18.9.26

CUMPLE EN LA CLÍNICA DE CUENTOS DEL GALPÓN / DECIMOCTAVA FIESTA LITERARIA

 















Aprovechamos que la pebeta de la foto, Fabi Fabiana, cumplía redondo, y decidimos agasajarla con una torta de queso que trajo Lili. En el picnic hubo torrejas, buñuelos, picada de fiambres, bizcochitos de grasa y bohios calientes con Luiyis Boscas. Un placer.

Después leímos “El idioma de los gatos”, de Spencer Holst, y algunas críticas me tocaron el cuore. El cuento es bastante imperfecto, pero también es divertido si le sacamos una parte que está de más. “Vos le hubieras tachado”, me increpó la que trajo la torta, y tiene razón. Páginas enteras, le hubiera tachado. No obstante, el tono del cuento me gusta mucho, así como el tono de muchos de los cuentos del neyorquino. Rodrigo Fresán, que firma el prólogo del libro en la edición editada por Daniel Divinsky para De la flor, dice que tanto “en Nueva York como en Buenos Aires o en Praga, los escritores y las personas que quieren ser escritores cuando sean grandes se preguntan unos a otros si han leído un libro llamado “El idioma de los gatos”. Continúa con su exageración fanática:

“No creo -no puedo recordar ahora- que haya libros más claros y didácticos a la hora de señalar los resortes que mueven una historia, explicar los diferentes bloques que construyen una trama, ofrecer las instrucciones precisas para ordenar el ritmo cardíaco y cerebral del cuento.

Está todo aquí -trucos, astucias, consejos- en frases como “Tal es la función del cuentista” o “La pornografía no tiene ningún lugar de ninguna clase en la literatura”; o “Pero, como autor, tengo ciertos poderes” o en los perfectos y emocionantes finales de “El asesino de Papá Noel” y de “El copista de música”; o, sobre todo, en la oración que cierra la magistral “Historia de confesiones verdaderas” donde puede leerse aquello de “¡Ah! ¡Qué gran cosa es ser artista!”.


Rorri agrega, finalmente, que sabe por qué sonríen la Mona Lisa y Buda cuando se encuentran en el cielo: ambos acaban de leer el libro “El idioma de los gatos” de Spencer Holst, y no pueden disimular sus alegrías.

En la semana voy a subir los dos relatos que nos marcaron Mariano y Fresán: “La cebra cuentista” y “Mona Lisa encuentra a Buda”. Y tal vez en algún momento leamos en vivo y en directo “El asesino de Papá Noel”, el del copista y la historia de las confesiones de Spencer para entender, de una vez, las alegrías de ellos dos como lectores.

Mariano arrancó el que tal vez sea el primer cuento de su próximo libro; tiene unos diecinueve en proyecto, muchos ya corregidos. La verdad es que no me gustaría vivir en Piedra Negra, pero quiero conocer qué pasará. Vamos a ver cuando nos traiga el último.

Terminamos repitiendo (cof cof) microcuentos de Brasca, a quien esperamos en la próxima jornada con los libros abiertos. Para que explique y firme, digo.

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