9.10.26

VIGÉSIMO PRIMERA JORNADA CANÍBAL / CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN ESTUDIO

El miércoles a la noche estábamos en la vigilia del Nobel de literatura y, como Pablo también festeja Jalouin, aprovechó la volada y se vino con un par de manos de escritor cocinadas al horno con finas papas negras. La macumba intentó llevar las aguas hacia nuestra estrella distante César Aira, que ahora le salieron unas chicas argentinas a competir. Aunque él siempre será nuestro favorito, así como alguna vez lo fue Borges. De hecho, a una de las manos, la izquierda, la bautizamos Jorge. A la otra le pusimos Luis. Va foto del ritual y una segunda de la cortada.


 

Igual no sirvió porque lo ganó Anne Carson, una poeta que me suena haber leído en Clínicas pasadas. Que Lili me desmienta si miento. Regamos la jornada de horror y sano canibalismo con Luiyis Boscas malbecs y Salentines. La amputación borgeana resultó riquísima; ¡te pasaste, Pabluchi! Literalmente, para chupar(se) los dedos.

Presenté en escena a mi amigo Diego Barreda, escritor platense con dos novelas publicadas por Colihue: En el pantano y La Tesis Once. Leí un cuento de un libro todavía inédito que, si todo sale bien, aparecerá próximamente en la editorial Hugo Benjamín con prólogo mío y contratapa de Sandra Russo bajo el título optativo (pero sabroso) Licor de chocolate con almendras. El cuento en cuestión se titula Tramontina, es un policial costumbrista en el que un asesinato se resuelve sin resolverse. Barreda inventa un patrón nuevo a incluir en mi lista de patrones armadores de relatos, publicada originalmente en la revista de FILO Por el camino de Puán. Tendré que agregarlo. Cuando el libro de Diego vea la luz en la colección de Benjamín, voy a colgar Tramontina en este blog porque es digno de estudio. Una suerte de Fuenteovejuna nacional y popular. Dice Sandra: 

“Leyendo los cuentos, la carta y el poema de Diego Barreda advertí que ha vuelto lo que nos sonaba a viejo antes de que llegara esta distopía global en la que estamos. La potencia de lucha de otra época, los 60 y los 70, se remodela para recordarnos que hubo generaciones que se jugaron la vida por una causa.

Diego Barreda trae un registro de esas décadas. Es tremendamente político, pero está ubicado ahí donde la política no se deja ver. En los sentimientos más íntimos, que son, por otra parte, el cimiento donde recostarse cuando algo sólido es imprescindible para la felicidad, la de cualquiera y la de todos.”

Coronamos la noche con el último cuento del libro que está armando Mariano. En Piedra Negra, el pueblo donde ocurren sus historias satánicas, te descuidás y los niños te morfan las manos. Ojo cuando saluden.

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