16.10.26
ME VOY AL FESTIVAL MULITA / ¡CHACO!
15.10.26
14.10.26
EN EL FESTIVAL MULITA / ¡CHACO!
13.10.26
12.10.26
9.10.26
VIGÉSIMO PRIMERA JORNADA CANÍBAL / CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN ESTUDIO
El miércoles a la noche estábamos en la vigilia del Nobel de literatura y, como Pablo también festeja Jalouin, aprovechó la volada y se vino con un par de manos de escritor cocinadas al horno con finas papas negras. La macumba intentó llevar las aguas hacia nuestra estrella distante César Aira, que ahora le salieron unas chicas argentinas a competir. Aunque él siempre será nuestro favorito, así como alguna vez lo fue Borges. De hecho, a una de las manos, la izquierda, la bautizamos Jorge. A la otra le pusimos Luis. Va foto del ritual y una segunda de la cortada.
Igual no sirvió porque lo ganó Anne Carson, una poeta que me
suena haber leído en Clínicas pasadas. Que Lili me desmienta si miento. Regamos
la jornada de horror y sano canibalismo con Luiyis Boscas malbecs y Salentines.
La amputación borgeana resultó riquísima; ¡te pasaste, Pabluchi! Literalmente,
para chupar(se) los dedos.
Presenté en escena a mi amigo Diego Barreda, escritor platense con dos novelas publicadas por Colihue: En el pantano y La Tesis Once. Leí un cuento de un libro todavía inédito que, si todo sale bien, aparecerá próximamente en la editorial Hugo Benjamín con prólogo mío y contratapa de Sandra Russo bajo el título optativo (pero sabroso) Licor de chocolate con almendras. El cuento en cuestión se titula Tramontina, es un policial costumbrista en el que un asesinato se resuelve sin resolverse. Barreda inventa un patrón nuevo a incluir en mi lista de patrones armadores de relatos, publicada originalmente en la revista de FILO Por el camino de Puán. Tendré que agregarlo. Cuando el libro de Diego vea la luz en la colección de Benjamín, voy a colgar Tramontina en este blog porque es digno de estudio. Una suerte de Fuenteovejuna nacional y popular. Dice Sandra:
“Leyendo los cuentos, la carta y el poema de Diego Barreda advertí que ha vuelto lo que nos sonaba a viejo antes de que llegara esta distopía global en la que estamos. La potencia de lucha de otra época, los 60 y los 70, se remodela para recordarnos que hubo generaciones que se jugaron la vida por una causa.
Diego Barreda trae un registro de esas décadas. Es tremendamente político, pero está ubicado ahí donde la política no se deja ver. En los sentimientos más íntimos, que son, por otra parte, el cimiento donde recostarse cuando algo sólido es imprescindible para la felicidad, la de cualquiera y la de todos.”
Coronamos la noche con el último cuento del libro que está armando Mariano. En Piedra Negra, el pueblo donde ocurren sus historias satánicas, te descuidás y los niños te morfan las manos. Ojo cuando choquen los cinco.
8.10.26
HERMANOS / RAÚL BRASCA
"Cuando la coexistencia se les hizo insostenible, dos hermanos muy competitivos llegaron a un acuerdo tácito pero inquebrantable: aquello en lo que uno de ellos triunfara quedaría vedado para el otro; eso evitaría toda comparación entre ambos. Más que un alivio, el pacto resultó una condena. En la carrera por apropiarse de los triunfos más gratificantes y las privaciones menos penosas, el que mostró primero ser más inteligente, relegó al otro a la estolidez y los trabajos rudos. Consecuentemente, cuando el bruto aunque apuesto ganó con las mujeres, el intelectual tuvo que inclinarse por los hombres. Pero replicó haciéndose muy rico, con lo que obligó al hermano a equivocarse en los negocios y arruinarse. No previó que tanta miseria haría que su rival deseara morir hasta lograrlo y que con ello le escamotearía el triunfo. Achacoso y cubierto de años, soporta aún la ruina de su cuerpo mientras clama por una muerte prohibida."
7.10.26
6.10.26
LA PARTICIPACIÓN DEL PÚBLICO / RAÚL BRASCA
"Cuando salió al escenario aquel famoso lanzador de cuchillos y pidió al público una ayudante, todas las muchachas levantaron la mano. La elegida se paró contra la placa de madera con los brazos en cruz y el lanzador preparó cinco cuchillos que lanzó con inaudita velocidad. Los dos primeros clavaron a la madera las manos de la muchacha; otros dos le cortaron las orejas con la precisión de un cirujano, y el quinto le atravesó limpiamente el corazón. El público aplaudió a rabiar, pero cuando el siguiente lanzador requirió también una asistente, las muchachas se hundieron en sus butacas procurando desaparecer. Sabían que era un principiante."
5.10.26
EL POZO / RAÚL BRASCA
"Hacía tres minutos que cavaba en la arena cuando el pozo le tragó la palita. Desconcertado, el chico miró a la madre. La mujer lo vio hundirse, corrió, alcanzó a tomarle las manos aterrada, y se hundió con él. Los otros bañistas aún no habían reaccionado y el pozo ya devoraba una sombrilla. Se miraron con estupor, vieron que ellos mismos convergían hacia allí, y por un instinto soterrado desde siempre que se acababa de revelar, intuyeron que no podían salvarse. Era tan natural como el ocaso: el mundo se revertía. Muchos trataron de huir, despacio, con la misma aprensión sin esperanza de los animales que buscan esconderse de la tormenta. Pero la arena se deslizaba más rápido y todos terminaron cayendo mansamente. A su turno, se derrumbaron en el pozo casas, ciudades, montañas. Del mismo modo que la mano invisible da vuelta la manga de una camisa, una fuerza poderosa arrastraba hacia dentro la piel del mundo poniéndolo del revés. Y cuando los últimos retazos desflecados de mares y tierras fueron engullidos, el pozo se consumió a sí mismo. No dejó siquiera un hueco fugaz en el espacio, tan sólo quedó el vacío, homogéneo y silencioso, la inapelable evidencia de que el mundo había sido el revés de la nada."
2.10.26
VIGÉSIMA JORNADA DE LA CLÍNICA / ¡MISIÓN FOCACCIA!
La mano que llena la copa. El fiambre que completa la focaccia. Las pastitas que empapan la miga. Había practicado, lo juro, para tener la mejor focaccia de Buenos Aires en Roseti y Dorrego. Pero las dos veces anteriores había hidratado al cincuenta por ciento, lo que significa medio litro de agua para medio kilo de harina de fuerza (y es casi amasable). Entonces salió perfectuá. Y esta vez me dieron ganas de hacerlo al cien por ciento. Miré varios tutoriales y lo vi muy difícil, una especie de acrobacia de espátulas para intentar manejar una masa inmanejable. Opté por agregarle unos chorros adicionales al medio litro, con lo que perdí la noción de los pesajes exactos y me fui al pasto en el aireado. Volantazos a último momento no deberías hacer, Nil (siempre lo mismo). Pero la dejé levando en la heladera unas 28 horas y cuando la metí al horno llena de burbujas quedó crocante por afuera, mullida por adentro. Tengo suerte para la improvisación. Tuvimos suerte todos, graciadió. Hubo alioli, muhammara, hummus, pasta de aceitunas, guacamole y crema de verdeo. Pastrón, jamón cocido, salame de Milán, leverwurst y Tybo en fetas. Luiyi Bosca en la copa que llenó la mano. Continuará…
Leímos el cuento de Spencer Holst que les debía, uno que
podría lo más bien integrar aquella antología de terror que Elvio Gandolfo y
Samuel Wolpin reunieron para De la Flor en 1974: “45 cuentos siniestros”. “El
copista de música” podría fácilmente ser el número 46. Tiene algo de “Los
gemelos”, de Luis Couperus, o de “El espectáculo comienza cuando usted llega”
de Roland Topor. Todos los demás cuentos del libro de Holst se van un poco por
las ramas y Holst es el que más lo disfruta. Soy partidario de la búsqueda y
del azar, pero también soy un fundamentalista de la corrección. Me gusta este
textito de Mauricio Kartun para descifrar el momento alegre del escribir:
“La escritura es una búsqueda. El escritor nunca sabe con
exactitud lo que quiere, lo encuentra escribiendo. Esa es la paradoja. Si yo
tuviera la certeza absoluta de qué es lo que quiero, lo escribiría tal cual, y
el resultado, sin sorpresas, sería puro trámite, burocracia. No sería escribir,
sería escriturar. No puedo saber qué quiero porque la gran virtud de una
escritura, al menos como yo la concibo, está en su originalidad, en su
condición de descubrimiento. Por lo tanto, no sé qué es lo que voy a escribir,
pero sí sé lo que no.”
La cita aparece porque estuvimos picoteando teoría del libro “Crear”,
recientemente editado por Ediciones Godot. Aquí hice una reseña para La Agenda
Revista, pasen y lean.
Tuvimos algunas microficciones de Fabiana, casi todas
exactas y cerraditas. Hubo solamente discusión con tres, a la que a mi gusto les sobraban palabras. Pero las que son buenas, son buenísimas. Va un botón de
muestra:
Era la primera vez que estaba en esa casa. No conocía a nadie. Festejaban alguna cosa. Él tenía cuatro años. Había ido con su papá, que ya estaba borracho y hablaba a los gritos como tantas otras veces. Se acercó y empezó a tironearle del buzo, una vez y otra vez. Su papá reía a carcajadas sin notar su urgencia. De pronto, el silencio: todos miraban el charquito bajo sus pies.
Para terminar leyó Alberto, en tono de comedia de Mark Twain: “Y el viento los amontona”. Lili y Pablo desplegaron la mesa de dulces y nos lanzamos a la gula.
1.10.26
PERPLEJIDAD / RAÚL BRASCA
"La cierva pasta con sus crías. El león se arroja sobre la cierva, que logra huir. El cazador sorprende al león y a la cierva en su carrera y prepara el fusil. Piensa: si mato al león tendré un buen trofeo, pero si mato a la cierva tendré trofeo y podré comerme su exquisita pata a la cazadora.
De golpe, algo ha sobrecogido
a la cierva. Piensa: si el león no me alcanza ¿volverá y se comerá a mis
hijos?. Precisamente el león está pensando: ¿para qué me canso con la madre
cuando, sin ningún esfuerzo, podría comerme a las crías?.
Cierva, león y cazador se han
detenido simultáneamente. Desconcertados, se miran. No saben que, por una
coincidencia sumamente improbable, participan de un instante de perplejidad
universal. Peces suspendidos a media agua, aves quietas como colgadas del
cielo, todo ser animado que habita sobre
Es el único, brevísimo hueco
que se ha producido en la historia del mundo. Con el disparo del cazador se
reanuda la vida."
30.9.26
29.9.26
28.9.26
25.9.26
GRAN VISITA EN LA CLÍNICA DEL GALPÓN ESTUDIO / DECIMONOVENA JORNADA
Entre un
simposio sobre microrrelatos en Chile y el próximo congreso mundial de
microficción en Grecia, donde cierra el evento con un discurso hecho a medida,
mi amigo Raúl Brasca se hizo un tiempito para venir a la Clínica de cuentos del
Galpón, y brilló. A Brasca lo conozco desde que hacíamos “Maniático Textual”
junto a la escritora Cristina Fernández Barragán. Y aquí paro un minuto la
crónica para dar una noticia maravillosa: esta semana presenté la colección
completa de “Maniático” a Ahira, y me la aceptaron para su escaneo y
publicación. Fue una gran revista, que se vendió durante la misma época de “V
de Vian” (la de Sergio Olguín, que ya puede leerse en los archivos). No vamos a salir de pobres, pero sí de la cueva. Brasca tendrá que hacer el
epígrafe de la colección de diez números, del cero al nueve. La publicación dejó
de existir porque Cristina falleció, no porque nos fuera mal ni porque nos
hubiéramos quedado sin ideas. Ella manejaba los avisos, ponía la guita que
faltaba, contrataba todos los servicios y la redacción era su departamento en
Recoleta. Snif, quise mucho a esa señora hermosa. Cuando los de Ahira hayan
terminado su trabajo publicaré el link en la Milanga y seguramente haremos
algún acto con champán-choripán junto a Raúl y las ahiras.
Brasca se ha
dedicado a las microficciones. Si Ani Shua es la reina, según los españoles,
después de lo que vimos este miércoles declaramos a Brasca nuestro rey
indiscutido en el tema. Sus cuentos son divertidos, ingeniosos y, sobre
todo, didácticos. Y a los cuentos hay que sumarle la teoría: todas las
charlas que posteé estas últimas dos semanas más dos libros: “Cuando el
silencio toma la palabra”, de la editorial peruana Micrópolis y “Leamos el
silencio”, que trae cien ficciones analizadas con el microscopio extraordinario
que Brasca tiene. Como el primero no se consigue, tuvo la amabilidad de dejarlo
de regalo. El otro es de editorial Luvina, está ahora en librerías. Recomiendo
su compra, lo hojeamos anoche y es buenísimo. Van las tapas:
Así que esta
vez, además de invitar a un capo, pude volver a hablar con un amigo -y a
reírme, fue todo muy amable y relajado- mientras tomábamos ricos vinos y
comíamos mis empanadas primero, turrón turco de Alberto después. Y algunas otras
delicias con dulce de leche y cobertura de chocolate que administró Lili.
Alto gol el
que pegamos este miércoles. Brasca estuvo genial.
Gracias,
querido, y que tengas un memorable viaje a Atenas.
24.9.26
KARTUN TIENE OTRO KARTING
“Si puedo instalar en un personaje la convivencia entre el miedo a ser odiado y la necesidad compulsiva de ser querido, el resultado va a ser dialéctico y voy a ver un ser vivo”. Esto es un Kartun legítimo. Nos está hablando de un personaje de sus ficciones teatrales expresándose en un escenario. Don Mauricio nos está diciendo cómo hace para que ese engendro que salió de su fantástica cabeza tenga posibles rasgos similares con la persona que te acompaña. “No sabemos cuáles son las fuerzas que se oponen en su interior, pero en su comportamiento percibimos sus luchas internas”. Tomá mate. Y enseña cómo lo hace.
La editorial Godot viene publicando unos libritos teóricos
sobre la creación literaria que son pequeñas joyas. Hace un tiempo comenté uno
aquí en La Agenda, el de Liliana Heker, titulado “Intimidad de un oficio”,
donde habla de su infancia y de sus primeros cuentos (pueden leer la nota en Transmitir
un oficio - La Agenda Revista). También hay un libro de Juan Forn que no
pude hojear todavía, pero por el título debe tener que ver con sus tremendas
contratapas en Página 12 (esta es una deducción que saco a partir del título:
“Cómo me hice viernes”). Este de Kartun del que extraje la cita, uno de
Agustina Bazterrica, “Literatura o muerte” y, el último en aparecer, de Diego
Muzzio: “Fiel a mi demonio”.
Consulté con el señor Godot sobre las próximas publicaciones
y me adelantó que ya tienen contratados dos libros más: uno de Francisco Mouat,
de Chile, y otro del Gran Pescetti.
Así vale la pena seguir esperando.
¿Me
repite la pregunta?
Uno de los riesgos que podían darse en este pequeñísimo pero
fundamental libro de Kartun era la repetición. Kartun es un tipo con un
ejército de fans (me declaro uno de ellos) que asisten varias veces a cada una
de sus obras, después o en el medio leen los textos de dramaturgia hasta casi
sabérselos de memoria, y me gustan sus talleres. No es un aprendizaje textual
como lo haría un actor, sino que te van quedando frases pegadas y las repetís. Fui
a uno de sus seminarios y dejé también una crónica por acá, Kartun
tiene un karting - La Agenda Revista. Y cada vez que voy al Tigre a pasear
voy al Tigris, a un recreo del Tigris, para darle espesor místico (la
ocurrencia corresponde al Abelito de “Terrenal, pequeño misterio ácrata”). O,
cuando nostálgicamente hablamos de la clase media, a veces se nos cuela (a mí
se me cuela siempre) el “quincho, Pelopincho”. La mejor definición de la clase
media está en los límites de sus placeres alcanzados, en el que quincho y
Pelopincho parece ser el más simpático lugar de llegada de su -nuestra-
sencilla felicidad. Esas palabras están en mis citas orales, las digo muchas
veces, como dice Kartun… Supongo que es un modo de entrar en la memoria
colectiva de una ciudad, como pasó con mil frases que recuerdo y digo de la
tira de Quino (la taradita de Muriel de Susa, por ejemplo, destinada a
desacreditar a la vecina nueva de la que Felipe está enamorado, o el ¿Nozotroz
piolaz? que Guille le dice a la mamá cuando se entera de que Mafalda se
pasa medio día en el colegio y el papá tiene que ir a trabajar hasta la noche).
O de Les Luthiers -esos sí que tienen miles. Y esos miles de frases ya están
definitivamente instaladas en el habla de los porteños. Si ponen “frases
célebres de Les Luthiers” en el buscador se van a reír un rato largo. Y a
sorprender: las genialidades “todo tiempo pasado fue anterior”, “el amor eterno
dura aproximadamente tres meses” y “de cada diez personas que miran la
televisión, cinco son la mitad” son miniaturas de los espectáculos que alguna
vez vimos. Y si no son, se las atribuyen a ellos. No extrañaría que más frases
de Mauricio Kartun terminen resultando, en menor medida, tal vez como sucede
con el caso Quino, parte del habla cotidiana.
Volviendo a lo que quería decirles sobre este libro del
maestro, titulado “Crear”: casi no se repite. No repite cosas dichas en sus
seminarios y reportajes, intenta cuidar al lector de todo lo escuchado por ahí.
Y se pone un poco académico. Pero poco. Veamos.
A Crear, creadores
El libro se compone de tres partes: una primera aclaración o
nota editorial en donde los editores explican cómo llegaron a publicarlo. La
colección se llama Íntima y desde el comienzo lo querían sumar en su
condición de educador popular. La trayectoria de Mauricio les interesaba por su
multiplicidad: es cuentista, dramaturgo, director y montador de sus obras en
todos los aspectos, desde cómo organizar la inteligencia para desarrollarlas
(vive con nosotros en Argentina, nadie le regala nada) hasta su proceso de
seguimiento al pie del escenario durante los ¡años! que sus maravillas
permanecen en cartel. Parece que les contó en cuatro encuentros cómo funcionaba
su modelo para escribirlas y ellos quedaron encantados con el nivel de detalle
y claridad. Lo grabaron, lo pasaron en limpio, el texto fue y vino varias veces
hasta que estuvo limpio. ¿Con la tecnología de hoy se puede escribir un librazo
sin tener tiempo? A mí no me sale. A Kartun, sí.
Los cuatro momentos que describe en los capítulos siguientes
son Semilla, Acopio, Improvisación imaginaria y, el más profuso, Corrección.
Con esto cubrimos la segunda parte. Sus recomendaciones o simples exposiciones
de sus experiencias sirven tanto a un novelista como a un escritor de obras de
teatro. La tercera parte del libro, La creación de los personajes, está especialmente
dirigida a los dramaturgos.
El libro va alternando comparaciones con definiciones
etimológicas y procesos personales. Todas las comparaciones funcionan cuando se
autodefinen amorosas. Por ejemplo:
“El nacimiento de un nuevo proyecto tiene siempre algo
erótico, algo del deseo amoroso, una atracción súbita desde lugares impensados.
De pronto, alguien a quien no esperaba conocer me ocupa la cabeza. Me
entusiasmo con la aparición de una percepción, que siempre es una imagen, algo
incompleto, algo para completar. Y para comprender. Justamente eso que falta es
lo que atrae y lo que crea el flujo de nuevas imágenes. Imaginar no es otra
cosa que transformar imágenes en un flujo constante.”
Y funcionan peor cuando comparan la creación con una obra de
albañilería y pintura, o de arquitectura. No puedo decir solamente obra porque
la palabra designa también a las puestas teatrales; no puedo llamarlas construcción
de una obra por el mismo motivo. Y, sí, a lo mejor soy yo como arquitecto
que lo estoy leyendo más flojito en estos instantes comparativos; el lector que
no lo sea es probable que ni advierta la diferencia. Mala mía.
Otro problema personal que traigo incorporado. Las
definiciones tipo diccionario siempre me hacen recordar a Mariano Grondona, un
periodista abogado que trabajaba en la época de los milicos junto al oprobioso
Neustad. Tal vez de ahí venga mi rechazo automático a este modo de explicar
algo. “La palabra relato no es otra cosa que el desarrollo de aquella raíz relatio,
relación, una cosa que se relaciona con otra y con otra y con otra”. O: “La
palabra figura tiene un origen muy pertinente y muy perturbador, que es fingere,
fingir”. Hay cantidad de estas explicaciones en el libro. Acá Mauricio se pone
serio y el académico de fuste le queda un poco incómodo. Pero por suerte la
profusión de búsqueda de raíces ni dificulta la lectura, ni la apaga. Al final
gana por afano la espontaneidad y el modo directo, casi oral, de sus
exposiciones públicas. Y el libro termina redondito. Satisface, enseña y
divierte. Perfecto para su uso en talleres literarios y búsquedas analógicas
para saber por qué uno escribe y seguirá escribiendo.
Bien lejos de la IA y de tiktokes.
23.9.26
RAÚL BRASCA / DECÁLOGO DEL BUEN MICROFICCIONISTA
1) No te ajustes a definición alguna, la microficción no ha sido aun domesticada, pero lee mucho y bueno para vislumbrar de qué se trata.
2) Dispones solo de dos materiales: las palabras y el silencio, y debes
lograr que ambos sean igualmente significativos.
3) Esfuérzate por escribir con la menor cantidad de palabras y la mayor
cantidad de silencio, pero asegúrate de que tu microficción contiene las claves
imprescindibles para ser comprendida. Si has logrado eso, detente: considera al
lector tan inteligente como tú.
4) Cuida la calidad de tus palabras, la arquitectura y la música de tu
microficción. Mucho más que la novela y el cuento, y casi tanto como el poema,
la microficción alcanza su potencia por medio de la forma.
5) Cuida la calidad de tu silencio, si es elemental y falto de
sustancia, tu microficción será una pieza menor que decepcionará a los buenos
lectores.
6) Si has cumplido con los puntos anteriores, despreocúpate del final
pero preocúpate por la última línea. El final es el sentido y lo produce el
lector, pero tu última línea debe habilitarlo para que lo haga.
7) Si tu microficción contiene una historia, cuídate del resumen.
Ninguna buena microficción es el esquema de una historia, ni siquiera lo
esencial de ella. Un detalle objetivamente trivial pero cargado de significado
por el autor, dice más y mejor que la prolija enumeración de los hechos.
8) Si tu microficción es humorística, cuídate de la simpleza del chiste.
El silencio del chiste es elemental: se agota en permitir el equívoco y tiene
como única finalidad esconder un sentido de efecto risible. El silencio de la
microficción humorística no tiene por qué ser menos sustancioso y complejo que
el de las que no lo son.
9) Confía en tu impulso creador. Todas las microficciones hijas de un
mismo impulso creador, por heterogéneas que parezcan, pertenecerán a una misma
familia. No dejes que te las impugnen, porque en la variedad está su riqueza.
10) Desconfía de los sabihondos que escriben decálogos. En general, los
decálogos sirven solamente para publicitar la poética de quienes los
escribieron.
22.9.26
MONA LISA ENCUENTRA A BUDA / SPENCER HOLST
“Ahí arriba, en el cielo, las cortinas ondularon, las cortinas ondularon, las cortinas ondularon y Mona Lisa entró por un extremo de una pequeña sala en la que colgaban muchas cortinas.
Allá arriba, en el cielo, las cortinas ondularon, ondularon,
ondularon, y el Buda entró en la sala por el otro extremo.
Se sonrieron.”
21.9.26
LA CEBRA CUENTISTA / SPENCER HOLST
“Hubo una vez un gato de Siam que pretendía ser un león y que chapurreaba el cebraico.
Este idioma es relinchado por la raza de caballos africanos
a rayas.
He aquí lo que sucede: una cebra inocente está caminando por
la jungla y por el otro lado se aproxima el gatito; ambos se encuentran.
“¡Hola! -dice el gato siamés en cebraico pronunciado a la
perfección-. Realmente es un lindo día, ¿no? ¡El sol brilla, los pájaros cantan,
el mundo es hoy un hermoso lugar para vivir!”
La cebra se asombra tanto de escuchar a un gato siamés que
habla como una cebra, que queda en condiciones de ser maniatado.
De modo que el gatito rápidamente la ata, la asesina y
arrastra los despojos mejores a su guarida.
El gato cazó cabras con éxito durante muchos meses de esta
manera, saboreando filet mignon de cebra cada noche, y con los mejores cueros
se hizo corbatas de moño y cinturones anchos, a la moda de los decadentes príncipes
de la Antigua Corte de Siam.
Empezó a vanagloriarse ante sus amigos de ser un león y como
prueba les ofrecía el hecho de que cazaba cebras.
Los delicados hocicos de las cebras les advirtieron que en
realidad no había león alguno en las cercanías. Las muertes de cebras
provocaron que muchas de estas soslayaran la región, Supersticiosas,
resolvieron que la selva estaba hechizada por el espíritu de un león.
Un día, la cebra cuentista deambulaba por ahí, y en su mente
se cruzaban argumentos de historias para divertir a las otras cebras, cuando
repentinamente sus ojos se iluminaron y exclamó: “¡Eso es! ¡Contaré la historia
de un gato siamés que aprende a hablar en nuestro idioma! ¡Qué historia! ¡Esto
las hará reír!”
En ese preciso momento apareció ante ella el gato siamés y
le dijo: “¡Hola! ¡Qué lindo día es hoy! ¿No es cierto?”
La cebra cuentista no quedó en condiciones de ser atrapada
al escuchar un gato que hablaba su idioma, porque había estado pensando
justamente en eso.
Miró fijamente al gato y, sin saber por qué, hubo algo en su
aspecto que no le gustó, de modo que le dio una coz y lo mató.
Tal es la función del cuentista.”



















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