CARSON McCULLERS / LA BALADA DEL CAFÉ TRISTE
“A los niños les encanta dormir en casas ajenas
y comer con los vecinos; en esas ocasiones se portan como es debido y se ponen
orgullosos. Así de orgullosos se sentían los vecinos del pueblo cuando se
sentaban a las mesas del café. Se bañaban antes de ir donde miss Amelia y al
entrar en el café se restregaban los pies muy finamente en el salón. Y allí,
por lo menos durante unas horas, podía uno olvidar aquel sentimiento hondo y
amargo de no valer gran cosa en este mundo.”
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