23.11.09

ADIÓS A LA VOZ DEL INTERIOR

No me gusta decir adiós, pero a veces estamos obligados a hacerlo.
No me gusta irme de las ciudades, despedirme de mis amigos, de los muertos, de mis mujeres. Y no es que no pueda terminar las relaciones que tengo, soy de los que cree que todo debe acabar en algún momento. Ni la sangre explica nada, no existe eso de que un padre esté siempre unido a su hijo. Todo depende del trato que haya tenido. Conozco uno que es un hijo de puta y por eso se ha quedado definitivamente sin su hijo mayor. Sé de hermanos que desaparecen y la relación se desvanece. De sociedades que se extinguen en el aire. No hay sangre, no hay muerte, no hay nada que valga demasiado. Y sin embargo, decir adiós me cuesta cada día más.
Lo que más me cuesta de las despedidas son a veces cosas mínimas. Uno ama a una mujer durante años, la vida juntos parece volverse imposible y deciden, de común acuerdo, acabar. Y puedo decirle adiós a las peleas, a los malos ratos, a las fobias, pero a veces me acuerdo de algo y me dan ganas de llamarla. De un hornero que tiene en el jardín, de una perrita que es la misma alegría. De unos fideos caseros, de una siesta después de una borrachera, de sus pies. Del amor. Y me encantaría no haber dicho nada.
Los adioses, casi todas las veces, son para llorar.
La semana pasada me mandó un mail Jorge Londero diciéndome que el suplemento Temas de La Voz del Interior, termina en la forma que lo conocemos, y él pasa a otra sección (¡una vez que me llevo bien con un editor!). Es decir: el suplemento cambia, se convierte en algo nuevo. Y si es un adiós para hacer algo mejor está bueno, aunque a mí se me termine la columna. La nueva directora me dice que el suplemento va a tomar visos de actualidad, y va a necesitar de un rigor más periodístico. A ver cómo puedo encajar en esos términos. La actualidad no me interesa en lo más mínimo y no soy periodista, le digo. Soy escritor. Mi columna ha llegado a su fin.
Fue bueno mientras duró, como dicen los adolescentes. Publiqué lo que quise todas las veces que quise, y me respetaron hasta los puntos y las comas. Escribí sobre comportamientos humanos, algunas cosas de mi profesión de arquitecto, otras de mi oficio de novelista, toqué temas que yo suponía urticantes para La Voz del Interior como el aborto o el ateísmo y temas bobísimos como cambios de tecnologías en Internet o mis angustias cotidianas, di recetas de cocina, recomendé libros que me gustaron mucho, hasta me di el lujo de publicar un cuento de terror. “Tren”. Ese fue el único momento en que me dijeron te lo publicamos porque está bueno, pero es una columna de un diario, man. Fue una advertencia que entendí. No tengo ni media queja.
La verdad es que me encantó publicar mi columna en TEMAS. Y ahora estoy vacante por si otro diario quiere darme otra columna. Sabrán por esta última nota de hoy que soy un explorador de límites, pero con cordura. Y necesito libertad para manejarme a mi antojo.
Gracias a todos los que me siguieron y muchos besos y abrazos de despedida, con chinchines de final feliz y brindis pachanguero.Y que sea hasta la próxima en lugar de adiós.

22.11.09

LO QUE SÉ / FRANCIS FORD COPPOLA

Para hacer las cosas bien hay que ser abundante -esa es mi tendencia-. Si preparo una comida cocino demasiado y tengo demasiadas cosas para lavar. Anoche estaba viendo un película de Cecil B. DeMille basada en Cleopatra, y me di cuenta de cuántas partes de la historia real había dejado afuera.

Buena parte del cine es hacer menos. Aspirar a hacer menos.

20.11.09

TAMARA KAMENSZAIN / CUANDO ME VEAS POR PRIMERA VEZ

Cuando me veas por primera vez
vas a dejar de esperar lo que esperabas
si soy rubia no te va a importar
si me visto de negro te vas a detener en blanco
a barajar el ida y vuelta de tu propia conversación
a deshacer ese camino que va del borde de mi escote
al borde de tus pensamientos más íntimos
allí donde asoma una mujer superpuesta
tu mamá tu hermana tu esposa están atrás
hacen sonar su risita femenina
adentro tuyo se entienden conmigo
y vos por fin te animás a decir algo,
decís "nos vemos".

18.11.09

SOBRE HAT, EN RADAR / BUELA, GANDOLFO, PEÑA

Ante todo, Homero Alsina Thevenet fue periodista y maestro de periodistas. Pedía un dato en cada frase, una idea en cada párrafo, y su mejor amenaza era la figura de un lector impaciente al que hay que atrapar en las primeras tres líneas. En la práctica ese lector era él mismo, implacable con las digresiones, las erratas, los datos no verificados, la extensión de los paréntesis, el uso de la primera persona. Había que evitar los signos de interrogación (el lector no quiere preguntas sino respuestas), suprimir las muletillas como “sin duda” (incluirla implica que se está dudando), trepanar adverbios y adjetivos hasta que el texto se sostuviera sin ortopedias. Ahí venía lo más difícil: explicar por qué El ciudadano es una obra mayor, cómo entender a Ingmar Bergman, qué clase de fenómeno fueron las Listas Negras. El problema entonces se invertía y se volvía evidente que, para escribir como él quería, antes había que investigar el tema hasta ser capaz de exponerlo sin que la tiranía de la claridad traicionara sus complejidades. Lo primero que se aprendía con Homero era que nunca nada es fácil.
El cine que más le gustaba era como su prosa: admiraba la síntesis expositiva y el equilibrio entre forma y contenido. Podía encontrar esas virtudes en el Hollywood clásico pero también, como lo prueban sus textos, en el Neorrealismo, en La aventura de Antonioni, en el free cinema británico, en las películas de la Primavera de Praga, en Max Ophüls, en un ejercicio surrealista como Dos hombres y un armario de Polanski, en el cine de Angelopoulos o en un telefilm sobre el motín del Caine. Refunfuñaba contra la Nouvelle Vague porque le molestaban las etiquetas y las modas, pero le gustaba Truffaut y se jugó por La religiosa de Jacques Rivette cuando en Argentina se anunció su estreno en copia mutilada. Cuando el nuevo cine argentino era atacado por la industria y por parte de la crítica, Homero salió a defender Crónica de un niño solo, ópera prima de Leonardo Favio, publicando una crítica muy elogiosa antes de su estreno comercial. Fue el único periodista que se atrevió a escribir sobre Los traidores de Raymundo Gleyzer, asesinado por la dictadura, una década antes de que ese silencio comenzara a quebrarse en 1993. Emprendió una guerra –solitaria pero sin cuartel– contra lo que él llamaba la Teoría del Autor, pero en sus críticas elogió tempranamente los films de Don Siegel y Joseph H. Lewis, directores norteamericanos de clase B luego descubiertos por la crítica francesa. Es cierto que la diplomacia no era lo suyo y que solía volcar sus opiniones en términos que desalentaban el debate. Pero el conjunto de su obra demuestra un gusto amplio y hasta impredecible. Como escribió en alguna parte, el cine fue para él “un mundo ancho y ajeno”.

17.11.09

CONSEJOS AL PERIODISTA INCIPIENTE / HOMERO ALSINA THEVENET



¡Por favor no descubra la América, que ya está descubierta! No inaugure sus actividades de colega amateur creyendo ingenuamente que nadie antes de usted había visto los dramas y las comedias de este mundo. Nosotros le decimos esto, y le incitamos a que se supere a sí mismo y se menosprecie cuando se ve escribir, por una simple razón: en nuestros buenos tiempos, cuando éramos jóvenes del todo, también escribimos sobre la diferencia entre cine y teatro, sobre lo emocionante que era el cine francés –mucho tiempo ha–, sobre la tremenda comercialización del cine americano y sobre el signo de interrogación y de admiración que define “el arte admirable, siempre nuevo, siempre significativo, que nos llega a nuestras fibras más íntimas y que pertenece al genio del eterno y querido Charles Chaplin” (un grave derrame de adjetivos). Es necesario estar siempre “de vuelta” de todo, incluso de sí mismo, y para eso es necesario mover el cerebelo, leer, pensar, charlar, pasear por 18 de Julio, tener impertinencias súbitas y decirle al tipo lo que no se animaba a decirle. Si usted cree que es quedarse extático y contemplativo, manso por fuera y por dentro, la mejor forma de adquirir ideas y emociones, el terrible, traicionero y verdugo Cronos (¡uy, uy, uy!) le va a convencer de que no es así. Su error –su error de usted– es escribir diciendo que Fantasía es una maravilla, que El ladrón de Bagdad es la concreción de nuestros sueños, que El largo viaje de regreso es un drama hondo, y que la gente vería mejor cine si supiera qué es lo que tiene que ir a ver. ¡Ah, Colón! (¿Usted por aquí? Y... ¿qué dice?) Despiértese, hombre. La vida es acción, el arte es acción, y su derrame de adjetivos dichos desde un solo sitio (¡muévase, hombre!) es un error de ubicación, sólo perdonable si usted está hablando de una inmóvil, dura pero elocuente estatua. Si usted cree que le hace, no una revelación divina, sino simplemente una información interesante al lector a quien le descubre que Viñas de ira, Y... la cabalgata pasa y Juárez son voces para el pueblo, usted es un ingenuo. Y ya ve usted cómo todos los ingenuos se paran siempre a contemplar el drama, y a decir de él, no explicándolo sino pintándolo en brochazos que usted cree son definitivos. Se para ante el drama porque ahí se puede estar quieto, y porque ante la comedia hay que moverse junto con ella y eso es difícil si usted no tiene una completa Ordenanza del Tránsito en la cabeza. Para pintar el drama en tres brochazos hay que ser poeta, y tal selecta minoría comprende apenas un 2 por ciento de la gente que escribe. Ya lo quiero ver a usted hablando con exactitud y penetración de las complejísimas ideas que se han entrecruzado produciendo El ciudadano.
P.D.: A propósito: trate de escribir con menos puntos y aparte. Ponga verbos en todas las frases. Use menos mayúsculas. Conserve la ilación y el sentido de lo que escribe (no haga como nosotros). Léase La risa de Bergson. Conmuévase menos ante los dramas hondos. Evite toda definición que no sea ingeniosa. Lea a Bernard Shaw. No sea tímido. Lea a Sinclair Lewis. Reconozca que era muy malo lo que usted escribía hace dos años. Disculpe.

16.11.09

UN JARDINERO FRANCÉS EN BUENOS AIRES / RADAR


No todos conocen, en la Argentina, a Carlos Thays. Y sin embargo todos hemos estado, en alguna época de nuestras vidas, tengamos la edad que tengamos, haciendo alguna actividad adentro de un espacio diseñado por él. Paseando, andando en auto, fumando, durmiendo la siesta, besándonos con alguna novia perdida o un domingo de picnic. En otra época fue circulando en carro, remontando un barrilete, jugando al diábolo o a lomo de un caballo. Hablo de todo un país y por más de cien años. Aunque pocos lo sepan o lo hayan sabido en su momento.
Para la gente, las plazas están allí de toda la vida. Y los árboles han crecido solos, como por arte de magia. Pero alguien tuvo que proyectarlos, que plantarlos en sus lugares, y dijo: “Dentro de cincuenta, setenta, cien o ciento cincuenta años estarán así de altos”. El arte del jardín es un arte cambiante, algo que vemos en constante movimiento, que crece. Cambia con las estaciones, con la luz del día, de la mañana a la noche, si hay bruma o sol, nieve o llovizna. Y, sobre todo, cambia con los años. Tus abuelos vieron esos árboles más pequeños de los que los viste vos, porque el arte del jardín es un arte mutante.
La actividad que desarrolló este gran hombre en la Argentina (también lo hizo en Chile, Uruguay y Brasil) tiene una dimensión extraordinaria: casi todos los parques y arbolados públicos de algunas ciudades llevan su firma. Y es una firma mágica, porque no sólo decidió el trazado de los senderos que recorremos: trazó un diseño en el tiempo, que contempla una cronografía de floración anual para que las ciudades se vean distintas según las estaciones. Buenos Aires cambia de color en las flores de los árboles que Thays eligió.
Para llevar a cabo este plan adaptó cuatro especies autóctonas del Norte argentino: el lapacho, la tipa, el palo borracho y el jacarandá, y los fue sembrando para que nosotros pudiéramos comprender los cambios de la ciudad por el color que hay arriba o debajo de nuestras cabezas. Cuando el palo borracho está floreciendo, el lapacho ha soltado sus pétalos en las veredas. Y la ciudad se ve amarilla por arriba y rosada en el suelo.
Acaba de inaugurarse una muestra en el Centro Cultural Ciudad de Buenos Aires, Recoleta, sobre este jardinero francés del que –repito– poco conocemos acerca de su vida y demasiado de su obra, que nos alegra todos los días, gratuitamente, nuestro pasar en la ciudad.
Y ojo porque la exposición tiene casi la corta vida de una mariposa: empieza en noviembre, con el celeste del jacarandá, y termina en diciembre, con el color amarillo de las tipas.
La exposición del hombre que le puso colores a Buenos Aires.

13.11.09

ORACIÓN DE GUERRA / MARK TWAIN

"Oh Señor, nuestro Padre, nuestros jóvenes patriotas, ídolos de nuestros corazones, salen a batallar. ¡Mantente cerca de ellos! Con ellos partimos también nosotros -en espíritu- dejando atrás la dulce paz de nuestros hogares para aniquilar al enemigo. ¡Oh Señor nuestro Dios, ayúdanos a destrozar a sus soldados y convertirlos en despojos sangrientos con nuestros disparos; ayúdanos a cubrir sus campos resplandecientes con la palidez de sus patriotas muertos; ayúdanos a ahogar el trueno de sus cañones con los quejidos de sus heridos que se retuercen de dolor, ayúdanos a destruir sus humildes viviendas con un huracán de fuego; ayúdanos a acongojar los corazones de sus viudas inofensivas con aflicción inconsolable; ayúdanos a echarlas de sus casas con sus niñitos para que deambulen desvalidos por la devastación de su tierra desolada, vestidos con harapos, hambrientos y sedientos, a merced de las llamas del sol de verano y los vientos helados del invierno, quebrados en espíritu, agotados por las penurias, te imploramos que tengan por refugio la tumba que se les niega -por el bien de nosotros que te adoramos, Señor-, acaba con sus esperanzas, arruina sus vidas, prolonga su amargo peregrinaje, haz que su andar sea una carga, inunda su camino con sus lágrimas, tiñe la nieve blanca con la sangre de las heridas de sus pies! Se lo pedimos, animados por el amor, a Aquel quien es Fuente de Amor, sempiterno y seguro refugio y amigo de todos aquellos que padecen. A Él, humildes y contritos, pedimos Su ayuda. Amén."

12.11.09

UN PLÁSTICO TRANSPARENTE / FABIÁN CASAS

Abrí la puerta y te estabas bañando.
Los vidrios empañados, el ruido del agua
detrás de las cortinas,
las cosas esenciales instaladas
fuera de la razón.
Me llamaste, acercaste la cara
y nos besamos a través del plástico
transparente: fue un instante.
Las parejas y las revistas literarias
duran casi siempre dos números.
Sin embargo, de a poco,
le fuimos ganando terreno al río:
días interminables en los que el caos
tomaba tu forma para envolverme mejor.

11.11.09

EN EL VIDRIO / FABIÁN CASAS

Después de insistir mucho,
conseguí quedarme diez minutos solo con mi madre.
Un guardia gordo, que mascaba chicle,
me llevó hasta el lugar de visitas.
Estaba ahí, de pie, con su delantal naranja.
Separados por un vidrio inmenso
nos sentamos uno frente al otro.
Ella agarró su teléfono, yo agarré el mío.
Su idioma era un extraño
caminando por una voz muy débil.
Entonces, viendo mi desesperación,
se acercó al vidrio
y lo empañó con el aliento.
Con el dedo índice escribió ahí
el día y la hora en que va a resucitar.

10.11.09

ANDY WARHOL POR ARTHUR DANTO / RADAR


No tengo interés en escribir una autobiografía ni una nueva biografía de Warhol, pero siento que es importante explicar su importancia para mí. Lo que hace a Warhol, en mi opinión, un artista tan fascinante desde el punto de vista filosófico. Visitar su segunda muestra en la Stable Gallery en 1964 fue una experiencia transformadora para mí. Me convirtió en un filósofo del arte. Hasta ese punto, aunque mi interés en el arte –y en especial en el arte contemporáneo– había sido muy grande, no había tenido un interés especial en la filosofía del arte. No veía una forma interesante de unir filosofía y arte. La muestra consistía en cientos de lo que parecían cajas comunes de almacén, apiladas de la misma forma que lo estarían en un galpón de supermercado. Entre éstas estaban las Brillo Boxes, que parecían reales. La caja Brillo puede ser considerada un icono estadounidense, supongo, pero sólo porque Warhol la convirtió en uno. Es su trabajo más famoso y yo lo considero su obra maestra. Como pieza de diseño comercial es un knock-out. Irónicamente, su diseñador era un artista comercial con altas ambiciones como artista plástico, de hecho era un expresionista abstracto llamado James Harvey, de Detroit. Pero para mí la pregunta no era qué lo hacía tan bueno, sino qué lo hacía arte. La Brillo Box me ayudó a resolver un problema tan viejo como la filosofía: cómo definir el arte. Más que eso: me ayudó a explicar por qué es un problema filosófico en primer lugar. No hace falta decir que una definición adecuada de arte tiene que cubrir al arte de una forma universal. Tiene que explicar por qué la Mona Lisa es arte, por qué Rigoletto es arte, por qué Washington Crossing the Delaware es arte. Tiene que explicar por qué cualquier cosa es arte. Mucha gente en aquellos días estaba preparada para decir que la Brillo Box no era arte. Yo sentía que estaban equivocados, por supuesto, y realmente amaba la Brillo Box. Pero lo que tiene de hermoso para la filosofía es que es un trabajo tan sencillo –una mera caja oblonga con impresos en su tapa y sus costados–. No tiene nada de complejo, realmente, en comparación con la típica pieza de pintura de expresionismo abstracto.

Lo que hace de Andy un icono, por supuesto, no es que sea tan instructivo filosóficamente, aunque ése es un aspecto importante de su virtud como artista. Lo que lo hace un icono es que su material y sus temas siempre son algo que el estadounidense común puede entender: todo, o casi todo de lo que hizo arte venía directo de la vida diaria de estadounidenses muy comunes. Cualquiera que vive el estilo de vida estadounidense puede decir cómo es una caja de almacén, y dónde encontrar una, y para qué la quiere uno. O puede decir dónde se puede conseguir una lata de sopa Campbell, cómo prepararla y en general cuánto cuesta.

El mundo de lugares comunes de los objetos industriales de todos los días por supuesto había sido mirado con desprecio, estéticamente, por aquellos que se deleitaban en el buen gusto. Y las imágenes de los carteles publicitarios y de los cómics y de las revistas pulp habían sido consideradas estéticamente irredimibles por los mismos árbitros del juicio estético. La comida rápida poluciona el cuerpo de la misma manera que, no hace tanto, se creía que los cómics corrompían la mente. Cuando yo era estudiante en París, se decía que la Coca-Cola producía cáncer. Estados Unidos era, para citar un título del expatriado Henry Miller, “una pesadilla de aire acondicionado”. En el siglo XIX, el Art and Crafts Movement condenó el mobiliario producido industrialmente. Hasta los años ’60, el arte se plantó implacablemente contra la cultura común en este sentido. Pero de repente, en los ’60, había artistas verdaderos que tomaban la posición contraria, celebrando lo vernáculo en pinturas que se apropiaban de los colores chatos y las líneas gruesas del arte comercial. Los gustos y valores de las personas comunes de pronto eran inseparables del arte de vanguardia. Ese arte, desde mi perspectiva, mostraba el camino para traer a los barriales de la estética la claridad de la filosofía analítica.

5.11.09

YA RECIBÍ UN MONTÓN DE CRÍTICAS POR LAS PREGUNTAS DEL CONCURSO FOURIER


Que no se encuentran, que son difíciles, etcétera. Que hay que comprar el libro que depués te vamos a regalar. Y sí, tienen razón.

Así que con Godot cambiamos las reglas del concurso.

Siguen los premios, pero ahora tendrán que contestar a la pregunta creativa del flyer. Hay tiempo hasta el 15 de diciembre. Y eligiremos a los campiones seleccionando las cinco mejores respuestas. Manden la fruta a mi imeil.

Este es el que vale. A inspirarse, leidis and gentlemans.

EL ABORTO NO HACE FELIZ A NINGUNA MUJER / LVI

“Si el Papa fuera mujer, el aborto sería ley” es una pintada sobre uno de los paredones del Hospital Moyano, el manicomio municipal de mujeres de Buenos Aires. No parece la frase de una enferma mental.
Entre los discursos más estúpidos de la humanidad, a mi criterio, está ese que dice que hay que tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro. Debería decir: criar un hijo, cuidar un árbol y publicar un libro. Seamos sinceros: un hijo lo tiene cualquiera, hasta por error. Criarlo es un trabajo concienzudo, de años de dedicación. Con el árbol pasa lo mismo: tiempo, riego, abonos, podas. Para publicar un libro en una editorial como mínimo tendría que estar bien escrito, después debería poder contar algo interesante, dar una novedad, tener prensa, público, lecturas…
“Cada año se producen entre 460 mil y 600 mil interrupciones voluntarias del embarazo en la Argentina. (…) A lo largo de su vida fértil, en promedio, cada mujer argentina tendría dos abortos inducidos”. Los datos los estoy copiando de un libro de la periodista Mariana Carbajal titulado “El aborto en debate”, que acaba de salir por la editorial Paidós.
Basándose en el concepto de que la clandestinidad no detiene las realizaciones de un aborto, sino que aumenta sus riesgos, en el Hospital Argerich armaron un servicio de consejería “pre y post aborto”, dedicado a las adolescentes del conurbano. Es un modelo copiado del Uruguay, país de avanzada en relación al nuestro en lo que concierne a leyes innovadoras: fue también el primero de Sudamérica en tener el divorcio y el casamiento civil entre personas de un mismo sexo. Allá, incluso, la conserjería está avalada por el Estado. El Ministerio de Salud, la Facultad de Medicina, el Sindicato Médico y la Sociedad de Ginecología.
El servicio es esencialmente para cuidar a la mujer que tiene que pasar ese mal rato. Sandra Vásquez, la doctora a cargo del proyecto dice: “Se escuchan siempre diferentes opiniones sobre si el aborto debe ser o no ser legal, si es ético o no, si es un derecho de la mujer, entre otros, pero la realidad es que el aborto existe por fuera de estas discusiones y hay un punto en que debería haber una sola opinión: ninguna mujer tendría que poner en riesgo su vida a causa de la interrupción de un embarazo”.
Probablemente los que lideran grupos no abortistas son los que acceden a una mejor educación y a métodos anticonceptivos. Y seamos realistas, en el caso de estar obligados a hacérselo podrían ir a las mejores clínicas, donde la aberración se confunda con operación. El problema es definitivamente social: lo que se discute no es la vida o no de un niño, sino que algunas mujeres pueden acceder a un aborto aséptico por su estatus (y a lo sumo tendrán solamente un conflicto moral), mientras que las otras se morirán desangradas en su propia cama por la perforación de útero con una aguja de tejer. Ricas o pobres, todas las que lo deben hacer, lo hacen. Las pobres, mueren.
Vázquez agrega: “No se puede abandonar a estas pacientes a su suerte; nosotros, como profesionales, tenemos el saber médico necesario para diminuir los riesgos y daños de un aborto y es nuestra responsabilidad asesorar y acompañar en este trance”. Bien por el Argerich.
El aborto es algo a lo que ninguna mujer quiere llegar. En la Argentina los mismos que denostan el aborto, denostan la educación sexual. Parece una incoherencia, pero no: es dominación de clases. Si yo tuviera que odiar el aborto, simplemente haría que ninguna mujer quedara embarazada sin desearlo. No solo para que no se mueran las madres, también para salvar a los embriones y para que no nazcan hijos no queridos, que probablemente serán mal criados o abandonados. El aborto es la última de las opciones para el no deseo.
No se puede entender que a una mujer a quien no se le ha dado la conveniente educación sexual, la sociedad la juzgue como asesina a la hora de abortar. El mismo sector social que le prohibió la educación será el que después la juzgue. Se parecen a esos que se te acercan en las plazas con un cartel que dice “SÍ A LA VIDA”, pero era nada más que para venderte un prendedor.

Con algunos retoques, en el diario cordobés.

3.11.09

FABULOSO CONCURSO FOURIER / MILANESA CON PAPAS Y EDICIONES GODOT

Milanesa con papas y el señor Godot se complacen en presentarles a ustedes algunas difíciles preguntas sobre la vida y obra de Charles Fourier. Los cinco primeros que las contesten correctamente se ganarán un libro de la Colección Exhumaciones de Ediciones Godot. "El Falansterio", para más datos: los textos seleccionados de Fourier, con prólogo de Vargas Llosa. Un lujo, vea. Las respuestas deben ser enviadas a mi casilla de correo, ahí nomás debajo de mi curriculum en esta misma pantalla. Van las pregu:

1 .- ¿Cuál es el número de gente que Fourier planeó como básico para sus comunidades?
2.- ¿En qué año apareció su primer libro, la Teoría de los cuatro movimientos?
3.- ¿Cuál era la longitud de la Plaza Central del Falansterio, medido en toesas de 1820?
4.- ¿De cuánto dinero era la inversión, en francos de 1827 , que Fourier calculaba para la concreción del primer Falansterio?
5.- ¿Cuántos pisos tenía el proyecto del Falansterio diseñado por Fourier?

Para pelar Enciclopedias e Interneses, che. Dura hasta regalar los cinco libros, ¡comenzando ya!
Buena suerte y felices Falansterios para todos.