21.4.17

SÉPTIMA REUNIÓN DE LA CLíNICA LITERARIA DEL GALPÓN ESTUDIO / TEMPORADA TRES

El miércoles vino a cocinarnos la escritora y guionista Belén Wedeltoft al Galpón Estudio, desde su micro emprendimiento OSLO, comida de mar. Comimos de salmón rosado solo y salmón con queso Finlandia, brótola con cebollas caramelizadas y de langostinos, albahaca, tomates cherry y muzzarela. Riquísima, la vikinga tiene la mano adicta a los repulgues. Las empanadas se venden congeladas de a tres, a muy buen precio. Si hacés una compra de cinco bandejas te las entrega a domicilio. Lo sé porque la gran Belu es mi socia en guión y teatro (estamos empezando) y porque le compré montaña de veces. Copio el afichito para que la contacten. Tomamos vino de bodegas El Esteco.

Leímos “Nada de todo esto”, de Samanta Schweblin, de su libro “Siete casas vacías”; “Mur”, de Felisberto Hernández, y ”Doble Antonia”, de Andrea Maturana. Este último ya lo habíamos leído en un curso anterior, quise encontrar “El idioma de los peces”, de Cristina Fernández Barragán, pero perdí su libro entre mis anaqueles, y en Internet no está. Así que lo dejaremos hasta que lo encuentre.

Leyeron Mariana, Pablo y Laura. Terminamos hablando sobre las cosas que nos dan miedo, para poder encarar o corregir el cuento de terror que tenemos en la consigna. Pablo afirma que la cosa que más miedo le dio de grande es un juego con monstruos en un castillo, del que se hizo fan. Muy gótico para mi gusto. Acá va el teaser:

Amnesia


Yo conté una historia de pánico que Gabriel García Márquez, en uno de sus libros de la Escuela de Baños, en Cuba, sobre la escritura de guiones, dice nunca haber podido escribir en formato cuento. 

Dos alpinistas se pierden en una montaña, en plena tormenta de nieve. Encuentran, casi a punto de congelarse, una pequeña cueva para su resguardo. Uno se pone activo a buscar cómo hacer un fuego; el otro se queda quieto, se congela y se muere. Su amigo llora, está desesperado. Entierra el cuerpo a la entrada de la cueva.  Se duerme agotado al calor de la fogata. Por la mañana encuentra a su amigo sentado a su lado, embarrado y frío. No hay nadie más en los alrededores. No se explica cómo salió del pozo. Inmediatamente lo vuelve a enterrar. Pasa la segunda noche sobresaltado. Al final se duerme. Por la mañana vuelve a encontrar a su amigo ahí sentado. La historia se repite todos los días, hasta que el alpinista enloquece. La explicación es que ese hombre no podía pasar la noche solo. Entonces, sonámbulo, desenterraba a su amigo y lo sentaba a su lado, para tenerlo cerca a la mañana. Horror, horror.


También citamos sustos de cine. Acá Laura manda dos links muy efectivos. Uno, el del niño, me consta. Veánlos y opinen. Besos.


19.4.17

PARA LEER "EL MATADERO" / ECHEVERRÍA POR EL CONDE LÁISEK

“La figura más prominente de cada grupo era el carnicero con el cuchillo en mano, brazo y pecho desnudos, cabello largo y revuelto, camisa y chiripá y rostro embadurnado de sangre. A sus espaldas se rebullían caracoleando y siguiendo los movimientos, una comparsa de muchachos, de negras y mulatas achuradoras, cuya fealdad trasuntaba las harpías de la fábula, y entremezclados con ella algunos enormes mastines, olfateaban, gruñían o se daban de tarascones por la presa”.
Pero las frases deliciosas son tantas que uno se ve forzado a elegir: “Ahí se mete el sebo en las tetas, la tía –gritaba uno”. “¡A la bruja! ¡A la bruja! –repitieron los muchachos–; ¡Se lleva la riñonada y el tongorí! Y cayeron sobre su cabeza sendos cuajos de sangre y tremendas pelotas de barro”. 
“Hacia otra parte, entretanto, dos africanas llevaban arrastrando las entrañas de un animal; allá una mulata se alejaba con un ovillo de tripas, y resbalando de repente sobre un charco de sangre caía a plomo, cubriendo con su cuerpo la codiciada presa. Acullá se veían acurrucadas en hileras 400 negras destejiendo sobre las faldas el ovillo y arrancando uno a uno los sebitos que el avaro cuchillo del carnicero había dejado en las tripas como rezagados, al paso que otras vaciaban panzas y vejigas y las henchían de aire de sus pulmones para depositar en ellas, luego de secas, la achura”. 
Y por último: “Ventilaban a cuchilladas el derecho a una tripa gorda y un mondongo que habían robado a un carnicero, y no de ellas distante, porción de perros flacos ya de forzosa abstinencia, empleaban el mismo medio para saber quién se llevaría un hígado envuelto en barro. Simulacro en pequeño era éste del modo bárbaro con que se ventilan en nuestro país las cuestiones y los derechos individuales y sociales”.
Vamos a analizar estos fragmentos, pero no ya desde el punto de vista narrativo sino a la luz de la historia. Nada más ficcional que el realismo, donde todo lo que escribimos está bajo la luz del recorte ideológico. Mientras hacemos obra, del tipo que sea, toda nuestra narrativa se torna real, en tanto que nuestro realismo tiende a volverse narrativa y ficción.
El matadero según Lai

18.4.17

DE VOCACIÓN, NOVELISTA / HARUKI MURAKAMI

"De niño leí una novela que trataba de dos hombres que iban a contemplar el monte Fuji. Uno de los protagonistas, el más inteligente de los dos, observaba la montaña desde diversos ángulos y regresaba a casa después de convencerse de que, en efecto, ese era el famoso monte Fuji, una maravilla, sin duda. Era un hombre pragmático, rápido a la hora de comprender las cosas. El otro, por el contrario, no entendía bien de dónde nacía toda esa fascinación por la montaña y por eso se quedó allí solo y subió hasta la cima a pie. Tardó mucho tiempo en alcanzarla y le supuso un considerable esfuerzo. Gastó todas sus energías y terminó agotado, pero logró comprender físicamente qué era el monte Fuji. En realidad, fue en ese momento cuando fue capaz de entender la fascinación que producía en la gente.
   Ser escritor (al menos en la mayoría de los casos) significa pertenecer a esa categoría que representa el segundo de los protagonistas. Es decir, no ser extremadamente inteligente. Somos ese tipo de personas que no entienden bien la fascinación que despierta el Fuji a menos que subamos hasta la cima por nuestros propios medios. La naturaleza de los escritores conlleva en sí misma no llegar a entenderlo del todo después de subir varias veces, incluso estar cada vez más perdidos con cada nueva ascensión. La cuestión que se plantea en ese sentido no es la del rendimiento o la eficacia. En cualquier caso, no es algo en lo que se empeñaría una persona de verdad inteligente."
Gran texto de Murakami en Radar

14.4.17

EL INFORME DE LA SEXTA REUNIÓN / LA CLÍNICA LITERARIA DEL GALPÓN

Primero, la cena. La queridísima Laura Lober, de Murakami Sushi de Autor, nos trajo dos sushi-cakes, la última moda del sushi en Japón y en el mundo. Lo condimentó con rocoto peruano, lo adornó con finas rodajas de pepino y caviar de salmón, y lo salseó con miel de maracuyá. Qué les puedo decir: el mejor sushi de Buenos Aires lo está haciendo Laura. Para pedidos y clases comuníquense desde su página; ella en persona contesta meils y llamados. Una genia. Tomamos dos botellas de vino blanco de calidad, dulce y seco. El dulce lo trajo la misma Laura, el seco la otra Laura de la Clínica.

Leímos a Carlos Chernov, “La composición del relato”, a mi juicio su cuento más atroz (“Amores brutales”, Editorial Sudamericana). También leímos un cuentazo de Bolaño, “Gómez Palacio”, de su segundo libro “Putas asesinas” (Anagrama).

Hubo asistencia completa, éramos diez (Laura Lober se quedó a comer con nosotros, como es la tradición). Leyeron Flavia y Fabián. El cuento de Flavia estaba casi bien, si me presta atención a las correcciones que le hice con lápiz lo va a tener terminado en poco tiempo. El de Fabián es más difícil; le encontramos problemas de trama y fragmentos que no se entendían del todo. Es su cuento de terror (el que pedí como consigna). Bien porque se animó. Yo empecé a escribir el mío; espero que los otros concurrentes al taller también lo estén haciendo.

¿Cómo arreglar un texto imperfecto? Leímos dos páginas del libro “Armar un cuento”, de Massolo y Mindurry, en lo que respecta a la velocidad de una trama. Hay un modo rápido, en el que con elipsis y distracciones varias el narrador decide contar una vida o un problema de años en un rengloncito. Y hay un modo lento que va al grano, tiene diálogos y descripciones minuciosas de lo que las personas hacen mientras hablan o mientras intentan relacionarse con su entorno. Para ejemplificar ambos tiempos, Massolo y Lili se meten con “La intrusa”, de Borges. Recomiendo leer su práctico libro a los que recién comienzan a escribir.

Y van mis consejos de orden de la trama, Fabián (creo que no te ayudé mucho anoche, volví a leer tu cuento y me parece que ahora sé lo que habría que hacer; al menos lo que yo haría con esa historia).

1-    Como te dije, y en esto insisto, deberías meter más datos de la relación abuelo nieto, y detalles en la fabricación y secado de salamines intercalados como recuerdos en la inquietante historia de la gruta . En estos flashbacks el viejo hace y el joven mira.

2-    En el último de los recuerdos el abuelo cae en cama, enfermo y preocupado por poder trasmitirle al nieto los secretos de su hacer. Vemos que el nieto no sabe cocinar, solamente sabe vender, y el abuelo ya casi no puede explicarle nada.

3-    Inmediatamente después viene la catástrofe en la gruta y el chico queda atrapado. Extraña a su abuelo y se pregunta si aún vivirá. Se va comiendo los salamines de su mochila hasta que acaba con todo. Simplemente se sienta a esperar un milagro.

4-    Aparece alguien y él se alegra porque lo vienen a salvar. Contrariamente a lo que pasa en el cuento, el chico trata de hacer ruido, de llamar la atención del hombre que lleva la linterna. Ve una salvación; quiere ser rescatado.

5-    El de la linterna es el espíritu de su abuelo que le trae de comer. Como pasa en “El emisario”, de Ray Bradbury. No lo va a sacar de ahí, pero le deja agua y más salamines, para que no muera.

No precisás dos fantasmas, Fabián, basta con el del abuelo, que muere mientras el chico queda encerrado en la montaña. El abuelo representa la comida de la casa, algo que está destinado a no seguir por la falta de capacidad e interés del nieto. Y gracias a la ficción vemos que sigue, inclusive en el peor de los momentos. El abuelo hace que el chico no desfallezca de hambre. No sabe ni puede sacarlo de ahí, pero lo va a alimentar.

Para la próxima semana sale cuento de Samanta Schweblin, el primero de su último libro. Y recibiremos a la escritora Belén Wedeltoft, que nos cocinará las exquisiteces que vende en Oslo, su fábrica de empanadas de salmón gourmet. ¡Manden textos!