8.12.16

PLAGAS

"Una vez le gané una apuesta a Silvia Hoppenhayn. Fue el 18 de mayo de 1996. Ella tenía como invitado a su programa de literatura a José Saramago para presentar Ensayo sobre la ceguera. Fue antes de que él ganara el Premio Nobel. Silvia porfiaba que para escribir esta peste visual Saramago se había basado en la de Camus. Y le aposté que no, que se apoyaba en la anterior, la de Daniel Defoe. Yo acababa de leer Diario del año de la peste en una publicación de Editorial Brújula, del 69, que había comprado en una feria de viejo. Lo tenía fresquito, y me atrevería a decir que todos los libros de Defoe, desde Robinson Crusoehasta Roxana, o la cortesana afortunada, dan ganas de reescribirlos. No porque estén mal escritos –Defoe es un Maestro– sino porque su prosa da a creer que escribir es fácil y da felicidad, aunque se hablen temas oscuros. Creo que todavía no estaba publicado el libro donde Saramago habla de Viernes, el esclavito de Crusoe. Sino, estimo, ella me habría ganado, porque por esos días me ganaba el 99 por ciento de las apuestas. Incluso en casos de duda, Silvia me hacía perder de todas maneras, aunque yo saliera con la ilusión de haber ganado. El premio esta vez era dejarme cocinar unos fideos caseros para comer en casa de ella junto al famoso escritor. A él, que venía de una recorrida repleta de hoteles, cenar comida casera en un departamento le agradó sobremanera. Gané la apuesta y me puse a amasarle fetuccinis de mi cosecha. Sé el día exacto porque tengo una dedicatoria en la primera página de su extraordinario libro, en la que me agradece los fideos.
Creo que la confusión de Silvia en 1996 se debía a que La peste de Camus está inspirada en Diario del año de la peste, y a lo mejor habrá pensado que era una buena idea ir haciendo las reescrituras concatenadas. Sabemos el dato de Camus porque en el inicio de su libro hay una cita de Defoe que dice: “Tan razonable como representar una prisión de cierto género por otra diferente es representar algo que realmente existe por algo que no existe”. Citar en un epígrafe es reconocer fuentes. Saramago también reconoció su fuente verdadera con mucha alegría: estaba bastante podrido de que todo el mundo lo asociara a Camus, cuando él deseaba que lo hermanaran con el papá de Robinson, simplemente porque esa era la verdad. El libro de Defoe está menos leído que el de Camus, que fue un exitazo. En nuestro país, lo publicó la inefable Victoria Ocampo en su colección Sur del 48, un año después de que saliera en Francia. La película, muy posterior, fue un logro también; no así la basada en el libro de Saramago, que fue un bodrio. Del libro de Defoe no salieron películas sino más libros y, me atrevo a volver a apostar, una obra plástica que recorre los últimos años de la Argentina: la de las pestes de Clorindo Testa."

1 comentario:

  1. Si escribir epígrafes es reconocer fuentes, leerlos es interesarte por las fuentes o intereses del autor de un texto.
    Tacharlos... ¿qué es?

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