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16.9.26

TÓCALA DE NUEVO / JORGE ACCAME

Hoy el chofer del taxi se enojó

con alguien que le cruzó adelante el auto.

Insultó y en seguida se puso a silbar amigablemente.

 

Recordé a mi padre, que era muy desentonado.

Cuando estaba molesto, cantaba ay leré leré leré leré

y parecía recuperar la calma.

Nunca supimos de dónde había sacado esa línea,

si la había inventado o si versionaba una canción que oyó.

 

Durante la escuela secundaria,

cuando me quedaba dormido

con la radio encendida bajo la almohada,

venía desde su habitación en el medio de la noche

y la apagaba protestando.

 

Una tarde yo escuchaba Pink Floyd en el tocadiscos viejo

y se acercó curioso.

“Parecen un nido de palomas descompuestas”, observó.

 

“Qué música preciosa”,

exclamaba si en la FM tocaban algo de Debussy,

pero lo decía con desconcierto,

como si no estuviera seguro de que esos sonidos le agradaran

ni de que la música fuera necesaria en el mundo.

 

Ojalá se nos permitiera vernos otra vez

y reírnos juntos.

15.9.26

UN PARPADEO / JORGE ACCAME

¿Qué podemos ver en un parpadeo?

Las olas

acercándose

como un lobo manso

a olfatearnos las manos.

 

Un niño a la deriva.

 

Pensamos que había tiempo,

hicimos planes.

Un parpadeo.

Un pellizco en la luz.

21.7.26

OPINIONES / JUAN GELMAN

Un hombre deseaba violentamente a una mujer

a unas cuantas personas no le parecía bien,

un hombre deseaba locamente volar,

a unas cuantas personas les parecía mal,

un hombre deseaba ardientemente la Revolución

y contra la opinión de la gendarmería

trepó sobre los muros secos de lo debido,

abrió el pecho y sacándose

los alrededores de su corazón,

agitaba violentamente a una mujer,

volaba locamente por el techo del mundo

y los pueblos ardían, las banderas.

20.7.26

UNA MUJER Y UN HOMBRE / JUAN GELMAN

Una mujer y un hombre llevados por la vida,

una mujer y un hombre cara a cara

habitan en la noche, desbordan por sus manos,

se oyen subir libres en la sombra,

sus cabezas descansan en una bella infancia

que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,

una mujer y un hombre atados por sus labios

llenan la noche lenta con toda su memoria,

una mujer y un hombre más bellos en el otro

ocupan un lugar en la tierra.

22.4.26

III BAJO LA METRALLA / CRISTINA PIÑA

                   

"caen bombas sobre la ciudad, la metralla enemiga ha convertido las plazas en agujeros de noche, los pájaros del balcón, en siluetas oscuras que atraviesan el aire como signos del desastre.

 

caen bombas sobre la ciudad y el rumor de pies en desbandada carcome los costados del silencio, ni siquiera un instante se ha escuchado una débil voz humana en el fragor de la batalla.

 

caen bombas sobre la ciudad y desde las alcantarillas -que hasta ayer transportaban el pesado cargamento de los sueños- granadas ocultas, minas traicioneras han hecho saltar en pedazos el mundo familiar.

 

caen bombas sobre la ciudad y ella, en medio del derrumbe, ha tomado su maleta, la jaula del gato y un par de plantas para unirse a la caravana que parte en desorden de la tierra devastada.


Pero al llegar a la glorieta donde nació el amor, a los árboles gemelos que las balas enemigas perdonaron, ha levantado -con la maleta y el gato y las dos plantas- una tienda de campaña donde lo espera, invencible, con una rosa entre los labios y la canción que cantaba y cantará en sus brazos."

21.4.26

POEMA DE HUMBERTO COSTANTINI / INFORME PARA SANTO DOMINGO (APLICA PARA LA GUERRA DE TRUMP CONTRA IRÁN, A PESAR DE HABER SIDO ESCRITO HACE MÁS DE SESENTA AÑOS)

 "Yanquis hijos de puta.


En realidad
solo quería decir
eso.
En realidad, la vida
es,
pongamos por ejemplo,
una manzana.
Entonces,
uno la mira, la toca,
le hace fiestas,
la besa, le habla,
tal vez
hasta dibuja manzanitas
imitándola.
La quiere así, manzana,
rica, pulposa, viva,
indescifrable,
sabia.
Si la quieren romper,
si viene
un bicho, por ejemplo,
un yanqui hijo de puta,
para ser más precisos,
a matarla,
ya no se puede hablar
así nomás de la manzana.
Hay que matar al bicho,
es necesario
odiarlo,
destruirlo.
Es casi obligatorio
decirle hijo de puta,
decirle yanqui hijo de puta
todos los días, religiosamente
y encontrar la manera
de acabarlo.
Por amor a la vida,
simplemente.
En realidad
tal vez
no me he explicado bien.
Si uno tiene,
pongamos por ejemplo,
un amor, una cosa
que le anda por la piel
por todas partes.
Digamos
Buenos Aires.
Digamos
un octubre, un poema, una muchacha.
O digamos la esquina
de Nazca y Tequendama
los domingos, a las seis de la tarde.
(Estoy casi seguro
que había una esquina así en Santo Domingo
que había un viejo,
una silla,
un cielo inverosímil,
muchachos que volvían del fútbol,
señoras apuradas,
bocinas, qué sé yo
y tal vez
hasta un tipo solitario
como yo
me miraba)
Si uno tiene un amor entonces,
eso que le camina por la piel,
decíamos,
y pasa algo,
ocurre
que viene el mal, la peste, una desgracia,
o para no ir más lejos
vienen
los marines
idiotas,
los cretinos mascadores de chicle,
odiadores de todo lo que crece,
y desembarcan.
Entonces
ya no se puede hablar así nomás,
hay que matar la muerte de algún modo,
hay que pelear con rabia,
destruirlos,
salirles al encuentro como sea
y además
decir, decir hijos de puta,
decir marine yanqui hijo de puta,
decirlo y masticarlo
y enseñarlo a los chicos
como a un rezo.
Por amor a la vida,
simplemente,
me parece."

27.3.26

BEATRIZ VIGNOLI / SI EN LO QUE RESTA (FRAGMENTO)

 

si en lo que resta

no flotamos durmiéndonos hasta nuestro fondo,

si, dulces moribundos, no borramos

el borde entre esta soledad

y el mundo, si en lo que resta no somos

ni nos acordamos de que aquí somos,

ni nos anoticiamos de que se nos es,

si en lo que resta no somos espléndidos,

si en lo que resta no somos quienes seríamos,

no damos con nuestro recuerdo del futuro,

no honramos aquella nostalgia del mañana;

si en lo que resta no nadamos hacia nosotros,

hacia aquellos que amábamos, hacia aquello en lo que devendríamos,

 

si en lo que resta no, entonces cuándo,

si no nosotros, entonces quién

nos consolará de estar tirados acá?

3.1.26

POEMA DE HUMBERTO COSTANTINI / INFORME PARA SANTO DOMINGO (APLICA PARA LA INVASIÓN DE TRUMP A VENEZUELA, A PESAR DE HABER SIDO ESCRITO HACE MÁS DE SESENTA AÑOS)

"Yanquis hijos de puta.

En realidad
solo quería decir
eso.
En realidad, la vida
es,
pongamos por ejemplo,
una manzana.
Entonces,
uno la mira, la toca,
le hace fiestas,
la besa, le habla,
tal vez
hasta dibuja manzanitas
imitándola.
La quiere así, manzana,
rica, pulposa, viva,
indescifrable,
sabia.
Si la quieren romper,
si viene
un bicho, por ejemplo,
un yanqui hijo de puta,
para ser más precisos,
a matarla,
ya no se puede hablar
así nomás de la manzana.
Hay que matar al bicho,
es necesario
odiarlo,
destruirlo.
Es casi obligatorio
decirle hijo de puta,
decirle yanqui hijo de puta
todos los días, religiosamente
y encontrar la manera
de acabarlo.
Por amor a la vida,
simplemente.
En realidad
tal vez
no me he explicado bien.
Si uno tiene,
pongamos por ejemplo,
un amor, una cosa
que le anda por la piel
por todas partes.
Digamos
Buenos Aires.
Digamos
un octubre, un poema, una muchacha.
O digamos la esquina
de Nazca y Tequendama
los domingos, a las seis de la tarde.
(Estoy casi seguro
que había una esquina así en Santo Domingo
que había un viejo,
una silla,
un cielo inverosímil,
muchachos que volvían del fútbol,
señoras apuradas,
bocinas, qué sé yo
y tal vez
hasta un tipo solitario
como yo
me miraba)
Si uno tiene un amor entonces,
eso que le camina por la piel,
decíamos,
y pasa algo,
ocurre
que viene el mal, la peste, una desgracia,
o para no ir más lejos
vienen
los marines
idiotas,
los cretinos mascadores de chicle,
odiadores de todo lo que crece,
y desembarcan.
Entonces
ya no se puede hablar así nomás,
hay que matar la muerte de algún modo,
hay que pelear con rabia,
destruirlos,
salirles al encuentro como sea
y además
decir, decir hijos de puta,
decir marine yanqui hijo de puta,
decirlo y masticarlo
y enseñarlo a los chicos
como a un rezo.
Por amor a la vida,
simplemente,
me parece."

24.3.25

24 DE MARZO 2025 / PÁJAROS PLATEADOS, GLORIA ARCUSCHIN

no hay estridencias

patriotismo

ni grandes revueltas, de manera que

                     ...  estaban ahí, humildes, sencillos,

escuchaban, todos quietos, algo tristes;

en la pequeña Plaza Larroche, en Morón,              

 

cuando los nombré

pasó una flecha de pájaros blancos,

grandes,

                                                atardecía,

                                                me dijeron

“cuando los nombraste, pasaban pájaros

                                             blancos

           que se fueron poniendo plateados”

2.10.24

LA EDUCACIÓN / LAMBERTI

 A veces despertabas y la ciudad estaba sumergida en la niebla,

el alumbrado público encendido, los autos como

formas oscuras, rasantes, las ventanas apagadas,

hileras de personas encapuchadas esperando el colectivo.

Tenías que salir en bicicleta

con una bufanda alrededor de la cara

y las manos moradas y pálidas,

atravesar a ciegas las calles, rodeado de niebla,

inmerso en la niebla, como si pudieras deshacerte

en la niebla.

Al llegar al colegio tenías el pelo húmedo.

Y algo había cambiado, aunque te sentaras en el mismo lugar;

eras otro entonces, eras el que había vencido

a la ciudad fantasma.

Tenías en vos un parásito inmortal.

1.10.24

LAMBERTI / EL TECHO DEL VECINO

 Y un día papá compró un caballo. Habrá creído

que solucionaría todos sus problemas,

que iba a cerrar la carnicería, empezar a tomar whisky,

fumar puros en bata y cosas así. En cuanto al caballo,

se llamaba Fotón y tenía una mancha entre los ojos,

una mancha blanca que le bajaba hasta el hocico.

Todavía puedo olerlo. Oler la pieza donde dormía.

La cosa, como es sabido, no funcionó,

y mamá abrió la puerta de la jaula donde teníamos

los cardenales y el tordo. Hacía eso cuando se enojaba.

Le soltaba los pájaros. Pero los pájaros

se quedaban en el techo del vecino,

sin saber muy bien qué hacer.

Había que subir con un balde y una toalla

para traerlos de regreso, entrarlos a la jaula,

calmar a mamá,

dejar todo preparado

para empezar de nuevo al otro día.

30.9.24

KARATE / LAMBERTI

Mi primer profesor de karate no importa:

Terminaba la clase más temprano

para irse a ver telenovelas.

Ahora está durmiendo, durmiendo en la colina.

El segundo era italiano. En el comedor

de su casa colgaba la foto

de un maestro japonés, vigilando

con mirada japonesa los almuerzos familiares.

Ahora está durmiendo, durmiendo en la colina

pero entonces impartía lecciones de honor.

Karate es control. Astucia. Resistencia. La vista de acero.

Un martes no vino a la clase, y poco después se supo

que había disparado a su mujer, que tenía cáncer,

para llevarse después el revólver a la boca. El Renault

quedó parpadeando al borde de la ruta toda la noche,

y a las dos semanas un nuevo profesor lo reemplazó,

un tal Fabiola, que se tomaba el trabajo a la ligera, y dejé de ir.

10.9.24

HÉCTOR VIEL TEMPERLEY / CRAWL

 Vengo de comulgar y estoy en éxtasis,

aunque comulgué como un ahogado,

mientras en una celda

de mi memoria arrecia

la lluvia del sudeste,

igual que siempre

embiste al sesgo a un espigón muy largo,

y barre el largo aviso

de vermut que lo escuda

con su llamado azul,

casi gris en el límite,

para escurrirse por la tez del mundo

hacia los ojos de los nadadores:

dos o tres guardavidas,

dos adolescentes

y un vago de la arena que cortaron

con una diagonal

el mar desde su playa.

 

Vengo de comulgar y estoy en éxtasis

contemplando unas sábanas

que sólo de mí penden

sin querer olvidar que en esta balsa,

de tiempo que detengo y de escafandra

con pasos de mujer,

nunca fui absuelto

en el adolescente y en el viento

ni en la cuerda del crawl, que de los hierros

cavernosos comienza

a separarse;

ni siquiera en las manos deslizándose

ni en el agua –que corre entre los dedos–

ni en los dedos, ligándose despacio

para remar con aprensión

de nuevo

allí donde no hay mesa para apoyar los brazos

y esperar que alguien venga

desde su pueblo a visitarnos;

nadie fuma ni duerme, y –en días

de gran calma–

sobre el plato de un hombro

puede viajar un vaso.

 

Vengo de comulgar y estoy en éxtasis

aunque comulgué con los cosacos

sentados a una mesa bajo el cielo

y los eucaliptus que con ellos

se cimbran estos días bochornosos

en que camino hasta las areneras

del sur de la ciudad

–el vizcaíno,

santa adela,

la elisa–

(a la sombra hay un loco, y hay un árbol

muy alto

y alguien dice “cristo en rusia”)

e insolado hablo al yo que está en su orilla,

ansío su aventura

en otro hombre,

y a la hora en que no sé si tuve esclava,

si busco a dios,

si quiero ser o serme,

si fui vendido a tierra o si amo poco,

sé que Él quiere venir pero no puede

cruzar –si no lo robo como a un banco

pesado de galeote–

esa balanza

que es tanta hacia ambos lados

atrancando mis puertas:

la abierta, marginal, no interrumpida

matriz sin cabecera

donde gateó la vida,

donde algunos gatean

y su alma sólo traga lo mismo que el mar traga:

aletas, playas solas e iguales, hombres débiles

y una pared espesa

de cetáceo y de fábrica.

 

Vengo de comulgar y estoy en éxtasis

Y hacia otro hombre apuntan los prismáticos

De la escuela de náutica –que resistí– y del plátano

Que no sé más cuál es, que está en el puerto

con otros cien,

que un día fue ciruelo

O grito de novicia de piletas vacías

rotas por el allá,

después zureo

De torcaza escondida en los portones

calientes de un estadio en el suburbio.

Mientras ellas traían la pobreza,

la señal del aborto, los cabellos,

las manchas de salitre y,

en las albas,

Oseo en mi rostro y largo como un tendón de aquiles

de muchacha de pueblo

que camina o que duerme,

Ese olor a infinito enverjado, pujante

junto al Crucificado

que ocupaba,

incorrupto,

La mitad de la balsa, del cerebro,

de las islas del techo

y del desagüe

–Que se arrastraba angosto, a cielo abierto,

igual que un regimiento entre violetas,

Con hilos de agua vieja, grandes hojas

de palmeras, tapitas de cervezas,

campanillas silvestres, mucho tiempo

sin Teresa, que amé a los doce años–,

y la mitad

del mar:

por

donde,

me decía,

Dentro de poco el sol sería un gallo

en un carro blindado,

y la cabeza

sobre plata

–enseguida–

del Bautista.