20.7.26

UNA MUJER Y UN HOMBRE / JUAN GELMAN

Una mujer y un hombre llevados por la vida,

una mujer y un hombre cara a cara

habitan en la noche, desbordan por sus manos,

se oyen subir libres en la sombra,

sus cabezas descansan en una bella infancia

que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,

una mujer y un hombre atados por sus labios

llenan la noche lenta con toda su memoria,

una mujer y un hombre más bellos en el otro

ocupan un lugar en la tierra.

17.7.26

EN LA PÁGINA / CARTÓN EN AXXÓN


Mi cuento más lerdo. Lo escribí a los 14 años y lo terminé de corregir a los 59. Más de ochenta versiones y unas tres resmas de papel impreso. Un premio en el medio, del Cacyf, que no me dejó conforme. Finalmente salió lo más campante en Sensacional!, en fff, en Mandarina y ahora en la revista que venía en diskette. Otra historia que nadie pidió, para el Museo Nil. Besos.

Gracias Eduardo Carletti, gracias Pedro Bel.

16.7.26

CARTÓN EN AXXÓN 312

 

Axxón 312, julio de 2026
https://axxon.com.ar/rev/2026/07/axxon-312/
Revista Axxón 312
FICCIONES: El Palacio del Espejo Inclinado, Momir Iseni -Serbia
Ilustraron Marina Dal Molin, Valeria Uccelli

FICCIONES: El planeta Krah, Sergey Baranov -Ucrania
lustraron Pedro Bel, Valeria Uccelli

FICCIONES: El hombre de un día, Igor Antoniuk -Uucrania
Ilustró Pedro Bel

FICCIONES: Hocicos de plomo,José Manuel Sarabia Sainz --España
Ilustraron Pedro Bel, Valeria Uccelli

FICCIONES: La gravedad de los sueños, José Modesto Monzón -Argentina
Ilustró Enrique Endriago Castillo

FICCIONES: En otro universo, ¡¡¡Eric Stoltz fue Marty MacFly!!!, Hernán Domínguez Nimo -Argentina
Ilustró Pedro Bel

FICCIONES: La increíble historia de Adela y una chimenea, Lucía Oliván -España
Ilustraron Pedro Bel, Valeria Uccelli

FICCIONES Lo que hay entre nosotros,Michael Penncavage- EEUU
Ilustró Valeria Uccelli

FICCIONES: Cartón,Gustavo Nielsen -Argentina
Ilustró Pedro Bel

FICCIONES: Las alas de las mariposas, Durgan A. Nallar -Argentina
Ilustró Pedro Bel

15.7.26

EN TEL AVIV, EN GAZA / GIORGIO AGAMBEN

"Científicos de la Escuela de Ciencias Vegetales de la Universidad de Tel Aviv anunciaron que han grabado los gritos de dolor que emiten las plantas cuando las cortan o les falta agua. Para lograrlo utilizaron micrófonos sensibles a los ultrasonidos. En Gaza no hay micrófonos."

10.7.26

CLASE DÉCIMO CUARTA DE LA CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN ESTUDIO / VINO OSVALDO MAZAL

 Ni una foto saqué. Podría decir que fue porque en Posadas la luz natural es mucho mejor que la artificial del Galpón, y ya tenía buenas fotos de Osvaldo dando sus charlas y recibiendo premios en la Feria del Libro de su ciudad. Sin ir más lejos, hace dos posteos posábamos junto al cacique Andresito Guacurarí con el Paraná de fondo, armados y felices con las lanzas de la tribu del patriota misionero. ¡Lo que pesan esas lanzas, amigo! Acero inoxidable del mejor. Y las izamos sin chistar (el documento lo explicita convenientemente).






 La verdad es que me olvidé de sacar fotos, actividad que no se lleva bien con la reunión. A veces Pablo me avisa ¡sacá, sacá!, antes de atacar los platillos humeantes, y tengo que regresar el contenido del tenedor al plato. Esta vez me parece que nos dormimos en grupo: de todas maneras las empanadas son parecidas a las de otras reuniones, y los chocolates también. Los vinos fueron mejores. Nos vamos perfeccionando gracias a las ofertas mundialistas, dijo Fabiana. Que no son para cualquiera.

Mazal y Carolina viajaron a Buenos Aires a ver a sus hijos; entonces se me ocurrió improvisar el evento. Escaneé y pedeefiqué (acabo de inventar el verbo, nótese la i elegante) los mejores cinco capítulos de “Darwin poeta”, editado por Aurelia Rivera. ¿Cómo me acordaba cuáles eran los que me habían gustado más? Lo tenía escrito en los márgenes. Seguidamente les paso título y, entre paréntesis, mi comentario:

PRIMERA PARTE, CAPÍTULO 8. De la naturaleza de las elipses (maravilloso)

SEGUNDA PARTE, CAPÍTULO 3. Ringo y el piano bien temperado (muy bueno)

CAPÍTULO 4. ¿Y Ofelia… dónde anda? (encuentro Darwin/Ofelia, interesante texto erótico)

CAPÍTULO 7. La felicidad de los caballitos (otra maravilla)

CAPÍTULO 9. Tinianov: extrañas teorías, amores nuevos (genial/universal)

Mientras el grupo picaba estas delicias adelanté su segundo volumen literario, “Andrés vuelve o la risa bárbara”. Las novelas de Mazal son extrañísimas, porque los argumentos son mínimos y lo que termina contando se va por las ramas de una manera enloquecedora, a lo Macedonio Fernández. En un momento lo apunté al pecho con un marcador y le pedí que nos dibujara en el pizarrón lo que creía era el esqueleto de “Darwin poeta”. "El mapa conceptual", insistí. Hizo el siguiente croquis:


A partir de su explicación, Lili afirma que se trata de un escritor brújula sin medias tintas. Para mí que a Mazal le brotó el ingeniero.

Las flechitas son los capítulos y cómo le iban saliendo; los puntos verticales son las conexiones entre hechos aparentemente inconexos que van dando indicaciones de lectura; los puntos rojos son los grupos de confabulación o sociedades que van opinando acerca de los sucesos que atañen al argumento. 

En “Andrés vuelve” hay una asociación A.C.M.E (Artistas Conceptuales Misioneros Enfervorizados) que todo el mundo nombra como Marca ACME por el Correcaminos; otra que se llama A.M.O.R (Artistas Misioneros Orientados al Ridículo), un FLH (Frente de Liberación Homeopático) y hasta una ONG anarquista rebelde de un solo miembro (Horacio Quiroga). Este modo de encarar un texto por decenas de discursos externos me hace acordar a los poetas real visceralistas de “Los detectives salvajes”, con sus panfletos revolucionarios intrigantes. En Mazal predomina la contienda partidaria infantilizada hasta las piñas y la barricada traída desde todos los confines de la historia (la Rusia comunista, la dictadura de Stroessner o la siesta misionera), y desde múltiples paisajes (Paraguay, Siberia o la selva hiperbólica). Sus personajes son una especie de tiernas caricaturas perdidas en escenarios populares inmensos, coloquios internacionales, velorios multitudinarios, viajes infinitos. Mazal es un maximalista capaz de meterle cinco epílogos al mismo libro. En “Darwin poeta” elegí el que más me gusta como final, el número 4: Del destino de los objetos. Ahí termina mi lectura, aunque Mazal me lleve a una conclusión ulterior. Copio:

“Lo de los objetos que se vuelven libros, a veces me inquieta. Casi tanto como lo de las personas que lo hacen. Viktor y Elsa, por ejemplo, eran unos monstruos, cada uno a su manera se devoraba a las personas como si fueran libros, o viceversa. Y como ambos sentían de diferentes maneras que la vida no estaba fuera de los libros sino todo lo contrario, al final había en ellos una mezcla tan confusa de vida y literatura que vivían mirando el mundo a través de los libros. Y, sin ir más lejos, aquí tenemos el caso del libro colgado junto a la ventana del estudio de Charles, igual que en el escritorio de mi viejo. En el museo aseguran que ya estaba ahí en vida de Darwin, y que cuando se abre la ventana, la brisa agita sus páginas y las va pasando una a una. “Para que los visitantes puedan aprender, cada vez que miran hacia fuera, algunas cositas más de la vida”, dice un cartel junto a la ventana. Yo tengo otra teoría: es Darwin el que pasa las páginas. Y no es para que nadie aprenda nada. Se está divirtiendo, nomás.”

9.7.26

EL HIJO DE PUTA DE NUESTRO PRESIDENTE SE QUIERE AHORRAR LOS PREMIOS NACIONALES / PETITORIO

Milei se llama el payaso. Nunca pensé que iba a odiar tanto a un presidente. Ahora va contra los Premios Nacionales. Como no los puede destruir, porque son Ley, los rebaja a la nada misma. Decidió quitarle las pensiones vitalicias a los primeros premios. Desde SEA y SADE lucharemos por revertir esta decisión, que lo único que busca es molestar a la Cultura. La secretaría de la Nación no sirve para nada, está comandada por el imbécil  de Cifelli y dirigida como se está dirigiendo todo en el país de hoy. Es una vergüenza que nos tengamos que poner a luchar por un derecho adquirido sin interrupciones desde 1913.

Ni la dictadura se atrevió a tanto. Por favor, firmen el petitorio. Es el primer paso para recobrar el honor.

 https://forms.gle/ZTU8SscNCpY7d4hA9

6.7.26

CARITO / ANDRÉS BUCHBINDER

 

"Carito era mi amiga de la infancia. Tenía el cuello tan largo que a veces le decía jirafa. Tenía pecas también. Jugábamos a casarnos, y a derretir pitufos en el balcón de mi casa de la calle Reconquista. Hacía frio cuando me dijo que estaba enferma, que por eso tenía que pegarle curitas por todo el cuerpo. Yo la veía bien. Pensó mucho dónde debía pegarle la última curita. En la planta del pie, dijo al fin con una sonrisa invernal mientras se sacaba la media.

A su madre le decían Tuti. Trabajaba en una fábrica de heladeras. Cuando pasaba a buscar a Carito se quedaba hablando con mi papá en la puerta del edificio. Carito y yo sostenidos de las manos de nuestros padres.

Un día Tuti lloró. Carito se había muerto. No pasó de los nueve años. Yo me mudé, me recibí, me fui del país, me casé, me separé, me volví a casar, tuve dos hijos. Y ahora que volví a vivir a Buenos Aires después de tanto tiempo, al departamento del microcentro donde pasé la infancia, el fantasma de Carito me viene a visitar. Aparece cuando estoy solo. No se queda más de unos minutos. A veces dice algo, pero no la entiendo, como si hablara para adentro. La mayoría de las veces solo mira. No le digo nada porque todavía no me acostumbro a la idea de hablar con el fantasma de una nena que murió hace más de cuarenta años. Qué le puedo decir. 

Ayer me visitó por última vez. Yo había vuelto a casa después de trabajar hasta tarde. Mi mujer dormía. Carito apareció en la cocina, mientras calentaba mi cena. Se sentó arriba de la mesada; movía las piernas, se balanceaban como hamacas. Me miró un rato sin decir nada. Parecía molesta. Antes de esfumarse me dijo bien claro: cómo puede ser que sigas vivo."

3.7.26

DECIMOTERCERA REUNIÓN EN LA CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN / THE BUSECA EXPERIENCE

 ¿Qué les puedo contar? Moría por comerme un buen guiso de mondongo. El compañero Julio, que me seguía en el gusto, está ausente, y a ninguna de las personas que conozco le interesa. Mi hermana Fer pasa todas las veces, a Moira le cae pésimo. Belén ya no come panza; el otro día vino a almorzar mi alumno Diego Barreda y me dijo que es lo único que no puede ni ver, porque era el plato que le daban los milicos en el Pozo de Banfield durante su secuestro. Sin salsa, sin aderezos, sin nada de nada, pero le agarró fobia igual y se entiende. Por eso impuse el experimento buseca obligada en el Galpón Estudio, y coseché elogios. Solo quedaron tres garbanzos. Va foto de una cazuela calentita, para anoche que hizo tanto frío. Yo la suelo comer más picante, pero bueh, puedo hacer concesiones. En el cierre también hubo ronda de chocolates varios, cubanitos y trufas. Un placer.

Leí un pequeñísimo relato que se pasa un poco del microrrelato pero hasta ahí nomás, del libro debut de Andrés Buchbinder que obtuvo la mención honorífica del Fondo Nacional de las Artes en 2021. El libro lleva por título “Más lejos que nunca”. El cuento, “Carito”. Lo voy a publicar este lunes que viene en la Milanga, para que lo lean los que faltaron. Cuando el frío engripa aparecen los fantasmas…

Por primera vez en el nuevo sistema de corrección pudimos leer dos cuentos completos. El de Jonatan creó discusiones intensas en torno a la trama, y a lo que se entendía o no. “En el castillo” llega a un gran final, pero como Jonatan supuso que ciertas cosas no estaban claras, al cuento le sobran explicaciones. Las explicaciones son lo peor de la ficción. El otro error que notamos es el de la simplificación extrema de la primera persona, ajustándola solamente a las acciones del protagonista. Cuando un cuento se llena de yo y de me, pasa a volverse cansador. La primera persona es una trampa: parece fácil, porque todos contamos así nuestras cuitas, pero en la página es dificilísima. Recordamos a Heker cuando nos retaba lindo en el capítulo “Yo, ¿narrador o personaje?” de La trastienda de la escritura:

“El paso del yo-mismo al yo-ficcional es un salto cualitativo; aun cuando el movimiento primordial hacia la escritura pueda venir del deseo de expresarse a sí mismo, la escritura de ficción no es una consecuencia natural de ese deseo. Implica una discontinuidad: la elección, asumida o no, de decir a través de. El yo-ficcional nunca es yo-mismo, aunque en algunos casos, porque el texto lo pide, se le parezca. Construirlo supone al menos tantas instancias de dificultad como narrar en tercera persona.

Es que, se lo haya pensado o no, narrar en primera persona implica la resolución de unas cuantas cuestiones. A saber: ¿Cómo es la voz del que narra? ¿Se trata de un chico, de un ama de casa, de un policía, de un avatar del autor? ¿Es loco, perverso, inocente, intelectual, ignorante? ¿Cuál es su visión de los hechos? ¿De qué modo lo afectó -o todavía lo está afectando- eso que cuenta? ¿Qué sabe, qué ignora, qué niega de lo que sabe? ¿Qué entendió mal o entendió demasiado bien? ¿Qué tergiversa y por qué? ¿Qué motivo tiene para contar lo que cuenta? ¿Tiene realmente un motivo, o la historia se le cuela a pesar de sí? ¿Cómo lo cuenta: lo escribe, lo confiesa, lo piensa? Y por último, cómo me las voy a arreglar yo, autor, para que, detrás de tantos ocultamientos y distorsiones del narrador, el lector termine entendiendo lo que en verdad pasó.”


Para ilustrar la elegancia necesaria de un texto en primera persona (porque además de entenderse tiene que ser hermoso) elegí el comienzo de dos cuentos de Gabriel Payares, autor caraqueño. “El extranjero (casi una road movie)” y “Lugares comunes”.

“Me gusta mirar a través de la cámara, incluso si no hay nada que fotografiar. Las cosas no siempre son tan interesantes como una quisiera. Ese es mi escondite, el sitio a donde a todos los miro y nadie me ve; un lugar común, lo admito, esto de la fotografía voyeur. Solía pensar que vine a este mundo a servir de testigo y no a un papel principal, no sé si ahora opine lo mismo.”

Ambos textos figuran en el libro de la foto, de la editorial Corregidor.

Con los postres editamos un cuento de Fabiana titulado “Felicidad total”, acerca de una chica que acepta lo que venga en una relación, sin advertir si es bueno o es malo. Vista desde afuera no parece tan feliz, aunque ella diga que su sentimiento es total. Hasta que la macana que se manda el tipo es demasiado grande. Es un cuento que aprovecha la primera persona para lograr la incomodidad del que lee, y nos toma de testigos y rehenes de la circunstancia. Acá está bien clara la maniobra que pide Heker, y el detallito del final, una pelusa en el pulóver del hombre, resuelve lo que pasará en el futuro.

Muy bien Fabi. Creo que al cierre de esta jornada a la protagonista se le abrieron los ojos y la autora limpió cada impureza en su trabajo, para dejar el cuento publicable. Ese sería el objetivo del nuevo modo que adoptamos de ir cuestionando palabra por palabra; se tarda más pero, toda vez que el cuento se deje, se llega a mejor puerto. Tal vez sería bueno convocar a una editora profesional, ¿no? Idea para el futuro. Y que nos cuente de su trabajo y nos guíe un poco en la aventura que acabamos de adquirir.

El reloj cazuela, con sus agujas salvias, marca la hora exacta en que nos fuimos del Galpón. Tic tac.

26.6.26

DECIMOSEGUNDA JORNADA DEL TERCER CURSO DE LA CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN ESTUDIO / VINO EL GRAN BERNATEK



Carlos Bernatek habla de Santa Fe como si fuera su pueblo natal, pero es de Avellaneda. Cuenta que en Santa Fe casi todo sigue una doble lectura de falso verdadero, porque la ciudad original desapareció bajo el río y hubo que refundarla a unos kilómetros, que siempre sonaron a poco. Tardaron 20 años en esa tarea silenciosa, como si la estuvieran mudando en secreto. “Si se iban 30 más lejos resucitaban en Coronda, lo que hubiera facilitado el crecimiento y el buen clima. Tal vez tendríamos dos Rosarios”, dice, compungido.

- Pero Santa Fe es la ciudad de la historia y Rosario la del progreso.

“Sin la Santa Fe húmeda y calurosa como pueblo de Busqued no tendríamos lisos ni novelas de Bernatek”, pienso. Así que paso a adorarla mientras lo sigo leyendo. Hicimos una compra colectiva de “´Ta loco aquel que quiera tu corazón” y le dedicamos una lectura minuciosa. La novela vuela, como todas las de Carlitos. La prosa es vertiginosa. Cuando hay suspenso, porque hay suspenso. Cuando no lo hay, porque la cabeza de sus personajes se va imaginando algo peor de lo que va a pasar, y lo anticipa desde sus bordes borders broders. Y eso solito reemplaza al suspenso.

Le cambié mano a mano un “Auschwitz” por “La noche litoral” y cuando me fui a dormir después de la velada literaria, siendo las 00:30 del jueves, se me ocurrió relojear la primera frase y me quedé leyendo hasta las 4. Droga barata y de calidad:


Resignación, me dije, y fue decirlo y estar ya casi resignado. Las cosas siempre pasan, todo tiende a reacomodarse, a buscar un nuevo equilibrio, y así el mundo sigue andando. Hay que esperar la oportunidad, aprender a hacer tiempo; eso fue algo que me impuse, porque me parecía que en esa actitud había algún tipo de principio, de sabiduría, como la tolerancia que nos obliga a imaginar chinos, gente de un país milenario y mesurado como esos monjes mudos de la serie Kung Fu, templados en el sufrimiento, a los que ni siquiera uno se atrevería a elevarles una consulta, porque aunque pudiesen hablar, no les entendería un carajo, con sus miles de dialectos y su Confucio de mierda. Pero cuando el presente se enturbia, cuando todo se oscurece y se borran las perspectivas, aparece el reflejo instintivo, la tentación de volver la vista atrás. Bien, si yo miraba hacia atrás, solo podía evocar situaciones ominosas, dignas de olvido, como perder a Hilda.”

Cenamos, como siempre que hay visitas, empanadas de carne con tintos finos. Carlitos le hincó el diente a mis criollas, haciendo el honor. Aunque esta vez más que nunca se lucieron los postres: chocolates rellenos de La Pinocha y trufas Lacasa, al cacao puro. Gracias Lili y Fabián. Y gracias a los demás por las bebidas.

Berna también nos leyó un cuento inédito, “Un cuarto lleno de gente”, que nos dejó temblando. Recordamos a Luis Chitarroni y a Hebe Uhart. Al final me dijo que la pasó bárbaro: le gustaron lectores y lecturas. “Qué bueno, en estos tiempos, construir un refugio atómico como este que vos tenés”, agregó, refiriéndose a nuestra Clínica del Galpón. No pude menos que darle la razón. Refugio atómico. Eso. Sí. Clarísimo.

Gracias por visitarnos en nuestra buena cueva.



22.6.26

EL ARCO DE PEDRO / RUINAS DE SAN IGNACIO



 Esta es una rareza que descubrimos paseando con Mazal. Le digo: ¿Mirá qué loca esa pilastra? Parece puesta al revés. Las hojas de acanto del corintio simplificado abajo, la base arriba. Osvaldo puso en duda de que la extraña base de esta columna fuera un capitel invertido: nadie en su sano juicio fundaría todo el peso del arco en unas lechugas. Me hizo reír. En el paseo había un historiador del estilo Angelito Navarro. Nos escuchó y se acercó a felicitarnos. Realmente se trataba de un pilar puesto de cabeza. El arco que sostiene se llama ARCO DE SAN PEDRO. Los jesuitas le contaron a los indios que Pedro pidió morir colgado por los pies, porque le parecía indigno morir como Jesús después de haberlo negado tres veces. Los indios compusieron el cuerpo del santo con elementos de arquitectura, ordenándolos cabeza abajo para relatar la agonía del Padre de la Iglesia cristiana. Los jesuitas los dirigieron y los dejaron hacer controladamente. El mensaje nos llega intacto, quinientos años después.