17.11.25

ACADEMIA DE POETAS / JORGE LUIS BORGES

 


“El oficio de poeta en Irlanda -porque era un oficio- exigía doce años de estudio. Al principio un poeta solo podía manejar un lenguaje sencillo y metros simples -el octosílabo, digamos- y al cabo de un tiempo tenía que presentarse a examen; entonces lo encerraban en una habitación oscura, le daban un tema -al principio creo que había cinco o seis temas, no más- le llevaban alimentos y allí él solo tenía que componer y aprender de memoria un poema, de tal metro, sobre tal tema. Después los jueces lo examinaban. Si lo reprobaban, tenía que repetir el año. Si lo aceptaban, entonces ya en lugar de cinco temas le daban diez, digamos, y le permitían emplear metros más complejos. Y así, hasta llegar al título de “High Poeto f Ireland” (Alto poeta de Irlanda). Y esos ya conocían todo lo que podía conocerse entonces. Tenían no cinco o diez, sino trescientos sesenta temas, lo cual hace pensar en la astronomía o en la astrología. Además, debían usar un lenguaje extraordinariamente complejo, metáforas hechas de metáforas, como las kenningar de los sajones y los escandinavos. Entonces ya tenían derecho a ser mantenidos por el estado. Además, habían aprendido jurisprudencia, medicina, magia. Se temía mucho a los poetas satíricos, porque estos podían levantar ronchas en las caras de sus enemigos y hasta matarlos también. El estado los mantenía y la orden fue muy respetada, hasta que, según la leyenda, un rey de Irlanda, “The High King of Ireland” (el alto rey de Irlanda), tuvo que oír su panegírico, pronunciado por dos altos poetas. Cada uno de ellos había tratado de superar al otro en el empleo de un lenguaje muy literario. Pensemos en Valéry, en Pound, en Joyce, en el empleo de metáforas muy complejas, metáforas hechas de metáforas. Y el rey declaró que no entendía una sola palabra de las alabanzas y disolvió el colegio de poetas.”

Curso de literatura inglesa y norteamericana, Universidad de Mar del Plata, 1966, Editorial Sudamericana. Edición de Mariela Blanco. Bolilla VII.

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