Ni una foto saqué. Podría decir que fue porque en Posadas la luz natural es mucho mejor que la artificial del Galpón, y ya tenía buenas fotos de Osvaldo dando sus charlas y recibiendo premios en la Feria del Libro de su ciudad. Sin ir más lejos, hace dos posteos posábamos junto al cacique Andresito Guacurarí con el Paraná de fondo, armados y felices con las lanzas de la tribu del patriota misionero. ¡Lo que pesan esas lanzas, amigo! Acero inoxidable del mejor. Y las izamos sin chistar (el documento lo explicita convenientemente).
La verdad es que me olvidé de sacar fotos, actividad
que no se lleva bien con la reunión. A veces Pablo me avisa ¡sacá, sacá!,
antes de atacar los platillos humeantes, y tengo que regresar el contenido del
tenedor al plato. Esta vez me parece que nos dormimos en grupo: de todas
maneras las empanadas son parecidas a las de otras reuniones, y los chocolates también.
Los vinos fueron mejores. Nos vamos perfeccionando gracias a las ofertas
mundialistas, dijo Fabiana. Que no son para cualquiera.
Mazal y Carolina viajaron a Buenos Aires a ver a sus hijos;
entonces se me ocurrió improvisar el evento. Escaneé y pedeefiqué (acabo
de inventar el verbo, nótese la i elegante) los mejores cinco capítulos de “Darwin poeta”, editado
por Aurelia Rivera. ¿Cómo me acordaba cuáles eran los que me habían gustado más?
Lo tenía escrito en los márgenes. Seguidamente les paso título y, entre
paréntesis, mi comentario:
PRIMERA PARTE, CAPÍTULO 8. De la naturaleza de las elipses (maravilloso)
SEGUNDA PARTE, CAPÍTULO 3. Ringo y el piano bien temperado (muy
bueno)
CAPÍTULO 4. ¿Y Ofelia… dónde anda? (encuentro
Darwin/Ofelia, interesante texto erótico)
CAPÍTULO 7. La felicidad de los caballitos (otra maravilla)
CAPÍTULO 9. Tinianov: extrañas teorías, amores nuevos (genial/universal)
Mientras el grupo picaba estas delicias adelanté su segundo volumen literario, “Andrés vuelve o la risa bárbara”. Las novelas de Mazal son
extrañísimas, porque los argumentos son mínimos y lo que termina contando se va
por las ramas de una manera enloquecedora, a lo Macedonio Fernández. En un
momento lo apunté al pecho con un marcador y le pedí que nos dibujara en el pizarrón lo que creía
era el esqueleto de “Darwin poeta”. "El mapa conceptual", insistí. Hizo el siguiente croquis:
A partir de su explicación, Lili afirma que se trata de un escritor brújula sin medias tintas. Para mí que a Mazal le brotó el ingeniero.
Las flechitas son los capítulos y cómo le iban saliendo; los puntos verticales son las conexiones entre hechos aparentemente inconexos que van dando indicaciones de lectura; los puntos rojos son los grupos de confabulación o sociedades que van opinando acerca de los sucesos que atañen al argumento.
En “Andrés vuelve” hay una asociación A.C.M.E (Artistas Conceptuales Misioneros Enfervorizados) que todo el mundo nombra como Marca ACME por el Correcaminos; otra que se llama A.M.O.R (Artistas Misioneros Orientados al Ridículo), un FLH (Frente de Liberación Homeopático) y hasta una ONG anarquista rebelde de un solo miembro (Horacio Quiroga). Este modo de encarar un texto por decenas de discursos externos me hace acordar a los poetas real visceralistas de “Los detectives salvajes”, con sus panfletos revolucionarios intrigantes. En Mazal predomina la contienda partidaria infantilizada hasta las piñas y la barricada traída desde todos los confines de la historia (la Rusia comunista, la dictadura de Stroessner o la siesta misionera), y desde múltiples paisajes (Paraguay, Siberia o la selva hiperbólica). Sus personajes son una especie de tiernas caricaturas actuando en escenarios populares inmensos, coloquios internacionales, velorios multitudinarios, viajes infinitos. Mazal es un maximalista capaz de meterle cinco epílogos al mismo libro. En “Darwin poeta” elegí el que más me gusta como final, el número 4: Del destino de los objetos. Ahí termina mi lectura, aunque Mazal me lleve a una conclusión ulterior. Copio:
“Lo de los objetos que se vuelven libros, a veces me inquieta.
Casi tanto como lo de las personas que lo hacen. Viktor y Elsa, por ejemplo,
eran unos monstruos, cada uno a su manera se devoraba a las personas como si
fueran libros, o viceversa. Y como ambos sentían de diferentes maneras que la vida
no estaba fuera de los libros sino todo lo contrario, al final había en ellos
una mezcla tan confusa de vida y literatura que vivían mirando el mundo a
través de los libros. Y, sin ir más lejos, aquí tenemos el caso del libro
colgado junto a la ventana del estudio de Charles, igual que en el escritorio
de mi viejo. En el museo aseguran que ya estaba ahí en vida de Darwin, y que
cuando se abre la ventana, la brisa agita sus páginas y las va pasando una a
una. “Para que los visitantes puedan aprender, cada vez que miran hacia fuera,
algunas cositas más de la vida”, dice un cartel junto a la ventana. Yo tengo
otra teoría: es Darwin el que pasa las páginas. Y no es para que nadie aprenda
nada. Se está divirtiendo, nomás.”



excelente reunión, interesante debate sobre mi escritura novelística, gracias a Gus y a todos los integrantes del taller por sus aportes para entender un poco más lo que uno mismo hace!!
ResponderBorrarEl autor anónimo Mazal nos divirtió y educó durante tres horas. Inolvidable el croquis.
ResponderBorrarsoy Mazal el anónimo otra vez... croquis del que habla Gustavo, sacado con forceps parala ocasión, pero que me hizo racionalizar mi irracional manera de escribir novelas... por lo menos las 2 primeras
ResponderBorrarEstá buenísimo, te lo llevo al asado para que tengas un souvenir.
ResponderBorrarespectacular, gracias!!!
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