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7.7.09

CENOTAFIO LAS HERAS / DICTAMEN DEL JURADO

El jurado destaca, de este trabajo:
Buena idea poética, bien resuelta con la presencia de los treinta y dos bancos insertos en el paisaje, piezas repetitivas utilizadas de diferentes modos y posiciones. Desde la calle se visualiza una totalidad, lo que le da carácter a la propuesta.
Se criticó no definir senderos de acceso para los visitantes.

Arq. Clorindo Testa, Arq. Juan Fontana, Arq. María Isabel de Larrañaga, Arq. Estela Iglesias Viarenghi.

1.7.09

CENOTAFIO LAS HERAS / MEMORIA

El cenotafio diseñado amalgama lo funcional con lo significativo. Ya no hay veinte asientos como las bases pedían y una calle formalizada con un monumento al que llegar. Ya no hay cinco placas. El territorio es el parque mismo, con su césped como un manto de democracia.

Sobre el parque se diseminan 32 piezas de hormigón armado que funcionan como sillas. Cada silla representa a un compañero ausente, con su nombre y apellido, el lugar y la fecha de su deceso. Cada silla tiene un nombre, un sitio, un día del pasado y una luz propia. Cada silla tiene tres posiciones posibles y tres modos distintos de insertarse en la barranca.

Las sillas tienen escala peatonal y están para que los paseantes puedan ocupar los lugares de los desaparecidos, esos vacíos. Están para que uno pueda sentarse en el lugar del otro, sabiendo o no sabiendo lo que pasó. Alguien nuevo toma el lugar de los mártires que murieron para que la democracia persista. Si uno conoce la historia, el acto de sentarse será una compañía, un homenaje. Si uno no la conoce servirá como mecanismo posible de activación de la curiosidad.

Treinta y dos sillas que hacen presente 32 ausencias.

Las sillas vacías son un cuadro de De Chirico, existencialista y melancólico. Las sillas ocupadas en su totalidad dan la dimensión real del tamaño de la masacre.

Por un hueco del espeso follaje ubicado sobre la avenida Las Heras sobresale una placa de hormigón armado a escala de las copas de los árboles, en el que figura la frase democrática de Valle.

La iluminación de este monolito de gran altura apunta a reforzar la lectura del texto.

29.6.09

CENOTAFIO LAS HERAS / MARCO HISTÓRICO DEL HECHO CONMEMORADO

En septiembre de 1955, la autodenominada “Revolución Libertadora”, liderada por los generales Aramburu, Leonardi y el contralmirante Isaac Rojas, derrocó al Presidente Juan Domingo Perón, asumiendo en noviembre la Presidencia de facto el Gral. Aramburu.
En el marco de la resistencia, en junio de 1956 el General Juan José Valle organiza un alzamiento cívico-militar para recuperar el orden constitucional interrumpido en el país.
El movimiento es infiltrado, los Generales Aramburu y Rojas sabían que se intentaría recuperar el orden democrático, pero no se lo reprime hasta que se manifiesta como tal. Se buscaba desde el poder dar un escarmiento total que sirviera para desalentar posibles intentos posteriores.
El 8 de junio de 1956 son detenidos cientos de dirigentes gremiales para quitar base de sustentación al movimiento. Aunque Aramburu viajó ese día a Santa Fe, dejó firmado el decreto 10.362 de Ley Marcial, y los decretos 10.363/56, de pena de muerte y 10.364/56 que daría los nombres de los que serían fusilados.
El 12 de Junio, el Gral. Juan José Valle decidió entregarse a cambio de que se detuviera la represión a su movimiento. Ese mismo día, en cumplimiento del decreto firmado por el presidente de facto, fue fusilado en la Penitenciaría Nacional de Buenos Aires, pese a que ya se había levantado Ley Marcial. Treinta y dos fueron las víctimas, civiles y militares: entre el 10 y el 12 de Junio de 1956, 6 murieron fusilados y en total fueron asesinados 31 compatriotas. Aldo Jofré fue asesinado el 28 del mismo mes.
A 53 años de aquella brutal represión estatal, que anticipó con su impunidad e ilegalidad la represión de los años setenta, se propone el emplazamiento de un espacio recordatorio en Parque Las Heras, sitio donde funcionó la Penitenciaría Nacional de Buenos Aires.