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3.5.24

MAURICIO KARTUN / LA INFANCIA NUNCA FUE UN PARAÍSO

"Mi madre Charito Huerres fue persona atenta y dada a los detalles.

Apenas empecé a frecuentar los cumpleaños de mi colegio me mandó a hacer unas tarjetas personales, de las que conservo alguna todavía. Esta es una.
Eran mi sello distinguido. Niñito bacán.
Hacía la envoltura de los regalos con plegado primoroso y pegaba con Pegalotodo la tarjetita sobre el papel manteca floreado.
La encontré en una caja de fotos hace poco y recordé un fragmento espeso de la infancia.
Había en tercer grado del colegio Almirante Brown de Ballester, una chica que me tenía tonto.
Tonto, a ver, tonto es poco.
Era muy rubia, muy blanca, y de apellido alemanísimo con varias haches y dobles efes. Solía verla además en la pileta del Sportivo. Era nadadora. Y en malla me ponía más tonto todavía.
El día que me invitó a su cumpleaños sentí que mi regalo debía ser como un mensaje que hiciera que al menos una vez en la vida, una vez, sus ojos celestes me miraran un poco. Lo compré yo mismo, no dejé que lo elija la economía familiar. Y seguro de que ella lloraría como yo había llorado leyéndolo le compré en la librería Mickey de la avenida 3 de Febrero un ejemplar de tapas amarillas de Príncipe y Mendigo. Lloraría, se acordaría de mí, pensaría en qué parecidos éramos, me lo comentaría y hablaríamos en un recreo apoyados en la pared de ladrillos sobre nuestro emocionante y común amigo Mark Twain. Y ella así de cerca tendría en el pelo al agitarlo el perfume inconfundible y sano del cloro de la pileta.
Después de mucho dudar deslicé entre las hojas del libro una de mis tarjetitas. Sería señalador y sería el ayudamemoria de quién había sido el autor de semejante impacto emotivo.
Lo recibió con gracia, todo lo hacía con gracia, como nadando, y lo dejó junto a los otros regalos sobre su cama.
Esperé durante semanas una señal, un mensaje, un comentario.
Nada.
Tiempo después, otro cumpleaños del grado. La vi llegar con su paquete y entregarlo con gracia. Siempre su gracia acuática. La cumpleañera rompió el papel, agradeció y lo puso junto a los otros. Me acerqué curioso y ahí lo vi. Otro ejemplar de Príncipe y Mendigo. Casi lloro: lo había leído, le había encantado y ahora era ella quien regalaba el mismo título para deleite de todo resto del mundo. Más claro el agua suya: me lo estaba diciendo a los gritos.
Mientras la manada conurbana se apretaba sobre las velitas me acerqué a los regalos y lo abrí. Quizá alguna dedicatoria de su letra primorosa hablaba de nuestra pasión marcktwainista.
No había dedicatoria, pero en la primera página, allí donde yo la había puesto, estaba todavía mi tarjeta. Ni siquiera lo había abierto antes de descartarlo.
La saqué con vergüenza ajena y la deslicé en el bolsillo de atrás del vaquero Farwest. Quizá era esta misma tarjetita de acá arriba. Vaya a saber.
Volví a la mesa cuando cantaban. Prendieron la luz, agarré con la servilleta la torta gorda y me fui a comerla al patio. Me la tragué de tres mordiscones, volví a la mesa por otra y salí al patio de nuevo.
Mirando las macetas con Lazos de Amor y Alegrías del Hogar saqué algunas conclusiones trascendentes que me acompañaron luego largamente en la vida. A saber:

✓ Todo alemán odia a los niños de apellido ruso. Si es alemana, más.
✓ Todas las rubias son muy crueles. Muy crueles.
✓ Los ojos celestes son fríos como azulejo de pileta. Como las frías aguas del sportivo en la mañana.
✓ Las rubias bellas practican natación. Todo el resto leemos libros.
✓ Mil veces mejor comer torta gorda que enamorarse, y que las chicas lindas se vayan todas juntas en fila india a la reputa madre que las parió.

La infancia nunca fue un paraíso."

28.8.23

CARMELO VA EN CITROEN / MAURICIO KARTUN

 

"Los superagentes y el tesoro maldito se filmó en el ´77. Yo no sabía muy bien qué hacer de mi vida. Dos años desorientado, sin escribir una letra. Cualquier bondi me dejaba bien, así que me conchabé ahí como actor. Hacía de malo joven. El otro era Juan Leyrado (creo que fue su primera película) El malo mayor, Nathán Pinzón, y el capocómico Osvaldo Terranova. Verano bravo. Filmábamos en un circo en Pablo Podestá. Hacía tanto calor que el polaco Woinsky, que hacía de Yeti con un traje de piel, se desmayaba a cada rato. Le sacaban la máscara, le tiraban un poco de agua y seguía. Yo lo miraba a Terranova, que era un monstruo del teatro, un bronce, y pensaba: la vida no puede ser así. No daba bola, Terranova. Tiburón, Delfín y Mojarrita tampoco. Tomaban tragos frescos con unas chicas preciosas. Yo me hice amigo de una contorsionista flaca. Se llamaba Dorka y la fui a visitar una vez a Mar de Ajó dónde su circo había armado carpa. Me regalaba sus fotos sobre cartón azul haciendo un puente perfecto para atrás. Todo era triste. Dirigía Mario Sábato con seudónimo. El asistente era Aristarain. Me hablaba de su entusiasmo por llegar a dirigir alguna vez y yo pensaba “Pobrecito, sueña con ser director y está a la parrilla acá como todos nosotros”. Los hermanos Videla hacían un bolo de extras de acción. Tenían escondida siempre una botella de tinto de litro fría.
De la peli mucho no supe. Vi cachos en tele una vez, muchos años después.
Una noche filmábamos en Tigre y terminamos de madrugada. Nos volvíamos con Juan en mi Citroen y lo vimos a Terranova renegando con un Chevy que tenía, que no había cómo hacerlo arrancar. Sabía que era de mi barrio, así que me ofrecí a llevarlo. Nos preguntó qué hacíamos. Empezamos a hablar de teatro. De grandes textos. Le dije que escribía. Una niebla tan cerrada, que el 3CV iba como entre nubes. Entonces pasó: Terranova, que venía de hacer "He visto a Dios" en el San Martín, empezó a recitar cadenciosamente, con esa voz rarona que tenían los monólogos de Carmelo. “¿Tu crei que Dio e el de la tua biblia? ¡Pobreto! Me da lástima. Dio non e aquilo de la barbeta. Non e aquilo llorone del tuo libro santo. ¡Io so cual e il vero Dio! Sa precisa habere recebido due bastonate seguido como lo ho recibido io. Seguedito. Do gole sin tocá l´arco. ¡Páfate! La morte del mio figlio e la burla de quizo miserábile. Io so dónde está Dio. No soy más iñorante, no. ¡Basta! Se acabó il mondo. Mirame como sono sereno e maestuoso. ¡Ecco il huomo nuovo!”. Bello e interminable. No sé si fue la panamericana desierta, la neblina, o esa voz que desde el asiento de atrás parecía venir de ninguna parte. O si fue a lo mejor el vino de los Videla. Pero en esa representación íntima e inaudita de aquellos parlamentos de Defilippis Novoa, se me apareció algo semejante a una revelación. Hallé una belleza en ese grotesco como nunca había encontrado en otro texto. Y una teatralidad en ese instante que me daban ganas de volver a casa y ponerme a escribir. Y mandar al carajo las películas con las que changueaba. Y los electrodos de soldadura que correteaba en las mañanas por talleres y herrerías.
No podría decir por dónde íbamos cuando Terranova terminó de actuar. Sé que lo dejé en Forest y Jorge Newbery y que amanecía en el balcón de mi departamento de Carranza y Loyola, y yo estaba como un cabalista enfermo, con el libro de Eudeba en la mano releyendo esa pieza en voz alta. Comiendo una milanga fría que me había dejado Mónica. Y soñando con escribir alguna vez algo así.
No salí a vender electrodos esa mañana. Teclié en la Lettera como un desesperado.
Había visto a Dios."

17.5.23

KARTUN TIENE UN KARTING


“Puso menudito en Tinder y la cagó.”

Así empieza “Salo solo. El patrullero del amor”, la primera novela de Kartun, nuestro querido Mauricio de las tablas. Antes de eso escribió unas treinta obras teatrales, con el “Tríptico patronal” -“El niño argentino”, “Salomé de chacra” y “Ala de criados”-, que al decir del crítico Jorge Dubatti es la tríada insoslayable del teatro argentino del siglo XXI. Más “Terrenal. Pequeño misterio ácrata” y “La vis cómica”, entre sus últimas genialidades. Con ellas ganó el Premio Nacional de literatura dramática, el Premio Municipal de Teatro, un Konex de platino, el gran premio de honor de Argentores, el premio a la trayectoria del Fondo Nacional de las Artes y el ACE de oro, que es el galardón que otorga la Asociación de cronistas del espectáculo de la Argentina. “Terrenal” también fue galardonado como mejor libro argentino de creación literaria en la Feria internacional del libro de Buenos Aires del año 2014. A pesar de tanta página escrita y festejada, Kartun no había incursionado antes en la novela. Tampoco creo que se le vuelva una costumbre, porque por lo que escuché que dijo en redes, “Salo solo” se le fue haciendo mientras posteaba las peripecias de su amigo Salomón en el Facebook.

Leí todos sus libros de dramaturgia. Tengo por lo menos seis en mi biblioteca, y los abro cada tanto para estudiar. También concurrí a su taller de tres días -maravilloso- e hice una nota que puede leerse por acá. Reconozco que me había dado un poco de miedín empezar a leer “Salo solo” (miedo de lector serio, no hay peor cosa). Un libro de puro humor, a esta altura, qué le agrega al Maestro. Mi expectativa pava se dispersó en esa primera frase donde el personaje se autodescribe como menudito, en un medio (Tinder) en el abundan las descripciones de super héroes. Y explica que así era como su mamá lo llamaba de chico. No me tuve que entregar: el libro te agarra de los pelos y te lleva.

Salomón es un hombre mayor, se ha quedado viudo pero se sigue percibiendo joven. Sale a buscar compañera. Su médico de cabecera le da la posta (además de la lata): “Circule, Salomón, circule. En los lugares de siempre no va a encontrar nada:  con las que tenía que pasar ya pasó, y con las otras no va a pasar nunca. Ábrase y circule”. Entonces Salomón se convierte en el patrullero del amor. Desde ahí y hasta el final lo vamos a ver anotarse en Aquagym, lidiar con la botánica de balcones, volver a Miramar en la segunda quincena de febrero, asistir a un curso de teatro vocacional, participar de una movilización anti aborto, de un certamen de baile, convertirse en extra en una película testimonial y apostador en un torneo de Burako. Le da lo mismo estar con diez gordas en una pileta que ayudar a coser el feto ingeniero para que otras señoras muy derechas lleven en andas a la plaza del Congreso. Siempre que haya una mujer para apuntarse, el patrullero encenderá su sirena.

Por la mitad de la historia Salomón tiene una noche kármica y él, que es de avanzar siempre con chascarrillos, empieza a contenerse. “Destino de gracioso. Qué me vas a contar a mí. El que hace reír no garcha, menino. ¿Querés garchar? Hacé llorar, menino, haceme caso. El payaso no la pone jamás”.

Salomón es un ganador que pierde cantidad de veces, pero nunca baja la guardia. Se ve a sí mismo como un péquele. “El paquetito de las sobras soy. Un resto solitario en la fuente que se reparte envuelto al final de la fiesta. Pedazos mordisqueados soy y ni manjar he sido. Deprimido Salo y picoteando Rivo de nuevo, ritmo maní salado. Copetín de clonazepam. Dejado, encima. Baño polaco: pata, verija y sobaco. Y hablando solo todo el día.”

“Hasta cogiendo deprimo”, se oscurece Salomón. Cuando Kartun está a punto de repetirse, el libro se convierte en casi policial, y resuelve todo con un golpe. “El golpe”.

 

APOSTILLAS

Sería injusto leer esta primera novela de Kartun a la sombra de sus textos teatrales, más que nada porque estos cuentos disfrazados de capítulos fueron escritos como posteos divertidos en el Facebook, durante la época de la pandemia. Temáticamente es un libro liviano, sin el trasfondo al que nos tiene acostumbrados el dramaturgo. No habla del odio como en “Terrenal”, ni del poder, como en “La vis cómica”. Ni de las diferencias de clase como en la trilogía. “Salo solo” es un libro pasatista. ¿Es una mala palabra decirle a Kartun que hizo un libro pasatista? ¡No! Kartun es de los que escriben en redes “me encantó tu novela, me la morfé en tres horas”. La velocidad literaria para Kartun es una gran ventaja. Y en el caso de esta novela es ingrediente fundamental, porque los posteos compartidos en pandemia buscaban hacer reír. “Salo solo. El patrullero del amor” es una especie de vodevil judío, una comedia de enredos. Salo es nuestro Chaplin moishe.

Si le vamos a buscar el pelo literario a este huevo, tengo que avisar que la escritura es un poco telegráfica, obviamente oralizada -es ideal para leerla en voz alta, como si fuera el parlamento de un personaje-, y se inscribe en la tradición argentina del primer turco Asís, el de “La familia tipo” o “Don Adbel Zalim, el burlador de Domínico”. (Nota al margen: gran, gran escritor, ese turquito temprano. ¿Para cuándo una reivindicación a ese hombre condenado al desguace político en programas estúpidos de la tevé local? Es mucho más que eso, porfa, si no leyeron estos primeros libros, agenden. E incluyan los cuentos de “La manifestación” y “Fe de ratas”).

También tiene algo -¿el humor o el amor?- de Bernardo Jobson, ese otro gran escritor argentino. No sé si Kartun leyó “El fideo más largo del mundo”, donde está el cuentazo del tipo al que le sale un grano en el orto, titulado “Te recuerdo como eras en el último otoño”. Si no lo hizo, va mi recomendación, porque los tres, con el joven Asís, comparten una misma tradición desopilante.

 

LAS PASTILLAS

Así de ingenioso escribe Kartun:

 “El Cinzano es muy locuaz. Si conociera la policía las virtudes locuaces del Cinzano, todos los interrogatorios serían con vermú.”

“Las vacaciones: esa quincena del año en la que el ser humano hasta tiene tiempo de ser bueno.”

“En la esdrújula batalla entre la píldora y la próstata, siempre ha vencido la próstata.”

“A vece la mujer e’ pa’ti y a vece e’pacú. De un correntino del servicio militar. Del Antiguo Testamento Colimba.”

 “Para cuándo un paper del Conicet sobre los mapas eróticos.”

“Una persona seria no es otra cosa muchas veces que una dentadura de mierda.”

 “Si la humanidad se animase en la cara la mitad de lo que se anima escribiendo, el mundo sería un veinticuatrohoras matraca.”

Cuando recuerda a una señora chetonga, dice: “De mucha babucha. Y de rulo apelmazado”. Cuando quiere decir que hay que poner cara de nada, dice “cara de pan de pancho”. Y “lucha con la cincha”, porque definitivamente “no está ducho”. Le encantan esos soniditos, como a Gabriela Acher.

Para mi gusto personal, a la prosa novelística de Kartun le sobran diminutivos y le faltan comas. Y también le vendrían bien unos cuantos sujetos explícitos, porque con tantos tácitos, a veces confunde. Pero, ¿voy a ser tan pelotudo como para cepillarle estas migajas al creador más grande de las tablas nacionales? Ya lo dijo la crítica global, la importante, la del Guashintonpost y el Niuyortaims:

- “Salo solo”: un cago de la risa. 


(El autor de la foto es Juan Pablo Mansilla)

26.7.22

DRAMATURGIA DE EMERGENCIA EN LA MILANGA

El maestro Mauricio Kartun, autor de “El niño argentino”, “Ala de criados”, “Salomé de chacra”, “Terrenal” y “La vis cómica”, entre otras muchas obras de teatro geniales, acaba de dar su seminario de nueve horas para autores, actores, directores y público en general, en la misma sala del Caras y Caretas 2037 donde se siguen exhibiendo los dos últimos títulos que nombré. Tuve la suerte de presenciarlo. A la salida de la noche del miércoles (el seminario se reparte en tres días y tiene un precio muy accesible) alguien dijo: “deberíamos asistir a estas enseñanzas al menos una vez al año, para llenarnos de energía”. Nada más cierto. Kartun es un gran docente, pero sobre todo un generador de ganas de escribir. Teatro u otras yerbas, porque lo que dice sirve para todas las artes de la palabra. Estén atentos a las próximas inscripciones:  se suelen agotar en quince minutos.

Me hizo acordar mucho a Abelardo Castillo. Hay algo en la impostación de voz, en el movimiento de su cuerpo, en su entusiasmo para anunciar sus recursos, ya sean académicos o personales. O tal vez porque es de los educadores que enseñan todo lo que saben, sin quedarse con nada. A lo mejor por eso lo comparo con Castillo: ese modo de dar tan generoso.

La experiencia se va haciendo menos seria a través de los días, como si Kartun fuera un niño tímido al principio, que cuando empieza a agarrar confianza se larga a putear y entregar más anécdotas y más “yeites” personales, que siempre son útiles. El discurso de Kartun es divertido y se basa en el mismo ingenioso encanto de sus textos: para explicar la felicidad te dice que es “quincho y pelopincho”, como para explicar el tono de “Terrenal” te dice que “hace una humedad bíblica”, o que se va a pescar al “Tigris”. Su “Pequeño misterio ácrata”, de apenas noventa páginas, ganó el Premio del Jurado de la Crítica de la Fundación del Libro en el año 2015, en la FILBA 41.

“Arriba de un escenario hay alguien que te habla: teatro”. No quiere que lo graben porque le encanta equivocarse, irse un poco por las ramas, improvisar. “Ustedes no compraron cinco lucas de objetividad”, acota. “Lo de hoy va a ser subjetividad pura; no una receta, porque receta única no hay: va a haber reflexiones sobre múltiples recetas”. Toda su potencia está en la interlocución con los que estamos ahí sentados. Y es un tipo tan amable, tan verdadero, que cada episodio de tres horas se te pasa volando. Le creés cuando dice que se come todo lo que cocina. Te está enseñando a ser escritor, un mejor escritor.

“La dramaturgia no se aprende, se roba. Mirando obras, lo que escriben otros, encontrando objetos y anécdotas en tu propia vida y la de los demás. En la mía hay una zona boutique y un galpón de reducidor, y tengo cosas que repetí tanto tiempo que ya aparecen en el outlet”.

 

EL BARRO PROPIO

Para explicar adónde hay que ir a buscar la mejor materia dramatizable hace una analogía con la tierra de tu lugar de origen. La llama “el barro propio”. “Uno es el poeta que puede, no el que quiere. El poder está en la arcilla que se ha juntado. Trabajando con el barro de la esquina de casa se logra hacer la mejor obra, la más sabia”. El maestro de Kartun es Ricardo Monti (al menos uno de los maestros, el que más nombra). Kartun escribía humor hasta que lo conoció, y Monti le hizo esta pregunta:

- ¿Si la gente no se ríe, vos fracasás?

- Sí.

- Qué feo eso.

E inmediatamente le dio ánimos para que escribiera sobre la esquina de su casa de cuando era chico, porque “escribir es desarrollar un universo, no inventarlo de cero, ni basarlo en lugares comunes que uno cree reales”. Ni forzarlo para que tengan que hacer reír, o llorar. Monti le enseñó a “archivar los universos personales”. Y a hacer acopio de todo. Kartun es un muestrario dicente de su propio archivo. El nacimiento de “Terrenal” está en los loteos a pagar en lugares ignotos de provincia con los que se entusiasmaba su padre hace más de sesenta años. Esos barrios sin nada, puros ejes medianeros dibujados en el piso, “arco con cartel sobre la ruta; futura plaza pública, futuro asfalto”. Conmueve.

El barro propio vale también para los objetos que vemos en sus escenas. El cuerno del final de la obra, con el que Dios castiga a Caín, fue encontrado en un volquete a la vuelta de su casa. La compañera de Kartun le ha puesto un ultimátum: “kilo que entra a la casa, kilo que sale”. Entonces él se puso a hacer dieta y bajó cinco kilos.

 

LOS PERSONAJES

“Ellos hacen las cosas que vos viste hacer en otros. Hay que organizar las palabras de tal manera que al ser proferidas por el actor construyan la presencia de alguien que no está allí, esa ausencia. ¿Cómo identificás, al leer una obra, si está viva? A mí me pasa cuando la entiendo por los propios parlamentos, sin tener que leer los nombres de los personajes. El teatro está hecho de orgullo coloquial”.

Al igual que Hebe Uhart o que el “Juntapuchos” de Leo Maslíah, Kartun se reconoce un trabajador que convierte simpatías coloquiales en literatura. Va por la vida juntando decires y personajes (Hebe se tomaba un colectivo en Retiro solamente para llegar a algún lugar donde recolectar formas de hablar de la gente, y las recibía como regalos, anotándolas en su libretita). “Captar el habla es un acto de fotografía auditiva”.

La suma felicidad, para Kartun o para cualquier escritor, es la de fluir. “Cuando ya tenés más o menos planteadas algunas cositas, personajes, un esquema dinámico de lo que vas a hacer que te permita cambios y ambigüedades; cuando ya tenés algunas palabras clave para nombrar, hay que largarse a escribir. El de la fluencia es un estado único de plenitud. Salimos de lo profano y entramos en lo sagrado. Fluimos cuando hacemos algo lo suficientemente difícil para que consuma nuestra energía, y lo suficientemente fácil para poder lograrlo. Es un acto acrítico, de tiempo abolido”.

A Kartun le gusta más la palabra inglesa para definir el teatro, que la española. “Jugar” (play) es mejor que “hacer teatro”. El método Kartun acepta el fracaso y la dualidad de que todo pueda salir mal en la fiesta de la escritura, porque la intención es pasarla lo mejor posible. Tenemos la condición de poder equivocarnos con soltura; “acá el error no es punible”. Porfía en que hay que “escribir como Reyes y corregir, después, como Regidores”.

 

EL SONIDO DE LAS PIEDRAS NEGRAS

Kartun nombra a Brecht, a Eduardo Pavlovsky, a Sartre, a Ibsen, a Tennessee Williams, a Tito Cossa. Utiliza de una manera personal la teoría del iceberg de Hemingway para definir la alusión. Explica Romeo y Julieta como una metáfora de la guerra: gente grande que manda a morir a los jóvenes, como si eso pudiera resolver sus problemas idiotas de territorios y economías. Cuando se mete con conceptos difíciles como el “tono” de una obra, enuncia el subtítulo en una frase corta (“el tono viene de la interlocución”) y busca un ejemplo gráfico, casi siempre una anécdota con asados, jardines o mares.

Cuenta, por ejemplo, que un año decidió juntar piedras negras en la costa bonaerense para poner en un florero de vidrio. Estaba chocho con su modestísima instalación, hasta que vino su hijo y le mencionó que ni por casualidad las piedras eran todas negras, y eso le pasaba por ir a la playa sin anteojos. Había también marrones, grises, veteadas, etcétera. ¿Qué hizo Kartun? Seleccionó solamente las azabaches y quitó las bastardas.  

La analogía con las palabras que los escritores buscamos para obtener un tono es maravillosa. El tono se encuentra en el acopio, y es todo aquello que nos suena bien y propio. “No hay manera de corregir un texto sin descubrir tus palabras azabaches. Cuando fluyo, levanto todo tipo de piedras que parezcan negritas. Cuando corrijo con los anteojos puestos, conservo solo las azabaches”.

Repasemos en voz alta las palabras con las que construyó “Terrenal”: “Achalay, torito, isoca, lagañas, esdrújulo, morrón, parroquia, larva, postalita, reliquia, chirola, lozana hossana, seráfico, querubín, tabernáculo, ofrenda…”


APOFENIAS Y PAREIDOLIAS

Kartun confía en las apofenias (construcción por coincidencias azarosas) y en las pareidolias (encontrar sentido en imágenes que no lo tienen), “aunque apofenia y pareidolia parezcan los nombres de unas tías viejas”. Recita a destajo su recetario de progresión-digresión; descubre ante nosotros sus tips para no quedarse congelado en la página en blanco; enumera sugerencias para ir derecho a la acción -motor de la energía dramática- y va moldeando un ejemplo gráfico para contarte por qué el teatro, que es un rancho “chiquito, falopa y berretón”, en la cabeza del espectador se va a convertir en un magnífico palacio. Y todo casi sin medios, si lo comparamos con esos soportes cinematográficos para millonarios, “que nacieron con el certificado de defunción firmado de antemano”.

El buen teatro se empodera en el asombro, usando simples circunloquios.

El buen teatro vuela en la alusión.

“Escribir es el único lugar donde si quiero soy mi mamá” (Ricardo Monti).

25.7.22

DRAMATURGIA DE EMERGENCIA / MAURICIO KARTUN EN LA AGENDA

Maestro de actores, Mauricio Kartun brindó un seminario para autores, actores, directores y público en general, en la sala del Caras y Caretas donde se siguen exhibiendo algunas de sus obras.

¡Gracias Pablo Perantuono!