viernes, febrero 27, 2009
jueves, febrero 26, 2009
LA TERCERA FE / PERIODISMO DIGITAL DE ESPAÑA
Seguiremos esperando a que el libro nos llegue de Madriz.
AL FIN SALGO FINALISTA EN UN PREMIO LITERARIO
Por las dudas, yo ya me voté dos veces.
Eso sí, calladito.
miércoles, febrero 25, 2009
LOS NIETOS DE JULIO CORTÁZAR / DIRECCIÓN GENERAL DEL LIBRO Y PROMOCIÓN DE LA LECTURA
Es en la Biblioteca Julio Cortázar – Lavalleja 924 – Villa Crespo, a las 19:30. Gratis.
Si me dejan, voy a leerles mi cuento favorito de Don Julio. Vengan, que va a estar buenísimo.
viernes, febrero 20, 2009
jueves, febrero 19, 2009
OTRA MARAVILLA DEL PROFESOR CATALÁN MANUEL DELGADO RUIZ / EL ESPACIO PÚBLICO COMO ÁMBITO DE INTEGRACIÓN
(Esto es solo una partecita. Tienen que ver todo el documento. Es GENIAL. Se titula Dinámicas identitarias y espacios públicos. Está en PDF, recomiendo que lo bajen y lo impriman. Este Delgado Ruiz es un capo que come Milanesa con papas).
miércoles, febrero 18, 2009
MURIÓ LE CORBUSIER / MARIO VARGAS LLOSA
martes, febrero 17, 2009
NO HAY DIOS / LA VOZ DEL INTERIOR

Es un proyecto cómodo. Me ahorraría unos cuantos sueldos de policía cuando algunos de los habitantes de mi sociedad se autorrepriman de delinquir por miedo al Ser. La zanahoria en este caso también me saldría gratis: el premio viene únicamente si te morís. No es en dinero ni regalos, es un premio espiritual. Aunque para mantener la idea de Dios tendrás que pagarme un diezmo durante toda tu vida.
No tengo ninguna duda: si tuviera que diseñar una sociedad nueva, volvería a tratar de que creyeran el Él.
Cualquier publicista me diría que vender la idea de Dios desde cero es como barrer una escalera para arriba. Los adivinos y las brujas que inundan los clasificados de los diarios me dirían que no tanto. La gente con problemas tiene predisposición para creer en algo salvador y… ¡quién no tiene problemas! Las loterías y las tiradas de cartas son una especie de dios menor que a lo mejor nos cambia la vida. Hay otra vida posible y está detrás de eso mágico. No podemos llamarle más que magia al número que sale en el Quini 6: la idea de sacar seis plenos seguidos a la ruleta es inadmisible desde el lado de las probabilidades. Tengo el presentimiento que no ha salido más de dos o tres veces en toda la historia del juego. Y los demás ganadores fueron una parodia para alimentar el sistema. Sigue en el diario.
lunes, febrero 16, 2009
BOLETÍN NÚMERO 84 DE PÁGINAS DE ESPUMA / JUAN CASAMAYOR
Décimo aniversario 1999 - 2009
http://www.ppespuma.com/
----- NOVEDADES
¡YA ESTÁ AQUÍ LA SEGUNDA EDICIÓN!
Cuentos completos. Edición comentada, de E. A. Poe / traducción Julio Cortázar
El 19 de enero de 2009 se cumple el bicentanario del nacimiento de uno de los cuentistas universales: Edgar Allan Poe (1809-1849), y para celebrarlo qué mejor que volver a leer a la célebre traducción de los cuentos completos que hiciera Julio Cortázar en una edición, al cuidado de Fernando Iwasaki y Jorge Volpi, que completa cada uno de los sesenta y siete cuentos con un comentario de un narrador de lengua castellana y además, como esplénidida antesala, junto con el conocido prólogo de Cortázar, dos textos firmados por Carlos Fuentes y Mario Vargas Llosa. La edición definitiva de los cuentos de Poe.
Voces / Literatura Núm. 113, 2008, ISBN 978-84-8393-025-0, 39 euros
Con la soga al cuello, de Flavia Company
Los cuentos de Company nos trasladan a ese instante crucial, nos atan a ese último minuto, en el que los personajes ven cómo su rutina se transforma, se fractura. Lo cotidiano carece de sentido, el ritmo se acelera, las experiencias y los sentiemientos se acumulan y ahogan... Con un estilo depurado y sin concesiones, con diálogos directos, con un nudo en la garganta, Company a través de una voz intuitiva y certera nos sitúa directamente delante de nuestro propio reflejo.
Voces / Literatura Núm. 114, 2009, ISBN 978-84-8393-030-4, 14 euros
Presentación en Barcelona el 23 de febrero de 2009; Madrid, 26 de febrero.
La fe ciega, de Gustavo Nielsen
De Nielsen se ha dicho que hace una literatura magnética, de la que es imposible escaparse. Maneja el suspenso a la manera de un Hitchcock argentino. Nos obliga a ver lo que leemos. Nos sacude y entretiene con los trucos de un mago. ¿Se atreverá el lector al reto que le proponemos? Este libro puede ser un remedio, pero también es un maravilloso veneno. No diga que no se lo advertimos.
Voces / Literatura Núm. 109, 2008, ISBN 978-84-8393-023 -6, 14 euros
El vuelo del Alción. El pensamiento de Julián Marías, J.L. Cañas y J.M. Burgos
La presente obra pretende fijar la aportación personal y filosófica de la obra de Julián Marías al pensamiento universal. El resultado ha sido un riguroso trabajo pluridisciplinar que, desde un planteamiento divulgativo, reúne por primera vez a los mejores conocedores de su vida y su obra. Propicia así un espacio abierto de encuentro científico en torno a su figura, y se erige en un libro de referencia, con vocación de futuro, que reivindica la urgente necesidad de aunar esfuerzos para transmitir los saberes y las vivencias de un humanismo integral y personalista, que tan bien supo encarnar Julián Marías en una vida puesta al servicio de la sociedad española, ávida de razones para vivir y soñar.
Voces / Ensayo Núm. 111, 2009, ISBN 978-84-8393-026-7, 29 euros
----- PRÓXIMAMENTE
Los cazadores de letras. Minificción reunida, de Ana María Shua
Ana María Shua es una de las grandes creadoras de esos universos poblados de maravillosas historias que son los libros de minificción. En cada una de sus obras comprobamos, como ella apunta, que sus propuestas esenciales y breves están despojadas de carne, escapan a la lógica, son como fantasmas que burlan al lector poco atento. En el presente volumen se reúnen sus cuatro libros: La Sueñera, Casa de geishas, Botánica del caos y Temporada de fantasmas. A ellos se unen un grupo de inéditos bajo el nombre de Fenómenos de circo.
Voces / Literatura Núm. 116, 2009, ISBN 978-84-8393-032-8, 29 euros
Cuentos y cuentistas. El canon del cuento, Harold Bloom
Los 39 cuentistas escogidos en este libro por Bloom, tan distintos, responden a un patrón común que los hermana; todos se basan en una de estas dos tradiciones: la chejoviana, por un lado, o la poetiana-kafkiana-borgesiana, por otro. La ambigüedad del género cuento quizá nunca se resuelva, pero siempre habrá diálogos internos entre unos cuentistas y otros, de tal manera que, sostiene Bloom, "los cuentos se relacionen los unos con los otros como milagros". Y para ello Bloom nos propone su canan
Voces / Ensayo Núm. 124, 2009, ISBN 978-84-8393-019-9, 19 euros
domingo, febrero 15, 2009
sábado, febrero 14, 2009
jueves, febrero 12, 2009
ANONIMATO Y CIUDADANÍA / MANUEL DELGADO RUIZ
Si es verdad que toda sociedad humana es una manifestación de complejidad -¿habrá habido alguna vez, en algún lugar, de veras una sociedad «simple»?-, no lo es menos que la nuestra resulta serlo de una forma especial. Su actividad genera una red inmensa, indeterminada y contradictoria de flujos que se mueven y se mezclan en todas direcciones, que dependen los unos de los otros, que configuran constelaciones sociales siempre inéditas e impredecibles, en el seno de las cuales la perturbación es el estado más normal. No es que nuestra sociedad sea compleja: es que vive de la complejidad y no cesa de producirla. La heterogeneidad generalizada de la cual depende toda sociedad urbana hace de la vida en las ciudades un colosal calidoscopio, en el que es imposible encontrar parcelas cerradas y completamente impermeables, ni configuraciones sociales fijas.Este mundo que vemos desplegarse cada día en la vía pública es ya un modelo de coexistencia basada en la igualdad y el respeto mutuo, que por desgracia no se extiende aún al conjunto de la vida social. Es cierto que aún no es plenamente así, y que hay demasiadas excepciones y obstáculos que hacen que la calle no pueda realizar de forma plena su vocación de espacio para la libertad. Pero, a pesar de ello, a pesar de las vigilancias y las violencias, en la calle se puede respirar mucho mejor no sólo ya que en las cárceles, en los cuarteles o en los hospitales, sino también mejor que en las escuelas, en las fábricas, en las oficinas e incluso que en un buen número de presuntos hogares. Y si ello es posible es precisamente porque en la calle la gente no se toma mutuamente en cuenta, porque «pasamos» los unos de los otros, salvo que alguna eventualidad convoque la cláusula de ayuda mutua entre desconocidos que todos firmamos como usuarios de los espacios públicos. En los vagones de metro, en los cines, en los cafés..., los peores enemigos, los más irreconciliables rivales se cruzan o permanecen a unos centímetros de distancia unos de otros sin prestarse la mínima atención, disimulando su inquina, posponiendo los ajustes de cuentas, olvidando deliberadamente los daños, quién sabe si perdonándose mutuamente la vida. Con todas las salvedades que se quiera, la inmensa mayoría de nosotros estamos demasiado ocupados, tenemos demasiadas cosas por hacer como para perder el tiempo ofendiéndonos o agrediéndonos por la sola razón de ser absolutamente incompatibles u odiarnos a muerte. En el espacio público la circulación de los transeúntes puede ser considerada como una sucesión de arreglos de visibilidad y observabilidad ritualizados, un constante trasiego de iniciativas -no todas autorizadas ni pertinentes, por supuesto- en territorios ambiguos, cambiantes y sometidos a todo tipo de imbricaciones y yuxtaposiciones. El orden de la vida pública es el orden del acomodamiento y de los apaños sucesivos, un principio de orden espacial de los tránsitos en el que la liquidez y la buena circulación están aseguradas por una disuasión cooperativa, una multitud de micronegociaciones en las que cada cual está obligado a dar cuenta de sus intenciones inmediatas, al margen de que proteja su imagen y respete el derecho del otro a proteger la suya propia. Ese espacio cognitivo que es la calle obedece a pautas que van más allá -o se sitúan antes, como se prefiera- de las lógicas institucionales y de las causalidades orgánico-estructurales, trascienden o se niegan a penetrar el sistema de las clasificaciones identitarias, puesto que aparece autorregulándose en gran medida a partir de un repertorio de negociaciones y señales autónomos. Allí, en los espacios públicos y semi-públicos en los que en principio nadie debería ejercer el derecho de admisión, dominan principios de reciprocidad simétrica, en los que lo que se intercambia puede ser perfectamente el distanciamiento, la indiferencia y la reserva, pero también la ayuda mutua o la cooperación automática en caso de emergencia. Para que ello ocurra es indispensable que los actores sociales pongan en paréntesis sus universos simbólicos particulares y pospongan para mejor ocasión la proclamación de su verdad.El criterio que orienta las prácticas urbanas está dominado por el principio de no interferencia, no intervención, ni siquiera prospectiva en los dominios que se entiende que pertenecen a la privacidad de los desconocidos o conocidos relativos con los que se interactúa constantemente. La indiferencia mutua o el principio de reserva se traduce en la pauta que Erving Goffman llamaba de desatención cortés. Esta regla -la forma mínima de ritual interpersonal- consiste en «mostrarle al otro que se le ha visto y que se está atento a su presencia y, un instante más tarde, distraer la atención para hacerle comprender que no es objeto de una curiosidad o de una intención particular. Esa atenuación de la observación, cuyo elemento clave es la «bajada de faros» es decir la desviación de la mirada, implica decirle a aquél con quien se interactúa que no se tienen motivos de sospecha, de preocupación o de alarma ante su presencia. Esa desatención cortés o indiferencia de urbanidad puede superar la desconfianza, la inseguridad o el malestar provocados por la identidad real o imaginada del copresente en el espacio público. En estos casos, la evitación cortés convierte en la víctima del prejuicio o incluso del estigma en -volviendo al lenguaje interaccionista- una no-persona, individuo relegado al fondo del escenario (upstaged) o que queda eclipsado por lo que se produce delante de ellos pero no les incumbe. La premisa es que en cualquier interacción -por efímera que pueda resultar- los agentes deben modelar mutuamente sus acciones, hacerlas recíprocas, garantizar su mutua inteligibilidad escenográfica, distribuir la atención sobre unos componentes más que sobre otros, ajustarlas constantemente a las circunstancias que vayan apareciendo en la interacción. En todos los casos, el extrañamiento mutuo, esto es el permanecer extraños los unos a los otros en un marco tempo-espacial restringido y común, es un ejemplo de orden social realizado en un espacio topológico de actividad. En cualquier caso, el posible estigmatizado o aquel otro que es excluido o marginado en ciertos ámbitos de la vida social se ven beneficiados en los espacios públicos de esa desatención y pueden, aunque sólo sea mientras dure su permanencia en ellos, recibir la misma consideración que las demás personas con quienes comparten esa experiencia de la espacialidad pública, puesto que la indiferencia de que son objeto les libera de la reputación negativa que les afecta en otras circunstancias. En fin, las personas que comparten los espacios públicos son sólo masas corpóreas, perfiles que han renunciado voluntariamente a toda o a gran parte de su identidad. Han logrado con ello colocarse por encima de toda cosificación, lo que implica que encarnan una especie de cualquiera en general, o, si se prefiere, un todos en particular, que hace bueno el principio interaccionista de que en una sociedad como la nuestra la figura que domina es la del otro generalizado. En la experiencia del espacio público ese otro generalizado ni siquiera es otro concreto, sino otro difuso, sin rostro -puesto que reúne todos los rostros-, acaso tan sólo un amasijo de reflejos y estallidos glaúquicos.
Continúa en el blog del Profesor Ruiz



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