28.5.18

MURALLA INVISIBLE / TEXTO PARA MUESTRA DEL MISMO NOMBRE DE FONTANA SWINNEN


Una muralla incompleta, discontinua, es incapaz de frenar un ataque.
Kafka recrea la construcción de la muralla china como una sumatoria de pedacitos que nunca cercaron al imperio, y solamente dieron una visión posible de un cercado. En esos pedazos que le faltan radica el riesgo de la indefensión.
Juan Fontana completa las ausencias de a pinceladas amarillas, con el objeto de instalar la apariencia de lo indestructible en los sectores de falencia. Es un trabajo que decidió tomarse después del esfuerzo de caminarla de a trechos, y de bajar y subir en cada interrupción. No lo hizo por la guerra, que ya no había. Lo hizo para el bien de la continuidad.
Borges, por su parte, nos informa que el Emperador que ordenó dicha edificación mandó a quemar todos los libros existentes anteriores a su mandato. “Quemar libros y erigir fortificaciones es tarea común de los príncipes”. Al parecer, su fuego alcanzó más tesoros.
En su paseo otoñal por Oriente, Esteban Swinnen fue encontrando los discos  no tocados por las llamas. Los juntó en una pila y se detuvo al borde del precipicio de Qingming. Desde allí alcanzaba a ver otro pedazo de la muralla trunca. Tomó el primer disco, lo sacó de la funda y plegó su brazo para lanzarlo como a un plato volante. Su objetivo: unir con un vuelo, como si tendiera un hilo invisible, el sector de muralla sin construir. Pensó: “si llego, soy un príncipe”.
Juan y Esteban vuelven desde Pekín, ciudad prohibida, hasta la ciudad santa de Luján. Traen mensajes. Comen juntos wantán frito y zarandean las cerdas de los shifus.
Una causa justa: la muralla, desde ahora, sirve. Defiende, en la paz, la memoria de una guerra acabada. Y es del todo visible, para siempre.

Gus Nielsen

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