20.4.11

HERNÁN CASCIARI / SEGUNDO EDITORIAL

"No elegí por casualidad esta hora de la noche, ni este día, para escribir el editorial. Fue a propósito: es medianoche en Buenos Aires (y las cuatro de la madrugada aquí en Barcelona) del 16 de marzo de 2011. En este preciso momento cumplo cuarenta años. Pienso, sin opción a pensar en otra cosa, que todas mis primeras versiones (el gordito de diez años, el pajarón de veinte, el inmigrante de treinta) soñaron con que la madurez llegara de este modo: en medio de un proyecto loco y bueno, en el que estén los viejos amigos. Me acuerdo de muy antiguas charlas con Chiri en las que fantaseábamos con los cuarenta. ¿Nos dejaría la vida hacer lo que se nos antojara? ¿Se podrìa seguir conversando de discos, de libros, de pelìculas, cuando llegara por fin la madurez? ¿Nos estaría permitido divagar abajo de una parra, o disfrutar con ideas trasnochadas, cuando viniera el tren bala de los hijos y las deudas? La amistad masculina es una larguísima sobremesa que solamente se desactiva cuando hay fútbol. Nosotros, en esa charla interminable, siempre usamos el comodín de "los cuarenta" como metáfora de peaje. Los cuarenta siempre fueron la edad crítica, la muralla, el límite. Si a esa edad algo se ha roto, decíamos, se habrá roto para siempre. Pero acá estamos: nada se quebró. Hace un par de meses, cuando nos sentábamos a elegir los contenidos de este número de Orsai, nos resultó muy extraño que una idea tan absurda, tan poco seria, tan frágil y adolescente, haya tenido tantos y tan alegres lectores en todas partes. A mí, y eso que soy optimista, me parece una bendición que Orsai tenga un número dos. Quizás sea por eso que toda esta edición de la revista, sus 212 páginas, hablan de segundas veces, de nuevas oportunidades. Nietos que acaban el trabajo inconcluso de sus abuelos, ídolos de rock que se caen y se levantan, viejos amigos que van en busca de flamantes carnavales, presos que se convierten en presidentes, guerras que buscan nuevos tiempos, ciudades que duran una semana y resurgen. Todas son revanchas. En un viejo cuento que escribí hace mucho (y que ahora es la historieta y la portada de esta edición) conté que en 1995 estuve a punto de matar a mi sobrina haciendo marcha atrás con el auto. De haberlo hecho, me habría escondido en Finlandia, ya no habría podido escribir, ni estar nunca más con la gente querida. Bienvenidos entonces los cuarenta. Y las canas en la barba. Y los miedos nuevos. Bienvenida esta crisis que siempre quise vislumbrar sin amargura y que llegó esta noche, por fin, trayendo revanchas dulces y el segundo número de Orsai."

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