28.3.11

APRENDÍ INGLÉS LEYENDO A MICKEY MOUSE / ENTREVISTA A DAVID PALEO


Dice que se vistió de negro hasta los 16 años por Giger, el de Alien, la primera película que alquiló en su vida. Pero también le imitaba el flequillo a Alan Alda en Mash. Aún con ese detalle, para los 80 era dark. La banda de sonido de sus cómics sería Jello Biafra tocando con la banda de Archies, el personaje de los 50 que hacía “sugar-honey” (Paleo está convencido de que si la banda de Archies hubiera estado compuesta por terroristas maoístas del ejército de liberación como los que secuestraron a Patty Hearst, hubiera sonado como mínimo como los Dead Kennedys). En la zona del Ground Zero los yanquis armaron un mostrador de venta de recuerdos del 11 de setiembre. Piedras, torrecitas. Paleo publicó un comic en el que vendían un Ken de George Bush con una piola que cuando la tirabas George decía frases patrióticas. Después de un mes puso el noticiero y vio que los yanquis estaban vendiendo el muñeco de su historieta. “Los Estados Unidos son un hervidero de demencia. El subte se llena de personas que gritan y deliran. En la época de Reagan cerraron los manicomios y los locos se fueron a vivir abajo. Los mejores marginales están ahí. En San Francisco los protegen, en Texas los electrocutan”, opina. Una vez se subió atrás en la moto de un amigo que se ofreció a llevarlo porque no llegaba para entregar un trabajo. Iba con traje y zapatos con suela de goma. Apoyó los pies sobre lo que creyó que eran unos soportes, pero el derecho era el escape y llegó con un zapato derretido. “La fealdad es una belleza que uno no tiene la capacidad de percibir. La fealdad es nuestra incapacidad de percibir otras bellezas. La fealdad es un tipo de belleza imposible”. Después de comernos una parrillada de achuras con tres botellas de vino, tratamos de saber por qué nos gustan tanto las cosas feas, lo que hay adentro de los cuerpos, la corrupción de los tejidos muertos que dibuja Paleo. Se los presento así: un Crumb argentino de 30 años, pluma de exportación.

EL TRABAJO QUE DAN LOS COMICS

- Todos los libros de comics que me interesaban de los 80 estaban en inglés, y yo no entendía un pomo. Gary Panter, Charles Burns, Mark Beyer –cuenta Paleo-. También compraba “El Víbora”. La primera revista de comics que hice fue “Agujero negro”, junto a Pancho Sastre, Alejandro Taliano y Gardel Machi. Después estuve en “Squonk”, en la “Cerdos y peces”, hice dos o tres trabajos para Hispamérica como ilustrador y finalmente comencé a vincularme por Internet, exiliado en Lanús, que es casi como vivir en el exterior (en el espacio exterior).

- ¿Y trabajabas de eso? - ¡Nunca! Tuve un montón de trabajos miserables. Una de las primeras personas que me ayudó a publicar afuera fue Kim Deitch, un dibujante under de los 60. Un tipo primitivo y alucinante, que tiene unos cuantos libros: Boulevard of Broken Dreams, Alias the cat. Son unas historias increíbles con personajes que llevan décadas actuando. El gato Waldo, por ejemplo, que es la reencarnación de Judas y se le aparece solamente a dibujantes de historietas que son alcohólicos o tienen problemas mentales. Lo primero que le dije a Kim Deitch en un mail es “veo a Waldo”.

- Era una señal - Me contestó como a un lunático, como si yo lo estuviera viendo de veras. Finalmente me conectó con Danny Hellman, que es un genio loser que empezó a sacar sus libros para pagar los abogados de unos problemas legales que tuvo. Y también me contactó con Gary Groth, el dueño de Fantagraphics, una de las editoriales más importantes de comics en el mundo. Editan a Schulz (el de Charly Brown) y a desconocidos como yo.

- ¿El under sigue siendo el de los ochenta? - Sí, claro. Lo hacen pibes de 20 años que son nuevos hippies. Los libritos se llaman fanzines, y conectan con Crumb, Deitch, el hermano de Kim que siempre pensó en under pero no podía dibujar ni media línea en los 60, se tantas drogas que tragó. Imprimen su fanzine, lo distribuyen, y a veces pagan. En Estados Unidos y en Europa hay a montones. Y siguen saliendo en papel. A los fanzines no les interesa demasiado la web. Las revistas alternativas siguen siendo localistas y aprendieron de la web solamente a comunicarse.

- ¿Y la poética contracultural, por llamarla de alguna manera, sigue siendo la misma? - Zap Comix en los 60 quebró todos los tabúes y la pasaron bárbaro. Había un montón de gente extraña que hacía cosas. Tipos que venían de La pequeña Lulú, como Crumb, y otros que venían del arte. Pura anfetas y tinta.

- ¿Cuáles serían los tabúes hoy? - No debería haber ninguno, sin embargo sigue siendo muy fácil ofender. Hoy prácticamente no se podría publicar nada de lo que Zap sacaba en los 60, tan grande es la corrección política actual. S. Clay Wilson, que hacía comics de piratas con penes gigantes que peleaban contra motoqueras lesbianas, hoy en día es odiado. Y fue un prócer.

- ¿Vos decís que la gente se ofende más ahora que en los años 60? - Se ofende igual, pero cambian las razones. La gente hoy se censura más a sí misma. Antes la censura era social: vos no querías que te descubrieran leyendo esas cosas. Ahora no querés encontrarte pensando en esas cosas. Hay, al menos en USA, también un intento de convertir al under en algo cultural, y para eso tienen que llegar a todos. Y la contradicción es que casi siempre el humor está cerca de la obscenidad y lo macabro. ¿Qué te hace reír? No aquello de lo que decimos “esto es gracioso”. La carcajada, digo. En el banquete del respeto cultural, el comic siempre fue un cuzco sarnoso y desdentado que regurgitaba las pocas sobras que le tiraban. Ahora lo domesticaron con maquillaje, ropa de seda de alguna mona y lo sentaron a la mesa. Globalizar el under culturizándolo para poder vendérselo a todos es cagarla.

- ¿Y qué se vende ahora? - Fundamentalmente las novelas gráficas, muchas historias íntimas con personajes suspirando y viñetas donde cae una hoja, porque siempre es otoño. Es como en la literatura, adonde los libros de cuentos no venden y las novelas sí. Crumb acaba de novelar el Génesis. Lo hojeé y me pareció aburrido. Lo prefiero arriba de la pierna de una gorda que degustando la manzana prohibida.

VERSE IMPRESO

- ¿Qué pasó la primera vez que te viste publicado en una de esas revistas que admirás? - Me mamé. Dibujo desde que me acuerdo y salir en The Comics Journal Special, la mejor revista de comics del mundo fue suspender por un instante mi período de oscuridad bonaerense.

- ¿Te sicoanalizás? - Me llevaron a la sicóloga en séptimo grado. La señorita Lidia de sexto me adoraba, pero cuando pasé a séptimo apareció la nueva que me odiaba. Entonces un día la puteé, y me mandaron al sicoanalista. Le dieron mis dibujos de gente decapitada, y parece que quedó preocupado. A mí me había gustado la idea de ir, me hacía especial. Pero llegamos y me encontré con que el doctor era una mujer idéntica a mi maestra mala. ¡Los mismos lentes, el mismo peinado! Y no hablé ni media palabra, por lo que me ligué decenas de cachetadas en la cabeza hasta que no fuimos más.

- ¿Qué te asustaba de chico y qué te asusta ahora? - Le temo a los monstruos como cualquiera, pero también me identifico con ellos. La empatía con el horror existe en el núcleo del humor. Mostrar el lado humano, cotidiano de los monstruos es uno de los recursos básicos de lo negro, y una de las principales razones por que la gente se altera con este tipo de humor. Los monstruos, el mal, siempre son los otros, siempre residen afuera y la risa puede ser como un relámpago que revela que tu altillo también esta lleno de alimañas. El absurdo es hacer que lo imposible luzca normal.

- ¿Cuál es el público? - Tipos de 20 años para arriba. A veces se cruza con los que compran Manga o Superhéroes, o los que buscan “fine art”. Pero es una subcultura. Son fanáticos, a veces se odian entre sí, a veces son nerds más comprensivos que ven la alternativa. En Estados Unidos, aún la gente que habita en los bordes del sistema está obsesionada con el status y no quiere que se los confunda con los que siguen a Superman y el Rayo Verde. Acá no hay diferencias, cuando era chico leía Savarese en El Toni, como todos.

- ¿Qué te divierte? - Hay tan pocas cosas interesantes para reírse hoy… Verdaderamente creo que en la empatía con lo horripilante está en el origen del humor verdadero. Gustavo Sala es probablemente el dibujante más gracioso que he visto acá, y me encanta como dibuja Langer. También me gusta Lucas Nine –ni que hablar del padre- y soy socio de Alejandro Alvarez, con el cual estamos creando un sitio de historietas, Cascarudocomics.com En humor es muy fácil parecer interesante sin contar nada. Si dibujás bien, hacés comics con nada. Antoni Calonge dibujaba en El Víbora tipos cruzando la calle. Dibujaba un montón de autos fascinantes y personas en las que había una historia por cara. Si no estás contando una historia interesante tenés que tener un dibujo muy efectivo o muchos chascarrillos.

- ¿Qué herramientas usás? - Lápices y tinta china para lo que se puede ver en el blog monsterwithoutacause.blogspot.com. Minas que van de 2 B a 9 B, pinceles y estilógrafos La idea es contar qué le pasa al personaje con pocos trazos. Hacer una historieta, sin embargo, es un trabajo enorme. Tenés que conseguir que los personajes actúen con todo el cuerpo. Un personaje triste no sólo pone cara de triste, tiene también el cuerpo entristecido. Al mismo tiempo estás dibujando el lugar en el que está, que también reacciona a la tristeza como si fuera otro personaje más. Aunque sea un croquis de pocos trazos, esos trazos tienen que conformar una realidad única. La viñeta debe tener correlato con la que venía antes y continuidad con la que viene después. La viñeta tiene que funcionar dentro de la página y tiene que funcionar la historieta misma como un todo. Y además, y lo más importante, es que luzca como que no dio trabajo. Que parezca fácil. Si parece difícil se volverá pesada para el que la lea. Me gustan los comics que van ligero, esos que uno quiere volver a releer y que te divierten como la primera vez.

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