19.10.26

CANADÁ / ELEONORA GONZÁLEZ CAPRIA

Me imaginaba todos los días

hembra o macho si pardo o negro

con o sin crías manso

me imaginaba muerta.

Salí siempre a las horas avisadas

de luz pálida y sombra larga

sola en silencio de abeja y arándano

lleno el bolsillo con las entrañas frescas de los peces.

 

Hablaban todo el tiempo de la manada de lobos

que en el pueblo había cazado un alce

ahí sobre el puente, la carne que tembló

hasta quedarse quieta y los autos que pasaban.

Alguien lo había filmado y después lo vieron,

se oía claro el grito, clara la súplica.

 

En el bosque después del incendio

seguía latiendo un tronco blanco

de espasmo en la madera ardida

y en el glaciar

me llené los pies de barro buscando.

 

Cuando era chica si preguntaban por el miedo

yo respondía: oso.

Pero quedaba lejos, estaba a salvo, se reían.

 

Todas las noches desde casa interrogaban

si había cruzado al fin al oso,

preparé el espíritu para encontrarlo, dije,

pero él no quiso verme.

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