26.11.21

EL SENTIDO OLVIDADO / PABLO MAURETTE

 “Que el tacto completa la experiencia estética de una estatua es una obviedad y que existe una cierta vida de las estatuas es una sospecha que muchos hemos tenido alguna vez. La estatua evoca el acto de existir e imita la vida misma porque impone su existencia y habita un espacio efectivamente tridimensional. Así como la escultura es la más táctil de las artes, la pintura y la fotografía parecieran ser patrimonio de la vista. La música, del oído. El cine, de ambos. Con la literatura, sin embargo, sucede algo especial. El filtro obligado de la vista o del oído (o de las yemas de los dedos) por el que entra el lenguaje literario pareciera ser nomás que esto: un vehículo, un medio, y no el espacio mismo donde se produce el goce estético. A simple vista pareciera que el lenguaje literario, para poder lograr el efecto estético, debería trascender los sentidos y desembocar en esa especie de sistema lacustre que forman, en nuestra interioridad, la fantasía, la imaginación, la memoria, la razón, el intelecto y demás facultades sinápticas. Si así fuese, la literatura sería la menos sensorial de las artes y, sin embargo, no es así. De hecho, es tan sensorial como aquellas más estrechamente ligadas al mecanismo de los distintos sentidos, pues la apreciación estética es, al fin y al cabo, un fenómeno afectivo que se manifiesta de manera háptica. Así como hay imágenes que ingresan por la vista y melodías que entran por el oído y nos afectan profundamente, algunas páginas, algunos versos, algunas palabras producen en nosotros algo que sería absurdo no reconocer como háptico. El súmmum del efecto artístico es la sensación de ser tocado, afectado, conmovido por la obra de arte. Todos los sentidos de la exterocepción funcionan como vehículos para que se produzca el efecto estético, y la aspiración máxima de toda obra de arte es cobrar vida como la estatua de Pigmalión en un momento inefable de conexión afectiva con otro: cobrar vida es imponerse como forma de existencia que es capaz de tocar y de ser tocada, que reclama para sí un espacio tangible, que tiene capacidad de contundencia.

Del mismo modo que la cámara de Sokurov acaricia la estatua sin manos, nos toca un verso de Homero o uno de Lucrecio, una frase de Borges, un párrafo de Flaubert. Se trata de un tocar a la distancia, de una tocar afectivo, de un tocar háptico. Y si la literatura logra esto es porque en el lenguaje mismo, en la madeja de forma y contenido que constituye cada pieza literaria, se manifiesta lo háptico.”

25.11.21

“EN PEDAZOS”, ENSAYOS SOBRE EL TACTO / PABLO MAURETTE

  “En el invierno de 1904-1905, en Beijing, un guardaespaldas de nombre Fuzhuli fue acusado de matar a su patrón, un príncipe mongol, con una cuchilla de carnicero. El castigo que imponía el código Qing para un crimen de tal gravedad (magnicidios, parricidios, matricidios y otros “enormicidios”) era la infame ejecución por lingchi, practicada en China desde los tiempos de la dinastía Liao (siglo X). El lingchi, traducido comúnmente como “muerte por mil cortes”, consistía en atar al condenado a un poste y cortarlo en pedazos. Aquella mañana de invierno en el mercado de verduras de Beijing, ante una multitud silenciosa, el verdugo comenzó rebanando grandes tajadas de carne del pecho, de los bíceps y de los muslos de Fuzhuli para luego descuartizarlo y, finalmente, decapitarlo. Una vez finalizado el proceso, el verdugo pronunció la fórmula de rigor: “Sha ren le” (“Esta persona ha sido ejecutada”). No se trataba de una tortura interminable; la faena solía durar pocos minutos y normalmente el verdugo, luego de hacer un par de tajos, acuchillaba al condenado en el corazón para poner fin al suplicio. Contrariamente a lo que eligió creer la escandalizada Europa, los cortes no eran mil; apenas llegaban a cincuenta. Era también costumbre proporcionarle al reo grandes cantidades de opio a fin de que no sufriese. Poco después de la ejecución de Fuzhuli, que fue fotografiada y divulgada en Europa gracias al libro de Louis Carpeaux (y luego gracias al morbo esteticista de Georges Bataille en Las lágrimas de eros), China abolió el lingchi.

A diferencia de lo que eligieron creer cronistas noruegos, ingleses, franceses y españoles que presenciaron ejecuciones de este tipo y se fascinaron con la idea de la “tortura china”, el propósito del lingchi no era infligir sufrimiento inhumano, sino despedazar. El lingchi era la forma de ejecución reservada para los crímenes más aberrantes según el código penal chino porque su fin era deshacer lo que una sinóloga e historiadora jurídica llamó la “integridad somática”. El cuerpo humano es un conjunto de partes, miembros, órganos, músculos, tendones, etcétera, que conforman una unidad orgánica. Le percepción de esta organicidad se debe en gran medida a la propiocepción, una de las variedades de lo háptico. El ser humano se percibe como una sumatoria de partes, pero esta percepción está garantizada por una experiencia primordial subyacente: la experiencia de ser una unidad indivisible e inalienable. El lingchi es un atentado contra esta experiencia primordial. El lingchi revela que esta experiencia no es más que una creencia, un acto de fe. El proceso de despedazamiento pone en evidencia la verdadera naturaleza del cuerpo -divisible, frágil y contingente-, al convertir a la persona, al “ser humano”, en una pila de trozos de carne. El hecho de que al condenado se le proporcionase opio para anestesiarlo vuelve al proceso aún más revelador. Protegido por la magia narcótica y analgésica de la amapola, Fuzhuli se vuelve insensible al martirio: es intangible. Antes de que el verdugo haga el primer corte, Fuzhuli ya ha dejado de ser un cuerpo sensible para volverse un cúmulo de carne a fraccionar. El tacto es el único sentido que no podemos perder, porque perderlo significa dejar de ser persona para volverse carne. Fuzhuli alucinado y atado a un palo es como el cadáver en la mesa del teatro anatómico: un espectáculo didáctico. Quien observa la ejecución, quien observa la facilidad y la velocidad con que una persona es reducida a un montón de colgajos de carne vuelve a su casa, no solo con un brutal memento mori, sino habiendo aprendido una valiosa lección acerca de las verdaderas leyes que rigen la vida del hombre: las leyes de la física. Si todo es cuerpo y el cuerpo es, fundamentalmente, divisible, lo que queda son pedazos y texturas.”

19.11.21

ANACRONISMO / PAULS

 “Tal vez leer sea la última práctica continua que quede en el mundo. Hay otras -la música, por ejemplo-, pero ninguna que haga de la continuidad una razón de ser tan despótica como la lectura. Leer es someterse a un imperio extinto: el imperio de lo lineal. Imposibilidad de abreviar, tomar atajos, skipear (sin poner en peligro, desde luego, la comprensión de lo que se lee). Si la lectura es hoy una gran práctica anacrónica -la otra es el teatro- es precisamente por la insolencia, la desfachatez, incluso la provocativa ingenuidad con que exhibe los blasones de una cultura del encadenamiento, la secuencia, el paso a paso, en un estado de cosas cuyas monedas de cambio son la simultaneidad y el montaje. De ahí la evidencia que Silvio Astier, protagonista de El juguete rabioso, conoce de primera mano: el enemigo número uno del leer no es una actividad rival, no son las prácticas de trabajo o de ocio candidatas a reemplazar a la lectura; el enemigo del leer es la interrupción, esa iniquidad que la jerga lectora, reprimiendo un furor volcánico, expresa con una frase que es un modelo de civilización: “Levanté los ojos…” (Y quien lee sabe qué gigantesca es la masa de odio que palpita en el fondo de esos ojos obligados a apartarse de la página que leer…) “Silvio, es necesario que trabajes”, le dice la madre a Astier. “Yo, que leía un libro junto a la mesa, levanté los ojos mirándola con rencor”.

Con todas esas prácticas rivales la literatura podría competir, pecharse, incluso negociar; con la interrupción no hay posibilidad alguna de comercio. Lo que obliga al lector a levantar los ojos hiere de muerte a la lectura, pero es a la vez y por lo tanto, su horizonte último, un poco como la muerte es al mismo tiempo límite y condición de los relatos de Sherezade en Las mil y una noches. Todo niño lector ha pasado por ese calvario: la misma voz materna que alguna vez vibró en la oscuridad sembrando el veneno de la lectura es la que pretende ahora imponer la peor de las infamias: parar de leer (para ir a comer, para bañarse, para hacer los deberes, para ordenar la pieza). Se lee, pues, contra la interrupción -y la lectura tiene allí el valor de una espera, esa suspensión en la que Blanchot reconocía la respuesta del lenguaje a su propia anomalía. Como un ejercicio de tantrismo descabellado, leer es extender, prolongar, dilatar al máximo una duración condenada de antemano.”

18.11.21

ACERTAR / ALAN PAULS

 "Contrapeso mezquino de la doctrina del abuso, se ensalza a menudo la puntería como virtud suprema de la lectura. Como si leer bien fuera acertar. Supongamos que sí, pero ¿acertar a qué? ¿En el centro de qué blanco dan las lecturas que se jactan de poner la bala donde ponen el ojo? No en el del sentido, en todo caso, en la medida en que el sentido no es un punto quieto -la presa que una mira telescópica congela por el mero hecho de apuntarle- sino un rastro o una sombra, algo que no existe antes, ni siquiera en el antes del deseo del cazador, algo que nace y se hace y deshace en el encuentro entre un texto y el deseo de leer."

15.11.21

CONTESTÉ EL CUESTIONARIO SOBRE LITERATURA DE TERROR / LOS ASESINOS TÍMIDOS

 A-Se suele menospreciar a la literatura de terror, se la toma como una literatura menor, de segundo orden. Ante todo, ¿se considera autor de género? ¿Y qué opina al respecto de ese menosprecio?

 La literatura es el lugar de mi vida donde guardo todos mis miedos. Así que para mí no es algo menor. Que sea de género no logra menospreciarla. Soy amigo de todo tipo de monstruos y de muchos fantasmas.

El problema principal es que de tanto ver películas y leer libros de terror ya no me causan el mismo efecto que cuando era chico. El efecto se gasta y uno se pone condescendiente, le empezás a perdonar todo porque disfrutás igual haciendo tu viaje a la niñez. Y empezás a ser Clase B, y empezás a coleccionar, a soñar, a ejercer la Clase B. Entonces te convertís en un personaje extraño: el amigo de Alien. Por suerte hay muchos de los nuestros en el mundo, somos un clan (nerd).

De la literatura de terror específicamente me gustan los clásicos, aunque ya no me incomoden. De Poe me quedo con la etérea Ligeia, de Lovecraft con El color que cayó del cielo. También me gustan Stephen King, Neil Gaiman, Richard Matheson y Michael McDowell, en ese orden. Nuestra dama gótica Mariana Enriquez de la Argentina. Y todo el trabajo que hacen los hermanos Marcos con Muerde Muertos.

 

 B-¿Qué autores o artistas fueron y son sus influencias para su escritura? ¿Qué libros le dieron realmente miedo? ¿Por qué?

 Horacio Quiroga especialmente. También Ray Bradbury. Me gustan más los que no quieren dar terror, pero igual lo logran por la truculencia de lo que narran. Hago lista de mis cuentos favoritos:

 La gallina degollada, El hijo, El almohadón de plumas; Quiroga

El espectáculo comienza cuando usted llega, Roland Topor    

Dos cuentos pánicos, Fernando Arrabal

Los gemelos, Luis Couperus

El vestido blanco, Felisberto Hernández

La pata de mono, de W. W. Jacobs.

La promesa, Hoichi, el desorejado; Lafcadio Hearn

El prestidigitador, Bonifacio Lastra

El siguiente en la fila, El emisario, La tercera expedición; Ray Bradbury

El evangelio según Marcos, Jorge Luis Borges

Pedro el congelado, Wilhelm Busch

En las cataratas, Harry Harrison

Más oscuro que tu luz, Marcelo Luján

Atraso justificado, Hernán Rivera Letelier

 Las dos mejores antologías del género son: 45 CUENTOS SINIESTROS, que reunieron Elvio Gandolfo y Samuel Wolpin para Ediciones De la flor, y la que hizo Rodolfo Walsh para Hachette: Antología del cuento extraño.

 El mejor cuento de fantasmas argentino no asusta, pero es maravilloso: Flores, de Jorge Accame.

 

C-¿Qué elementos considera que debe tener en cuenta un escritor de género de terror hoy en día? ¿Considera que el género debe renovarse, ve algún tipo de cambio a futuro?

 El género se renueva todo el tiempo. En los 60 estuvo muy vinculado a lo sexual, en los 70 a las drogas. Cuando empezaron los casos de HIV el terror adaptó sus vampiros al miedo a la sangre infectada. A principios del 2000 se hablaba de la virtualidad y las paradojas de la tecnología. Hoy el terror está inclinado hacia el lado de las injusticias sociales.

El verdadero terror del futuro es el avance de la derecha.

12.11.21

¡QUÉ FENÓMENO, MIJO! / UN ESPECTÁCULO DE GERARDO HOCHMAN SOBRE TEXTOS DE ANA MARÍA SHUA

 


“Usted cree estar en un circo, pero tiene dudas, busca pruebas. La osa tiene la cara de su madre, la palabra acróbata, sin dejar de ser puro sonido, está hecha de letras rojas y se puede comer. Usted, que sin embargo no es una mujer, está amamantando a un tigre pequeño que, sin embargo, no es un bebé. Usted hace lo posible por despertarse con el sonido de la orquesta, pero la música le resulta hipnótica, asfixiante. Con las manos agarrotadas por el sueño usted logra apartar la almohada de la nariz y ahora respira mejor. Nada de eso prueba que usted no esté realmente en un circo. Para estar seguro tendrá que despertarse, mirar a su alrededor, asegurarse de que no ha desembocado en otro sueño. Y sin embargo.”

Así comienza el libro “Fenómenos de circo”, una colección de más de ciento cincuenta microcuentos -pequeñas pesadillas circenses- con el que Ana María Shua ganó el Premio Nacional de Literatura en 2016. Quiso el azar que este libro publicado por Emecé llegara a manos de Gerardo Hochman, uno de los exponentes más representativos de las artes circenses en la Argentina, autor de espectáculos como “ADN”, “Sanos y salvos”, “Leonardo” (sobre vida y obra de Leonardo Da Vinci, un inolvidable catálogo de máquinas humanas) o “Avalancha” (en Tecnópolis). Según el mismo Gerardo, era imposible no toparse con el libro de Shua, porque lee y colecciona todos los textos, videos, fotos y etcéteras relativos a su actividad. También quiso la voluntad cultural estatal, ese otro tipo de azar, que se abriera una convocatoria para el Premio Estímulo a la creación y producción en artes escénicas del Banco Ciudad y el Complejo Teatral de Buenos Aires y que fuera destinada a teatro o danza independiente, lo que hace Hochman en “La Arena”, su galpón de Palermo. Presentó un proyecto y salió entre los diez seleccionados. De todas esas coincidencias, como suele ocurrir en el arte, nació el espectáculo “Fenómenos, palabras y parábolas”, que se va a estrenar el 12 de noviembre en el Galpón de Guevara (Guevara 326, CABA), donde tendrá funciones los viernes y sábados hasta el 18 de diciembre, dos de ellas durante el FICI (Festival Internacional de Circo Independiente).

Pude ver la obra en un ensayo, con la mitad del vestuario y sin la iluminación correspondiente ni el cotillón, y me fascinó. Apúrense a sacar entradas porque lo más probable es que enseguida se agoten. La conjunción Shuíta-Hochman saca chispas.

¡Patapúfete!, como diría Pepe Biondi.

 

DESMANTELANDO UNA FUNCIÓN

Los simpáticos, siniestros, oníricos, endemoniados, beatíficos, peligrosos, suculentos, inmaculados pero también mugrientos, desoladores, rápidos, escapistas, sorpresivos, reventados, deformes, calientes, desesperantes e impecables microcuentos de Ani Shua nos comunican un circo tradicional pero desmembrado, desmantelado, como se dice ahora: deconstruido. Y Hochman la acompaña en el mismo ejercicio intelectual. Ambos hacen pelota a los circos tradicionales de barrio a los que yo asistía con diez años en Castelar o Necochea, en todas sus facetas. Cada acto es una revisión de la tradición más acendrada, sin perder inocencia o peligro. Los mismos personajes de mi infancia -equilibristas, magos, forzudos, trapecistas, saltarines, lanzacuchillos- aparecen como desde realidades paralelas donde también hay circos, pero son imprevistos y extraños. La deconstrucción llega hasta los mínimos detalles de vestuario y artefactos.

Gerardo me explica el concepto que ha utilizado para diseñar la indumentaria: “Es el saldo de un circo comprado en un remate”. La remera de uno anuncia aplausos, clap-clap, otra tiene una diana de tiro al blanco, el músico lleva una chaqueta a lo Sangent Pepper, la del domador tiene un agujero en el pecho y espalda, producto de la mordida de un león o del traspaso de una bala de cañón.

Todo el espectáculo ronda alrededor de un mástil que ocupa el centro de una pista circular de arena. Termina en un cabezal que rueda, donde los actores se van a colgar, a subir, a girar cada vez, como si nunca, jamás, pudieran cansarse. El mástil está tensado como el de las viejas carpas, mediante una estructura de tracción, pero aquí esa estructura no sostiene lonas, sino historias. A Hochman le interesan las tecnologías asociadas a la escala humana. La troupe de La Arena va a trabajar en todo ese vacío alrededor del gadget mecánico: arriba, abajo, pendiendo, trepados, apilados. Formarán con sus cuerpos escaleras de caracol, pirámides y hasta banderas, nadarán en el aire como si fueran hamacas voladoras.

Shua los mira desde su libro y piensa: “Ser digno de exhibición, ¿es proeza, ventaja o beneficio?”. Pero dice: “¿Cómo sorprender a los malditos, a los cínicos espectadores que ya lo hay visto todo? En un intento de brindar el espectáculo supremo, nos dejamos morir entre aplausos sobre la arena y no es suficiente, no es suficiente. Eso lo hace cualquiera.”

 

FRIKIS Y ACTORES

El hombre elefante. Los Embajadores de Marte. El esqueleto humano. La Mujer Cara de Mula. Tres piernas. El hombre lombriz. La niña que vuela. Los hermanos siameses. Monstruos de feria que harían las delicias de Tod Browning.

El espacio para imaginar proporciona horrores peores de los que se dejarían ver en la realidad. Y también te permite jugar en el circo más pobre del país, llamado Papelito. Uno que tiene la carpa hecha con bolsas de arpillera. Tan paupérrimo es que los artistas tienen que creer que andan en monociclo, deben inventarse las sogas para saltar y las clavas para los malabares.

En escena la ilusión la logran siete acróbatas: Julieta Pachamé, Victoria Larrambebere, Evelin Bustos, Damián Torres, Rodrigo Fernández Madrid, Lucas Bustos y Pablo Morizio, bajo la música original de Marcelo Ducrós, interpretada por él mismo, y el recitado de la actriz y cantante Eleonora de Souza. La producción es de las chicas de Parda.

“Pero hubo un circo más pobre todavía. Además de llevar sus propias sillas, los espectadores tenían que sentarse, fingir que miraban la pista, imaginarla”.

 

ESPÓILER AMIGABLE

La speaker, de vestido rojo, zapatitos y anteojos nos va paseando por las rutinas, nos hace preguntas que nos dejan perplejos, nos pone en aprietos. ¿Qué estamos viendo? Es obvio que es un circo, pero al mismo tiempo es la historia de los circos y al mismo tiempo también le va a gustar a aquellos a los que no les gustan los circos, porque tampoco es un circo. A mí no me gustan más, me pudrieron a los once años, y “Fenómenos, palabras y parábolas” me encantó. Qué difícil todo. Nada por aquí, nada por allá. Una chica levita. “¡Hop!”, gritan los hércules aéreos, sin necesidad de volar. La orquesta improvisa música para la gala de un Titanic fantasmal. La speaker lleva banderines baratos como estola.

Y mi espóiler, amigos, es para ampliar el público. En el compilado de acciones de Hochman que se puede ver en YouTube (https://www.youtube.com/watch?v=qGGa5z9qf6E) hay mucho de danza clown. Son fragmentos esencialmente rítmicos, de esos donde el cuerpo se mueve para expresarse llevando, a veces, nariz roja. Para mi saber rústico tienen un formato de calistenia y mimo que viene de los entrenamientos y el trabajo de educación escénica que Gerardo conduce para la UNSAM y en su propio galpón de Palermo.

La novedad de “Fenómenos, palabras y parábolas” es que, como un vampiro intelectual, Gerardo se bebió el existencialismo del libro de Shua, lo condensó, lo amasó y nos lo ofrece como pizza exquisita. Este es un espóiler que juega a dos puntas: estoy seguro de que los que vayan a buscar proezas físicas y maravillosas contorsiones no van a salir decepcionados, pero también saldrán satisfechos los que pidan historias, teatro, palabras. La obra presenta un exquisito equilibrio. Para aquellos que dicen la danza me ne frega, el circo me entristece, rechazo la acrobacia: los reto a verla. Prepárense para asistir a un empacho de alegría.

Cuando yo tenía diez años, el profesor de educación física del colegio me dijo: “no se imagina, Nielsen, lo decepcionante que es verlo correr”. Creo que ahí terminó mi carrera aeróbica, no soy el atleta que tal vez pude haber sido. Pobre mi Nil de diez, el que llevaba a su hermanita menor al circo del baldío de la estación de trenes, recibiendo esa cachetada de payaso malo, con ruido a soplamocos. “Por suerte creció hasta llegar a la estatura de un enano”, me consuela mi amiga Ani.

 

NOS PASA A TODOS

“Si el contorsionista tiene artrosis y el trapecista sufre de vértigo, si a la écuyére se le rompió el menisco por desgaste y el mago perdió los reflejos, si el malabarista tiene presbicia y una tendinitis supraespinal le impide al domador hacer restallar el látigo, qué importa, la vejez no existe. Se tiene la edad de los sueños, la edad de los deseos, la edad de la más joven de tus amantes, la edad de tu corazón. Y siempre habrá un lugar para nosotros en el circo: solo se trata de maquillarnos un poco más cuando los años nos conviertan a todos en payasos.”

 

GUSTAVO NIELSEN PARA LA AGENDA

 

Las entradas para las funciones pueden conseguirse siguiendo este link:

http://www.alternativateatral.com/ficha_obra.asp?codigo_obra=76231&fbclid=IwAR3oPim6AKT0XuyWlxssNXLDrGM7nadD6MJhSZLOiDZtROiJYgnEtoh0Qkk

Todos los textos en negrita pertenecen al libro “Fenómenos de circo”.

El título de la nota es otra frase célebre de un personaje de Pepe Biondi, famoso clown argentino que actuó en carpas tan pobres como la Papelito de Shua.

10.11.21

PREFACIO A POR QUÉ NOS CREEMOS LOS CUENTOS / MAURETTE

“En una de las entrevistas recogidas en Borges el palabrista, Esteban Peicovich le pregunta a un Borges ya anciano: “¿Quién es más real para usted, Macbeth o Perón?”. Borges responde: “Bueno, Macbeth, desde luego”. El conocido desprecio del escritor argentino por el ex presidente anima sin duda esta curiosa ontología, pero la idea de que un personaje de ficción pueda ser más real que uno que existió en carne y hueso se relaciona, según Borges, con el hecho de que el destino de todo lo que existe, de lo histórico y de lo ficticio, es transformarse en recuerdo. Una vez igualados dos personajes por dicho destino, uno puede decidir quién le parece más real atendiendo a cuál proyecta una imagen más viva y ocupa, en consecuencia, un lugar más privilegiado en su memoria. Amén del elemento de provocación en la respuesta de Borges, de ella se desprende una serie de preguntas cuyas implicancias y ramificaciones irán delineando el argumento de este ensayo. Es evidente en qué sentido Juan Domingo Perón es, o fue, real, pero ¿de qué modo es real Macbeth? ¿Es posible que también su existencia se nos revele de modo evidente?"

9.11.21

POR QUÉ NOS CREEMOS LOS CUENTOS / PABLO MAURETTE

 “Era un lugar común en la antigua Gracia acusar a Homero y a los poetas en general de ser grandes fabuladores (quizá “mitómanos” sería más apropiado).  Al respecto, escribe Eric Auerbach: “El reproche que a menudo se ha hecho a Homero de ser mentiroso no rebaja en nada su eficiencia; no tiene necesidad de copiar la verdad histórica pues su realidad es lo bastante fuerte para envolvernos y captarnos por entero”. Si el crítico alemán rescata la eficiencia y la fuerza de la poesía frente a la “verdad histórica” (sea ello lo que fuere) es porque comprende que el mundo creado por el artista no compite e n realidad ni con este, donde se desarrolla nuestra cotidianidad, ni con aquel otro, inteligible e inmutable, del que según Platón la esfera sensible es una copia imperfecta.

El mundo de la ficción no es ni más ni menos real, es real de otra manera. El poeta se relaciona con la verdad histórica y el mundo de lo cotidiano como el carpintero con la madera, o el escultor con el mármol. Es una relación íntima y utilitaria; un matrimonio por conveniencia, pero no por ello sin amor. El artista plástico manipula la materia prima, recorta, desarma, reacomoda, agranda y reduce, labra, talla, pule y tornea como mejor le parece. El poeta y el narrador hacen lo propio con la palabra. La máxima que nos guía es ese otro lugar común que dice: “Nunca dejes que la verdad se interponga entre ti y una buena historia”. Ello implica un cálculo deliberado de parte del poeta, que decide faltar a la verdad histórica para construir evidencia y, en vez, deformarla, maquillarla, pervertirla, mutilarla. El poeta, por tanto, miente, pero no se miente, pues nunca olvida la máxima con que George Costanza ilumina a Seinfeld cuando su amigo le pide que lo entrene en el arte del engaño para pasar la prueba de un detector de mentiras: “Jerry, just remember, it´s not a lie if you believe it”.

Quien se compenetra con la obra y se cree la mentira del artista tampoco se miente a sí mismo. Nos creemos los cuentos no porque queremos, sino porque podemos. La capacidad de compenetración es propia del ser humano como son propias las facultades del lenguaje y la imaginación. Somos anfibios capaces de respirar en el mundo sensible como en los reinos creados por el arte y por la fantasía. Pero, a diferencia de los animales que alternan temporadas en la tierra y temporadas bajo el agua, o aquellos que cambian branquias por pulmones, el ser humano es capaz de habitar ambos mundos simultáneamente. Esto le permite creer en los mundos que inaugura el arte y habitarlos con asiduidad sin necesidad de reemplazar con ellos el de su cotidianidad. En otras palabras, nos resulta perfectamente natural compenetrarnos con la ficción sin necesidad de cortar el cordón umbilical que nos conecta con el mundo. Y esto se debe a que la característica que confiere a ambos mundos ese altísimo grado de verdad en el que se funda nuestro vínculo es una y la misma, la evidencia. Ya se trate de una película o de una novela, de una serie o de un cuento, siempre estamos dispuestos a pensar una nueva partida en el juego de la ficción. Si tan solo ejercitásemos la misma lucidez anfibia y lúdica con el rumor infundado, el chisme jugoso, la teoría conspirativa o la noticia falsa del día, otro gallo cantaría.”

5.11.21

ENCUESTA A LA LITERATURA ARGENTINA CONTEMPORÁNEA / CEAL, LA AGENDA REVISTA

La Agenda Revista repitió la poderosa encuesta a escritores contemporáneos del CEAL de los años 60 y 70, con el propósito de ponerse al día con los autores locales y continuar con la marca iniciada por Carlos Altamirano y Beatriz Sarlo. Los resultados de la anterior fueron publicados por la revista Capítulo, Historia de la literatura argentina, volumen 6. Los de este nuevo encargo están viendo a la luz en La Agenda Revista, un gran medio de Buenos Aires del que tengo el honor, además, de ser redactor. 

En la anterior responden Sábato, Borges, Castillo, Moyano, Heker, Rabanal, Guido, Di Benedetto, Gorodischer, Cossa, Lynch, Piglia, Asís, Ocampo, Mercader, Gusmán, Cortázar, Bioy Casares, Viñas, Halac, entre otros. En la nueva estoy junto a Martínez, Gandolfo, Cabezón Cámara, Mattoni, Pauls. Olguín, Piñeiro, Piro, Ramos, Rejman, Schweblin, Shua y muchos otros. Van cuatro emisiones, les va a gustar comparar las respuestas. Un lujo, para mí, compartir sitio con amigos. Gracias.

Acá.

3.11.21

LEWIS CARROLL / ALICIA EN EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS

–Cuando yo uso una palabra –dijo Humpty-Dumpty con tono burlón– significa precisamente lo que yo decido que signifique: ni más ni menos.

–El problema es –dijo Alicia– si usted puede hacer que las palabras signifiquen tantas cosas diferentes.

–El problema es –dijo Humpty-Dumpty– quién tiene el poder.

2.11.21

YO

 La literatura es el lugar donde escondo mis miedos.