31.10.06

LIBROS Y REVISTAS RECIBIDAS

SUMMA + Nrs 80 y 81 (gracias a Fernando Diez y Tomás Powell); Decadencia, de Berkoff (gracias al TGSM); Los estantes vacíos, cuentos de Ignacio Molina, editorial Entropía, y Los últimos tres años, poemas de Jorge Fonderbrider (gracias a los autores); Ómnibus, de Elvio Gandolfo, Iterzona editora y Los pichiciegos, del gran Fogwill, también por Interzona (gracias Damián Tabarovsky y Fog); Aprender a escribir, de Alicia Steimberg (gracias Alicia y Mario Ezequiel Martínez, de Aguilar); SCALAE Nr. 9 (gracias Alberto Gorbatt); Revista ALT P Alternativa Periodística, Nrs 1 y 2(gracias Mariano Cuparo); Los asesinos tímidos (saludos a Juan José Burzi); Paisaje latinoamericano, (diploma, medalla y beso para Inés y para los de la editorial i+p).

Además, acabo de terminar un libro que me trajo de España mi amiga Nuria Carmena: “Las cosas que llevaban”, de Tim O´Brien. Estoy seguro de que es el libro de guerra más hermoso y emocionante que leí en mi vida (incluyendo en la lista a “Matadero cinco”, del GRAN Vonnegut). Por eso: gracias a Tim por escribirlo, a Elvio Gandolfo por la preciosa traducción, a Anagrama por sacarlo y a Nuri por tan bello regalo.

27.10.06

LO DIJO EDUARDO HOJMAN / ÁMBITO FINANCIERO

Si bien Playa quemada es el primer libro de Gustavo Nielsen, éste ya se había hecho conocido como ganador de cuanto concurso literario se presentara. La Primera Bienal de Arte Joven, el certamen del Concejo Deliberante y el Subsidio de la Fundación Antorchas son algunos de sus triunfos. Además, la calidad de su trabajo sumada a un buen empleo de las relaciones públicas lo situó en un lugar envidiado por cualquier escritor novel: el de autor inédito elogiado públicamente y apadrinado por, entre otros, Miguel Briante o Fogwill.
Los cuentos de Nielsen son, obviamente, del tipo de los que ganan concursos: perfectamente construidos, con una escritura llana y a la vez innovadora, con abundantes referencias literarias intertextuales y un armado muy preciso de climas y situaciones. Nielsen, además, arma sus cuentos con elementos bastante precisos: un clima histórico y meteorológico que, a la manera de la geografía dramática del cine, crea el tono exacto, y elementos pequeños y condensadores de la historia, que tienen en sí mismos una fuerte carga dramática.
De todas formas, lo más importante es que Nielsen no solamente escribe cuentos con la exactitud arquitectónica de un plano sino que, realmente, tiene algo que contar, lo que es una virtud bastante esquiva en la literatura contemporánea. Sus historias, trabajadas desde la extrañeza de lo fantástico y desde un uso muy cuidadoso de la perfección, sorprenden por su originalidad. Aquellos que conocen desde adentro la literatura de Nielsen se encuentran con otra sorpresa agradable: sus primeros cuentos, como Alucinantes caracoles (con una referencia a La intrusa de Borges, algo obvia) o Las fotos, esos que habían sorprendido a jurados variopintos, se ven superados en solidez y profundidad por los últimos, entre los que se destaca el impresionante Magalí.

Cuentos que saben contar, 10 de agosto de 1994.

26.10.06

ARQUITECTÓNIKA / PH URBANO


Arquitectonika invita a la inauguración del edificio PH10 y la exposición Arte Contemporáneo Argentino Adaptaciones Urbanas II, con obras de Fabi Barreda, Juan Doffo, Rosalía Maguid, Matilde Marín, Marino Santa María y Silvia Rivas. A las 20 horas en Alvarez Thomas y Dorrego.

25.10.06

LITERATURA

Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez van juntos a un Congreso de Literatura. En mitad del vuelo, el avión falla y comienza a caer irremediablemente. Van a morir. Entonces Vargas Llosa mira a su compañero de desgracia con lágrimas en los ojos y le hace la pregunta final:
- ¿Es verdad que te gusta Carlos Fuentes?

21.10.06

"ALUMNO: NO ESCRIBA EN LOS MÁRGENES".

Me lo decía la maestra de Primero B. En los márgenes, va solamente su apellido, o la fecha. Todavía no aprendí.

20.10.06

LO DIJO ALVARO ABÓS / REVISTA HUMOR

El arte del cuento ha sido propicio con la comarca rioplatense, que puede exhibir un panorama de maestros contemporáneos de la narración breve del calibre de Quiroga, Borges, Cortázar, Bioy Casares, Felisberto Hernández, Silvina Ocampo, Onetti. Un auténtico festival para lectores exigentes. En Argentina se escriben muchos cuentos, lo que tiene que ver con el auge de los talleres literarios, aunque no se publican tantos, porque el género suele ser desvalorizado por los editores, que alegan una supuesta preferencia del lector hacia la novela.
“Playa quemada”, de Gustavo Nielsen (Buenos Aires, 1962), es un libro de cuentos primerizo que viene precedido de una opinión flotante muy auspiciosa, avalada por algunos premios. Las siete narraciones demuestran ante todo que Nielsen tiene un ajustado dominio de su instrumento expresivo, un lenguaje muy actual hecho de cadencias alternadas por tiempos muertos y picos de tensión, una paleta hábil para crear atmósferas sugestivas. La tonalidad de esa paleta es francamente sombría, con pinceladas tenebristas. A veces, Nielsen es proclive a utilizar un recurso poco riguroso, la descripción de sueños, recurso que suele chirriar cuando se lo inserta en el discurso narrativo. Otras veces consigue delinear los climas ambiguos y ligeramente perversos que son el habitat de sus ficciones con elementos concretos que poseen mayor eficacia para la economía de la narración: hay una recurrencia a los cadáveres, a la ceguera, a un sexo con frecuencia desviado por las coartadas del incesto, la necrofilia o el voyeurismo.
Nielsen busca algo esencial en la buena ficción: una música propia, un tono característico y personal. En “Playa quemada”, esa música propia contiene una buena dosis de retórica, a veces de manierismo. Pero esto no es un defecto mayor, porque escribir ficción es construir un edificio que, además de capiteles y ojivas, esté apoyado en sólido cemento y vulgares ladrillos (la comparación viene a cuento porque el autor es, por cierto, arquitecto). “En literatura, lo importante son los detalles”, afirmaba Nabokov. Nielsen sabe insertarlos. Detalles, objetos, pequeñas cosas que van iluminando la narración, dotándola de sentidos: los caracoles en el primer relato, “Alucinantes caracoles”, sirven de contrapunto y comentario a una sutil trama amorosa. Cadáveres sumergidos en una bañera, en el cuento “Adentro y afuera”, sobre los avatares de un empleado de pompas fúnebres. Un rompecabezas concentra todo el relato “Tatuaje de cartón”. Las fotos son cruciales en el cuento de ese nombre y en “Magalí”. La lava, los cadáveres carbonizados, lo son en el cuento que da título al libro, un relato esencialmente visual, casi un ejercicio de naturaleza plástica.
Un cuento perfecto requiere, además de esa música, que la materia narraiva alcance el ensamblaje propio de un mecanismo de relojería. Atmósfera, trama y resolución deben conjugarse y realimentarse. Nielsen roza esa rara magia en dos cuentos: uno es “Las fotos”, que relata el viaje en un tren suburbano y la experiencia de ese microcosmos que es un vagón de gente apretujada. Es un cuento clásico, con la redondez y la contundencia de una naranja, cuya última línea reinterpreta el texto entero, forzando al lector a releerlo a la luz del inesperado remate.
Aún mejor es, a mi juicio, “Tatuaje de cartón”, de resonancias Onettianas: un aúltero regresa de un viaje trayendo un rompecabezas como regalo para su hijo. A medida que las piezas se van rearmando, irá emergiendo de manera ineluctable y feroz, una turbia historia pasada. Apenas sugerida, la trama es de una infinita crueldad y está escrita con la precisión de un engranaje

19.10.06

LO DIJO RODRIGO FRESÁN / PÁGINA 30

Playa quemada –volumen de relatos con varios premios en su solapa y debut de Gustavo Nielsen- ensaya diferentes posibilidades del espanto en tramas que lo acercan al primer Ian McEwan. El cuento que da nombre al libro es uno de los mejores cuentos fantásticos escritos en nuestro sobrenatural país.

17.10.06

CONCURSO DE NOVELA / BIBLIOTECA NACIONAL

La Biblioteca Nacional convoca a su Concurso de Novela 2006, para escritores argentinos y extranjeros residentes en el país, sin límite de edad. Se ha establecido un primer premio de $ 10.000.- y publicación del libro por Adriana Hidalgo Editora, y un segundo premio de $ 5.000.- Con un jurado de relevancia –a designar por el organismo- podrán participar obras de 150 a 300 páginas tamaño A4, en tres ejemplares encuadernados o anillados que podrán entregarse personalmente de 10 a 18 o por remitirse por correo a: "Concurso de Novela Biblioteca Nacional 2006", Agüero 2502, 1er. Piso (C1425EIB) Buenos Aires, hasta el 15 de diciembre de 2006. El fallo se dará a conocer en marzo de 2007. Las bases completas pueden retirarse en la sede de la Biblioteca Nacional o consultarse aquí.

13.10.06

LO DIJO DAMIÁN TABAROVSKY / LOS MONSTRUOS DE LA REALIDAD

(Clarín Cultura y Nación, 15 de setiembre de 1994)

El elogio de lo espontáneo y de lo vital como oposición a lo supustamente intelectual, frío y cerebral lleva, planteado en esos términos, a los lugares menos queridos. Las más de las veces se cae en algún tipo de populismo, en una especie de darwinismo de mercado donde el éxito como valor reemplaza a cualquier otro criterio de discusión estética. Gustavo Nielsen (Buenos Aires, 1962) supera este riesgo; su literatura se coloca en otro lugar. Nielsen no es un escritor anti-intelectual, es un escritor salvaje.
Los 7 cuentos que integran Playa quemada, su primer libro, son violentos, ásperos, por momentos crueles. La literatura de Nielsen es la escritura de lo inquietante: “¿Cómo flotan los muertos? Qué pregunta. Empujando con mis manos en el medio de la cabeza de este fraile (le digo fraile porque tiene un círculo sin pelo y bastante crecido a los costados), lo sumerjo hasta que desaparece. Los pelos que cubren sus orejas y la nuca expresan tímidamente el movimiento. Flotan con más tranquilidad que el resto del cuerpo, como diciendo ‘si nosotros tenemos cuerda para rato’. Cuando aflojo, el cuerpo vuelve a su posición inicial”.
Hay un viejo truco literario que consiste en colocar la vida en primer plano para describir lo monstruoso. Bajo la luz del microscopio, los objetos más neutros se deforman, se transforman y aparece lo horrible. Nielsen viene a decirnos que las cosas son de otro modo. Para ver lo monstruoso, lo deforme, lo terrible, ya no es necesario detenerse en el primer plano, en el esfuerzo microscópico; alcanza con mirar la vida de reojo, casi distraídamente. Sin hacer demasiado esfuerzo, el horror aparece. El horror no es el otro lado de la vida, es la vida misma.
Los presonajes se ocupan de lavar cadáveres, de humillar hasta el extremo a su novia ciega, de construir pactos secretos y siniestros con su hija mogólica. El incesto ronda en casi todos los cuentos. Y sin embargo, los textos de Nielsen no son perversos ni están escritos desde la transgresión. Ocurre, simplemente, que ya no existe en Nielsen ninguna idea de normalidad o de ley que pueda ser violada. No hay transgresión porque no existe idea alguna de límite.
El encanto de Playa quemada, eso que hace que Gustavo Nielsen no sea solo una “joven promesa”, sino un escritor realmente consumado, reside en esto: en la capacidad para instalarse en la pura negatividad. Nielsen escribe desde el tiempo del después de un triunfo, el de Genet, el de Klossowski, el de Bataille.
Es como si Nielsen viniese a responder la pregunta de Osvaldo Lamborghini: “¿No existe acaso lugarcito / en la vastedad llana del imperio / para escena crujida de arte irónico / pura befa y perfecta / perfectamente masoquista / hasta los dientes chirriar?”. Sí, contestaría Nielsen, en todas partes, a toda hora.

11.10.06

PREFACIO (ABORTADO) PARA LA SEGUNDA EDICIÓN

Escribí estos cuentos entre los 15 y los 25 años. El primero fue “Alucinantes caracoles”; el segundo, “Las fotos”. Con esos dos, más un esbozo de “Tatuaje de cartón”, que en aquellos tiempos se llamaba “Rojo”, gané la Bienal de Arte Joven del año 1989 y el certamen “La ciudad convoca a sus creadores”, organizado por el desaparecido Concejo Deliberante de la Municipalidad de Buenos Aires, en 1993. Esos dos premios me permitieron empezar a publicar. “Playa quemada”, mi primer libro, fue editado por primera vez en Alfaguara, en el año 1994.
Volver a leerlo me resultó una tarea extraña. Me sorprendió descubrirme como un joven que quería innovar en la forma. Cuando emprendí la corrección de estos cuentos sólo tenía un vago recuerdo de esa preocupación, y se centraba en el cambio de primera a tercera persona en el cuento de los caracoles, una reescritura de “La intrusa” de Borges. El cambio, para mi recuerdo, ocurría en el momento en que el título del maestro Borges se hacía ver. Y es así como debería haber sido. Sin embargo, el título estaba puesto en cualquier lado. Para preservar las intenciones del joven Nielsen, ahora lo escribí en su justo lugar.
Otra sorpresa fueron las tres personas que narran “El círculo de los ojos de Fabiana”. Y el paso brusco de cuento a diario en “Playa quemada”. Me había olvidado de esas complejidades forzadas. Hoy no los escribiría así. En el camino perdí la voluntad de innovar, reemplazándola (quiero creer) por la simplicidad del contar.
El dibujo de tapa de aquella edición de “Playa quemada” fue el primero que hice de una larga serie de tintas en blanco y negro y a color. Abrió en mí, sin querer, una motivación plástica que se hizo más valiosa y más compleja con el paso del tiempo. Los caracoles de la tapa que ilustran esta edición estuvieron expuestos en varias galerías de Buenos Aires.
Por último, y tal como lo hice en mi primera edición, repetí la dedicatoria este libro a mi abuela Pima, madre de mi mamá, a quien quise mucho. El estilo de un escritor puede cambiar a lo largo del tiempo, pero los afectos verdaderos perdurarán por siempre.

9.10.06

LOS CARACOLES DE LA TAPA

Los dibujé para la nueva tapa de Playa quemada que reeditó Interzona.
Quedó el azul, después de mucho trabajo por parte de Damián y el equipo de chicas (Marina, Julia, Cecilia y la diseñadora gráfica Paula). Gracias, gracias, gracias. A la paciencia normal que debe tener un editor para poder trabajar con escritores se une, en mi caso, una complicación adicional por ser quien hace, coordina y toma la última decisión en el arte de tapa. Y soy uno de esos densos que no se aguantan (en estos casos ni yo me aguanto, miren lo que les digo).

Muchas gracias también a Maxi Papandrea, editor que está al nivel de Florencia Verlasky, la formidable correctora de Alf.

In the tangerine gallery.

5.10.06

PLAYA QUEMADA / INTERZONA

Bueno, por fin está en la calle de nuevo. Corregido y con tapa recién estrenada. Gracias a Interzona: Marina Bissone, Julia Hacker y Damián Tabarovsky. Y también gracias a Fogwill, que les hinchó para que saliera. Para irlo paladeando (los que no lo hayan leído), pueden catarlo en la web de Clarín. O en un par de lugares de Mandarina (buscar entre mis blogs favoritos). "Las fotos" y "Adentro y afuera" pueden leerse allí. Más adelante publicaré uno más. El libro llega el viernes a todas las librerías del país, y vale veintipocos pesitos. Mañana subiré la tapa desplegada en grande; la semana que viene empezaré a colgar los ensayos de caracoles, el prólogo (que no fue) a la segunda edición y algunas críticas que salieron cuando el libro tocó la calle por primera vez, en 1994. La primera de ellas vio la luz en Cultura y Nación. Paradojicamente, su autor es el mismo Damián Tabarovsky que hoy me publica. Gracias, macho.

3.10.06

IGNACIO SANZ / ENFERMOS DE PATAGONIA

Las ruinas. Los románticos y las ruinas; cuando estudiaba bachillerato, lo recuerdo ahora, una de las características que se atribuía a los escritores románticos era su atracción por las ruinas, por los espacios que exhalaban un aire quejumbroso y decadente, como los propios escritores, esos poetas de mirada tristona, enfermos de tuberculosis, magnetizados por la fatalidad. A lo mejor yo no lo sabía entonces, no lo sé ahora, pero intuyo que he vivido en el centro germinal de una nueva tendencia creativa, un movimiento minoritario y semioculto integrado por escritores, fotógrafos, músicos, escultores, pintores, un movimiento al que los críticos del futuro van a llamar los Patagónicos, los enfermos de Patagonia. La propia palabra, ahora caigo en la cuenta, Pathos: dolor, en griego; y agonía: lo que precede a la muerte, podría describir ese estado melancólico, no sólo de la Patagonia argentina o chilena, sino de estas amplias comarcas olvidadas que, pese a sus bosques, se parecen cada vez más a un desierto, un desierto ahora lentamente ocupado por místicos de origen urbanita, artistas que se retiran, lejos de toda esa faramalla mediática que sanciona lo que es baladí y lo que tiene valor. Quizá ellos mismos, los artistas, no sospechan ni por asomo que pertenecen a ese movimiento que, inconscientemente, están integrados en él, que sus poemas, sus cuadros, sus composiciones y, sobre todo, su forma de vida, están recorridos por un sustrato de melancolía, por una mirada compasiva hacia tierras, pueblos y gentes en otro tiempo vitalistas, ahí están las iglesias o los palacios hablando de su esplendor, y que ahora, descalabros del tiempo, esas tierras, esos pueblos, esas gentes, asisten sin dramas a su propio acabamiento o, dicho con crudeza, a su muerte.