31.3.09

EL LECTOR / CÉSAR AIRA

Creo que todo novelista, todo narrador piensa en el lector ingenuo, en el lector no universitario, no académico, no profesional, el verdadero lector. Pero no sé si existe. El otro día les contaba a mis amigos una cosa que me pasó. Caminando por mi barrio, por el Bajo de Flores, en una calle solitaria, venía un señor y cuando me cruza, me dice: "Adiós, Aira". Entonces yo lo miré y le dije: "¿De dónde lo conozco?" Y él, muy amablemente, me dice: "No, usted no me conoce. Soy un lector, un humilde lector". Entonces le dije: "Muchas gracias". Pero después me quedé pensando: "humilde" lector. Si es un lector mío no es humilde, es un lector de lujo. Humilde lector es el lector de Paulo Coelho, de Isabel Allende, pero si ha llegado a mí es porque ha hecho un camino por la literatura. No porque yo sea bueno, o nada especial, sino porque lo mío ya es una cosa artificiosamente literaria.

30.3.09

CINCO LIBROS, CINCO CUENTOS

La encuesta literaria del Gran Edu Berti.

ANDRÉ BRETON / 1922

Abandonadlo todo

Abandonad Dadá

Abandonad a vuestra mujer,
abandonad a vuestra amante

Abandonad vuestras esperanzas y vuestros temores

Abandonad vuestros hijos en medio del bosque

Soltad al pájaro en mano por aquellos que están volando

Abandonad si hace falta una vida cómoda,
aquello que os presentan como una situación con porvenir


Lanzaos a los caminos

27.3.09

LA MEMORIA EN CARNE VIVA / NACIÓN APACHE

El arquitecto Tito Hargén, del blog Hargentina, se explaya sobre el edificio de la Esma.

EXPONE MARIANA JOSI HOFFMAN EN LA SCA


DALÍ EN EL PARQUE GÜELL / 26 DE SETIEMBRE DE 1956

Xiquets de Valls, vosotros sois como una Egipto, pero una Egipto al revés, porqué Egipto elevó pirámides de piedras muertas a la muerte y vosotros eleváis torres de carne y hueso vivos al cielo de la mística española. Un español, el pintor Mariano Fortuny, es un genio; yo también. Gaudí es un genio; yo también. Prim, Fortuny, Gaudí son de Reus; yo también. Yo también porqué, como escribió nuestro filósofo Francisco Pujols, en nuestro país hay muchas gentes que si no son de Reus, casi lo parecen. Yo también, porqué, como escribió nuestro filósofo Eugenio Montes, en momentos actuales de terrible depresión moral y espiritual, es un honor vivir y ser español; los de Figueres, los de Port Lligat, lo mismo que los de Sevilla, El Escorial, España toda entera, sabiendo la importancia de nuestro país, formamos esa tierra unida, esa tierra mística, esa tierra del siglo y de la unidad espiritual.En una ocasión fue preguntado Gaudí donde estaban los planos de su catedral de la Sagrada Familia, y respondió que hacía arquitectura sin planos, pero los tenía en la mente. En 1927, el mismo día en que llegué a París, desayuné con el místico y protestante Le Corbousier y viendo mi creación diosiniana, inquirió si tenía idea de lo que la arquitectura del futuro podía llegar a ser y yo le respondí que Dalí tenía idea de todo y sobre todo. La arquitectura del porvenir, respondí, será blanda y peluda. Blanda ya lo está siendo con Gaudí y peluda lo será por Dalí, y también entonces elevaré miradas al poder creador de Gaudí. Y así mismo lo ha reconocido últimamente el propio Le Courboisier en las últimas fases de la arquitectura ya que en ellas impera la gravedad sobre las formas helicoidales de acuerdo con nuestro genio Gaudí.

Ahora me voy a Nueva York, desde Port Lligat, y allí continuaré lo que hoy he empezado aquí y daré solución a la obra más grande y genial que los arquitectos hayan nunca soñado, o sea la proporción de que las nuevas leyes tienen que ser un producto del coeficiente de elasticidad de la sección áurea y de la divina proporción del Renacimiento del Tretinia y del fraile Luca Paciollo. Dado que estos últimos 20 años he estado en contacto con lo que se puede llamare la flor de los intelectuales, los filósofos de la arquitectura y constatando que hay algunos que más o menos se imponen rozando la genialidad, digo que cuando un español sale genial, no se puede comparar con nadie; únicamente somos sordos en nuestro propio país; pero de Velázquez no ha habido en España más que uno y de Gaudí no ha habido más que Gaudí y tardarán muchos siglos antes no se produzca otro igual.

Hace algún tiempo cayó una bomba en Hiroshima y después han venido las bombas de hidrógeno, pero los pintores locales continúan pintando sus naturalezas muertas y sus árboles trazados más o menos oloquinos como si nada verdadero hubiera pasado, pero antes que la primera bomba, cayó en el propio corazón de Barcelona una bomba más temible y potente, porque en vez de ser una bomba destructiva fue una bomba creadora, en vez de ser una bomba uniforme, fue una bomba morfológica y, en vez de destruir, aniquilar desintegrar, en el lugar donde cayó, en este mismo corazón de Barcelona, se levantaron los edificios sublimes del arquitecto Gaudí; la prueba de lo que digo es que aquí, en nuestro país, no nos damos cuenta de la importancia cósmica de Gaudí, es el hecho que los Amigos de Gaudí tienen abierta en el Tinell una exposición maravillosa de documentos y objetos de Gaudí, y tenemos que hacer constar que ha sido casi exclusivamente visitada por extranjeros.

Como que las conferencias, menos las que yo pronuncio, suelen ser un acto de aburrimiento casi integral, considero mucho más eficaz pasar a acción Y realizar el cuadro que ya está aquí preparado. En la Escuela Real de San Fernando de Madrid gané el primer premio de pintura, pero hice una apuesta con los otros alumnos diciendo que ganaría el premio, sin que mi pincel rozara, ni tuviera el mínimo contacto con la tela. Realicé el cuadro echando “tacas” de pintura a un metro de distancia, pero con una tal destreza, digna del pintor reusense Fortuny, que el resultado fue un desnudo femenino que me servía de modelo, el cual ganó, ya que los profesores desconocían mi método, el primer premio de la Escuela de Pintura, Escultura y Grabado. Pero no solamente gané el premio, sino que como en Madrid la gente estaba muy lejos de lo que pasaba en Europa, para ellos descubrí el divisionismo, el fontillismo, y hubo una serie de pintores que especularon como si el fontillismo fuese una invención daliniana.

Esto que voy a hacer es mucho más importante, porque cuando me han dicho de venir a hacer la conferencia, he pensado que venir nada más que para hablar no valía la pena, y que era mucho más práctico que si me molestaba en venir desde Port Lligat a Barcelona para esta ocasión, me fuera habiendo acabado ya la Sagrada Familia; lo que vamos a hacer ahora, porque hago una profecía y doy mi palabra de honor de español que sería imposible terminar ideológicamente sin seguir las pautas del “quitrán”.

Al pensar lo que haría ya lo he dicho esta mañana: Que si saliera bien, bien y si saliera mal, mejor; ha salido mucho mejor.

26.3.09

DALÍ Y GAUDÍ

PERIODISTA: ¿Tiene alguna relación el bigote de Dalí con el arte de Gaudí?

DALÍ: Una gran relación, porque mi bigote es absolutamente contrario a los bigotes nórdicos y depresivos que llevaba, por ejemplo Federico Nietzsche, que llevaba unos bigotes depresivos que le caían hacia abajo, llenos de niebla y de música mal digerida. En cambio, mis bigotes, son erectos y se dirigen hacia el cielo como las torres de los Xiquets de Valls o las torres de Gaudí.

25.3.09

LOS COLECTIVOS SON MÁS BUENOS QUE LOS TAXIS / LA VOZ DEL INTERIOR

No tengo auto, ni sé manejar. Por lo tanto dependo siempre de la caminata o del transporte público. Trenes, subtes, colectivos y taxis. De los cuatro, el que más uso es el colectivo. Es barato y normalmente presta servicios diurnos y nocturnos. El subte, que aún brinda un mejor servicio diurno, últimamente está jodido por los paros. Los trenes son para ir a las afueras, a Castelar, al Tigre.

Desde que los colectiveros no cobran personalmente el pasaje, los noto de mejor humor. Las máquinas expendedoras les han ahorrado ese trámite descabellado. Ahora sólo tienen que lidiar con el tráfico. Y lo hacen con más corrección, porque están menos estresados. Aunque desde hace un año a esta parte los he vuelto a notar preocupados. Los taxis les han ganado una batalla injusta.

No sé si lo mismo habrá pasado en Córdoba. Acá, en Buenos Aires, los usuarios nos enteramos por los carteles. Taxis y colectivos, a principios del año pasado, comenzaron a hablarnos mediante pancartas impresas en enormes paneles adhesivos, pegadas a sus carrocerías. La primera que leí la llevaba un 60: "Menor tiempo de espera y de llegada. Carriles exclusivos para los colectivos". Los taxis se sintieron tocados: "Sí a los carriles exclusivos, no a la exclusión". Desde la ventanilla, en ese mismo viaje, pude ver que un 64 le contestaba: "Carriles para taxis sin pasajeros: compromiso político e incoherencia técnica".

Lo cierto es que todos los colectivos y los taxis de Buenos Aires se pusieron a dialogar en mayúsculas, como se discute en los cómics cuando hay grito pelado. Y si bien pelearse en la calle es algo que hicieron siempre (los taxistas odian a los colectiveros y viceversa), ahora la cosa se profesionalizó: hasta está subtitulada.
(Continúa en cordobés.)

24.3.09

LOS FINALES / ADOLFO BIOY CASARES

El cuento de final a toda orquesta en el que yo he caído tiene algo falso. Hay una reacción justificada contra eso, pero hay que tener cuidado también de no dejar la sensación de: y bueno, ¿qué? El ideal es no subrayar demasiado las cosas, pero en el final hay que dejar que todo se entienda. Hay que saber decir sin subrayar. El cuento es una cosa que empieza, tiene un nudo y termina. Al no tener la terminación, vienen la insatisfacción y el desagrado. No hay que hospedarse en el muy hospitalario cuento sin final, hospitalario para el escritor porque no tiene que pensar demasiado. Es típico de escritor novato que nada llegue. Las cosas tienen que llegar, pero tampoco como las hacía llegar Poe: "Miren qué horror, aquí viene el fantasma". La palabra "horror" la tiene que poner el lector.

21.3.09

SETENTA BALCONES / ALICIA DUJOVNE ORTÍZ

Por la presente, la señora Alicia Dujovne Ortíz es declarada ciudadana ilustre -o tía ejemplar, lo que ella prefiera- de Milanesa con papas. ADN, de vez en cuando, la pega con una genialidad.

¡Continúe escribiendo y viviendo así, Alicia, que la queremos mucho!

20.3.09

LOS TEMAS / ADOLFO BIOY CASARES

Hay que apartarse de la historia de la literatura y no pensar que los temas se han agotado. En Europa predomina esa idea y que lo único que les queda a los escritores es intentar variantes. Es un pésimo camino para escribir. Hay que proceder con un poco más de ingenuidad y modestia y no verse a sí mismo como parte de la literatura, sino como una persona que cree inventar algo y lo propone. En Italia me preguntaron qué teoría había detrás de mis relatos y respondí que no había ninguna. Conviene que haya unidad de tiempo, o que el tiempo no se prolongue demasiado. El relato comprimido en el tiempo tiene mucha más eficacia. Decía Stevenson que tiene que haber de vez en cuando escenas vívidas para el ojo, escenas que uno las vea en su mente como si las soñara, porque ayudan a que el lector siga interesado y guarde una imagen. Él lo hacía muy bien. No escribo una historia fantástica para mostrar que la literatura fantástica puede tal cosa, no. Escribo cuentos fantásticos porque se me ocurren cuentos fantásticos, y tal vez quisiera escribir cuentos que no fueran fantásticos.

19.3.09

LA TÉCNICA / ADOLFO BIOY CASARES

¿En qué consiste la técnica? En cómo contar las cosas, ¿en primera o en tercera persona? La técnica es: ¿frases largas o frases cortas? Pensé muchísimo en la técnica del cuento y la novela y creo que ante cada cuento hay que pensar qué técnica le conviene a uno para ese cuento. Casi hay que inventarla. Hay buenas recetas y casi todas vienen de Horacio: las unidades son verdad. No sé por qué, pero conviene que un argumento tenga un tema central, conviene que tenga un héroe, conviene que la historia sea contada por una persona. Ya sé que están La piedra lunar y otros buenos libros contados por muchas voces, pero parecería que es más fácil acertar contando las cosas con una sola voz. Si en una historia está en el campo, las cosas deben mirar al campo; si hay una creación musical, deben mirar hacia la realidad musical. Y tiene que haber sorpresas, pero no muy grandes como para ser increíbles. Tienen que estar preparadas, pero no como para que el lector diga: "Sabía que venía esto". Es una cuestión de tino. La verdad se aprende. Los candidatos a aprendices pedimos que se nos acorte el camino, y en nada se puede acortarlo. Hay que tener malas experiencias y aprender de ellas.

18.3.09

ESCRIBIR / ADOLFO BIOY CASARES

No es fácil escribir, no es fácil. He escrito tantos relatos que, aunque tengo las dificultades de siempre, por lo menos no tengo la sensación de estar viéndome desde afuera cuando escribo. Últimamente tuve que escribir un prólogo para una antología de relatos fantásticos rioplatenses y me costó muchísimo, me sentía como otro Bioy que miraba y decía: "No, esto es una tontería, esto es falso". Con los relatos estoy más en mi terreno y escribo con más naturalidad. Empecé a escribirlos a los doce años, y estoy escribiendo relatos. Le debo mucho a mi padre porque yo tenía la costumbre de la ensoñación: pensar en cosas muy inútiles. Mi padre me dijo que le pasaba lo mismo y había perdido muchísimo tiempo en eso, y me aconsejó: "Tratá de pensar en los cuentos en vez de esas tonterías". Además, como soy supersticioso, había descubierto que me traían mala suerte esas ensoñaciones. Claro, si deseaba que las mujeres se enamoraran de mí, era probable que de vez en cuando se enamoraran. Aprendí a pensar en cuentos, y si bien no estoy satisfecho con mis dotes, puedo decir que eso me llevó también a dominar mi capacidad de atención y mantenerla. Un escritor me dijo que él tenía una imaginación tan fuerte que no podía leer novelas porque leía la primera frase y se quedaba pensando. Era una buena caricatura de lo que me pasaba.

17.3.09

LOS CONCURSOS DE LOS ARQUITECTOS



“Bajo el punto de vista de los profesionales, las opiniones están repartidas entre dos bandos. Los jóvenes, que necesitan atraer las miradas sobre un talento todavía no consagrado, son partidarios del concurso que les facilita la ocasión de hacerse conocer; en cambio, los veteranos se consideran con títulos suficientes para prescindir del concurso público, por haber ya dado pruebas de competencia y de conocimientos suficientes en su larga carrera, y afrontar cualquier problema arquitectónico de los muchos que a diario se presentan.
El arquitecto joven, nada tiene en ello que perder, y sí mucho que ganar: si vence al veterano tiene un triunfo y al ser vencido se escuda luego en su falta de experiencia; en cambio el profesional ya conocido poco agrega a sus méritos con un éxito en tales condiciones y, por el contrario, sufre un desaire y una desilusión irreparable si sus trabajos no son premiados.”
Son palabras del arquitecto Alejandro Christophersen, primer presidente de la Sociedad Central de Arquitectos y autor del reglamento de concursos de arquitectura de 1904 que aún hoy, con unos cuantos cambios, seguimos usando. Los veteranos de la matrícula se resistían a cotejar sus trabajos con los más jóvenes, a riesgo de perder los encargos y el lugar central de su fama. Pero tampoco les dejaban ni medio lugar. Y los jóvenes que no eran de la “famiglia” de la arquitectura, los que no llevaban ese sello de nobleza, de raza o como quieran llamarlo, estaban destinados a quedarse con la ñata contra el vidrio.
Los concursos de los arquitectos son diferentes a los del resto del campo cultural argentino. Son temáticos. Mientras los de literatura o arte se basan en el género (de cuentos, de poesía, de novela) o en la técnica a utilizar (grabado, dibujo, pintura, escultura), los de arquitectura tienen un tema específico. Y un sector de ciudad señalado, un terreno medido, con un programa básico de actividades a desarrollar y a veces hasta montos de dinero imposibles de superar. Es como si a los escritores se les pidiera: hagan una novela con tres personajes femeninos y uno masculino, ambientada entre 1900 y 1930, de amor, con un conflicto económico lateral que hacia el final se torne el gran problema a resolver. Algo así. Los escritores del mundo se reirían de esta propuesta descabellada. Los arquitectos, no: nos arremangamos y nos ponemos manos a la obra.
Cuando tengo que mandar una novela a un concurso de novelas me tomo un par de días para corregir la que escribí hace un año, repaginarla, caratular, y listo. Se hacen los juegos indicados de fotocopias, se ensobra, se lleva. Las bases son ejecutivas: cantidad de ejemplares, fecha de cierre, lugar de recepción, condiciones de anonimato. De un concurso de novela participan entre 500 y 2000 escritores. Cada libro representa a una persona que gastará un promedio de cien o doscientos pesos entre copias, anillados y envíos. El fallo suele venir luego de unos cuantos meses, porque leer tantos libros –en el caso de que los lean, de que sea un concurso genuino y no un engaña pinchanga- lleva muchísimo tiempo.
En el concurso de arquitectura las bases son redactadas por un cuerpo de asesores que elabora un programa de necesidades y ajusta las condiciones de entrega -lo permitido y lo prohibido-, más los tiempos. Luego se dan a conocer por los Medios y los profesionales comienzan a hacer sus trabajos. Participar en un concurso de arquitectura es estudiar las bases. Estudiar las bases es más que leer las bases, ya que además de la información ejecutiva está el tema a proyectar, acompañado de cómputos (por ejemplo: si piden un anfiteatro indican para cuántas personas, o cuántos metros cuadrados llevará el sector de administración, o cuántos inodoros un baño), límites de presupuesto y restricciones de código o servicios. La lectura de las bases suele llevar varios días; la interpretación de las bases, o sea la conversión de esos pedidos en arquitectura, todo el concurso. Un mes, un mes y medio o más.
Dibujarlo llevará otra semana intensa de un grupo grande de trabajo, formado generalmente por profesionales, estudiantes y diseñadores varios. Cuando digo intenso, son días con sus noches, fines de semana incluidos. Normalmente se entrega un juego de paneles de grandes dimensiones, más una memoria y un cómputo. Para un concurso chico suelen presentarse 10 trabajos; a uno muy popular, 50, 100. Cincuenta trabajos, a diez integrantes por equipo, son quinientos profesionales pensando un problema específico durante un mes o dos. Cada grupo gastará entre mil y cinco mil pesos, depende del tamaño de la entrega y requisitos. El Jurado suele expedirse en una semana o diez días. Acá no hay mucho para leer: hay que saber mirar y estudiar sobre paneles que en su mayor parte están formados por imágenes.
Los premios igualan a ambos concursos: hay primero, segundo, tercero y menciones honoríficas. El primero de novela se publica casi siempre; el primero de arquitectura a veces se construye. Últimamente la SCA está tratando de que todos los concursos sean
vinculantes, para que el ganar conduzca a la concreción.
Los participantes igualan, también, a ambos concursos en todas las épocas. Es de lo que hablaba Christophersen en 1917: las pasiones y esfuerzos siguen siendo el motor del competir; la consagración y el aprendizaje, el resultado. A veces acompañado de desilusión, es cierto, pero basta ganar uno chiquitito para verle todas las cosas buenas.

LA OBRA PÚBLICA A CONCURSO
Los concursos de arquitectura organizados por la Sociedad Central de Arquitectos no son perfectos. Son como la democracia para los Estados: lo mejor que tenemos probado para poder discutir entre todos el devenir de un país. Los proyectos que los arquitectos presentamos a esos concursos tampoco reflejan el pensar de toda la matrícula; apenas el de aquellos profesionales que se animaron a invertir inteligencia, creatividad, tiempo y esfuerzo en aras de una idea a realizarse.
Sin embargo, es mejor que un edificio o un espacio urbano de la ciudad se presente a discusión pública con asambleas vecinales, opinión profesional y debate. De esto se tratan los concursos de arquitectura: de minimizar los riesgos sociales de lo que significa operar en el sistema público, transparentar la oferta y abrir un abanico importante de propuestas para cada tema. Sobre todo: analizar, analizar, analizar antes de hacer. Como dicen los carpinteros: “mil veces medir, una vez cortar”. Un mal libro publicado no le hace mal a nadie, y siempre habrá alguien al que le guste. Pero un mal edificio o un espacio urbano equivocado es todo un problema. Social, económico y humano.
“La arquitectura se piensa antes, durante y después de hacerla”, dice el arquitecto Roli Schere. Está comprometida con el patrimonio y con la vanguardia, con la historia y con la actualidad. Al fin de cuentas, un espacio público es un rincón de la ciudad de todos, sean arquitectos o no.
La actual es una época de confrontación y debate, por suerte. Nos lo hemos ganado como ciudadanos y profesionales. En este momento entre el Gobierno de la Ciudad y la SCA hay cantidad de concursos en movimiento, sobre temáticas diferentes, sólo para Buenos Aires. El hospital Rivadavia, la peatonalización del Centro, los Oasis Urbanos, ampliaciones de Bancos y oficinas, parques lineales. Algunos ya han sido premiados, en muchos otros todavía se puede participar. La oferta es variada, los jurados son serios y los premios que se vienen dando son razonables y bien retruibuidos. Desde 1886 la SCA y desde 1957 la Federación Argentina de Arquitectos vienen remando por garantizar la excelencia de los resultados, la equidad en las adjudicaciones de obras y la variedad de opciones para resolver un mismo problema. Son, en palabras del arquitecto Daniel Silberfaden, actual presidente de la SCA, “el modo más democrático que se ha probado para la selección de un proyecto”.
La democracia no es perfecta, pero es lo más seguro que tenemos para que no nos mientan.

EL LIBRO AMARILLO DE LOS CONCURSOS
¿Cuál es la finalidad última de estos concursos? ¿La obra construida? ¿O también sirve para enriquecer el debate y el patrimonio cultural de una de las disciplinas más creativas de todas, la de los arquitectos?
La SCA acaba de publicar un libro inmenso sobre el tema, que es en sí mismo la respuesta a esos interrogantes. Digo inmenso porque lo es: pesa tres kilos seiscientos, mide 31 x 24 x 5 centímetros de ancho, tiene tapa dura, más de ochocientas páginas y una encuadernación que parece irrompible. Contiene todos los concursos de arquitectura realizados desde 1825 hasta el 2006, recopilados uno a uno por el arquitecto Rolando Schere. El editor es Hernán Bisman e Imagen HB hizo el diseño gráfico. Una joya.
No es un libro solamente para historiadores, ni para expertos en patrimonio. No es, tampoco, un libro exclusivo para diseñadores. Ni una enciclopedia propiamente dicha. Es todas esas cosas juntas. Cuando los amigos historiadores de Roli le pedían que eligiera una época clave –por ejemplo los años 60- él se negaba: tenían que ser todas las épocas, incluida la militar, en la que se adjudicaban los proyectos a dedo. Cuando los amigos diseñadores de Roli le sugerían que seleccionara cierta cantidad de trabajos para garantizar la excelencia del libro, él se enojaba: tenían que ir todos. Roli creyó que el libro debía ir desde el principio hasta el final. “Cada generación añora su época como si fuera la mejor; la historia, al fin, es un contínuo. Todas las épocas y todos los diseños tienen sus momentos y sus detalles para enorgullecerse o ponerse a llorar”, dice. En el libro puede leerse que el primer concurso que se hizo en Buenos Aires fue en octubre de 1825, para una cárcel. Se conoce el nombre de un solo participante, el ingeniero James Bevans, y no fue premiado, ni la cárcel se construyó. El segundo fue en 1854, el de la Aduana Nueva, que ganó el ingeniero arquitecto Eduardo Taylor. La aduana es la que todos conocemos, en Paseo Colón, sólo que ahora le decimos Aduana Vieja. Hubo solamente tres participantes y el concurso fue llamado por la Gobernación de Buenos Aires. El tercero fue el del Paseo de Marte, en la Plaza San Martín (todavía no existente para 1860). El promotor fue la comisión vecinal, se presentaron cuatro trabajos y el ganador fue el arquitecto José Canale. También se hizo.
Entre los últimos premios importantes del libro figuran el Centro Cultural del Bicentenario (para el palacio de correos) ganado por los hermanos Bares, Becker, Ferrari y Schnak; la Facultad de Sicología ganada por Diéguez y Friedman y los Módulos de Vivienda para cuatro regiones de la República Argentina, ganados, entre otros, por el inefable Clorindo Testa y su troupe de concurseros endemoniados. Los tres proyectos son del año 2006 y actualmente están en distintas etapas de construcción y planificación.
“Concursos organizados para hacer obras, para intentar hacer obras o para no hacer. Concursos que han generado un patrimonio construido, pero también un inmenso patrimonio proyectado y que fundamentalmente han posibilitado un lugar para la invención”, dice en el libro.
Por todo eso y por mucho más es que hacemos concursos, y concursar es algo que se mantiene vigente al paso de las décadas, como un juego en el que quieren participar todos los arquitectos. Aunque siempre haya alguien que pueda afirmar, como hizo Carlos Altgelt en 1904: “una vez fui bastante tonto como para tomar parte en uno”.

16.3.09

ALGUNOS ASPECTOS DEL CUENTO / JULIO CORTÁZAR

He aquí el cuentista, que ha escogido un tema valiéndose de esas sutiles antenas que le permiten reconocer los elementos que luego habrán de convertirse en obra de arte. El cuentista está frente a su tema, frente a ese embrión que ya es vida, pero que no ha adquirido todavía su forma definitiva. Para él ese tema tiene sentido, tiene significación. Pero si todo se redujera a eso, de poco serviría; ahora, como último término del proceso, como juez implacable, está esperando el lector, el eslabón final del proceso creador, el cumplimiento o el fracaso del ciclo. Y es entonces que el cuento tiene que nacer puente, tiene que nacer pasaje, tiene que dar el salto que proyecte la significación inicial, descubierta por el autor, a ese extremo más pasivo y menos vigilante y muchas veces hasta indiferente que llamamos lector.
Los cuentistas inexpertos suelen caer en la ilusión de imaginar que les bastará escribir lisa y llanamente un tema que los ha conmovido, para conmover a su turno a los lectores. Incurren en la ingenuidad de aquel que encuentra bellísimo a su hijo, y da por supuesto que los demás lo ven igualmente bello. Con el tiempo, con los fracasos, el cuentista capaz de superar esa primera etapa ingenua, aprende que en literatura no bastan las buenas intenciones. Descubre que para volver a crear en el lector esa conmoción que lo llevó a él a escribir el cuento, es necesario un oficio de escritor, y que ese oficio consiste, entre muchas otras cosas, en lograr ese clima propio de todo gran cuento, que obliga a seguir leyendo, que atrapa la atención, que aísla al lector de todo lo que lo rodea para después, terminado el cuento, volver a conectarlo con su circunstancia de una manera nueva, enriquecida, más honda o más hermosa. Y la única forma en que puede conseguirse ese secuestro momentáneo del lector es mediante un estilo basado en la intensidad y la tensión, un estilo en el que los elementos formales y expresivos se ajusten, sin la menor concesión, a la índole del tema, le den su forma visual y auditiva más penetrante y original, lo vuelvan único, inolvidable, lo fijen para siempre en su tiempo y en su ambiente y en su sentido más primordial.

13.3.09

LIMPIO / ALBER VÁZQUEZ

Limpio como el leve balanceo
de mi mano
frente a tu vientre.
Soy yo quien te ama
a ojos cerrados, quien
define tu perspectiva
desde lo más hondo de mi ser.
Ven y trata de confundirte conmigo,
elígeme como hueco materno:
sabes que cuidaré de ti
para siempre,
que detendré cada tormenta
a un palmo
de tu piel translúcida.

12.3.09

LA INTENSIDAD DEL AGUA / ALBER VÁZQUEZ

Finjo espacio para el
entendimiento:
las almas de los animales muertos
se alinean en cubierta
y miran hacia el lugar preciso.
Hacia el lugar desde el que
el loco arrojaba cuerpos al mar,
cuerpos al otro lado de
Origen. Finjo que sé lo que
sucede y asumo el cargamento.
Soy ser de niebla, transparencia
espectral, hecho exclusivamente
razonable: es
mi mano la que decide
la intensidad
del agua.

4.3.09

CUARTA BRILLANTE APARICIÓN DE LA FE CIEGA EN LA WEB

Gracias, Sergí.
Sos un capo, macho.

ALGUNOS CROQUIS MÁS / OASIS URBANO MAGALDI UNAMUNO

Los que quedaron al final, con las últimas versiones de pérgola y equipamiento. Desde mañana y por una semana. Las plazas como se verán este año cuando la Muni las construya, operación que seguiremos al detalle, fotografiando y contando todo minuto a minuto, centímetro a centímetro, día tras día. La Milanesa va a ser testigo de la formación de parte del espacio público de Barracas y, por tanto, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


Emocionante, sobre todo para Max, para Ramiro y para mí, autores del proyecto.


Se nos cae el lagrimón.

3.3.09

LA CRISIS / ALBERT EINSTEIN

No pretendamos que las cosas cambien si seguimos haciendo lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar "superado".
Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias, violenta su propio talento y respeta más los problemas que las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos.
Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla.