Queso ruso. Olga Sudorova, vodka de Chernobil.
El Míster tuvo su altarcito en el Galpón, porque lo
queremos, lo quisimos y lo vamos a seguir escuchando. Todo sucedió de regreso a
Oktubre. El samovar, las chicas soviéticas del semen-up. Sin un
estandarte de nuestra parte, pero con café frío y auténticos redonditos de
ricota para cenar. Y torta Suevia también de ricota que trajo el Indio Pablo,
para postre. ¡Pobre la Olga, crepó!
Continuamos con Sklovski en selva oscura I: el infierno,
del tovarich posadeño Osvaldo Mazal. Es un extraño capítulo moscovita de su
buen libro Darwin poeta, con el que ganó dos veces: mientras estaba
inédito, el premio de novela 2014 del Fondo Nacional de las Artes; ya publicado
por Aurelia Rivera en 2016, el primer premio municipal Ricardo Rojas de hace
menos años. Un Vladimir Vladimiróvich Mayakovski de camisa amarilla nos animó
la revolución de la mano de Víktor y de Yuri. ¡Si Engels viviera,
probablemente vestiría una camisa amarilla! Le creemos a Mazal cuando jura que
Darwin, influenciado por Marx, escribió en uno de sus cuadernos de notas una
interpretación sesuda sobre el proceso de autocopulación entre orquídeas que
carecen de néctar, por lo que atraen a los insectos machirulos desde sus formas
redondeadas como culos pulposos. Los más turbados andan revoloteando por ahí entre
margaritas y crisantemos, entonces descubren el culo y la ponen. Le creemos
porque lo jura por Stalin. Así le hace decir a Don Charles:
Yo sembré el mundo de burgueses ingleses con forma de orquídea, y de proletarios disfrazados de insectos, e inventé con ellos vistosos dispositivos que permitían visualizar su interacción; yo hice ver en cada acontecimiento de la historia natural una forma de lucha, y en cada muerte una forma de selección como la que la sociedad humana opera a cada instante separando a los favorecidos de los otros, a engañadores de engañados; yo pude dejar entrever en mi obra el engaño constitutivo de todos los sistemas, ya sean animales o humanos, que hacen trabajar y esforzarse a la mayoría de la sociedad, la que como un inocente insecto cree que está haciendo el amor con su pareja, y resulta que en realidad no se coge a nadie sino que se lo están cogiendo a él porque esa hembra no es una hembra sino una flor con forma de hembra, y él es un pobre idiota cuyo rol se reduce a colaborar en la circulación del polen, esa mercancía que permite la reproducción infinita del sistema…
Dínamo versus Spartak, en el Estadio Central de
la barriada de Luzhniki, 1948. De esa dualidad académica surge el cuento que escribió
Fabián, con rojos bolcheviques de la ciencia por un lado y visitantes enfriados
por el otro. Dos mundos, dos biologías. Se fue al carajo, se fue al
carajo, grita el público. Caramba: la política sigue igual de mierdosa, y hoy
en la derecha se cometen los mismo horrores del Politburó que dicen
odiar. O más.
No podía cantarse de mejor manera que la entonada por el
camarada Solari:
Esto es efímero, ahora efímero; ¡Cómo corre el tiempo!



Gracias tovarich por este Komentariy, donde haces revivir a mis tovarischi DArwin y MArx
ResponderBorrarFaltaba más, campeón. Abrazo.
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