16.3.17

SEGUNDO ENCUENTRO DE LA CLÌNICA LITERARIA / TERCERA TEMPORADA

Prometí no empezar por la comida, pero ayer preparé sushi según indicaciones de los hermanos D´Ambra y me salieron de rechupete. Hice, incluso, dos barras   vegetarianas para Mariana, que faltó. Al rincón. 
La foto del roll antes de  enrollar es para Fernando, que no me creyó que los hubiera hecho yo.

El cuentazo fue de Carlos Gardini, un  grande que falleció hace muy poquito. O sea, fue un homenaje. “Primera línea”, mi relato favorito de Carlos, pertenece al libro del mismo nombre publicado por Editorial Sudamericana. También leí “No es una línea recta·, de Gandolfo. Este cuento ya lo habíamos estudiado en una temporada anterior, pero lo repetí porque ejemplifica muy bien lo que quería explicar. También leímos fragmentos de “Esa máquina roja”, la magnífica novela del uruguayo Pablo Casacuberta, para poder entender cómo esquivar algunos cazabobos de la literatura. Me quedó leerles las instrucciones para tener miedo, de Julio Cortázar, dedicadas al ejercicio que estamos encarando. Van las cinco mejores instrucciones.

“En un pueblo de Escocia venden libros con una página en blanco perdida en algún lugar del volumen. Si un lector desemboca en esa página al dar las tres de la tarde, muere.

En la plaza del Quirinal, en Roma, hay un punto que conocían los iniciados hasta el siglo XIX, y desde el cual, con luna llena, se ven moverse lentamente las estatuas de los Dióscuros que luchan con sus caballos encabritados.

En Amalfí, al terminar la zona costanera, hay un malecón que entra en el mar y la noche. Se oye ladrar a un perro más allá de la última farola.

Se sabe de un viajante de comercio a quien le empezó a doler la muñeca izquierda, justamente debajo del reloj de pulsera. Al arrancarse el reloj, saltó la sangre: la herida mostraba la huella de unos dientes muy finos.

El médico termina de examinarnos y nos tranquiliza. Su voz grave y cordial precede los medicamentos cuya receta escribe ahora, sentado ante su mesa. De cuando en cuando alza la cabeza y sonríe, alentándonos. No es de cuidado, en una semana estaremos bien. Nos arrellanamos en nuestro sillón, felices, y miramos distraídamente en torno. De pronto, en la penumbra debajo de la mesa vemos las piernas del médico. Se ha subido los pantalones hasta los muslos, y tiene medias de mujer.”

La compañera nueva, Laura, trajo vino blanco frappé para celebrar el Sushi Nil, y un cuento para disfrutar en el taller. Fabián también leyó Lala IV, que tiene destino de obra maestra si se anima a corregirlo como le dijimos.

Tenemos un gran grupo. 

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