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29.7.24

"LA OTRA PLAYA" EN LA PAZ, BOLIVIA / RODRIGO URQUIOLA FLORES

 

"La otra playa" (2010) es una novela del argentino Gustavo Nielsen. Ganó el Premio Clarín. En una narración bajo sospecha permanente, sucede el encuentro entre personajes de dos mundos diferentes, el terrenal y el del más allá, unidos por vidas y muertes en común y la fotografía, que, poco a poco, se convierte en un personaje más de la trama, en uno inerte pero significativo, uno que, como reza en el epígrafe de Barthes que inaugura el libro: "no sabe decir lo que da a ver". Antonio pierde el interés en su esposa y se obsesiona con una desconocida que fotografía en la calle, en uno de sus habituales paseos por la ciudad. Lorena, la desconocida, es la novia de Gustavo, un escritor de novelas de terror de ventas medianas que ha ido siendo relegado al público juvenil por sus editores. Cuando la esposa de Antonio le pide a Zopi, uno de los mejores amigos de su marido, que lo lleve a su casa en la playa para ayudarlo a manejar su obsesión y quizás devolverlo a la familia, descubrimos que la última promesa que Lorena le arrancó a su padre moribundo a causa de un accidente fue la de manifestarse si acaso existía un más allá. El escritor se encuentra trabajando en un nuevo libro en una casa en la playa cuando sucede la revelación fantasmal, que también tiene sus propios giros humorísticos: es curioso que un autor de terror sea tan proclive a aterrorizarse. La novela me recordó a una de mis películas favoritas del género terror/fantástico: "Los otros". Es de apreciar la sutileza con la que se construye ese encuentro entre los dos mundos y cómo la revelación final podría no ser otra cosa que fruto de la imaginación de un personaje en apariencia relegado, el escritor que de pronto encuentra el éxito de ventas."

10.4.17

LA OTRA PLAYA, APLAUSO, MEDALLA Y BESO EN LEEDOR.COM

"Que Gustavo Nielsen es un narrador extraordinario, que se sirve según sus propias palabras de material clase B (para luego reciclar todo ese material en algo diferente y de primer nivel, agrego yo), no cabe duda. Quizás sea porque El corazón de Doli es su antecedente inmediato, que La otra playa no brilla tanto. Pero es injusto juzgar un libro por aquello que no es, después de todo quizás no muchos autores argentinos puedan escribir un libro así. Más justo es decir que se trata de una novela entretenida, que se lee casi de un tirón, tiene un argumento atrapante, y sobre la que se puede debatir largo rato si está enteramente lograda o no. Y ahí volvemos a los Premios Clarín. Es lógico que un lector cualquiera se sienta cómodo con las anteriores "Más liviano que el aire" y "Perder": son apuestas mucho más concretas, que juegan en un terreno bien definido. La otra playa, como su título ya preanuncia, es justamente otro terreno, una apuesta mucho más ambiciosa y jugada: es otra playa, ni la tuya ni la mía: no es reconocible ni familiar; como alguna vez dijo Cortázar en el título de uno de sus cuentos más celebrados cuando hablaba, poéticamente, de ese otro cielo.

¡Gracias atrasadas Kekena Corvalán!

16.4.15

ELVIO GANDOLFO ME INCLUYE EN LA LITERATURA FANTÁSTICA, ¡BIEN!

La literatura fantástica

Elvio E. Gandolfo

     Debo reconocer que no sé diferenciar la literatura fantástica de la literatura a secas, salvo en sus tendencias más nítida, obviamente “realistas”. No sé si existen muchos escritores de peso de cualquier país que no tengan en un momento o en gran parte de su obra una corriente subterránea de fantasía: Tolstoi, Kafka, Arlt, Bernhard, Rulfo, Amalia Jamilis, Pablo de Santis, Peter Handke, Hebe Uhart, Raymond Carver, Chéjov, Tolstoi, Flaubert, Aira, Proust, David Viñas, Saer, etc. etc. etc. Aparte de los obvios: Borges, Maupassant, Cortázar, Silvina Ocampo, Arreola, Lovecraft, Poe, Stephen King, Fritz Leiber, Ballard y sus incontables colegas. De algún modo, la literatura ya es, en sí, fantástica.
     Hay, en el empleo del lenguaje, de la escritura, una torsión inevitable respecto más a lo real que a la “realidad” (entelequia de muy difícil explicación, incluso o sobre todo desde las ciencias o las psicologías) que hace a un texto literario. Basta con que esa torsión aparezca mínimamente para que aparezca también el sabor de la “inquietante extrañeza” de la que hablaba Freud. Yo mismo no predetermino, cuando escribo, si lo que haré será o no fantástico, nunca me siento cómodo con la definición “escritor de género”, usada a menudo por la crítica.
     Hace ya más de tres décadas y media que tengo una relación de residencia y lectura abundante en Uruguay. Por eso aprovecho esta oportunidad para destacar hasta qué punto existe allí una “literatura fantástica”, bastante menos tenida en cuenta respecto a su literatura nacional que la argentina en su propio país.
     Me ha llamado la atención, por ejemplo, lo poco que se ha examinado el vínculo de dos novelas de Juan Carlos Onetti (La vida breve y Dejemos hablar al viento) con momentos clásicos de la literatura fantástica.En la primera en la creación de un mundo paralelo al real, puramente verbal, que poco a poco se vuelve denso y absorbente y se come al real, a través de la imaginada Santa María. Es aún más evidente en la segunda novela, donde se recurre incluso al conjuro verbal, mágico, para poder “volver” a ese mundo paralelo.
     Todo un universo autosuficiente y complejo rota en los libros de Felisberto Hernández, con base repetida en los mecanismos de la memoria, y con una extrañeza comunicada con tanta naturalidad que cuesta denominarla fantástica, salvo en sus textos más construidos, fabricados, como “La casa inundada” o “Las hortensias”. En cambio en Por los tiempos de Clemente Colling, en El caballo perdido, enTierras de la memoria, en “El balcón” o en “Nadie encendía las lámparas”, la inquietante extrañeza invade tanto al lenguaje como al entorno o los personajes en desarrollo.
     Los aportes de Mario Levrero son cruciales. Su novela París es de una originalidad sin parangón en las letras latinoamericanas y españolas: alucina con medios tanto verbales como visuales una visita a París que parece recurrir a puntos clásicos del surrealismo para mejor destruirlos y explotarlos a través de una magnificación de los elementos temporales e imaginarios que a veces roza la ironía desembozada o feliz. En el relato “La calle de los mendigos” desencadena un mecanismo imparable a partir de un encendedor común, con una limpieza de ejecución que está en las antípodas del barroquismo de París. Y en “Los muertos”, otro relato, vuelve a zambullirse en una mezcla de elementos con profundidades psicológicas o escatológicas que sacuden al lector porque antes han conmocionado (sin hacerle perder el control) a quien escribe.
     En la misma zona operan los textos de Armonía Somers, con un lenguaje particular, áspero en las novelas (desde La mujer desnuda hasta Solo los elefantes encuentran mandrágora) y un funcionamiento eficaz de los mecanismos fantásticos (la vida entera de una mujer se despliega veloz en un viaje en tren) de algunos de los cuentos de Muerte por alacrán.
     La extrañeza se multiplica, sobre todo en el lenguaje, en Tarik Carson, en los relatos de sus dos libros más difundidos: El hombre olvidado y El corazón reversible. En el primero, predomina el uso de recursos que recuerdan a Borges (en especial la biografía de personajes estrambóticos o patéticos) aunque cruzados con fuentes diversas, y con una carga fuerte de sugerencias de perversidad o el tratamiento de la homosexualidad. Esos recursos se refinan y renuevan en los relatos del segundo libro, desde algunos títulos (“Los labios de la felicidad”,  “La muerte de los reflejos insoportables”) hasta la hondura con que son tratados la soledad y el amor en “El corazón reversible”.
     En los autores recientes se destaca Pablo Dobrinin, que ha publicado hasta ahora un solo libro, Colores peligrosos. Allí, en la nouvelle “El regreso de los pájaros”, domina con serenidad el tono de un regreso a Montevideo que se convierte en una forma de llegar a ver la “verdadera ciudad”, con un personaje mayor como guía. También es sereno el desenvolvimiento del recorrido de una pareja esquiva consigo misma en “El bosque que crece por las noches”, publicado hace poco en el mensuarioLento.
     El narrador de La vida breve inventa un mundo paralelo en parte para compensar la ablación de un seno en su mujer. Otro libro de Onetti, El pozo, nació de la falta de cigarrillos. En La calle de los mendigos se le terminá el “disán” (la nafta) a un encendedor. Las imágenes de la carencia, la escasez, la dificultad de arreglarse en condiciones más que difíciles exangües suele sostener el tono fantástico uruguayo, y dotarlo de una dimensión existencial, vivida, menos frecuente en otras literaturas nacionales de América Latina.
     Faltan desde luego algunos libros, algunos autores. Solo quise dar un panorama rápido de autores relacionados con lo fantástico, con la inquietante extrañeza de lo real, más que con un género con reglas.
     A su vez no puedo dejar de subrayar la dificultad para llegar a ponerse en contacto con las obras de este tipo, sobre todo cuando más originales son. A autores importantes como el inglés Robert Aickman o el estadounidense Thomas Ligotti hubo que rastrearlos en revistas o antologías durante años antes de contar al fin, no hace mucho, con la traducción de algunos de sus libros.

En ese sentido quisiera mencionar dos libros argentinos que son un paradigma de esa presencia soterrada, esquiva: la novela corta El encierro de Ojeda de Martin Murphy y La otra playa, de Gustavo Nielsen. En buena parte de su desarrollo El encierro de Ojeda parece desplegar un mundo conocido: el personaje mediocre en un contexto oficinesco. Pero lo extremo de su progresivo aislamiento culmina en una última página impactante, sorpresiva, que revierte lo que podría denominarse locura o solipsismo con una explosión casi triunfal, epistemológica, que solo puede experimentarse leyendo el texto.En el caso de Nielsen, pequeños detalles que en sordina suenan extraños al lector, van desplegando otro mecanismo a la vez sutil y riguroso, que mezcla las épocas y los mundos interiores con resultados inquietantes, extraños, que casi obligan a la relectura poco después de culminar el recorrido. Vale la pena buscarlos.

9.4.13

IMAGEM VIVA DE UMA COISA MORTA / AMÁLGAMA

"A outra praia, primeiro livro de Gustavo Nielsen publicado no Brasil, pode também funcionar como um alerta a leitores e editores. Apreciamos o excelente cinema argentino contemporâneo. Mas o quanto acompanhamos a literatura contemporânea argentina?"

http://www.amalgama.blog.br/03/2013/a-outra-praia-gustavo-nielsen/

8.4.13

INFINITAS PRAIAS / LITERATURABR


"Quando nos deparamos com algo que possui uma metamorfose declarada, como a do camaleão ou a da lagarta, ficamos a esperar o vislumbre que vem com aquele ato. Ao iniciar uma leitura sempre pensamos que algo tão revelador irá acontecer. Foi assim que me senti enquanto lia A outra praia, do escritor argentino Gustavo Nielsen.

 Os diálogos iniciais que não são, digamos, esclarecedores, fazem com que nos portemos de maneira diferente na poltrona. Gustavo Nielsen ilude-nos com sua narrativa muito bem arquitetada. É um escritor que se utiliza de flashbacks como poucos. Tal método pode ser tido como algo recorrente em romances de suspense, mas nem todos têm a capacidade de nos fazer exclamar ‘Eu não acredito!’"

5.4.13

B! / A OUTRA PRAIA

"No romance vencedor do Prêmio Clarín 2010, o argentino Gustavo Nielsen convida o leitor a uma reflexão sobre os limites da linguagem, seja a literária, seja a fotográfica."

http://bravonline.abril.com.br/materia/a-palavra-cao-nao-morde

17.11.12

TEXTO DE LÉLIA ALMEIDA PARA PRESENTAR A OUTRA PRAIA


Mesa-redonda sobre o livro “A outra praia” do escritor argentino Gustavo Nielsen, junto com Henrique Schneider, na 58º Feira do Livro de Porto Alegre, em 2 de novembro de 2012:

Boa-noite a todos. Gostaria de começar a minha fala agradecendo o convite da Jussara Rodrigues e Sandra La Porta, amigas queridas de muitos anos, para participar desta mesa-redonda e cumprimentar o Gustavo Nielsen e o Henrique Schneider também.
Já tive o privilegio de apresentar outros escritores latino-americanos nesta feira e alguns escritores argentinos como Tomás Eloy Martínez, Federico Andahazy, Alicía Dujovne Ortiz, Griselda Gambaro, Martín Kohan, Ana Maria Shua, Daniel Link, Luiz Guzmán, Pablo de Santis, entre outros. E sou, como não podia deixar de ser, uma apaixonada pela literatura argentina, desobedecendo a máxima de um professor da Unicamp que disse uma vez, referindo-se às rivalidades entre brasileiros e argentinos que a equação para compreender estas picuinhas seria mais ou menos assim: os argentinos odeiam amar os brasileiros e os brasileiros amam odiar os argentinos, pra dizer que tudo isto se trata, no fundo de uma grande e recíproca admiração e identificação.
Foi, portanto, com imensa alegria que conheci o romance do Gustavo e vou falar brevemente sobre ele, para que vocês possam, a seguir, ouvi-lo, que afinal, é para isto que estamos aqui hoje.
Soube que o Gustavo tem outros livros publicados, foi agraciado com vários prêmios literários e que este, ora traduzido para o português, que se chama “A outra praia” ganhou em 2010, o importante Prêmio Clarín. Ele mesmo poderá nos contar um pouco mais e melhor sobre a sua trajetória, a seguir.
Vou fazer uma breve confissão pessoal. O que eu mais gosto nestas reuniões com escritores e leitores para falar sobre literatura, é que a gente pode se reunir para mentir um pouco. Porque falar de ficção com escritores e leitores pressupõe um pacto de mentirosos, de gente que gosta de inventar e de gente que gosta de acreditar. Portanto, se vocês não acreditarem no que vou contar, não tem problema.
Recebi o livro do Gustavo há algumas semanas e na noite que comecei a lê-lo caiu uma tempestade em Brasília, onde moro atualmente, daquelas tempestades maravilhosas, depois de três meses de seca. Imediatamente a cidade ficou sem luz e comecei a ler o romance num arquivo eletrônico no notebook, rezando para que a bateria não acabasse, e contando somente com a luz do computador. Foi uma experiência completamente lúdica e assustadora pra mim e a luz voltou no momento exato em que terminei a leitura. Uma experiência assustadora porque a história do romance, e isto eu não sabia de antemão, é uma história de fantasmas. Terminei a leitura com o coração na mão, e sem a menor possibilidade de interrompê-la porque este é um daqueles relatos que depois que a gente começa é impossível parar.
E esta informação nos permite dizer que Gustavo Nielsen, neste romance se filia a uma tradição literária e latino-americana das mais importantes, a do fantástico, e suas relações com o realismo mágico, com o real maravilhoso e tudo o que isto significou na história da nossa literatura do sul.
Gostei de lembrar a maneira como Adolfo Bioy Casares começa o Prólogo à Antologia de la Literatura fantástica: “Viejas como el miedo, las ficciones fantásticas son anteriores a las letras.”
E também reli com prazer os textos em que Cortázar sintetizou suas percepções sobre este tipo de literatura ao qual ele também se filiou. Falo da conferência El sentimento de lo fantástico e, principalmente O Estado Atual da Narrativa na América Hispânica, talvez seu ensaio mais exaustivo e esclarecedor sobre o tema. Onde ele considera o fantástico como uma temática e um procedimento recorrentes em autores da zona cultural do Rio da Prata num período que vai de 1920 até a atualidade. E que tal procedimento se daria por um mecanismo do acaso, o mesmo acaso que, por exemplo, juntou, concentrou, na época da Renascença italiana ou em outros períodos da história, uma explosão criativa com características próprias.
O sentimento do fantástico seria, para Cortázar, um estranhamento originado das coisas banais da vida e do cotidiano. Longe de se tratar de situações fantasmagóricas e sobrenaturais, de lobisomens ou vampiros, o fantástico seria um estranhamento capaz de romper com o binarismo do racional e irracional, e que se instalaria como uma zona intermediária, uma ponte entre vários caminhos. Seria um espaço intersticial, de uma terceira fronteira, de um terceiro olho:
(...) O fantástico e o misterioso não são somente as grandes imaginações do cinema, da literatura, os contos ou os romances. Está presente em nós mesmos, naquilo que é o nosso psiquismo e que nem a ciência e nem a filosofia conseguem explicar sem ser de uma maneira primária e rudimentar.[1]


E fala de
(...) Um sentimento de estar imerso num mistério continuo, do qual o mundo que estamos vivendo neste instante é somente uma parte, este sentimento não tem nada de sobrenatural, nem de extraordinário, precisamente quando aceitamos, como eu o fiz, com humildade, com naturalidade, é então quando podemos captá-lo, que podemos recebe-lo multiplicadamente com mais força; eu diria, mesmo que isto possa escandalizar espíritos positivos ou positivistas, eu diria que disciplinas como a ciência e a filosofia estão nos umbrais da explicação da realidade, mas não explicaram toda a realidade, a medida que avança no campo filosófico ou no científico, os mistérios vão se multiplicando, e na nossa vida interior é exatamente a mesma coisa.[2]

Os personagens de Nielsen também discutem sobre a existência de uma realidade para além da realidade dada, citam a Teoria do órgão dos sonhos, da máquina interior que nos dá as imagens para sonhar (p.70), citações de Shopenhauer, ou sobre a existência de uma pré-cognição, numa tentativa de entendimento ou mesmo de convencimento do que está acontecendo, mas o que nos convence por completo da existência desta outra realidade inexplicável é estratégia perfeita escolhida pelo autor para nos contar a sua história.
Porque é impossível, ao ler A outra praia, não lembrar de textos magistrais como  La casa inundada, de Felizberto Hernández, Lejana, de Júlio Cortázar ou mesmo La invención de Morel, de Adolfo Bioy Casares. E Nielsen honra devidamente esta linhagem criando um relato inesquecível.
Como na maioria das boas histórias fantásticas, aqui também aparecem todos os elementos sugeridos por Adolfo Bioy Casares, no Prólogo a la Antología de la literatura fantástica, quando enumera a importância dos elementos que caracterizam este tipo de narrativa: o ambiente ou atmosfera,  a surpresa, a enumeração dos argumentos fantásticos, os fantasmas, as viagens no tempo, as metamorfoses, as ações paralelas que obram por analogia, o tema da imortalidade, dos pactos, as fantasias metafísicas, etc. Tudo isto e mais encontramos aqui, e mais uma dose de humor deliciosa para contar aquilo que é em síntese o tema do romance: uma história de amor.
Dois casais de amigos – Antonio e Marta e Zopi e Sara – assistem uma projeção de slides de desconhecidos – um casal que eles batizam como Cacho e tia Alícia – supostamente viajando de féria pelo Brasil, em Curitiba talvez.
Comem pizza e olham os slides e inventam uma vida para os personagens desconhecidos. Os slides foram comprados por Sara em duas ocasiões diferentes, uma na Feira de Pompeya e outra, um mês depois, no Exército da Salvação e contam com um total de 377 fotos.
Antonio pondera que pela cor do filme pareceriam as revelações de antes de 78 quando  a Kodak importou para o país uma nova química que evitava o envelhecimento prematuro das cores e cogitam se os personagens teriam sido mortos pela ditadura ou perdido as fotos numa fuga precipitada para o exílio. É o único dado histórico do relato, e questionamos a relevância deste dado já que numa história de fantasmas o tempo é, na verdade, uma grande artimanha.
Antonio é fotógrafo e suas reflexões sobre o ofício e como ele o vive vão ser da maior importância nesta história de projeções, luzes, sombras, ocultações e revelações. Porque, podemos dizer, sem dúvidas, que as reflexões dele sobre o processo de revelação poderiam ser as reflexões de um narrador às voltas com seus personagens. O fotógrafo, como um narrador, seria mais um ressuscitador do que um voyeur: “Iluminados pela luz do projetor, aqueles mortos haviam regressado à vida”, cito da pag. 18.
Na sequência dos fatos, Antonio, que vive uma espécie de crise de meia idade, questionando seu casamento e seu trabalho, sai na rua e encontra uma moça num café a quem lhe atrai um sentimento, ao mesmo tempo de familiaridade e estranheza, ele a fotografa repetidamente e depois fica encantado com o que sente ao ver as fotos.
As pessoas e os objetos fotografados, de uma moça que parecia saber que estava sendo fotografada, são, para além deles mesmos, a memória do que poderiam ter sido e não foram.
Cito da pag. 40: “A revelação era o próprio ato da aparição, o que mais lhe agradava em todo o processo. As figuras se aproximavam de seu olhar como que surgindo da profundidade de um reservatório.”
Revelar e aparecer criam analogias entre criar, narrar, revelar, dar existência. Ele dá um nome à moça desconhecida, chama-a Lorena, uma garota imprevisível, e sente que no conjunto daquelas imagens há algo, para além da moça, sobre o seu passado que precisa ser solucionado e sente que Lorena é o único lugar onde ele tem de ir (p.55)
O encontro com a moça o faz aprofundar a crise em que se encontra e ele decide, por decisão sua e da família, passar um fim de semana com Zopi, numa casa de praia para descansar e compreender o que se passa com ele.
É naquele lugar e numa casa velha, cheia de barulhos, morcegos, gatos, aranhas, presenças fugidias, cabides que se mexem dentro do armário que vemos começar uma deliciosa história de mistério e fantasmas no momento em que, no meio do quarto aparece um escritor, chamado Gustavo e que escreve histórias de fantasmas, com quem vamos conhecer o desenrolar de uma outra história evocada por uma frase muito simples e doméstica: “- Se enganas a Lorena com Paula eu te mato, Gustavo”, lembrando que o extraordinário sempre aparece de maneira absolutamente ordinária.
Duas histórias se entrelaçam, duas histórias que talvez sejam uma só, ou por outra, uma história revelada que é, na verdade, o negativo da outra. Já que, como no ritual da revelação das fotos, há uma inversão da percepção e do olhar, quando, mesmo que tenhamos tirado as fotos, na hora da revelação é a imagem quem nos vê.
Lorena, que também é fotógrafa, mulher de Gustavo, um escritor mediano, nem tão bem sucedido assim e que escreve histórias de terror e fantasmas, dão andamento ao relato. O relato de uma emocionante história de amor, de um amor impossível, como sói ser o dos fantasmas, nem tão diferentes dos da vida real, cheia de projeções, lembranças, memórias, saudades e esquecimentos.
Rituais do jogo do copo, numa casa de praia, lençóis sobre o espelho, os cabides agitados dentro do armário, telefonemas misteriosos, espectros, vozes de outros tempos, sonhos misturados às imagens das fotos, uma boneca sem roupa e sem cabelo e uma revelação fazem parte da segunda metade do relato que nos elucida sobre a existência de um pacto que era uma dívida. Quem são os verdadeiros mortos, e quem são os fantasmas, e quem são os vivos, e o que é a realidade, afinal? Alguns mortos não descansam porque tem dívidas a pagar, somos informados já no final.
Sem contar o ponto alto desta bela história de amor, e para que vocês comprem o livro que acaba de ser traduzido para o português e para que o autor possa autografa-lo, garanto a vocês que temos um final feliz.
“O natural e o sobrenatural não são duas classes de substâncias distintas e estranhas, mas sim uma e a mesma, que apenas ao ingressar em nosso entendimento se manifesta como natureza”, cito da página 173, nos explica Gustavo o escritor que conta todo o resto da história que eu acabo de omitir, num livro chamado Ectoplasma e que se transforma no primeiro lugar irremovível da lista de best-sellers e que ganha o prêmio do Centro Argentino de Ficção e Fantasia, como o melhor livro de fantasmas nacional e cujo slogan criado pelos editores era “uma história quase real”.
O livro que termina com considerações relativas às angústias do escritor agora famoso, filia-se não só à linhagem da melhor literatura fantástica aqui já mencionada mas a uma outra linhagem muito argentina, no que esta literatura faz, ao longo dos séculos, como nenhuma outra:: uma profunda e irônica reflexão sobre a escrita, sobre a criação e sobre a literatura.
Mas agora acho que o Gustavo Nielsen vai nos contar coisas muito interessantes sobre a sua experiência como escritor e sobre este belíssimo romance que eu recomendo com entusiasmo.
Gustavo Nielsen, seja bem-vindo e muito obrigada por nos brindar com o seu livro.
Obrigada a todos.




[1] (…) Lo fantástico y lo misterioso no son solamente las grandes imaginaciones del cine, de la literatura, los cuentos y las novelas. Está presente en nosotros mismos, en eso que es nuestra psiquis y que ni la ciencia, ni la filosofía consiguen explicar más que de una manera primaria y rudimentaria.
[2] (…) un sentimiento de estar inmerso en un misterio continuo, del cual el mundo que estamos viviendo en este instante es solamente una parte, ese sentimiento no tiene nada de sobrenatural, ni nada de extraordinario, precisamente cuando se lo acepta como lo he hecho yo, con humildad, con naturalidad, es entonces cuando se lo capta, se lo recibe multiplicadamente con más fuerza; yo diría, aunque esto pueda escandalizar a espíritus positivos o positivistas, yo diría que disciplinas como la ciencia o como la filosofía están en los umbrales de la explicación de la realidad, pero no han explicado toda la realidad, a medida que avanza en el campo filosófico o en el científico, los misterios se van multiplicando, en nuestra vida interior es exactamente lo mismo.