Estoy con poquísimo tiempo, pero no quiero dejarlos sin
informe. Sobre todo por la comilona extraordinaria que devoramos el último
miércoles, en estado de picnic y gracias a la buena onda de ustedes, cliniqueros.
La foto describe mejor lo que podría decirles, así que paso al tema siguiente.
Riquísimo menú.
Leímos “El perro te mide pero vos tenés que mostrarle quién
es la autoridad”, del libro “Animales de compañía” de Sonia Budassi. Si bien no
es el mejor de sus cuentos, es muy bueno y más o menos tiene una longitud
pasable para leer en vivo. Los mejores para mi gusto son “Salvar el mundo” y “La gran
muralla” (un diez a ese último). También se suben al podio “Capacidad de
adaptación” y “Perfecta”, que leeremos en nuestra próxima sesión. Consigan el
libro que está fenomenal.
Hicimos por primera vez un ejercicio completo de edición de
un cuento en vivo, como aprendí de tres correctoras maravillosas que por
diferentes razones estuvieron algún tiempo cerca de mí o de mis textos: Laura
Cardona, María Fasce y Florencia Verlatsky. Fuimos con “Vino lunar”, de Pablo,
un brillante relato al que pusimos en duda en todas sus palabras. Salió tan
bien el asunto que considero que deberíamos tomar la excepción como regla, si
les parece bien. Corregir menos cuentos pero aprender más sería la consigna.
Para terminar investigamos releyendo por qué el libro “Un
elefante ocupa mucho espacio” de Elsa Bornemann fue prohibido por la dictadura,
nos pusimos en la onda de aquellos tiempos (no costó mucho dado la censura
constante de los tiempos actuales) y le metimos garra a Comesol. Garra de gato,
estimulada además por el mediometraje documental que nos mandó Liliana
Paolinelli, que insiste en regalarnos cosas lindas para usar en la Clínica. La película se
titula “El baldío”; la vimos en Vimeo.


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