30.3.22

ABELARDO CASTILLO RESUCITA EN BE CULT

Hay un cuento de Hawthorne, que se llama La mascarada de Howe al que Poe denostaba con mucho vigor porque decía que un momento del cuento era un plagio del William Wilson. Yo no sé si es cierto, tal vez lo fuera, pero también es muy posible que entre Hawthorne y Poe, que estaban escribiendo en la misma época, que venían influidos por la literatura negra y la literatura gótica inglesa, ese tema, el tema del doble, les fuera cercano. Lo que pasa es que acá hay un enmascarado, un espejo, y entonces Poe estaba muy enojado, porque además era muy sutil para encontrar ese tipo de relaciones. Pero fuera o no cierto: ¿por qué escribir sobre el mismo problema que escribe un contemporáneo? Porque ese es un problema contemporáneo y se transforma en un problema tuyo. Nadie puede tener una influencia que de alguna manera no le pertenezca. Esa es la literatura. Si vos rascás bien la literatura de Borges, está llena de influencias, de influencias de sus lecturas. Hay cuentos de Borges que parecen -sacándole los adjetivos demenciales que usaba Lovecraft- de Lovecraft. E incluso Borges terminó escribiendo -porque a él no le gustaba- un cuento de Lovecraft. Pero hay otro que se llama La tumba, donde es un tipo encerrado en una especie de laberinto como el del minotauro sin ser el minotauro, que anda corriendo por esos lugares hasta que de pronto ve una cosa tan horrible en el espejo, que lo paraliza o muere de terror y descubre el horror universal que es su propia cara. Ese cuento tiene tantos contactos con La casa de Asterión que vos sentís “es muy probable que Borges haya leído este cuento”. Puede ser que Lovecraft no le gustara, pero que ese tema quedó grabado en él también puede ser. Además puede ser que no lo haya leído, y los dos estaban tratando sobre algo que tiene que ver con nuestro tiempo. "


Una entrevista inédita completa. ¡Sin desperdicio!

25.3.22

DIEZ MANDAMIENTOS DE LA ESCRITURA / CLARA OBLIGADO

  1. Amarás la primera frase de tu cuento sobre todas las cosas: puede ser tu paracaídas o tu lastre.
  2. No tomarás el santo nombre de cuento en vano. Que escribirlo se asemeje a pintar una ventana que se entreabre. Sé generoso: deja a tu lector dar la pincelada última. Arrepiéntete: tacha y elimina. En un cuento suprimir es completar.
  3. Santificarás las juergas. Un buen cuentista debe obligarse a la haraganería: juega, diviértete, distráete, convoca lo invisible. La ejecución de lo que has imaginado es posterior y se llama oficio y disciplina.
  4. Escribirás para ser otro pero desde ti. Un escritor es un arqueólogo de sí mismo. 
  1. Buscarás la palabra exacta. El silencio no envejece. Las palabras lujosas, sí. 
  1. No sacrificarás el asombro: mira hasta encontrarlo, aunque tengas que pulverizarte los ojos. No hay mayor lujuria que observar y luego recordar para escribir, sin descuidar los detalles. El misterio de la vida se revela en lo mínimo. 
  1. No juzgarás a tus personajes, aunque cometan actos impuros, y no dejarás que se excedan por tus páginas como marqueses libertinos: no eres su amo, tampoco su siervo. 
  1. Escribirás desde el ímpetu interior. Sin ese vértigo que te convoca, no acertarás a escribir nada verdadero. 
  1. Amarás a tus muertos, amarás todas tus pérdidas. Bendito sea lo que fue maldito si sirve para tu cuento. Un escritor es alguien que con ausencias y cicatrices construye un personaje de carne. Procura que tu obra sea un monumento digno de tu soledad. 
  1. Preservarás el misterio: un buen cuento se acaba, pero nunca se termina.
     

24.3.22

A 46 AÑOS DEL GOLPE / CELS










Te invitamos a sumarte a nuestras acciones para construir memoria y luchar por la verdad y la justicia en este aniversario del último golpe cívico-militar.

Quienes estamos en la ciudad de Buenos Aires, nos encontraremos para marchar juntes hacia Plaza de Mayo con la bandera del CELS el jueves 24 a las 14 hs. en Av. 9 de julio y Av. de Mayo.

22.3.22

ET VOS, BRUTE? / MATÍAS BATISTÓN

Sobre el uso del voseo en traducción, como sobre muchos otros temas, tengo una opinión formada, pero yo no la comparto. Es decir, estoy de acuerdo, pero no conmigo mismo. Quizá esto se entienda más si vamos por partes. Para empezar, los argumentos a favor de traducir con voseo me parecen de lo más convincentes. ¿Por qué no vamos a usar nuestro registro coloquial para traducir el registro coloquial ajeno? ¿Por qué los millones de personas que hablan de vos en Argentina no justificarían una edición voseante? Por no hablar de las que viven en Costa Rica, Paraguay, Uruguay, Chile, Ecuador, Bolivia, Colombia, Venezuela, Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua… Es más, si el voseo efectivamente es minoritario dentro del mundo de habla castellana, ¿no valdría la pena defender a esa minoría que lo usa, y hacer lo posible para respaldar, fomentar y naturalizar esta variante en la traducción también? ¿Por qué un inglés que habla como un argentino nos debería parecer menos verosímil que un canadiense que habla como un mexicano? Y en el caso de las obras que ya circulan traducidas de tú, ¿realmente no se justificaría que hubiera en paralelo traducciones nuevas con voseo, tanto de la literatura contemporánea como de los más sublimes y admirados bodrios de la literatura universal? En definitiva, traducir de vos me parece lógico, necesario.

Y sin embargo, en general no lo hago. Me pasa lo mismo cuando pienso en dejar de comer carne, en sacar la basura en un horario fijo o en contestar enseguida los mails. Los argumentos me convencen, pero no me influencian. En el caso de la traducción, se me ocurren al menos tres motivos de por qué esto es así. El primero y principal son las restricciones impuestas, porque casi siempre trabajo con editoriales que hacen del tuteo una política de la casa. El segundo es que comparto en gran medida lo que expresó de manera brillante Alejandro González, la idea de que usar el tú, más que una renuncia, también puede ser una dimensión adicional de nuestra idiosincrasia, una manera sutil y propia de marcar y acoger al mismo tiempo, lingüísticamente, la extranjería del otro, recurso anfibio típico y hasta cierto punto exclusivo de las comunidades voseantes. Y el tercero, por último, es lo que me pide un texto o, para hacerme menos el sota, lo que yo siento o digo que me pide un texto. Por anacronismo, anatopismo o simple falta de costumbre, en los libros que me tocó o que elegí traducir, cuando hice la prueba de usar el vos, el resultado muchas veces no me convenció.

De más está decir que el resultado tampoco me convenció cuando usé el tú, claro. Pero era un fracaso menos confianzudo. Así y todo, creo más que posible que el día de mañana cambie y me convierta en un profeta del voseo, y prenda fuego a cualquier tibio traductor de tú que se me cruce por delante. Ganas no me faltan. Como dije más arriba, argumentos tampoco. Por el momento, hasta volverme Torquemada o bonzo, la solución que encontré, y que con frecuencia, sorprendentemente, funciona, es aprovechar los intersticios donde el vos y el tú se confunden, se mezclan y se vuelven no una sola cosa, sino dos cosas distintas para dos lectores distintos. Es decir, busco y prefiero, cuando el texto lo tolera y no hay forzamiento, las formas naturales que el lector voseante puede leer como voseo y el lector tuteante como tuteo, eso que en el campo de las ilusiones ópticas se llama percepción biestable, como en el cubo de Necker o la escalera de Schroeder. En lugar de “¿Qué piensas?” o “¿Qué pensás?”, optar por “¿Qué te parece?”. Es una forma de evasión, de escamoteo, de engaño, de paciencia y también, por qué no, de atletismo. “Traduzco novelas enteras esquivando la decisión entre el vos y el tú”, escribe Laura Wittner en su libro Se vive y se traduce. “Considero que es el único deporte en el que me destaco”.

 

Tomado del Club de traductores literarios de Buenos Aires.

17.3.22

TRINI Y LOS TRADUCTORES / LA AGENDA

Lo bueno de esta nota es que empieza con un error. Leí, en un informe bibliográfico de Rosana Bavario, que una editora llamada Trini Vergara había fundado dos editoriales nuevas en pandemia, con esta característica: cada libro que salga en español va a ser publicado en tres versiones: argentino, ibérico y mexicano. Vengo de criticar una traducción de Anagrama de un libro de Yasmina Reza en mi nota anterior; la solución de Trini me parece revolucionaria. Me hace acordar a las traducciones locales de Losada que mandaba a hacer Jorge Lafforgue, exclusivamente para nosotros. Lo puedo verificar en los “Carnets” de Camus publicados por dicha editorial en 1962 y 1966. Da gusto leer a Camus como si fuera tu vecino.

Enseguida Roxana me conecta con Trini. Lo primero que hago es felicitarla: la pandemia tiró las voluntades hacia abajo, siendo el mundo editorial uno de los más afectados. Los editores se quejan, las editoriales recortan publicaciones, el papel tiene el precio por las nubes. Que alguien emprenda nuevos proyectos en este contexto es merecedor de mil aplausos. Lo primero que ella me dice es que me confundí: no es a tres españoles que va a adecuar cada libro, sino a dos. Una versión en español ibérico, otra en latinoamericano neutro.

 “En Latinoamérica, mi experiencia es que el neutro es posible para la ficción traducida; es muy cómodo para nuestros lectores. Más cómodo, a mi parecer, que en una novela de Stephen King se hablen de vos. El voseo puede servir en una adaptación teatral, pero en los libros el tú es algo muy esperable para el lector, no le suena raro. Una traducción argentina de King sonaría más rara.”

Trini es hija de Javier Vergara, parte de la editorial Vergara de los 80/90 y cofundadora de las siguientes empresas familiares de las que finalmente se desvinculó en 2018. La pandemia no la detuvo. Motus, una de las editoriales recién estrenadas, trabaja con novela negra; la otra, Gamon, con fantasy. El proyecto de Trini tiene apenas un año de vida. En su cortísima existencia lleva 20 novelas publicadas y 20 próximas a lanzar. Los títulos se pueden buscar en www.trinivergaraediciones.com

Le pido que me facilite un ejemplo de disociación de español en los libros que ya tenga publicados. Me manda un párrafo de “Maldito asfalto”, de S. A. Cosby, con lanzamiento previsto en Motus para julio 2022. La novela ya está en proceso de convertirse en adaptación cinematográfica por los productores de “La La Land”, ganadora de 6 Oscars.

 

ESPAÑOL PENINSULAR

—¡Joder! ¡Menuda chulería, hijoputa! ¿Tienes la pasta para demostrarlo? —preguntó.”

ESPAÑOL NEUTRO LATINOAMERICANO

—¡Mierda! ¡Vaya bravuconada, hijo de puta! ¿Tienes la plata para demostrarlo? —preguntó.”

 

Después me tira el dardo: “Mientras vos criticaste en tu nota de La Agenda a las traducciones de Anagrama por gallegas, en España alguien critica una excelente traducción latinoamericana realizada en Argentina, por razones similares. El lector español la considera mala, no diferente. Los editores tenemos que ayudar ahí.”

Jorge Fondebrider, escritor y traductor, miembro del Club de traductores de Buenos Aires, coincide con Trini: “No conozco casos de quejas de lectores argentinos sobre las traducciones realizadas en otras partes de Hispanoamérica. Sí conozco muchas quejas sobre las traducciones realizadas en España, y, en España, sobre las traducciones realizadas en América. Aquí, creo, hay una razón de fondo: no hablamos el mismo castellano. No se trata del vocabulario. Nadie se queja si una palta argentina o chilena se convierte en aguacate mexicano. El problema es la prosodia, la forma en que la lengua entra por el oído. Alfonso Reyes y Borges, en su momento, hicieron todo lo posible por sintetizar la lengua y se cargaron el refranero español, tan presente, con sus fórmulas muertas, en el discurso ibérico. Y eso se nota a simple vista cuando leemos de uno u otro lado del Atlántico. Entiendo que durante mucho tiempo, nosotros le dimos de leer a España, cuando tuvo sus cuarenta años de dictadura. Después, se la cobraron y pretenden hoy hacer lo mismo con nosotros. Noto una cierta tendencia, sobre todo en los jóvenes, a usar variantes locales en la traducción de obras traducidas en Latinoamérica. Eso, creo, tiene sus problemas. Leí un Joyce “voseado” y mi sensación, en todo momento, fue que Dublín no es ni Caballito ni Balvanera: uno necesita un cierto extrañamiento cuando se trata de un texto traducido. Si no, terminamos, como ahora hacen en España, llamando a Madame Bovary, la hija de un chacarero normando, La Señora Bovary, lo que la convierte en una comadre de Pontevedra. El problema, claro, es más largo y exigiría mayores precisiones. La idea de neutralidad, al menos como se entiende hoy en día, es forzada. Pero no hay que olvidar que leímos durante décadas sin pensar en neutralidades y localismos. Cada libro exige un tratamiento particular.”

Otra de las novelas que la editorial publicará este año es No Salgas De Noche, de Stacy Willingham, cuyos derechos de traducción fueron vendidos a 15 idiomas antes de su publicación y su adaptación a serie de TV ha sido comprada por Emma Stone y será producida por HBO Max.

 

TRADUTTORE, TRADITORE 

Ya veo que ese párrafo en mi nota anterior me va a traer un dolor de cabeza, porque acusé con nombre y apellido al traductor de Yasmina Reza. El escritor Guillermo Piro me manda un mail contándome lo que piensa al respecto. “Es difícil hablar del momento actual de las traducciones en español, porque al hacerlo debemos necesariamente hablar del lector de traducciones en español. Y soy de la creencia de que las traducciones en español en la Argentina no cambiaron demasiado en los últimos 40 años (las hechas aquí y las que vienen de España), pero el lector de traducciones se embruteció de un modo sorprendente. De pasar a leer las traducciones de mierda de Bruguera en los años 70 y 80 con tono contrito y lamentoso pasamos a recibir con alegría y satisfacción las traducciones de mierda de Anagrama. Incluso los lectores profesionales no solo no son capaces de distinguir hoy día entre una buena y una mala traducción, sino que tampoco pueden discernir el espesor de la intermediación, el grado artificioso del acto de traducir, como esa gente que insulta en la calle a los actores que trabajan haciendo papeles de villanos: muy a menudo se los oye decir, sin que se les mueva una pestaña, que adoran "la maravillosa prosa de..." (lo que sigue es el nombre de un escritor sueco, o americano, o rumano, del que el lector no tendrá jamás idea del carácter, el peso, el brillo o la sintaxis de su "maravillosa prosa"). De modo que creo que el problema es realmente grave, porque eso demuestra que a fuerza de leer basura terminamos convirtiéndonos en verdaderos degustadores de basura.”

Jorge Fondebrider adhiere a la discusión.Anagrama no es la medida de nada. Y, para mí, Herralde no es un gran editor. Simplemente fue un tipo sagaz, atento a las modas creadas en otros lugares, pero no necesariamente a la buena literatura. Trabajó mucho en connivencia con Christian Bourgois de Francia y Feltrinelli de Italia. Curiosamente, las tres casas publican a los mismos autores y crean algo así como un fenómeno basado en falsos ecos. En ese catálogo sólo impera la variante lingüística madrileña (ni siquiera la española, ya que Andalucía, por ejemplo, también es España, y se habla y escribe distinto que en Castilla). Hubo múltiples polémicas sobre esas traducciones. Hubo incluso mea culpa de parte de algunos traductores peninsulares cuando fueron confrontados por lectores latinoamericanos. Pero insisto, ese sello, por lo general, vende espejitos de colores que periodistas incultos consideran joyas. Hay, como en todo, excepciones, tanto en los títulos como en los traductores.“

Le pregunto a Fondebrider si me puede nombrar ejemplos felices de traducciones al argentino. “Borges fue un traductor idiosincrático. Puso en el imaginario Condado de Yoknapatawpha, de Faulkner, tranqueras y caranchos. Lo hizo en un momento en que claramente buscaba fijar posición respecto del castellano que se consideraba “bueno” en España. Ricardo Piglia, en la época en que dirigía la editorial Tiempo Contemporáneo, hacía hablar a sus gangsters en porteño y, más adelante, hizo a traducir a Hemingway con voceo. Por lo que dije antes, no estoy seguro del valor de esas tentativas. Un texto traducido no es un original puro, sino otro texto que, de alguna manera, por muy bien repuesto que esté en la lengua de llegada, debe permitirle al lector una cierta ajenidad, la misma que sentimos cuando hablamos o leemos en una lengua que no es la nuestra.”

Todas las respuestas de Fondebrider al pequeño cuestionario que le envié son tan inteligentes que merecen leerse completas aquí.).

 

PEQUEÑAS GRANDES REVOLUCIONES

Repasando el precioso libro “La lectura, otra revolución”, que el Fondo de Cultura Económica le publicó a María Teresa Andruetto en su colección “Espacios para la lectura”, me encontré con este párrafo: “(…) en muchas ocasiones me han dicho que mis libros eran “demasiado argentinos” y eso mismo les han dicho a otros escritores y escritoras de mi país, y con otras variantes (“demasiado mexicano”, “demasiado colombiano”, “demasiado chileno o peruano o boliviano o…”) han rechazado textos valiosos de autores de otros países de Latinoamérica. Hablamos de eso en cafés y jornadas, por momentos preocupados, molestos otras veces, pero sobre todo conscientes de que es justamente ahí, en los múltiples matices que tienen nuestros modos de decir, donde reside el desafío y la riqueza de un escritor; trincheras de la lengua para defensa de lo más propiamente nuestro, (…) la máxima aspiración de un escritor es construir con la lengua de todos una lengua no escuchada todavía.”

Entonces le pregunto a Trini -ingenuamente- qué piensa hacer con los originales que le lleguen en español, si también piensa adecuar una versión al ibérico (la sola idea de que alguien pueda intervenir un texto mío a otra sucursal del castellano que no sea la argentina, como si fuera una traducción dentro del mismo idioma, me empieza a dar fiebre, y eso que tengo las tres vacunas).

Trini me tranquiliza: “A los originales en español, provengan de cualquier país americano de habla hispana con sus modismos vernáculos, no se le toca ni una línea. ¡Ni hablar! Son sagrados. Estoy refiriéndome solamente a las traducciones del inglés o del sueco. En esos casos tenemos licencia para decidir las diferentes versiones. Cuando el autor sea argentino, el editor tendrá que encargarse de atraer a los lectores interesados, de Argentina u otros países que valoren ese escenario.” Agrega que todas las ediciones salen en digital y en papel, porque el 90% del negocio aún está en los libros reales.

Por último me comenta que hay veces en que el autor argentino, que sabe escribir en rioplatense, decide, por su cuenta o por sugerencia del agente que tenga, empezar a escribir en neutro para poder acceder a más lectores; eso también es lícito. Le digo que conozco a un argentino que ahora escribe en castizo, como si se hubiera comido a un gallego. Me dice que conoce varios, que cuando mudan sus residencias a España utilizan el cambio de español para afianzarse culturalmente. No lo ve mal; yo lo veo un poco raro. Pero me imagino que será lógico: si mudaste tus petates, tal vez quieras, o puedas, (o no puedas) hacer otra cosa que mudar tus palabras.

16.3.22

LA LECTURA, OTRA REVOLUCIÓN / MARÍA TERESA ANDRUETTO

“Siempre me ha llamado la atención la tendencia que tenemos los seres humanos a etiquetar, clasificar, poner a andar nuestros prejuicios antes de comprender al otro, escucharlo en su condición de otro. En cierto modo podría decir que la escritura es el camino que encontré para intentar desarticular en mí los prejuicios que me asaltan con respecto a personas o asuntos, porque escribir (lo mismo que leer) es mirar intensamente y seguir en su transformación a un personaje en un camino que no sabemos hacia dónde nos llevará.”

15.3.22

EL LIBRO COMO FISURA: PUENTE HACIA LA MEMORIA DE UNA LENGUA Y UNA COMUNIDAD / MARÍA TERESA ANDRUETTO

“Libro como moneda que se paga a los que vienen, en nombre de quienes estuvieron antes con nosotros. Los griegos hacían suceder sus tragedias en la puerta del palacio, ese umbral donde lo privado se vuelve público, porque desde ahí se puede escuchar el grito de la que habita la casa y oír al mensajero que llega desde tierras extranjeras con la mala nueva. Lo privado y lo público: así va la escritura a mirar en lo pequeño, en lo íntimo, para comprender los comportamientos de una sociedad. La literatura es memoria y, como tal, necesita construir con palabras un plus, una distorsión o un corrimiento de sentido, una fisura que nos permita ir en busca de lo que todavía desconocemos. Torsiones a la lengua para construir un estado de interrogación en busca de otra cosa, otras cosas, algo más. Viaje incierto hacia nuestros puntos ciegos, con la lengua de todos como herramienta, para construir un no saber que nos lleve hacia nosotros mismos.”

11.3.22

EL CLUB DE LA TRADUCCIÓN / REPORTAJE A JORGE FONDEBRIDER, MIEMBRO DEL CLUB DE TRADUCTORES DE BUENOS AIRES

¿Qué opina de la creación de nuevas editoriales en la Argentina?

La noticia de la creación de una nueva editorial siempre es, a priori, bienvenida. Sin embargo, en el caso de los traductores, hay muchas variables que considerar. La primera es el valor que cada editorial le asigna a nuestro trabajo. Lamentablemente, solemos ser uno de los eslabones más débiles, porque los argumentos que suelen esgrimir los editores para decir que no pueden pagar más, no son los mismos que los que emplean cuando tienen que negociar con las empresas que les venden el papel, con las distribuidoras y con las librerías. Curiosamente, pareciera que no advierten que, sin traductores, los libros traducidos no existen. Dicho esto, me gustaría señalar que Argentina es el país que menos le paga a los traductores en toda la lengua castellana, que mientras que en Chile se paga 10 a 12 dólares la página traducida, en México 12 a 15 y, relativamente lo mismo en España, acá, donde se paga por millar de palabras (vale decir, por cada dos páginas y media) el traductor gana unos 4,5 dólares por página. Sin embargo, el valor de los libros argentinos está en la media de los valores internacionales. Alguien, entonces, se queda con la plata de los traductores.

  ¿Y qué opina de las traducciones al español que hoy circulan en el mercado?

Hay de todo. Cada país obedece a un funcionamiento editorial ligado a su historia. Hoy en día, si se me permite la comparación, la española es una industria editorial que, salvando las distancias, podría compararse con Hollywood: produce industrialmente y crea muchísimos puestos de trabajo. Lo hace, fundamentalmente, porque los dos grupos que manejan el mercado de la lengua (Penguin Random House y Planeta) no se limitan a los libros. Los libros, para decirlo mal y pronto, son una herramienta para la desgravación impositiva de bancos, constructoras y otros negocios, incluida la comunicación. Además de esa inyección económica están los subsidios de la Unión Europea y de las distintas autonomías regionales. Y gracias a eso tienen el 70% del mercado. Eso implica la posibilidad de imponer en toda Hispanoamérica sus productos y su variante lingüística, que es la que fija la Real Academia y la que promueve el Instituto Cervantes, junto con sus aliados de Teléfonica de España, el Banco BBVA y otras instituciones similares. Luego, el remanente de lo que no se vende en España lo exportan a sus filiales latinoamericanas y lo venden con dumping, compitiendo deslealmente con las pequeñas industrias editoriales de Argentina, México, Chile y Colombia, para mencionar los principales países editores de este subcontinente, que, siguiendo con el ejemplo anterior, bien podrían compararse con las cinematografías regionales del resto del mundo. En consecuencia, si hablamos de “mercado”, vale la pena tener en mente todos estos datos. Sólo así podemos pensar en lo que circula. Salvo en los casos de aquellas traducciones realizadas antes de que los dos grupos españoles transformaran a nuestras editoriales en sellos vacíos de contenido, todo lo que producen se traduce en España y eso es lo que leemos los lectores de esta parte del mundo.

 ¿Castellano neutro para Latinoamérica o castellanos locales (mejicano, argentino, chileno, etc)?

La traducción, como todo, tiene que ver con las modas. No conozco casos de quejas de lectores argentinos sobre las traducciones realizadas en otras partes de Hispanoamérica. Sí conozco muchas quejas sobre las traducciones realizadas en España, y, en España, sobre las traducciones realizadas en América. Aquí, creo, hay una razón de fondo: no hablamos el mismo castellano. No se trata del vocabulario. Nadie se queja si una palta argentina o chilena se convierte en aguacate mexicano. El problema es la prosodia, la forma en que la lengua entra por el oído. Alfonso Reyes y Borges, en su momento, hicieron todo lo posible por sintetizar la lengua y se cargaron el refranero español, tan presente, con sus fórmulas muertas, en el discurso ibérico. Y eso se nota a simple vista cuando leemos de uno u otro lado del Atlántico. Entiendo que durante mucho tiempo, nosotros le dimos de leer a España, cuando tuvo sus cuarenta años de dictadura. Después, se la cobraron y pretenden hoy hacer lo mismo con nosotros. Noto una cierta tendencia, sobre todo en los jóvenes, a usar variantes locales en la traducción de obras traducidas en Latinoamérica. Eso, creo, tiene sus problemas. Leí un Joyce “voseado” y mi sensación, en todo momento, fue que Dublín no es ni Caballito ni Balvanera: uno necesita un cierto extrañamiento cuando se trata de un texto traducido. Si no, terminamos, como ahora hacen en España, llamando a Madame Bovary, la hija de un chacarero normando, La Señora Bovary, lo que la convierte en una comadre de Pontevedra. El problema, claro, es más largo y exigiría mayores precisiones. La idea de neutralidad, al menos como se entiende hoy en día, es forzada. Pero no hay que olvidar que leímos durante décadas sin pensar en neutralidades y localismos. Cada libro exige un tratamiento particular.

 En ficción: ¿hay ejemplos felices de traducciones locales al argentino? ¿Hay editores que se hayan jactado de haberlo hecho? Nombres y años, por favor.

Borges fue un traductor idiosincrático. Puso en el imaginario Condado de Yoknapatawpha, de Faulkner, tranqueras y caranchos. Lo hizo en un momento en que claramente buscaba fijar posición respecto del castellano que se consideraba “bueno” en España. Ricardo Piglia, en la época en que dirigía la editorial Tiempo Contemporáneo, hacía hablar a sus gangsters en porteño y, más adelante, hizo a traducir a Hemingway con voceo. Por lo que dije antes, no estoy seguro del valor de esas tentativas. Un texto traducido no es un original puro, sino otro texto que, de alguna manera, por muy bien repuesto que esté en la lengua de llegada, debe permitirle al lector una cierta ajenidad, la misma que sentimos cuando hablamos o leemos en una lengua que no es la nuestra.

 Hoy Anagrama reimprime directamente las traducciones ibéricas para Latinoamérica. ¿Se pueden cambiar estas reglas de juego?

Anagrama no es la medida de nada. Y, para mí, Herralde no es un gran editor. Simplemente fue un tipo sagaz, atento a las modas creadas en otros lugares, pero no necesariamente a la buena literatura. Trabajó mucho en connivencia con Christian Bourgois de Francia y Feltrinelli de Italia. Curiosamente, las tres casas publican a los mismos autores y crean algo así como un fenómeno basado en falsos ecos. En ese catálogo sólo impera la variante lingüística madrileña (ni siquiera la española, ya que Andalucía, por ejemplo, también es España, y se habla y escribe distinto que en Castilla). Hubo múltiples polémicas sobre esas traducciones. Hubo incluso mea culpa de parte de algunos traductores peninsulares cuando fueron confrontados por lectores latinoamericanos. Pero insisto, ese sello, por lo general, vende espejitos de colores que periodistas incultos consideran joyas. Hay, como en todo, excepciones, tanto en los títulos como en los traductores.

Personalmente odio las traducciones muy españolizadas, llenas de tics del estilo “hacer el morro”. ¿Odiarán los españoles las traducciones latinoamericanas locales de la misma manera?

La crítica española siempre habla de “las malas traducciones sudamericanas”. No es una buena propaganda, ¿no? Las encuestas de mejores traducciones de Babelia, ese órgano de propaganda del pasquín El País, de Madrid, nunca incluye traducciones clásicas hispanoamericanas en sus rankings anuales. Nada de esto tiene que ver con la literatura. Sí, con un serio complejo de inferioridad que todavía les queda a los españoles respecto de los países que les dieron de comer y de leer, y también, con el mercado porque la lengua es una commodity que los gobiernos de Hispanoamérica todavía no advierten. Dicho de otro modo, considerando que en España se habla catalán, gallego, asturiano, vasco y otras lenguas, menos del 40% de la población habla castellano, al que, sin embargo, llaman “español”. De los casi 500 millones de hablantes actuales de nuestra lengua, la gran mayoría viene de México, Estados Unidos y Argentina. España viene en cuarto lugar. Y pretenden legislar sobre la lengua y decirnos en qué variante tenemos que leer.

Agregue usted lo que quiera decir.

Entiendo que dije bastante. Lo que hay que retener es que no se traduce en abstracto, sino en un contexto determinado por muy variadas razones. Una de ellas es el mercado. Y si éste responde a lo que podría interpretarse como un monopolio, no tiene sentido en discutir variantes, neutralidades o prosodias. Los españoles impusieron la cuestión de comprar derechos “para la lengua”, lo que hace que, si uno quiere traducir, por ejemplo, a Perec, tiene que esperar que el editor español que lo tradujo antes, esté distraído cuando expiran sus derechos de explotación. Pasa. Pero también ocurre que para un editor argentino, gastar 2 mil o 3 mil euros en la compra de un derecho de autor, a lo que debe sumarse el valor de la traducción y los costos industriales de un libro, hace que toda la operación sea inviable. Hay mucho trabajo para hacer explicándoles a agentes y autores que la variante local de España pasa mal por Latinoamérica. Deberían contemplar la división del mercado como para que cada cual pudiera leer con la comodidad que se merece. No es algo que se soluciona ni a la fuerza ni por decreto. Es un trabajo lento que editores y traductores deben hacer conjuntamente. Claro, siempre y cuando los editores estimen que la labor del traductor es la de un aliado y que importa más que el valor de una bobina de papel."

9.3.22

YASMINA REZA EN LA AGENDA DE BUENOS AIRES

"Entre nosotros hay un hueco azulado."
"Serge", de Yasmina Reza, no es algo improvisado, sino un compendio de su ficción. Como si Reza, que ayer dio una charla en el Malba, se hubiera preparado toda su vida para escribir este libro y los anteriores fueran simples ensayos.

¡Gracias Pablo Perantuono! 

8.3.22

PINTURA Y LIBRO / "SERGE Y ARTE"

 A Yasmina Reza la conocemos en Argentina por su obra teatral “Arte”, que fue boom de localidades agotadas en los 90 y en el 2021, actuada por Oscar Martínez, Ricardo Darín y Germán Palacios y dirigida por el irlandés Mick Gordon en la primera puesta y con Fernán Mirás, Mike Amigorena y Pablo Echarri como protagonistas, dirigida por la dupla Darín-Palacios, en la que aún sigue en cartel. “Reza cuenta que la inspiración para esta obra tan exitosa surgió de una vivencia propia, calcada de lo que luego llevó al papel. En varios reportajes sostuvo que en una oportunidad un vecino suyo la invitó muy entusiasmado a su casa para que vea un cuadro que había adquirido en 200 mil francos. Era una tela completamente blanca y confiesa que la situación le produjo un ataque de risa en el momento y un sentimiento de culpa posterior por haber herido, sin dudas, la sensibilidad del hombre, entusiasmado hasta entonces por la adquisición de lo que consideraba una obra de arte exquisita. En otras entrevistas, sin embargo, la dramaturga francesa refirió que la idea del objeto que en su obra despierta la crisis de amistad entre los protagonistas se remonta al óleo Cuadrado blanco sobre fondo blanco (un cuadrado de un blanco una pizca más grisáceo que el blanco del fondo) que pintó en 1918 el artista de vanguardia ruso Kazimir Malevich y actualmente se encuentra expuesto en el MoMA de Nueva York” (hay una interesantísima nota al respecto de Ricardo Marín en Infobae). También hubo una conversación entre Martínez y la escritora en 2018 en el TGSM acerca del arte de escribir teatro.

La autora, amiga de nuestro país, nos visitó en el Malba el miércoles, en una charla pública con traducción de Gonzalo Garcés para presentar su nuevo libro: “Serge”. Va mi apreciación llena de spoilers, aviso, porque mi intención es pensar la escritura, más que develar o no develar alguna escena.

Yasmina Reza somete a una familia de tres hermanos judíos -Serge, Jean y Nana- que viven en Francia, de clase media, no demasiado felices, poco cultos, algo fracasados, urbanos, influenciados por la televisión y los medios, con problemas filiales y emocionales no muy resueltos; gente cansada a la que todo empieza a importarle un comino, un comino y medio; a estos ciudadanos comunes somete, digo, a la experiencia de la muerte. La viven primero con sus padres, pero como ellos están viejos y enfermos la experiencia se parece un poco al desahogo, a un “por fin se fueron”. Los padres así suenan a estorbo, y los hijos disimulan sus decesos sobriamente conservando algún recuerdo lindo. Una tía vieja critica la decisión de la madre de ser cremada porque “a los judíos no se los crema”. Sin embargo ninguno en esa familia parece ser un judío verdaderamente convencido.

Serge es un personaje bastante insoportable, supersticioso, numerólogo (la numerología funciona como si fuera astrología, para indicar extravagancia ñoña), ansioso, quisquilloso, egocéntrico, escéptico, agotador. Además es viejo. Y está solo: se acaba de separar de su mujer.

Después de la muerte de sus progenitores, los hermanos deciden hacer un viaje juntos. La hija de Serge elige el lugar de la visita: los campos de exterminio de Auschwitz-Birkenau en Polonia, esos “lugares de nombres cósmicos”, opina Jean, el hermano del medio y narrador. Por lo que la muerte sigue presente, ahora en calidad de genocidio. Los personajes, en sus tibiezas, recorren o rechazan recorrer las salas de objetos y de pelo humano, esas vidrieras del horror, expresando las frases más planas y básicas de la emoción ante el homicidio colectivo. Los lugares comunes más sencillitos, por decirlo así. Lo que cualquiera que no sea nazi diría frente a las imágenes del predio vistas en un televisor, antes de cambiar de canal para ver a Tinelli.

Jean tiene pendiente leer “Los hundidos y los salvados” de Primo Levi, lo ha llevado al viaje. Vemos que lo apoya en la cama, aunque lo más probable es que se duerma sin abrirlo. Pero al menos quiere mostrarle a su hermano Serge, que duerme en la otra cama, que lo compró y lo llevó, como un acto para escaparse de la mediocridad. Hasta ahí, los tres son iguales a otros turistas vestidos de playa que caminan desde las cárceles hasta los hornos crematorios, sacándose selfis como si estuvieran en Disney. La diferencia entre Serge y ellos es que él no quiere entrar a los pabellones, y cuando lo hace maneja un humor negro que la traducción no siempre deja disfrutar en todo su esplendor.

Esto de la traducción es un supuesto mío, porque no leí el libro en el idioma original, y acá me detengo un instante. Juan de Sola, traductor de Anagrama: tus modismos repetidos a más no poder entre los gilipollas y los tíos, y me refiero a los modismos que ocultan algo, que son desganados, como que no sabías qué poner, Juan, y nos insertaste ese “estar de morros” que te sirve para todo, como también el “estar de los nervios” que tanto te gusta, no son muy “guay”. ¡Hala, chaval! Tus construcciones hispanas cristalizan el texto y no lo dejan avanzar, ocultando tal vez -digo, supongo- sutilezas. Son como rodillos idiomáticos que pintan de gris toda coloración. Detrás de esa pérdida de color y de la falta de notas está el hecho de que no se entienda un gran porcentaje de los chistes que la autora está intentando contarnos. Cierre del paréntesis.

Si el lector de “Serge” fuera un detractor de Yasmina Reza podría insistir en la falta de ideas que le imprime a sus tres desolados personajes para nombrar el genocidio o la muerte cercana de sus padres. La cantidad de pavadas que nos está obligando a leer, todas esas frases repetidas de “no somos nada”, encuadernadas en colección completa. Y podríamos afirmar que el libro es una boutade. Pero conociéndola, habiéndola leído en “Felices los felices”, en “Arte” y en “Hammerklavier”, llego a la conclusión, en la misma mitad de “Serge”, que hay que seguir, porque seguramente el final nos va a resignificar todo lo que escuchamos y sufrimos. ¿Cuándo van a decir o hacer algo que valga la pena esos tres actores de lo humano?, le preguntamos a Yasmina. Cuando les empiece a tocar personalmente, contestará ella. En el mismo final de la novela se entiende que la tarea de bastardear todo parlamento inteligente ha sido un esfuerzo bien aplicado, porque esos personajes no tenían que pensar más allá de lo que la televisión los deja. Bien poco, digamos.

Todos los libros anteriores de Yasmina Reza confluyen en este. “Felices los felices” también podría ser el título de “Serge”, con todo lo que contiene ese concepto. En “Hammerklavier” está el padre de Serge, pero ahí es el padre de la misma Yazmina. Un personaje que puede afirmar en el libro nuevo que “Todos esos campeones (de ajedrez) rusos, checos, son judíos”, y cuando el tipo no es judío, es judío pese a todo. Y en el libro anterior afirmar que “no hay homosexuales entre los judíos”, siendo abiertamente fóbico. También en “Hammerklavier” aparece la mamá, y un amigo llamado Serge al que ella empieza a odiar porque le critica un collar de perlas falsas que se ha comprado para la ocasión. También está el episodio en que Jean tiene que ir al piso de abajo para defender a Marisa de una vecina que agrede a su mujer. Hay un cambio de nombres, de puntos de vista, de presunciones, pero el episodio es el mismo.  

Con “Arte” es más sutil, lo que aprovecha es la estructura. Hay tres personajes: un escéptico, uno que disfruta del sistema tal cual es, y el más híbrido, que precisa asociarse a alguno de los dos para poder emitir sus opiniones. De alguna manera el Marcos de “Arte” es Serge, Sergio es Nana e Iván es Jean. En la obra teatral Iván se apoya en Sergio, el dueño del cuadro, como Jean se apoya en Serge en la novela. ¿Qué quiero decir con todo este repaso sobre la obra anterior de Reza? Que “Serge” no es algo improvisado, sino un compendio de su ficción. El lugar al que los escritores llegan. Como si Yasmina se hubiera preparado la vida entera para escribir este libro y los anteriores fueran simples ensayos.

La línea final instaura por primera vez el miedo a la muerte. Leímos la muerte como desahogo en los padres y la muerte como expiación en la historia. Y ahora le toca a Serge hacerse unos análisis, hay cosas que no están bien, tal vez el panorama es grave por eso le avisa a sus hermanos aunque ha quedado muy peleado desde el viaje y otros problemas posteriores. Los tres están sentados en sillas azules frente al consultorio del médico que va a dar un veredicto, el que normalmente se denomina diagnóstico y sirve para pronosticar una fecha, que en los demás puede ser un simple dato, pero en uno…

El libro al que ha arribado Yasmina Reza creo que se instala en un nuevo tipo de existencialismo, uno moderno, donde no es necesario matar un árabe para sufrir la condena. “Entre nosotros dejó un hueco azulado”, dice el narrador, porque Serge se ha puesto de pie para dejar la silla. Es la primera visión de su ausencia. Es extraordinario cómo una imagen, la de esa silla de plástico desocupada, puede recrear todo un libro. No podemos sino sentir piedad por lo que el médico le diga a Serge, aunque no hayamos aprendido a quererlo en las páginas leídas. 

En el final de “Arte” el cuadro sigue siendo un lienzo blanco sin atributos. Pero Marcos, que ha pasado por la obra teatral completa, ya alcanza a ver en ese vacío a “un hombre que atraviesa un espacio y desaparece”.

4.3.22

SERGE / YASMINA REZA

 “Marian me agota. Es la clase de chica con la que, en cuestión de un segundo, todo puede convertirse en un drama por nada, por una nimiedad. Una noche, después de una agradable cena en un restaurante, la acompañé a su casa en coche. Aún no había llegado al final de la calle, cuando me sonó el celular.

- ¡Me han atacado en el vestíbulo!

- ¿Cuándo?

- Ahora mismo.

- ¡Si acabo de dejarte!

- Has arrancado en cuanto he cerrado la puerta del coche.

- ¡¿Y te han atacado?!

- Ni siquiera has esperado a que entrara en el portal, y te has ido rajando como si tuvieras apuro.

- ¡Qué va!

- ¡Sí!

- Perdona, no me he fijado. Marion, ¿te han atacado o no?

- Eso es justamente lo que te echo en cara. Que no te fijas. Te da igual.

- Para nada.

- Aún no he abierto siquiera la puerta de calle y tú arrancas sin mirar. Me doy vuelta para decirte adiós con la mano ¡y lo único que veo es tu nuca a diez metros!

- Lo siento. No te vas a poner a llorar…

- Sí.

- ¿Ahora dónde estás?

- En el vestíbulo.

- ¿El agresor se ha ido?

- ¡Muy gracioso!

- Marion…

- ¿No te das cuenta de lo humillante que es? Una se da vuelta sonriente para decir adiós con un gesto cariñoso ¡y el tipo se ha largado sin mirarte, sin comprobar, y es lo mínimo en plena noche, que has llegado a tu casa sin contratiempos!

-  Tienes razón. Va, ahora sube a tu casa…

- ¡Aunque solo fuera por educación!

- Desde luego.

- ¡Dejamos el paquete y nos largamos!

- Tendría que haber esperado, es verdad.

- Y haberme dicho adiós con un gesto amable de la mano.

- Sí, haberte dicho adiós con un gesto amable de la mano, sí.

- Vuelve y hazlo.

- ¡Estoy en la place du Géneral-Houvier!

- Que vuelvas, no puedo subir y acostarme así.

- Marion, no seas infantil.

- Me da igual.

- Marion, acabo de perder a mi madre…

- ¡Ya está! ¡Bravo, lo estaba esperando! ¿Y eso qué tiene que ver?"

3.3.22

YASMINA REZA EN EL MALBA

 “El escritor es útil mientras escribe, pero inútil comentando lo que escribe.”

“Mis personajes no son políticamente correctos porque siempre que hablan en público es como si estuvieran en la intimidad. Nadie es políticamente correcto en la intimidad.”

“Serge es mirado a través de su hermano menor. La mirada del hermano menor está llena de admiración y de resentimiento.”

“A la gente le gustan los lugares siniestros para sentirse bien. El judío de Auschwitz no me representa. El judío no necesita a Auschwitz para ser judío.”

“Me gustan los hombres no tan educados, un poco salvajes. Me refiero tanto a la vida como a la literatura.”

“Hay gente que cuando cae revela toda la comedia de su existencia. No por eso se puede afirmar que la desgracia ilumine.”

“Una vez estuve en un cumpleaños de Sting en NYC. La novia le había regalado un concierto de gaitas, porque era lo que él escuchaba de niño. Cuando sentí esa orquesta sonando supe que la voz de Sting provenía de allí. En mi casa de París se hablaba ruso, húngaro, francés a veces. Tal vez mi propia voz provenga de la diáspora lingüística que escuchaba de niña.”

"Con frecuencia me preguntan: ¿cómo se las arregla en sus obras para hacer hablar a los hombres, a los viejos, a todos aquellos que no son ni serán como usted? Pero el otro, mi tormento, el otro, mi soledad, el que llena el mundo y me desespera al amanecer, no es un extraño. Soy yo, el abandonado, de la misma manera que son yo todos los abandonados con quienes él se cruza."