz de destruir, o al menos querer destruir tus sueños por envidia. No conocía un cuento que lo contara tan de coté, disimuladamente. Me hizo acordar a “Donas” de Leanne Shampton, con la diferencia de que en ella el problema era con la madre.

 Alberto leyó un texto personalizando un cuchillo y yo reuní lo que me faltaba de los ejemplos para consensuar con lo que Piglia piensa de los objetos en la ficción. Pasaron dos cuentos de Manucho Mujica Láinez: “El hombrecito del azulejo” y “El brazalete”. Pati aportó un interesante texto de Ezequiel Martínez Estrada. Lo vinculo por acá porque a último momento cambié un cuento de él, “La inundación”, por el de Basualdo que me servía para justificar el tema central de la clase, lo que quería discutir esta vez.

Continuamos con más mulánimas, dando el tema por finiquitado. Hubo una minimulánima de Fabiana, una cósmica de Pablo y la mía, “Mi mulánima”. Escribí una versión a lo Tarantino, donde casi nadie queda vivo. Como hice con el viborón, en algún momento la voy a publicar por estos pagos. Gracias a todos por escucharme y regalarme tan buenos consejos.

Volveré y seré borgeano.

6.11.25

LILIANA HEKER EN LA AGENDA REVISTA / TRANSMITIR UN OFICIO


Desde que reaparecieron los gobiernos liberales armé en mi estudio de arquitecto un lugar para conversar de literatura y podernos aislar, aunque más no fuera en grupos muy pequeños, de toda esa gente nefasta que cada tanto vuelve con las ideas de vender, rifar y regalar nuestra querida Argentina. Me dan náusea, me resultan insoportables. Y como no me puedo mudar de país cada cuatro años, decidí escaparme hacia el interior, construyendo algo así como una buena cueva. El objetivo era enojarme lo menos posible mientras se sucedían los préstamos del FMI, se fugaban el tesoro de la Nación y regalaban nuestras riquezas vernáculas. Todos los que pasaron por la Clínica de cuentos del Galpón Estudio tenían casi la misma necesidad, además de querer ir a un taller con características particulares. Los talleres que armé fueron de una vez a la semana, con comida y bebida: cenamos, además de leer y escribir cuentos. Y, sobre todo, convoco de cuando en cuando a una figura notable de la literatura nacional: eso también lo hace diferente, además de la posibilidad de aplicar en el morfi nuevas creatividades. Hubo cenas de lujo (sushis, salmónidos, asaditos, locros), cenas temáticas (vikinga, mexicana, española, árabe), cenas de autor (vinieron cocineros reconocidos, tuvimos repostería de primera línea en Buenos Aires), cenas de invitación, donde uno de los concurrentes invita a comer al resto del grupo sus especialidades y banquetes de “asalto” o picnics. Y entre los invitados vino gente enorme: Sylvia Iparraguirre, Pablo de Santis, Ana María Shua, Elvio Gandolfo, Alejandra Kamiya, Jorge Accame, Inés Fernández Moreno, Guillermo Martínez, Carlos Chernov, Patricia Suárez, Marcelo Caruso, Claudia Piñeiro, Daniel Guebel: todos en su fase de cuentistas. Los últimos dos fueron Sergio Bizzio y la gran Liliana Heker. Los invitados se lucen contando cómo hacen su trabajo, y nosotros tenemos la oportunidad de entrevistarlos personalmente -descaradamente, a veces- sobre por qué resolvieron tal trama de este u otro modo, o cómo construyeron tal personaje o pasaje. Normalmente los invitados empiezan suponiendo que tres horas de charla van a hacerse larguísimas, y la mayoría de las veces terminan sorprendidos porque les faltó tiempo.

A Lili la veníamos estudiando en “La trastienda de la escritura”, la biblia de los talleres. Saqué cantidad de material teórico de ahí, porque realmente es un libro suculento en saberes. En sus capítulos están bien definidas las personas narrativas, hay muchos ejemplos de cuentazos que desconocíamos por no haber ido al taller de Heker. Lo cierto es que, junto a otros textos indispensables que se publicaron últimamente sobre el tema (“Once tesis (y antítesis) sobre la escritura de ficción” y “Contar un secreto”, de Martínez y De Santis respectivamente -librazos), “La trastienda…” pasó a formar parte de nuestra biblioteca permanente de consulta. Se lo conté a Heker para convencerla de que nos visitara, suponiendo que podía ser un personaje difícil por lo importante de su historia, pero aceptó de inmediato contra todos mis prejuicios. Cero estrella de rock y, sin embargo, gran estrella brillante.

Esa noche comentó que los editores de Godot le habían pedido un pequeño libro que completara de manera íntima el manual que le había publicado Alfaguara. Dijo que estaba por entregarlo, y que contenía una nutrida cantidad de anécdotas que le habían ocurrido en sus más de sesenta años de oficio, desde los dieciséis que se presentó a un Abelardo Castillo de veinticuatro para colaborar en “El grillo de papel”, con cuentos que aún no habían sido escritos. Ante nuestra pregunta de si su nuevo libro se iba a parecer a “La trastienda de la escritura” respondió que iba a ser menos técnico y mucho más cálido y reflexivo. No reflexivo por lo que ya traía sabido del oficio de narrar, esos conceptos de los que podía estar segura por práctica y años, sino por lo que desconocía de su propia personalidad escribiente, y pensaba indagar desde la memoria como si se estuviera autoanalizando. Así resumió Heker el texto que estaba por salir a escena: la intimidad de su oficio de escritora. Y más o menos así es como se titula y como es.

“Escucho la propuesta y me pregunto: ¿qué se entiende por intimidad de la escritura? En desorden acuden a mí hábitos, incertidumbres, búsquedas apasionadas, frustraciones, hallazgos felices, manías, una corriente dichosa que suele recorrerme desde la cabeza hasta los dedos. Tal vez esas ocurrencias no están del todo erradas: son parte de un paquete que guarda pedazos bastantes consistentes de mi intimidad de mujer-que-escribe.”

Ese va a ser su personaje. No la mujer que elige las letras (a la hora de buscar una carrera Liliana Heker fue para el lado de las ciencias exactas, con mucha decisión), sino tal vez, el de la mujer que es elegida por las letras. Ese será su papel, en la vida y en este libro. Y el tema, del que todos los escritores tienen un poco de miedo: el del tríptico “ansiedad-alegría-vacío” de la creación. La ansiedad por el hacer, la alegría del producto hecho y la incertidumbre acerca de cómo se sigue. Liliana llama a ese final el “qué escribo ahora”, con entonación interrogativo dubitativa, y jura que el asunto le sigue siendo tan perturbador como la primera vez. “A veces viene de un mandato externo, a veces de un conflicto o de una obsesión. Y a veces no viene.” Lo resume así: “En este oficio nunca se sale del tembladeral”. Y agrega: “Felizmente”.

“Intimidad de un oficio” es, sobre todo, un libro de iniciación que vino a completar, con su filón de ternura, el anterior. Un relato acerca de cómo perder el miedo, como encarar el aprendizaje y salir sabiendo lo que a uno le sirve y puede aplicar. Cómo, en su caso, se moldearon sus días entre esos escritores que la acompañaron y ayudaron, y otros momentos igualmente valiosos en la que lo pasó sola con sus lecturas. Cuenta los roces, las idas y vueltas de las historias que crecieron con ella, los errores y los festejos. Y a veces los festejos nacidos de los errores, de un modo encantador. Cuenta acerca de los libros que escribió y de los que no pudo escribir y se los regaló a Greta, la autora protagonista de su última novela “Noticias sobre el iceberg”.

Yo adoré verme reconocido en cantidad de sus costumbres y vicios de escritora, en su amor por los cuadernos y las libretas, en su lío de horarios y procrastinaciones, en esa especie de esponja en la que se convierte cuando se mete en un tema hasta el final, en el que todas las cosas que le empiezan a aparecer, todas las notas que lee y las frases que escucha en la calle, parecen dictadas para contribuir a su proyecto. Que las ficciones avancen en la máquina, pero sobre todo fuera de la máquina. Y de todos aquellos tesoros que se descubren cuando uno empieza a escribir, sobre el mundo y acerca de uno mismo. Utilizando las palabras de la maestra:

“A esta altura de las confesiones, me animo a decirlo sin vueltas: escribir es hermoso. Desordenado, irregular, a veces muy incierto, pero hermoso. Un acto que me compromete de cuerpo entero y en el que mis dedos tienen tanto protagonismo como mi cabeza. (…) La escritura sigue siendo para mí pura incertidumbre y pura búsqueda. Me gusta que sea así: indica que estoy viva.” 


¡Gracias Pablo Perantuono!