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31.8.09
29.8.09
JORNADA ARQUITECTURA Y MEMORIA / CCGSM
Buenos Aires, 31 de agosto de 2009
Los espacios
La calle, el principal espacio urbano donde la vida cotidiana transcurre, fue testigo y escenario de persecuciones y desapariciones durante el terrorismo de Estado. El espacio público, sin embargo, no fue el único signado por el terror. Edificios y casas particulares, fábricas y colegios, así como también instituciones militares y comisarías dieron el marco donde se reprodujo el sistema de represión ilegal implementado por el propio Estado. Esos espacios quedaron marcados en las ciudades, los suburbios y el campo y adquirieron dimensiones y significados particulares a través del tiempo. Son huellas de una historia escrita en tiempo presente.
La acción repentina, violenta y premeditada de un asesinato o secuestro a plena luz del día, transmite un mensaje que permanece en el tiempo dejando un vacío como preludio de la desaparición. Este mensaje de terror sintetiza el método utilizado y garantiza su eficaz transmisión. Hoy muchos de esos lugares recuerdan vidas desaparecidas y desafían el miedo en cada baldosa, cada placa o cada árbol. Cuentan quiénes eran, qué edad tenían y qué pensaban.
Los sitios
Un programa de arquitectura con necesidades precisas creció en el interior de los edificios públicos, las escuelas o dependencias donde se desarrollaban actividades con aparente normalidad. Reconfiguró los espacios acondicionándolos como oscuras
escenografías adaptadas a cada edificio con las mismas secuencias y los mismos nombres: la “cucha” el “tubo”, la “leonera”, el “pañol”, etc. Reprodujo allí una maquinaria clandestina que bajo un orden estricto sometió a las víctimas a la pérdida gradual de sus identidades hasta la muerte en la oscuridad, el encierro y la tortura. Finalmente resguardó todo este procedimiento con el cumplimiento de estrictas medidas de seguridad.
Hace un tiempo corto, algunos de esos espacios que han sido centros clandestinos fueron desmantelados y hoy están vacíos. Ese vacío, que ya de por sí transmite con enorme poder, hoy nos interpela y nos desafía a pensar qué haremos con ellos. Distintos actores de nuestra sociedad se han acercado hace tiempo a estas preocupaciones y han desarrollado acciones concretas en estos espacios. En los primeros momentos procuraron identificar individualmente o en grupos a las víctimas y relatar quiénes fueron y por qué luchaban. Luego, en algunos de estos centros
clandestinos de detención comenzaron a plantearse su función como sitios de memoria. Espacios que actúan como disparadores y que permiten vincular su historia con los hechos del pasado reciente: un museo o un centro de interpretación dentro o fuera del espacio circundante del centro clandestino.
¿Por qué realizar estas jornadas?
Desde una baldosa hasta un centro clandestino o un museo, estos espacios presentan una realidad dinámica y compleja que está íntimamente ligada a los procesos de verdad y justicia. Cada uno cumple simultáneamente una función testimonial, de lugar de homenaje y reparación a las víctimas, así como también de memoria y transmisión a las nuevas generaciones. Por esta y muchas otras razones, la arquitectura no debe permanecer ajena a estos hechos que han marcado nuestro pasado y aun lo hacen en el presente. Indudablemente tiene un rol que debemos esforzarnos en definir. Se trata de afianzar, sostener y consolidar, sumándose a otras disciplinas, las acciones de memoria en las ciudades, en los sitios y en los edificios específicos.
Desde el año 2000 Memoria Abierta participa en algunas experiencias concretas en centros clandestinos y en espacios públicos de homenaje investigando, asesorando y trabajando en conjunto con los grupos que desarrollan su actividad en el sitio. Desde este corto pero intenso trabajo y, fundamentalmente, a partir de las experiencias de aquellos arquitectos que han intervenido y reflexionado en espacios para la memoria, es que planteamos esta jornada. El propósito es contribuir a un debate que permita avanzar en la integración de la arquitectura a esa búsqueda colectiva e interdisciplinaria donde su aporte pueda ir más allá de las propuestas creativas y las capacidades técnicas. Se trata, entre otras posibilidades, de comprender las experiencias sobre las transformaciones y significados de las memorias en disputa; de aportar percepciones sobre el tratamiento de estos espacios; de resolver sus complejidades programáticas; de optimizar y graduar las intervenciones a la evolución de cada sitio y a las
particularidades de estas construcciones colectivas; y de contribuir a los procesos de promoción, planificación y construcción del sitio y su entorno inmediato.
En resumen, la jornada Arquitectura y Memoria busca promover la reflexión sobre los usos posibles de estos espacios, tomando en cuenta la inquietante relación que guardan los lugares con las memorias de quienes por allí pasaron y con las de la sociedad en su conjunto.
Los espacios
La calle, el principal espacio urbano donde la vida cotidiana transcurre, fue testigo y escenario de persecuciones y desapariciones durante el terrorismo de Estado. El espacio público, sin embargo, no fue el único signado por el terror. Edificios y casas particulares, fábricas y colegios, así como también instituciones militares y comisarías dieron el marco donde se reprodujo el sistema de represión ilegal implementado por el propio Estado. Esos espacios quedaron marcados en las ciudades, los suburbios y el campo y adquirieron dimensiones y significados particulares a través del tiempo. Son huellas de una historia escrita en tiempo presente.
La acción repentina, violenta y premeditada de un asesinato o secuestro a plena luz del día, transmite un mensaje que permanece en el tiempo dejando un vacío como preludio de la desaparición. Este mensaje de terror sintetiza el método utilizado y garantiza su eficaz transmisión. Hoy muchos de esos lugares recuerdan vidas desaparecidas y desafían el miedo en cada baldosa, cada placa o cada árbol. Cuentan quiénes eran, qué edad tenían y qué pensaban.
Los sitios
Un programa de arquitectura con necesidades precisas creció en el interior de los edificios públicos, las escuelas o dependencias donde se desarrollaban actividades con aparente normalidad. Reconfiguró los espacios acondicionándolos como oscuras
escenografías adaptadas a cada edificio con las mismas secuencias y los mismos nombres: la “cucha” el “tubo”, la “leonera”, el “pañol”, etc. Reprodujo allí una maquinaria clandestina que bajo un orden estricto sometió a las víctimas a la pérdida gradual de sus identidades hasta la muerte en la oscuridad, el encierro y la tortura. Finalmente resguardó todo este procedimiento con el cumplimiento de estrictas medidas de seguridad.
Hace un tiempo corto, algunos de esos espacios que han sido centros clandestinos fueron desmantelados y hoy están vacíos. Ese vacío, que ya de por sí transmite con enorme poder, hoy nos interpela y nos desafía a pensar qué haremos con ellos. Distintos actores de nuestra sociedad se han acercado hace tiempo a estas preocupaciones y han desarrollado acciones concretas en estos espacios. En los primeros momentos procuraron identificar individualmente o en grupos a las víctimas y relatar quiénes fueron y por qué luchaban. Luego, en algunos de estos centros
clandestinos de detención comenzaron a plantearse su función como sitios de memoria. Espacios que actúan como disparadores y que permiten vincular su historia con los hechos del pasado reciente: un museo o un centro de interpretación dentro o fuera del espacio circundante del centro clandestino.
¿Por qué realizar estas jornadas?
Desde una baldosa hasta un centro clandestino o un museo, estos espacios presentan una realidad dinámica y compleja que está íntimamente ligada a los procesos de verdad y justicia. Cada uno cumple simultáneamente una función testimonial, de lugar de homenaje y reparación a las víctimas, así como también de memoria y transmisión a las nuevas generaciones. Por esta y muchas otras razones, la arquitectura no debe permanecer ajena a estos hechos que han marcado nuestro pasado y aun lo hacen en el presente. Indudablemente tiene un rol que debemos esforzarnos en definir. Se trata de afianzar, sostener y consolidar, sumándose a otras disciplinas, las acciones de memoria en las ciudades, en los sitios y en los edificios específicos.
Desde el año 2000 Memoria Abierta participa en algunas experiencias concretas en centros clandestinos y en espacios públicos de homenaje investigando, asesorando y trabajando en conjunto con los grupos que desarrollan su actividad en el sitio. Desde este corto pero intenso trabajo y, fundamentalmente, a partir de las experiencias de aquellos arquitectos que han intervenido y reflexionado en espacios para la memoria, es que planteamos esta jornada. El propósito es contribuir a un debate que permita avanzar en la integración de la arquitectura a esa búsqueda colectiva e interdisciplinaria donde su aporte pueda ir más allá de las propuestas creativas y las capacidades técnicas. Se trata, entre otras posibilidades, de comprender las experiencias sobre las transformaciones y significados de las memorias en disputa; de aportar percepciones sobre el tratamiento de estos espacios; de resolver sus complejidades programáticas; de optimizar y graduar las intervenciones a la evolución de cada sitio y a las
particularidades de estas construcciones colectivas; y de contribuir a los procesos de promoción, planificación y construcción del sitio y su entorno inmediato.
En resumen, la jornada Arquitectura y Memoria busca promover la reflexión sobre los usos posibles de estos espacios, tomando en cuenta la inquietante relación que guardan los lugares con las memorias de quienes por allí pasaron y con las de la sociedad en su conjunto.
28.8.09
CRISTINA PERI ROSSI / FILOSOFÍA
Ante la esfericidad abstracta del planeta
la redondez turgente de tus senos pulidos
Ante la prepotencia de la razón
tu risa descabellada de amazona cáustica
Ante la caída internacional del comunismo
el desmoronamiento brusco de tu falda
Ante el proclamado Fin de la Historia
el nacimiento de un nuevo tu lunar en el hombro
Ante las guerras futuras
el estrabismo voluptuoso de uno de tus ojos
Ante la previsible muerte
la fricción de tu cuerpo desnudo
la humedad de las mucosas
el lamento vulvar.
la redondez turgente de tus senos pulidos
Ante la prepotencia de la razón
tu risa descabellada de amazona cáustica
Ante la caída internacional del comunismo
el desmoronamiento brusco de tu falda
Ante el proclamado Fin de la Historia
el nacimiento de un nuevo tu lunar en el hombro
Ante las guerras futuras
el estrabismo voluptuoso de uno de tus ojos
Ante la previsible muerte
la fricción de tu cuerpo desnudo
la humedad de las mucosas
el lamento vulvar.
27.8.09
26.8.09
25.8.09
24.8.09
22.8.09
21.8.09
20.8.09
19.8.09
18.8.09
17.8.09
15.8.09
MNMVHJ / LOS JURADOS
Fueron Jurados el Arq. Andrés Duprat por la Secretaría de Cultura de La Nación, la Prof. Teresa Maffeis por el Ministerio de Educación de la Nación, el Arq. Jaime Grinberg por la Facultad de Arquitectura de la UBA, el Lic. Claudio Avruj por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, el Arq. Darío Jaraj por la DAIA, el Sr. Yiftah Curiel por la Embajada de Israel y el Sr. Gunter Kniess por la Embajada de Alemania.
¡Gracias!
¡Gracias!
14.8.09
13.8.09
12.8.09
MONUMENTO NACIONAL A LA MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS DEL HOLOCAUSTO JUDÍO / TEXTO
Recordar es una actividad vital que da identidad a nuestro pasado y define nuestro presente. La memoria es selectiva: un complejo sistema dialéctico entre el olvido y el recuerdo. Las memorias personales y las memorias sociales están siempre sujetas a construcción, a negaciones, a represión. Son borrosas e imperfectas; no permanentes. En las sociedades modernas, la memoria colectiva se negocia en los valores, las creencias, los rituales e instituciones del cuerpo social.
Los museos y monumentos de la Shoah mantienen siempre una especie de contradicción de tamaños entre el espacio representativo, metafórico, generalmente enorme, y los objetos a exhibir, casi siempre de pequeño formato. Peter Eisemann denuncia la falta de diálogo entre ambas proporciones en el discurso escrito para su memorial urbano en Berlín. La ampliación del Museo Judío de Libedskin es genial pero no resuelve el conflicto: tiene gigantescos vacíos irregulares que relatan plásticamente y con suma efectividad la angustia de la existencia y el tema de la muerte, pero cuando esos espacios son ocupados por objetos domésticos rescatados de los campos de concentración, el arquitecto se ve obligado a recurrir a vitrinas de lo más ortodoxas.
El caso es que la presencia de estos sencillos objetos (valijas, cartas, fotos, zapatos, utensilios, ropas, libros) es fundamental porque decanta la memoria social en memoria individual, nos habla de personas como nosotros, pero que dejaron de existir en medio de atroces castigos: persecución, tortura, vejaciones, cárcel, fusilamientos. La actualidad de la presencia de estos objetos, parecidos a los que todos nosotros utilizamos diariamente, es una indicación del peligro de que la catástrofe pueda ocurrir de nuevo, en cualquier momento, en cualquier sociedad. La visualización de estos objetos tristes es fundamental para entender el Holocausto.
Nuestro proyecto opera mediante un sistema de piedras que llevan impresas la huella de objetos cotidianos: paraguas, libretas, vajilla, ropa, etc. Estas impresiones se realizan por vaciados de hormigón directamente sobre esos objetos. La operación estropea, destruye al objeto. La huella rescata el perfil icónico como metáfora del elemento que desapareció en la impresión.
Una huella es una señal que deja el hombre en su paso por el mundo, un rastro, el vestigio de una civilización. El negativo de esos objetos cotidianos sobre la piedra conforma una especie de fósil urbano de alta sugerencia. Son una colección que delata la vida humana a través de los objetos, pero dejándolos a un lado.
Las piedras estarán apiladas conformando un muro. Son 115 paralelepípedos de hormigón armado de un metro de frente por alturas y anchos variables. Las alturas fluctúan entre los sesenta centímetros y el metro cuarenta. Los anchos son tres: treinta, sesenta y noventa centímetros. Los colores también varían sutilmente: el hormigón estará, en algunos casos, pigmentado.
Las piedras serán exhibidas como reliquias, e iluminadas como esculturas. Cada piedra contendrá la huella de un solo tipo de objeto. Si se trata de utensilios, el hormigón será colado sobre cucharas, cuchillos, tenedores, platos, jarras, budineras. Si son elementos de aseo, la colada se realizará sobre peines, peinetas, cepillos, broches, afeitadoras. En el caso de ropa se considerarán calzados, almohadones, cinturones, camisas, vestidos, carteras, anteojos. Para que el monumento sea aún más apropiable por la colectividad, se aceptarán donaciones de objetos con la intención de armar este rompecabezas existencial. Los objetos tendrán su tamaño real, y esta aclaración vale porque en los gráficos de las láminas aparecen más grandes de lo que son: no es un error, sino una adecuación para que la idea pueda visualizarse en una escala menor.
La colección de ausencias realiza una transferencia de memoria al hacer pasar la memoria muerta de los objetos idos hacia la memoria viva de los paseantes. El paseante será quien recuerde la memoria de una ciudad, de cientos de existencias. Una operación de deshielo para la petrificación de los recuerdos. Aprendiendo de Jochen Gerz hemos intentado hacer un monumento que recuerde el olvido.
El muro tiene treinta y nueve metros de largo por una altura máxima de cuatro metros, y está incrustado sobre el terraplén del ferrocarril que acompaña la avenida Dorrego. La idea es que no tome una posición central sino que indique un recorrido, acomodándose al entorno del Paseo de la Infanta. En esto también coincidimos con el pensamiento de Jochen Gerz sobre la desnaturalización de los monumentos urbanos. El monumento que nosotros diseñamos será visible desde la Avenida del Libertador y desde los arcos de la Infanta, pero no ocupará el predio de una manera central, sino disimulada. El monumento aquí pasa a tener el formato más modesto de un mural apaisado. Los paseantes circularán sobre una plataforma de garden bloks, lo que da un aspecto final de piso verde, vivo.
La iluminación nocturna es rasante, desde el solado, por lo que la gente que visite el monumento por las noches cortará los haces de luz al pasar, provocando sombras humanas sobre las piedras, en una participación involuntaria y espontánea.
Como artistas nos interesan las relaciones entre nuestra existencia y la existencia total, las conexiones entre el ahora y lo que pasó. Por eso este monumento de aspecto moderno no sólo se refiere a la Shoah. El muro está fragmentado en dos partes. La primera contiene solamente 29 piedras, la cantidad de víctimas del funesto atentado a la Embajada de Israel. La segunda mitad está fabricada con 86 piedras, el número de víctimas de la Amia.
La metáfora es la de la memoria impresa en la piedra. Cientos de memorias individuales que arman el avatar colectivo de un pueblo.
Huellas para el recuerdo.
Los museos y monumentos de la Shoah mantienen siempre una especie de contradicción de tamaños entre el espacio representativo, metafórico, generalmente enorme, y los objetos a exhibir, casi siempre de pequeño formato. Peter Eisemann denuncia la falta de diálogo entre ambas proporciones en el discurso escrito para su memorial urbano en Berlín. La ampliación del Museo Judío de Libedskin es genial pero no resuelve el conflicto: tiene gigantescos vacíos irregulares que relatan plásticamente y con suma efectividad la angustia de la existencia y el tema de la muerte, pero cuando esos espacios son ocupados por objetos domésticos rescatados de los campos de concentración, el arquitecto se ve obligado a recurrir a vitrinas de lo más ortodoxas.
El caso es que la presencia de estos sencillos objetos (valijas, cartas, fotos, zapatos, utensilios, ropas, libros) es fundamental porque decanta la memoria social en memoria individual, nos habla de personas como nosotros, pero que dejaron de existir en medio de atroces castigos: persecución, tortura, vejaciones, cárcel, fusilamientos. La actualidad de la presencia de estos objetos, parecidos a los que todos nosotros utilizamos diariamente, es una indicación del peligro de que la catástrofe pueda ocurrir de nuevo, en cualquier momento, en cualquier sociedad. La visualización de estos objetos tristes es fundamental para entender el Holocausto.
Nuestro proyecto opera mediante un sistema de piedras que llevan impresas la huella de objetos cotidianos: paraguas, libretas, vajilla, ropa, etc. Estas impresiones se realizan por vaciados de hormigón directamente sobre esos objetos. La operación estropea, destruye al objeto. La huella rescata el perfil icónico como metáfora del elemento que desapareció en la impresión.
Una huella es una señal que deja el hombre en su paso por el mundo, un rastro, el vestigio de una civilización. El negativo de esos objetos cotidianos sobre la piedra conforma una especie de fósil urbano de alta sugerencia. Son una colección que delata la vida humana a través de los objetos, pero dejándolos a un lado.
Las piedras estarán apiladas conformando un muro. Son 115 paralelepípedos de hormigón armado de un metro de frente por alturas y anchos variables. Las alturas fluctúan entre los sesenta centímetros y el metro cuarenta. Los anchos son tres: treinta, sesenta y noventa centímetros. Los colores también varían sutilmente: el hormigón estará, en algunos casos, pigmentado.
Las piedras serán exhibidas como reliquias, e iluminadas como esculturas. Cada piedra contendrá la huella de un solo tipo de objeto. Si se trata de utensilios, el hormigón será colado sobre cucharas, cuchillos, tenedores, platos, jarras, budineras. Si son elementos de aseo, la colada se realizará sobre peines, peinetas, cepillos, broches, afeitadoras. En el caso de ropa se considerarán calzados, almohadones, cinturones, camisas, vestidos, carteras, anteojos. Para que el monumento sea aún más apropiable por la colectividad, se aceptarán donaciones de objetos con la intención de armar este rompecabezas existencial. Los objetos tendrán su tamaño real, y esta aclaración vale porque en los gráficos de las láminas aparecen más grandes de lo que son: no es un error, sino una adecuación para que la idea pueda visualizarse en una escala menor.
La colección de ausencias realiza una transferencia de memoria al hacer pasar la memoria muerta de los objetos idos hacia la memoria viva de los paseantes. El paseante será quien recuerde la memoria de una ciudad, de cientos de existencias. Una operación de deshielo para la petrificación de los recuerdos. Aprendiendo de Jochen Gerz hemos intentado hacer un monumento que recuerde el olvido.
El muro tiene treinta y nueve metros de largo por una altura máxima de cuatro metros, y está incrustado sobre el terraplén del ferrocarril que acompaña la avenida Dorrego. La idea es que no tome una posición central sino que indique un recorrido, acomodándose al entorno del Paseo de la Infanta. En esto también coincidimos con el pensamiento de Jochen Gerz sobre la desnaturalización de los monumentos urbanos. El monumento que nosotros diseñamos será visible desde la Avenida del Libertador y desde los arcos de la Infanta, pero no ocupará el predio de una manera central, sino disimulada. El monumento aquí pasa a tener el formato más modesto de un mural apaisado. Los paseantes circularán sobre una plataforma de garden bloks, lo que da un aspecto final de piso verde, vivo.
La iluminación nocturna es rasante, desde el solado, por lo que la gente que visite el monumento por las noches cortará los haces de luz al pasar, provocando sombras humanas sobre las piedras, en una participación involuntaria y espontánea.
Como artistas nos interesan las relaciones entre nuestra existencia y la existencia total, las conexiones entre el ahora y lo que pasó. Por eso este monumento de aspecto moderno no sólo se refiere a la Shoah. El muro está fragmentado en dos partes. La primera contiene solamente 29 piedras, la cantidad de víctimas del funesto atentado a la Embajada de Israel. La segunda mitad está fabricada con 86 piedras, el número de víctimas de la Amia.
La metáfora es la de la memoria impresa en la piedra. Cientos de memorias individuales que arman el avatar colectivo de un pueblo.
Huellas para el recuerdo.
11.8.09
10.8.09
SACAMOS EL PRIMER PREMIO EN EL MONUMENTO A LA SHOAH
Fue un concurso de la Secretaría de Cultura de la Nación junto con el Museo de la SHOAH que queda en la vereda de enfrente de la SCA. Lo hicimos hace un tiempo con el arquitecto Sebastián Marsiglia, al que ya vimos posar frente a un cardumen, y vamos 2 de 3. O sea: ya participamos en tres concursos, ganando dos. Y el tercero todavía no se dio. Capo, este Marsi. Mañana voy a postear un monumento que hizo Sebas con un socio anterior para los caídos de Malvinas y le quedó increíble. Y los días que siguen, el nuestro.
Piedras para la memoria de un pueblo.
Piedras para la memoria de un pueblo.
7.8.09
6.8.09
LA DIMENSIÓN OCULTA II / EDWARD T. HALL
Es muy grande la sensibilidad del hombre a la debida orientación espacial, conocimiento bastante vinculado con la supervivencia y el sano juicio. Ser desorientado en lo espacial es ser psicótico. La diferencia entre obrar con velocidad de reflejo y tener que detenerse a pensar en un apuro puede equivaler a la diferencia entre la vida y la muerte, y esta regla se aplica lo mismo al conductor que trata de buscar su camino entre el tráfico y al roedor que huye de los depredadores. Observa Lewis Mumford que la uniforme cuadrícula de nuestras ciudades hace a los extraños sentirse tan a gusto como si fueran antiguos habitantes. Los norteamericanos que se han acostumbrado a esa norma suelen sentirse frustrados cuando hallan algo diferente. Es difícil que se sientan como en su casa en las capitales europeas que no siguen una traza tan simple. Los que viajan y viven en el extranjero suelen perderse en ellas. Un aspecto interesante de esas quejas revela la relación entre trazado y persona. Casi sin excepción, el recién llegado adopta tonos y palabras que indican cómo se siente personalmente insultado, como si la población tuviera algo contra él. Es común que la gente acostumbrada a la trama urbana de estrella radial de los franceses o a la retícula cuadrangular romana se sientan a disgusto en un lugar como Japón, donde toda la norma es básicamente diferente. En realidad, si quisiéramos exponer dos sistemas opuestos, difícilmente hallaríamos dos más contrarios. El sistema europeo subraya las líneas y les pone nombres; el japonés trata los puntos de intersección, olvidándose de las líneas. En Japón ponen nombres a las intersecciones, no a las calles. Las casas, en lugar de estar relacionadas en el espacio, lo están en el tiempo, y se numeran según el orden en que fueron construidas. La norma japonesa pone de relieve las jerarquías que se forman en torno a los centros; la traza norteamericana tiene su fenómeno final en la uniformidad de los suburbios, porque un número a lo largo de una serie es lo mismo que cualquier otro. En una vecindad japonesa, la primera casa construida es un constante recordatorio a los residentes de la casa 20 que la 1 estuvo allí primero.
5.8.09
LA DIMENSIÓN OCULTA I /EDWARD T. HALL
La actual disposición interna de una casa, que a los norteamericanos y europeos les parece tan natural, en realidad es muy reciente. Las habitaciones no tienen funciones fijas en las casas europeas hasta el siglo XVIII. Los miembros de la familia no gozaban de la privacidad que hoy conocemos. No había espacios consagrados ni especiales. Los forasteros iban y venían a voluntad, y camas y mesas se montaban o desmontaban según el humor o el apetito de los ocupantes. Los niños se vestían y eran tratados como adultos en pequeño. El concepto de infancia y su asociado de familia nuclear tendrían que esperar a la separación de las habitaciones según su función. Es en el siglo XVIII cuando la casa cambia de forma. En francés se distingue chambre (cámara o cuarto) de salle (sala). En inglés, la función de la pieza se indicaba con su nombre -bedroom, cuarto de dormir; living room, cuarto de estar; dining room, comedor. Las recámaras se disponían de modo que dieran a un corredor o una sala grande, del mismo modo que las casas dan a la calle. Ya no se pasaba de un cuarto al otro. Libre de aquella atmósfera de estación de ferrocarril y protegida por nuevos espacios, la norma familiar empieza a estabilizarse y se manifiesta después en la forma de la casa.
4.8.09
3.8.09
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